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viernes, 18 de septiembre de 2009

Egipto mágico con IMAGE TOURS Capítulo III



Capítulo III

Abu Sinbel



Después de un corto sueño para recuperar las fuerzas del largo viaje y hacer la digestión, sobre las tres de la mañana nos despertaron para realizar nuestra primera excursión. Todavía somnolientos y equipados con las almohadas de las camas de nuestros camarotes y unas cajas con el desayunos, nos montaron en un autobús. La duración del viaje sería de unas tres horas y media para recorrer los aproximadamente trescientos kilómetros que nos separaban de nuestro primer destino turístico, los templos de Abu Simbel.

Lo que pude leer del lugar antes de partir de España fue que estos templos fueron descubiertos en 1813 por el explorador italiano Giovanni Belzoni, quien como muchos en Egipto, no dudó a la hora de robar todos los tesoros que encontró en el interior de los templos. El conjunto arquitectónico de Abu Simbel, compuesto por dos majestuosos edificios, fue trasladado piedra a piedra de su ubicación original por un equipo de arqueólogos e ingenieros españoles. Una tarea que comenzó en el año 1964 y que requirió de la colaboración y la ayuda económica de muchos países coordinados por la UNESCO. Como agradecimiento al gobierno español, el gobierno egipcio le regaló un templo que actualmente se ubica en Madrid.
El costoso trasladado se hizo por la inminente construcción de la presa de Aswán. De no haber sido así, hoy, este patrimonio de la humanidad, estaría bajo las aguas del lago Naser, creado artificialmente por la construcción de dicha presa. A pesar del esfuerzo por conservar los templos, actualmente sufren un fuerte deterioro por las filtraciones de agua procedentes del lago, por lo visto el templo no se ubicó lo suficientemente lejos del lago.

Quizás todo ese esfuerzo al final solo ha servido para retrasar lo inevitable, pero sin duda el esfuerzo mereció la pena, ya que de otra forma todo este magnífico patrimonio histórico no hubiese llegado hasta nuestros días. No se sabe a ciencia cierta cuantos restos de la cultura Egipcia quedaron bajo las aguas y no fueron rescatados en aquella zona, pero se tiene constancia de que fueron muchos.
Por desgracia, el rápido desarrollo de la demografía del país ha propiciado que muchas obras e infraestructuras construidas en otros lugares, hayan enterrado cientos de yacimientos arqueológicos difícilmente recuperables, yacimientos que ahora descansan debajo de carreteras, mezquitas y habitantes de Egipto.

El viaje a Abu Simbel empezó un poco accidentado, debido a las medidas de seguridad impuestas por las autoridades. Por lo visto, y según nos contaron, no hacía mucho que había habido un accidente grabe y por ese motivo, la excursión a los templos se hacía ahora siempre en convoy y protegido por ejercito. Hizo falta por ello, más de tres cuartos de hora para poner en marcha la veintena de autobuses y microbuses repletos de turistas que se dirigían al mismo lugar.
Ya iniciada la marcha pudimos comprobar porque había accidentes, la forma de conducir de los Egipcios es cuando menos peculiar. No respetaban las señales viales y realizaban adelantamientos casi suicidas. La carretera de dos carriles, para ellos era uno solo, por el que circulaban y adelantaban a voluntad, ya fuese por la derecha o por la izquierda o hubiese o no visibilidad. El arcén también parecía que fuese parte de la misma carretera, y se utilizaba también para adelantar. Pero pronto aprendimos que esto es normal allí.
Al final pudo más la fatiga del viaje y la falta de sueño que el temor a acabar en la cuneta, y los pasajeros del autobús quedaron casi todos dormidos, dejando solo el ruido del motor del autobús de fondo.


