Translate

viernes, 18 de septiembre de 2009

Egipto mágico con IMAGE TOURS Capítulo III



Capítulo III

Abu Sinbel



Después de un corto sueño para recuperar las fuerzas del largo viaje y hacer la digestión, sobre las tres de la mañana nos despertaron para realizar nuestra primera excursión. Todavía somnolientos y equipados con las almohadas de las camas de nuestros camarotes y unas cajas con el desayunos, nos montaron en un autobús. La duración del viaje sería de unas tres horas y media para recorrer los aproximadamente trescientos kilómetros que nos separaban de nuestro primer destino turístico, los templos de Abu Simbel.

Lo que pude leer del lugar antes de partir de España fue que estos templos fueron descubiertos en 1813 por el explorador italiano Giovanni Belzoni, quien como muchos en Egipto, no dudó a la hora de robar todos los tesoros que encontró en el interior de los templos. El conjunto arquitectónico de Abu Simbel, compuesto por dos majestuosos edificios, fue trasladado piedra a piedra de su ubicación original por un equipo de arqueólogos e ingenieros españoles. Una tarea que comenzó en el año 1964 y que requirió de la colaboración y la ayuda económica de muchos países coordinados por la UNESCO. Como agradecimiento al gobierno español, el gobierno egipcio le regaló un templo que actualmente se ubica en Madrid.
El costoso trasladado se hizo por la inminente construcción de la presa de Aswán. De no haber sido así, hoy, este patrimonio de la humanidad, estaría bajo las aguas del lago Naser, creado artificialmente por la construcción de dicha presa. A pesar del esfuerzo por conservar los templos, actualmente sufren un fuerte deterioro por las filtraciones de agua procedentes del lago, por lo visto el templo no se ubicó lo suficientemente lejos del lago.

Quizás todo ese esfuerzo al final solo ha servido para retrasar lo inevitable, pero sin duda el esfuerzo mereció la pena, ya que de otra forma todo este magnífico patrimonio histórico no hubiese llegado hasta nuestros días. No se sabe a ciencia cierta cuantos restos de la cultura Egipcia quedaron bajo las aguas y no fueron rescatados en aquella zona, pero se tiene constancia de que fueron muchos.
Por desgracia, el rápido desarrollo de la demografía del país ha propiciado que muchas obras e infraestructuras construidas en otros lugares, hayan enterrado cientos de yacimientos arqueológicos difícilmente recuperables, yacimientos que ahora descansan debajo de carreteras, mezquitas y habitantes de Egipto.

El viaje a Abu Simbel empezó un poco accidentado, debido a las medidas de seguridad impuestas por las autoridades. Por lo visto, y según nos contaron, no hacía mucho que había habido un accidente grabe y por ese motivo, la excursión a los templos se hacía ahora siempre en convoy y protegido por ejercito. Hizo falta por ello, más de tres cuartos de hora para poner en marcha la veintena de autobuses y microbuses repletos de turistas que se dirigían al mismo lugar.
Ya iniciada la marcha pudimos comprobar porque había accidentes, la forma de conducir de los Egipcios es cuando menos peculiar. No respetaban las señales viales y realizaban adelantamientos casi suicidas. La carretera de dos carriles, para ellos era uno solo, por el que circulaban y adelantaban a voluntad, ya fuese por la derecha o por la izquierda o hubiese o no visibilidad. El arcén también parecía que fuese parte de la misma carretera, y se utilizaba también para adelantar. Pero pronto aprendimos que esto es normal allí.
Al final pudo más la fatiga del viaje y la falta de sueño que el temor a acabar en la cuneta, y los pasajeros del autobús quedaron casi todos dormidos, dejando solo el ruido del motor del autobús de fondo.


Después de muchos kilómetros, ya despiertos, tuvimos la suerte de presenciar nuestra primera salida del sol en el desierto. Un espectáculo hermoso a la vez que desolador. Ver tanta extensión de tierra desértica te da la sensación de estar en otro planeta. La luz del amanecer no es la misma a la que estamos acostumbrados. El sol inicia su andadura por el cielo con su luz filtrada por el polvo del desierto, produciendo una luz anaranjada y difusa que pronto lo inunda todo, descubriéndonos un paisaje agresivo e inhóspito. Montículos coronados por piedras negras como el carbón,que parecen abrasadas por el Sol, casas abandonas, pedazos de neumáticos en los arcenes y algún que otro esqueleto de un autobús que no pudo soportar el rigor del desierto, y que fue allí mismo abandonado; quizás como aviso para aquellos que se aventurasen ha hacer la travesía sin estar preparados. Ya cerca de nuestro destino, algún poblado y parcelas de cultivos hechos con el agua robada al Nilo, única fuente de vida.

A la llegada el sol ya estaba alto en el cielo y se hacía notar. Equipados con nuestras cámaras, sombreros y botellas de agua nos dispusimos a fotografiarlo todo, pero nos llevamos nuestra primera decepción, el guía nos dice que no se pude filmar ni hacer fotografías en el interior de los templos. No obstante las fotografías panorámicas son espectaculares, y solo por esto merece la pena el largo viaje. Aunque estas fotografías nunca harán justicia a una vivencia directa del lugar siempre nos recordarán que estuvimos allí.

