Translate

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Las neuronas de los nacionalistas

Las neuronas de los nacionalistas

Clemente Polo

29 octubre 2007

cLEMENTE POLOEn su estreno como “flamante portavoz de CiU en el Parlament” (El País. 27 de octubre 2007), el Sr. Oriol Pujol hijo del ex-President de la Generalitat Sr. Jordi Pujol, manifestó sin ningún titubeo que “cualquier nacionalista, en alguna neurona de su cerebro más o menos escondida, retiene la opción de la independencia de su país.” La declaración del Sr. Oriol Pujol abre una nueva línea de investigación muy prometedora en torno a una cuestión crucial para la política catalana, sujeta hasta hoy mismo a la incertidumbre de no saber si las pulsiones independentistas eran fruto de una reacción de los pobladores autóctonos contra la dominación romana, de la pérdida de influencia ocasionada por centrar la expansión territorial del condado en el Mediterráneo en lugar del Atlántico, del fracaso cosechado por la nobleza catalana al tomar partido en favor del archiduque Carlos, del conservadurismo de los empresarios locales más preocupados por retener mercados que impulsar la independencia, del desorden revolucionario que dio con el proyecto secesionista al inicio de la guerra civil, o, en fin, de las elevadas dosis de calçots con salsa de romescu que se han incorporado a la dieta local en las últimas décadas.
cerebro nacionalista
En todo caso, las perspectivas que abre esta declaración resultan apasionantes y las preguntas que suscita a buen seguro mantendrán ocupadas a las mentes más preclaras del nacionalismo catalán. ¿En qué parte del cerebro están localizadas las neuronas que “retienen la opción de la independencia”? ¿Se activan estas neuronas -que bien podrían llamarse protoindependentistas- por sí mismas, o se precisa que el sujeto receptor asista a dos o tres celebraciones de la Diada? ¿Y, por qué algunas neuronas se esconden, se inhiben e hibernan como si la cosa no fuera con ellas? ¿Se transmiten de padres a hijos de modo que los descendientes de un matrimonio Pujol-Ferrusola tienen más neuronas de este tipo que los provenientes de la unión Rodríguez-Sarasola? ¿Cuántos centenares de neuronas protoindependentistas se requieren para que una persona se afilie al PSC, a CiU o a Esquerra Republicana? ¿Cabrá en el futuro realizar trasplantes para aumentar la intensidad de las pulsiones independentistas de la masa neuronal? ¿Poseen también los emigrantes este tipo de neuronas? ¿Podrían las técnicas recombinantes alterar la bandera-país de estas neuronas? No me cabe duda de que los futuros Departamentos de Neurología Nacionalista de las Universidades catalanas pondrán en marcha con gran rapidez programas de investigación para responder preguntas tan cruciales para el futuro político de Cataluña.

Lo cierto es que desde que el Sr. Arzallus diera tanto que hablar con sus referencias al RH negativo que singulariza la materia nuclear de los antropoides universalmente conocidos como “vascos y vascas”, no había registrado el panorama político un seísmo de tal intensidad. Artur Mas y Felip Puig, Secretario General y Secretario General Adjunto de Convergencia Democrática de Catalunya, respectivamente, han sin titubeos las palabras del Sr. Oriol Pujol, mientras que el Sr. Duran, líder de Unió Democrática de Catalunya, marcaba distancias en una conferencia dictada ante un foro de empresarios en Tarragona. Vale la pena reproducir sus palabras: conozco “personalmente” a empresarios –dijo el líder de Unió- que frenarían sus planes para Cataluña en el caso de que se planteara una consulta sobre la autodeterminación. En otras palabras, al Sr. Durán no le agrada la idea de celebrar una consulta sobre la autodeterminación, no porque considere que valga la pena mantener unido lo que unido lleva más de 500 años, sino porque la secesión de Cataluña no sale a cuenta y … la pela es la pela. De todos modos, el Sr. Durán debería andarse con mucho cuidado pues su calculada oposición al secesionismo radical, la doctrina oficial de la actual cúpula de Convergencia, bien pudiera acabar con sus huesos en algún Departamento de Neurobiología Nacionalista para que se determine con toda objetivada la suerte de mal que aqueja a sus neuronas.

Y cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar. Hubo un tiempo –recordarlo hoy casi produce añoranza- en que lo políticamente correcto era definir como catalán a todo aquel que trabajaba y vivía en Cataluña. Debilidades del pasado hoy ya superadas gracias al avance de la ciencia nacionalista. Hoy se afirma sin rubor en Cataluña que nacionalista o catalán -que viene a ser lo mismo para un nacionalita-, es sólo aquel cuyo cerebro posee neuronas capaces de retener la opción independentista. Y si hasta el Sr. Durán i Lleida puede acabar siendo sospechoso por tibio y apocado en lo tocante a este asunto, cuanto más no lo seremos quiénes estamos abiertamente en contra de la secesión de Cataluña, y en contra de la secesión de España, y en contra de la secesión de Europa? ¿Qué harán con nosotros en Cataluña cuando se compruebe que no hay alojada en nuestro cerebro ni una sola neurona, ¡ni siquiera una pequeñita y escuálida!, portadora del maravilloso elixir de la independencia? Me temo que nos prohibirán hasta donar desinteresadamente nuestros órganos por temor a que pudieran acabar contaminando a algún catalán sin mella. Quizás pues, amigos, ha llegado el momento de organizarnos en serio si queremos contrarrestar los efectos del cada día más agresivo espíritu tribal, pueril y xenófobo, que destilan las neuronas de los políticos nacionalistas.