Después de muchos kilómetros, ya despiertos, tuvimos la suerte de presenciar nuestra primera salida del sol en el desierto. Un espectáculo hermoso a la vez que desolador. Ver tanta extensión de tierra desértica te da la sensación de estar en otro planeta. La luz del amanecer no es la misma a la que estamos acostumbrados. El sol inicia su andadura por el cielo con su luz filtrada por el polvo del desierto, produciendo una luz anaranjada y difusa que pronto lo inunda todo, descubriéndonos un paisaje agresivo e inhóspito. Montículos coronados por piedras negras como el carbón,que parecen abrasadas por el Sol, casas abandonas, pedazos de neumáticos en los arcenes y algún que otro esqueleto de un autobús que no pudo soportar el rigor del desierto, y que fue allí mismo abandonado; quizás como aviso para aquellos que se aventurasen ha hacer la travesía sin estar preparados. Ya cerca de nuestro destino, algún poblado y parcelas de cultivos hechos con el agua robada al Nilo, única fuente de vida.

A la llegada el sol ya estaba alto en el cielo y se hacía notar. Equipados con nuestras cámaras, sombreros y botellas de agua nos dispusimos a fotografiarlo todo, pero nos llevamos nuestra primera decepción, el guía nos dice que no se pude filmar ni hacer fotografías en el interior de los templos. No obstante las fotografías panorámicas son espectaculares, y solo por esto merece la pena el largo viaje. Aunque estas fotografías nunca harán justicia a una vivencia directa del lugar siempre nos recordarán que estuvimos allí.

Nuevamente, nada más bajar del autobús, el asalto al turista, vendedores que te ofrecen todo por un euro te ponían objetos encima, telas chilabas pañuelos, botellas de agua, todos son regalos o cuesta un euro, te cambian monedas de euros por billetes, pero nosotros lo que queríamos es ir al baño. Buscamos en los bolsillos y yo me doy cuenta de que tengo un problema. Sabía que el interior del lavabo me encontraré con alguien que me ofrecerá papel higiénico y asistencia por una propina casi obligada, será un tópico que nos acompañará en casi por todos los servicios que visitemos. Por suerte mi amada y compañera de viaje tiene algunas monedas con la que puedo salvar la situación. Le doy cincuenta céntimos de euro al sujeto y me pone cara de más, pero me da igual, lo ignoro y alivio mi vejiga.

La visita a Abu Sinbel es del todo merecedora del viaje y las incomodidades. Impresionan las dimensiones descomunales, los jeroglíficos esculpidos en la roca, la belleza de las formas y la majestuosidad y tamaño de las estatus que adornan el conjunto. El tamaño de los bloques de piedra con los que están hechos los templos son enormes, todo es impresionante, y te hacen pensar como fue posible tan magnífica construcción disponiendo solo de gente y la fuerza de bueyes de tiro como maquinaría pesada. Al contemplar aquellas construcciones me pregunto también como sería el mundo actualmente, si hubiésemos puesto nosotros el mismo empeño que pusieron ellos para hacer un mundo mejor.

Frente a los templos y bajo el sol ya abrasador, el guía nos explican un poco de historia sobre lo que estamos viendo. Nos dice que el conjunto esta compuesto por dos templos, el mayor dedicado a Ra, Ptah y Amón y el pequeño dedicado a la diosa Hathor, personificada por Nefertari, esposa favorita de Ramsés. El guía nos utilizan y empareja para que entendiésemos el parentesco de los dioses. Orus, Osiris, Nefertari, todos allí puestos bajo un sol de justicia y deseando buscar sombra. El calor no es bueno para utilizar la memoria y menos para la paciencia, y apenas recuerdo nada de todo aquello. Yo, al menos, ya estaba impaciente por entrar y encontrar sombra que me protegiese de aquel suplicio, pero allí, dentro del los templos, el calor iba ha ser igual de sofocante o más, ya que se unía la humedad precedente de la tierra y contenida en el interior.

Después de ver los dos templos por dentro, maravillarnos con su contenido y sudar de lo lindo, salimos al exterior para seguir llenando la memoria de nuestras cámaras con las fotos panorámicas. Después nos dirigimos a buscar descanso y refugio del Sol. Lo encontramos en las instalaciones aledañas a los templos, ya fuera del recinto acotado, pero para llegar hasta allí teníamos que recorrer cuatrocientos metros y pasar o obligatoriamente frente de los puestos de souvenirs, donde un ejercito de mercaderes nos estaban esperando para agobiarnos sin piedad.

