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lunes, 2 de julio de 2007

Mi experiencia en la política

Dicen, y no sin razón, que para conocer algo plenamente hay que vivirlo. Y aunque hace tiempo, yo tuve la oportunidad  de conocer la política de primera mano y con ello sacar mis propias conclusiones, que dejo aquí en estas líneas.

En España hacía ya demasiado tiempo que la situación política estaba crispada. Nacionalismos insaciables, gobiernos negociando con terroristas, políticas revanchistas... Un panorama crispado e intolerable para mí. Por desgracia, en aquellos tiempos pasaba, como muchos en  este país, que un partido político tuviese soluciones para arreglar esta situación. Tenía la opinión, como una gran parte de la ciudadanía, que la política era para gente sin escrúpulos, dispuestos ha hacer cualquier cosa para conseguir el poder o mantenerse en él; que la política estaba reservada a unos pocos tecnócratas con la capacidad de saber mentir sin que se note demasiado. Lo cierto es que el  el sistema político de partidos nunca me atrajo, ya que cada uno de ellos se apoyaba en idearios con términos anacrónicos de derecha o izquierdas. Pertenecer a uno de estos partidos hubiese representado, al menos para mi, llevar una etiqueta con la que no me sentía   identificado en absoluto.

Pero un día esto cambió. Me empecé a interesar por una serie de noticias que hacían alusión a un grupo de intelectuales que hablaban con toda la fuerza que da el sentido común. Decían las cosas claras, sin tapujos. Eran de tendencias diferentes pero unidos en lo fundamental. Hablaban de la misma manera que yo pienso.
A raíz de este movimiento cívico comenzó a tomar cuerpo un nuevo partido político. Nada más ser constituido me atrajo y tuve la intención de participar en el proyecto, porque me sentía identificado con  las ideas de aquellos intelectuales y porque traía aire fresco a una atmósfera política completamente viciada. Desde luego mi intención de entrar en aquel proyecto no era para ocupar un cargo, pues yo no tengo dotes de político ni ambiciones de poder, sencillamente quería ayudar. Pero muchas cosas me retuvieron entonces. Mi falta de tiempo, mis dudas sobre mi propia capacidad y lo que podía aportar, pero sobre todo la incertidumbre de que el sistema dominado por el poder establecido permitiese a este nuevo partido alcanzar unos resultados que permitiesen introducirse en el arco político. Pero llegaron las elecciones autonómicas en Cataluña, y se hizo el milagro. Sin apenas recursos y con constantes ataques de los partidos nacionalistas establecidos en esta comunidad autónoma, el nuevo partido alcanzó el Parlament. Fue entonces cuando hice firme mi decisión de participar y me hice por primera vez en mi vida, afiliado a un partido político.

Los sucesos desde entonces se fueron produciendo deprisa. Conocí a personas comprometidas que pensaban como yo, con ilusión y ganas de hacer muchas cosas. Empece a aprender como funcionan las cosas en política, como era una  asamblea, y por primera vez a hablar en público. Yo una persona extremadamente tímida hablando en público, que mal me sentía.
Poco a poco me fui metiendo en los entresijos del funcionamiento del partido y empezaba a gustarme todo aquello.
Pero no tardaron en empezar a verse  los primeros síntomas de que aquello no iba a funcionar como sería de esperar. En mi agrupación se produjeron desavenencias grabes, fruto de incomprensibles discrepancias, de la intolerancia y los personalismos. El el resto del partido también se se estaba gestando un grabe problema, precisamente con el tema ideológico y las luchas de poder. Esto produjo una paralización de las actividades, desinformación y ataques personales. Comencé a ver claro que aquel partido no era diferente a los demás.
Llegó un día en que me propusieron ir de delegado al gran congreso, donde se decidiría que rumbo tomaría el partido. Se plantearían enmiendas a los estatutos, al ideario y se decidirían o renovarían los nuevos cargos dirigentes del partido.
Y estuve allí, metido en el ajo, participando en votaciones trascendentes y hasta disfrutando de todo aquello.
En un momento dado algo ocurrió. La sesión de enmiendas a los estatutos fue interrumpida para anunciar la aprobación de una enmienda a la totalidad del ideario del partido. En dicha enmienda se cambiaban muchas cosas. Una de las cuales hacía alusión a tendencia ideológica. Todo fue muy rápido, sin debate previo y sin apenas información del contenido del nuevo ideario fue aprobada la enmienda. Ahora ya teníamos definición política, ya eramos de un determinado lugar, yo no eramos simplemente un grupo de personas con intereses comunes dispuestos a mejorar la sociedad, ahora también eramos de centro-izquierda. En aquel momento perdí la ilusión y la esperanza, ya no sentía que estaba en el sitio adecuado. Después de algunas rectificaciones que pretendían encubrir lo que realmente se decía en en nuevo ideario, este fue aprobado por el plenario.

Luego llegó la hora de decidir los dirigentes, uno de ellos había sido reprobado por si malísima gestión al frente del partido, sin embargo tubo la poca decencia de volver a presentarse.
Grandes frases y promesas, escenificación y teatro. Lo mismo de siempre, pensé yo. Lo cierto es que ya venía quemado, porque entre sesión y sesión me dediqué a recorrer sigilósamente para escuchar lo que se decía en los corrillos de gente que se reunía. Decían como debía ser la escenificación, cuando se tenía que aplaudir, quien apoyaba a quien. Trifurcas conspiraciones y preparación de lo que luego iba a ocurrir, la ratificación el el cargo del anterior dirigente. Cuando se produjo la votación y ocurrió lo inconcebible, no pude soportarlo y me marché de allí.

Pese ha todo lo que cuento aquí, creo que la experiencia ha valido la pena, ha sido muy enriquecedora y pese a todo lo vivido daré un margen de tiempo antes de desligarme completamente del proyecto. Porque la sensación que tengo, es que muchos de los que pertenecen a este partido comparten conmigo las sensaciones vividas. Quizás todavía hay esperanza.