Pero antes incluso de llegar al lugar donde estaban los tenderetes, a mi pareja y a mí todavía nos quedaba una pequeña lección que aprender, esta vez sobre la policía turística.
Antes de llegar, un soldado que ejercía esta función nos señaló un lugar para que hiciésemos una buena fotografía, y la verdad es que fue buena. Luego se ofreció para que nos hiciésemos una foto con él y su fusil de asalto, algo a lo que no accedí, no por mi, sino por el temor que despertó la propuesta a mi compañera. Aunque nos negamos a esta extraña propuesta, el soldado puso la mano para que le diésemos una compensación por indicarnos el lugar para hacer la fotografía. Si, por extraño que parezca te piden dinero por estas cosas allá; pero todo tiene una razón de ser.
Nos dijeron que las fuerzas armadas de aquel país están formadas en su mayoría por jóvenes sin formación académica. Estos están obligados, al contrario que los universitarios, que hacen solo un año, a realizar un servicio de tres, a demás sin paga alguna. Aquellos que pertenecen a la guardia turista, como se le llama allí, obtienen así algunos ingresos que les ayudan a pasar el trago. Es muy triste perder tres años de una vida, pero así son las cosas allí.

Después de aquella lección de la forma de vida de los guardias turísticos, pusimos paso ligero al punto de encuentro, con una idea aproximada de lo que nos esperaba en el pequeño mercadillo atestado de mercaders, por donde teníamos que pasar obligatoriamente para llegar.

Allí pronto aprendimos que si mostrábamos interés por alguna cosa estábamos perdidos. Su habilidad para engatusar y vender era algo fuera de lo común e innato. Si es la primera vez que uno se encuentra en esta situación siempre acaba en sus manos. Tenemos que tener en cuenta que el arte del regateo no es algo fácil de aprender cando se está acostumbrado ha comprar en un supermercado, coger lo que necesitas, pagar y marcharte. Eso es muy fácil, regatear no. Al principio, todos los que lo intentan por primera vez acababan con sus bolsillos escaldados. Si no quieres acabar así necesitas saber tres reglas básicas:

1.Si no deseas comprar, lo mejor que puedes hacer es mostrarte indiferente, ante lo que te enseñen o veas.
2. Si quieres comprar algo que te guste, ten muy claro lo que quieres pagar y no te importe exigir ese precio, insiste en ello hasta que te acerques lo máximo posible.

3.No te sientas culpable a pesar de lo que te diga el mercader y las escusas que te ponga, lo que nunca hará es perder dinero contigo.

Además de estas tres reglas, ten claro que no te faltarán oportunidades de comprar lo que deseas en otro sitio, sobre todo si visitas El Cairo, podrás hacerlo sin agobios y a mejor precio, incluso sin tener que regatear. Y si a pesar de todo piensas que te han levantado la camisa en una compra, puedes hacer lo que yo, piensa lo que has hecho no es dejarte engañar, sino una obra de caridad.

Después de un corto descanso en el que tuvimos tiempo para intercambiar impresiones del viaje con nuestros nuevos compañeros de fatigas, emprendimos regreso a Aswán. Antes de volver al barco debíamos hacer una visita panorámica a la gran presa que controlaba las salvajes crecidas del Nilo. Nuevamente en el camino nos volvimos a encontrar con el desierto, esta vez con el sol ya muy alto, lo que nos permitió ver en directo los espejismos que formaba el calor en el horizonte.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Egipto mágico con IMAGE TOURS Capítulo II



Capítulo II
La motonave

No es ni mucho menos tan grandes como los cruceros oceánicos, pero son igualmente cómodos , e igualmente acogedores. Nada más entrar en la amplia recepción uno se siente a gusto, como en un hotel de cinco estrellas, con detalles de lujo y una decoración cuidada que denotaba muy buen gusto. Desde allí se accede a toda la nave. una escalera de caracol nos lleva las dos cubiertas superiores y la terraza. Las habitaciones no son muy amplias, pero suficientes. En nuestro caso dotadas de todos los servicios necesarios para estar cómodos, baño completo, televisión por satélite, teléfono y por supuesto aire acondicionado regulable, algo imprescindible. Aunque la recepción de la televisión no era muy buena y se perdía la señal a menudo, podíamos ver el canal internacional de TVE y varias cadenas locales.
De la veintena o más, de motonaves que hacen este crucero por el Nilo, el que nos tocó, según nos dijeron, era de gama media, ni el peor ni el mejor de ellos. En cuanto a los servicios generales de la motonave, estaba dotado de una amplia sala de espectáculos que a la vez servía de cafetería, un restaurante suficientemente grande para dar cabida a todo el pasaje, una terraza con piscina y bar donde a también había sala de masajes y algunos aparatos para hacer ejercicio. En cuanto al personal del barco, todos ellos amables y simpáticos, algo que como he dicho antes es habitual en Egipto.
Los empleados de la embarcación en la que fuimos y que atendieron nuestra habitación, eran unos artistas con las toallas de baño, algo que no habíamos visto nunca en ningún otro hotel o pensión, aunque, todo he de decirlo, no somos asiduos visitantes de estos lugares. En nuestro primer día en la habitación encontramos una pareja de cisnes encima de la cama, el segundo un cocodrilo, el tercero un mono colgado del techo cuya cabeza era un rollo de papel higiénico. Me molestó un poco que utilizasen una de mis camisetas para hacer el cocodrilo, o que tuviese que deshacer los animalitos para poder ducharnos, pero fue un detalle muy gracioso que nos alegraba el día cada vez que entrábamos en la habitación.

Algo que no encontramos nada correcto en el barco es tener que dejar el pasaporte en la recepción hasta que acabase nuestra estancia en la motonave. No sabemos muy bien si el motivo fue para el control policial o para que no nos fuésemos sin pagar la cuenta del barco antes de salir. Ellos alegaron el primero, pero creemos que el motivo fue el segundo.

Al llegar y después de dejar el equipaje, el guía nos citó en al cafetería para concretar las excursiones que no estaban incluidas en el paquete turístico. Allí nos ofrecieron la bebida típica de Egipto, el Karkadé. Una bebida refrescante hecha con las flores de una planta que tiene el mismo nombre y que pertenece a la familia de las Malváceas. No tenía mal sabor, aunque si resultaba algo empalagoso.
De las excursiones que el guía nos presentó, nos decidimos por visitar Abu Simbel y el pueblo Nubio, por un precio de 95 y 35€ respectivamente. Según he podido leer por internet, pretender hacer estas excursiones por tu cuenta, sobre todo la de Abu Sinbel puede resultar mucho más barato, pero he leído muchos comentarios sobre las dificultades que te ponen si lo intentas y has contratado el viaje por agencia. En primer lugar el guía te avisa del peligro que corres de ser estafado, en segundo insisten en que contrates con ellos la excursión, y si esto no funciona es posible que hagan cualquier cosa para evitar que te encuentres con el taxi o la persona que te tiene que llevar. Como son rumores y no fue nuestro caso, no puedo afirmar categóricamente que esto sea así, pero si visitan este enlace puede que entiendan mejor lo que les digo. En él se dice que la excursión de Abu Simbel puede costar hasta 55€ más barato, es decir, unos 20€ si la haces por libre, un precio justo si tenemos en cuenta el nivel de vida del país, pero que te arriesgas a mucho, y no por el que te lleva, sino por la mafia que tienen montada los guías y agencias, que pueden llegar a dejarte tirado para que veas lo malo que es viajar sin ellos. De todas formas tenemos que entender que allí las gentes se ganan la vida con el turismo, algo que es completamente lícito, un turista es algo así como un globo lleno de billetes que debe ser desinflado, y conocen muy bien as técnicas y la psicología para hacerlo. Otra cosa es que les falte principios éticos, pero allá cada cual con su Karma, lo importante es que lo tengas claro tú que eres turista.

Con la conclusión de la reunión del Guía llegamos a la hora de cenar, así que tuvimos nuestra primera ocasión para degustar la comida egipcia de la motonave. No era muy diferente de la comida mediterránea, aunque si más especiada, algo que no es bueno para un estómago delicado. El buffet libre consistía de varios tipos de ensalada, escalopas, arroz, algún plato de pasta, algunos de carne... En definitiva un menú muy completo y apto para saciar muchos gustos. Mención especial a los postres y las frutas, muy variados y todos deliciosos, más para un goloso empedernido como yo. Diversos tipos de pasteles que no solo entraban por la vista sino por el paladar, con sabores exóticos que te recordaban que estabas en un país extranjero. En cuanto a las bebidas tenemos que hacer una valoración negativa, no solo porque se pagan a parte, sino por la poca variedad y la ausencia de vinos o cavas en la carta. Además resultaba molesto que antes de que acabásemos de cenar, el camarero se presentase a tomar nota de las consumiciones para facturarlas, estropeando en parte la tranquilidad de la cena.
La impaciencia por retirar los platos, en ocasiones también resultaba molesta. Si nos descuidábamos, en más de una ocasión nos hubiesen retirado el plato antes de que acabásemos el contenido.
Durante la cena en una mesa redonda para ocho comensales tuvimos los primeros contactos con nuestros compañeros de viaje, paisanos que como nosotros, era la primera vez que visitaban Egipto. Enseguida, supongo que por las circunstancias de hallarse lejos de casa y ser del mismo país trabamos amistad y se estableció un vínculo de grupo, esto fue algo que hizo mucho más bonito este viaje, ya que no solo disfrutemos más de la experiencia de viajar a un país lejano, sino que hicimos buenas amistades con las que compartimos la experiencia, una amistad que ha perdurado después.

martes, 8 de septiembre de 2009

Egipto mágico con IMAGE TOURS Capítulo I


En realizar este viaje nos decidimos por elegir un paquete turístico porque nos pareció la forma más segura de viajar, teniendo en cuenta que era la primera vez que íbamos a un país tan lejano. Lo contratamos por internet, también por primera vez. Aunque haremos al principio reacios ha hacerlo de este modo, los precios eran mejores, y tenemos que decir que la elección en nuestro caso fue acertada. La atención al cliente y los trámites no nos defraudaron en ningún momento, no obstante, después de la experiencia, no era tampoco una mala idea hacerlo por libre. Después de lo vivido y aprendido llegamos a la conclusión de que las dos posibilidades son igual de buenas. Egipto pueden ser una experiencia que sature sus sentidos ya sea por libre o por agencia.


A continuación os narro en capítulos nuestra pequeña odisea, por si alguien desea repetirla. Como cada persona es un mundo, seguro que la vuestra no será igual, pero lo que es seguro es que Egipto no os dejará indiferentes. Seguro también, que algunos consejos que os dejo os ayudarán en el viaje, si algún día tenéis la oportunidad de hacerlo.

Capítulo I

La llegada a Aswán

Después de un vuelo tranquilo de cinco horas y un aterrizaje suave en aeropuerto de Aswán, salimos al exterior con ansias de poder estirar las piernas y dar comienzo nuestra pequeña aventura, pero nada más llegar Egipto nos ofreció su calurosa bienvenida. Al salir por la escotilla del avión una ola de calor nos golpeó todo el cuerpo como una pesada maza. Al principio pensábamos que era el calor desprendido por los reactores del avión, pero pronto nos dimos cuenta que no era así, que era el rigor del desierto que saludaba nuestra llegada. Un calor seco al que ningún viajero que viniese de la costa del Mediterráneo español, como la mayoría de nosotros, le resultaba familiar. Posiblemente, a alguno procedente del sur de Andalucía, más acostumbrado a los calores se sintiese cómodo, pero para nosotros fue como una invitación para volver al avión y encontrar en su interior el refugio del aire acondicionado.
Soplaba una brisa suave que no refrescaba pero secaba el sudor, o más bien no dejaba que ni siquiera que aflorase. Era igualmente seca y cálida. Como íbamos a soportar aquello durante una semana, pensé yo. Pero no se asusten, como pudimos comprobar después, aquella nos es más que una sensación inicial, no es algo a lo que uno no pueda acostumbrarse en poco tiempo; incluso, dado el carácter seco del calor, resultaba más soportable que el bochorno de la costa española.

El aeropuerto de Aswán no es muy grande, y sus instalaciones denotan el paso del tiempo. Los autobuses que nos trasladaron desde el avión a la terminal eran antiguos y sin aire acondicionado De la misma forma sorprende la precariedad de la terminar, más perecida a una vieja estación de trenes que a un aeropuerto. Antes de cruzar la puerta de control de seguridad nos hicieron esperar fuera de la terminal, en el aparcamiento donde aparcan los autobuses, soportando los humos de los tubos de escape que se mezclaban con el aire caliente del exterior, formando una atmósfera poco soportable. Por suerte, los controles no fueron muy estrictos y aquel suplicio no duró mucho. Solo los primeros pasajeros fueron examinados a conciencia, al menos en nuestro caso. A parte de las medidas habituales de seguridad, pude observar una cámara infrarroja para medir la temperatura de los pasajeros, una tecnología que contrastaba con la precariedad del resto de instalaciones. Observamos también que algunos funcionarios del aeropuerto portaban mascarillas tapándoles la nariz y la boca. Era evidente que estas medidas estaban destinadas a prevenir la entrada en el país de viajeros con la gripe A de las narices.
A través de la cristalera de la terminal pudimos leer el nombre de nuestra agencia de viajes en un letrero que portaba un hombre, aquel era hombre de facciones claramente árabes y delgado sería nuestro guía en la primera etapa del viaje. Verlo fue algo que hizo disipar algunas de las incertidumbres y temores que nos rondaban. Era la primera vez que salíamos de Europa y no estábamos libres de ellos.

Ya de noche y después de obtener el visado y recoger el equipaje, por fin, salimos exterior del aeropuerto para volver a percibir aquel calor proveniente del desierto. Allí nos estaba esperando el autobús que nos llevaría a nuestro primer destino y también nos encontraríamos con el primer choque cultural.
Aunque se suponía que las propinas habían sido cobradas por adelantado e incluidas en paquete turístico como un extra, los maleteros ponían la mano para que se la diésemos, procurando, eso si, no ser vistos por el guía que nos acompañaba. Pedirán euros y ha ser posible billetes, y parecía que nunca estaban satisfechos con la cantidad. También pedían cambiar monedas de euros en billetes. Supimos después que aquello era porque no pueden cambiar monedas en libras, sino que el banco solo les cambia divisa si llevan billetes. Para ellos dos euros es una auténtica fortuna, pero parecía que le dábamos poca cosa. Algo que no sabíamos entonces tampoco y que nos hubiese sido muy útil para cuantificar cual es la propina adecuada, es que el salario medio de un egipcio esta entre 100 y 150€, 1300 libras egipcias. No obstante y a pesar de esto, les sorprenderá la insistencia y el descaro que tienen los egipcios a la hora de pedir propinas. Nosotros, como buenos novatos picamos.

Un consejo, si accedéis a cambiar billetes por monedas de euros, aseguraros muy bien que realmente os están dando monedas de euro, porque en ocasiones, según nos previnieron, algunos pícaros mezclan entre los euros algunas monedas egipcias, que fácilmente se confunden con las europeas y de valor muy inferior. Algunos del grupo que íbamos lo hicimos, y tengo que decir en favor de las gentes de aquel país que en ningún caso nos intentaron estafar de ese modo.

Ya en el autobús, para nuestro alivio, con aire acondicionado, emprendimos la marcha hacia el barco que nos llevaría de crucero por el Nilo. Fuimos por carreteras y calles, en ocasiones, mal iluminadas y plagadas de montones de basura. Al preguntar por aquello, nos explicaron que la recogida de basura en Egipto no es un servicio público, y que solo ciudadanos tienen que pueden pagan un servicio privado, se le recoja la basura todos los días. El resto acumula la basura, incluso en las azoteas de los edificios, para que la recogida sea más barata o simplemente la deja en cualquier sitio para no pagar.
Durante el trayecto no muy largo hasta el puerto, ya pudimos observar por las ventanillas del autobús algunas de las diferencias tan notables de cultura y forma de vida de Aswán. Una vida que empieza cuando cae el sol y que se prolonga hasta altas horas de la madrugada.
Dado que estábamos en un país casi completamente musulmán, no nos extrañó, aunque nos pareció chocante, ver a todas las mujeres con velo y muchos hombres con chilaba, incluso alguna mujer con el riguroso burka que las cubría completamente el rostro, ya no digamos el resto del cuerpo. Además, nuestra llegada coincidió con el inicio del ramadán, la principal celebración espiritual musulmana, algo que también condiciona mucho la vida de los egipcios, principalmente porque no pueden comer, ni beber, ni fumar desde la salida del sol, hasta que que se pone.
Causa bastante respeto la abundante presencia de policía y controles de carretera, donde los agentes o miembros del ejercito a menudo estaban armados con fusiles de asalto kalashnikov.

Después de pasar al menos tres controles de carretera arribamos frente al puerto donde nos esperaba el barco, que no se denominan así, sino motonave. Al bajarnos del autobús, fueron los trabajadores del barco los que nos llevaron el equipaje al barco. Supongo que en este caso el tema de la propina ya estaba mejor especificado, pero con la cara que ponían los maleteros lo decían todo; pero en esta ocasión ya estábamos prevenidos por el guía, que nos dio algunas premisas sobre las propinas, lecciones básicas de árabe y algún que otro consejo durante trayecto hasta el puerto. El autobús nos dejo en la acera contraria a donde estaba el barco, y para llegar a él tuvimos que atravesar una avenida bastante ancha y transitada por vehículos que circulaban muy rápido para ser una ciudad. Allí la conducción era algo fuera de lo normal. Los vehículos no paraban para dejarnos pasar, al contrario, hacían sonar sus bocinas para que no lo hiciésemos. Fue necesaria la ayuda del guía, que localizó a un guardia, para poner detener el tráfico y cruzar la calle.

El guía era un hombre joven, simpático y amable, como pudimos constatar después, era algo común en la mayoría de las gentes de este país. No obstante, no hay que confiarse mucho. La impresión que queda es que son muy espabilados para ganarse la vida a consta del turista, algo comprensible dada las condiciones de vida del país.
Con lo leído y observado in situ sobre Egipto, podemos decir con que es un país muy corrupto. El bajo salario de los funcionarios y la mala gestión son la causa de ello. Ochenta millones de habitantes concentrados principalmente en las orillas del río Nilo, el 3,5% de la superficie total del país. El resto del país son tierras desérticas lo que crea un grabe problema se superpoblación en estas zonas. El Cairo, la capital de Egipto con 15 millones de almas que se transforman en 22 cuando la gente acude a trabajar. Es la segunda capital más poblada del planeta y la segunda ciudad también en extensión del mundo, solo superada por la Mejico D. F. Pero Egipto no es un país pobre, tiene recursos naturales, agricultura, petróleo y buenas fuentes de entrada de divisas, como el turismo y el Canal de Suez, paso obligado para todas las mercancías procedentes de Asia y África. Pero como ocurre en muchos países mal gestionados y con alto grado de corrupción, estos ingresos no llegan en forma de servicios a la población, y en general, el país denota un estado de abandono y carencias evidentes.