Nuevamente, nada más bajar del autobús, el asalto al turista, vendedores que te ofrecen todo por un euro te ponían objetos encima, telas chilabas pañuelos, botellas de agua, todos son regalos o cuesta un euro, te cambian monedas de euros por billetes, pero nosotros lo que queríamos es ir al baño. Buscamos en los bolsillos y yo me doy cuenta de que tengo un problema. Sabía que el interior del lavabo me encontraré con alguien que me ofrecerá papel higiénico y asistencia por una propina casi obligada, será un tópico que nos acompañará en casi por todos los servicios que visitemos. Por suerte mi amada y compañera de viaje tiene algunas monedas con la que puedo salvar la situación. Le doy cincuenta céntimos de euro al sujeto y me pone cara de más, pero me da igual, lo ignoro y alivio mi vejiga.

La visita a Abu Sinbel es del todo merecedora del viaje y las incomodidades. Impresionan las dimensiones descomunales, los jeroglíficos esculpidos en la roca, la belleza de las formas y la majestuosidad y tamaño de las estatus que adornan el conjunto. El tamaño de los bloques de piedra con los que están hechos los templos son enormes, todo es impresionante, y te hacen pensar como fue posible tan magnífica construcción disponiendo solo de gente y la fuerza de bueyes de tiro como maquinaría pesada. Al contemplar aquellas construcciones me pregunto también como sería el mundo actualmente, si hubiésemos puesto nosotros el mismo empeño que pusieron ellos para hacer un mundo mejor.

Frente a los templos y bajo el sol ya abrasador, el guía nos explican un poco de historia sobre lo que estamos viendo. Nos dice que el conjunto esta compuesto por dos templos, el mayor dedicado a Ra, Ptah y Amón y el pequeño dedicado a la diosa Hathor, personificada por Nefertari, esposa favorita de Ramsés. El guía nos utilizan y empareja para que entendiésemos el parentesco de los dioses. Orus, Osiris, Nefertari, todos allí puestos bajo un sol de justicia y deseando buscar sombra. El calor no es bueno para utilizar la memoria y menos para la paciencia, y apenas recuerdo nada de todo aquello. Yo, al menos, ya estaba impaciente por entrar y encontrar sombra que me protegiese de aquel suplicio, pero allí, dentro del los templos, el calor iba ha ser igual de sofocante o más, ya que se unía la humedad precedente de la tierra y contenida en el interior.

Después de ver los dos templos por dentro, maravillarnos con su contenido y sudar de lo lindo, salimos al exterior para seguir llenando la memoria de nuestras cámaras con las fotos panorámicas. Después nos dirigimos a buscar descanso y refugio del Sol. Lo encontramos en las instalaciones aledañas a los templos, ya fuera del recinto acotado, pero para llegar hasta allí teníamos que recorrer cuatrocientos metros y pasar o obligatoriamente frente de los puestos de souvenirs, donde un ejercito de mercaderes nos estaban esperando para agobiarnos sin piedad.

Pero antes incluso de llegar al lugar donde estaban los tenderetes, a mi pareja y a mí todavía nos quedaba una pequeña lección que aprender, esta vez sobre la policía turística.
Antes de llegar, un soldado que ejercía esta función nos señaló un lugar para que hiciésemos una buena fotografía, y la verdad es que fue buena. Luego se ofreció para que nos hiciésemos una foto con él y su fusil de asalto, algo a lo que no accedí, no por mi, sino por el temor que despertó la propuesta a mi compañera. Aunque nos negamos a esta extraña propuesta, el soldado puso la mano para que le diésemos una compensación por indicarnos el lugar para hacer la fotografía. Si, por extraño que parezca te piden dinero por estas cosas allá; pero todo tiene una razón de ser.
Nos dijeron que las fuerzas armadas de aquel país están formadas en su mayoría por jóvenes sin formación académica. Estos están obligados, al contrario que los universitarios, que hacen solo un año, a realizar un servicio de tres, a demás sin paga alguna. Aquellos que pertenecen a la guardia turista, como se le llama allí, obtienen así algunos ingresos que les ayudan a pasar el trago. Es muy triste perder tres años de una vida, pero así son las cosas allí.

Después de aquella lección de la forma de vida de los guardias turísticos, pusimos paso ligero al punto de encuentro, con una idea aproximada de lo que nos esperaba en el pequeño mercadillo atestado de mercaders, por donde teníamos que pasar obligatoriamente para llegar.

Allí pronto aprendimos que si mostrábamos interés por alguna cosa estábamos perdidos. Su habilidad para engatusar y vender era algo fuera de lo común e innato. Si es la primera vez que uno se encuentra en esta situación siempre acaba en sus manos. Tenemos que tener en cuenta que el arte del regateo no es algo fácil de aprender cando se está acostumbrado ha comprar en un supermercado, coger lo que necesitas, pagar y marcharte. Eso es muy fácil, regatear no. Al principio, todos los que lo intentan por primera vez acababan con sus bolsillos escaldados. Si no quieres acabar así necesitas saber tres reglas básicas:

1.Si no deseas comprar, lo mejor que puedes hacer es mostrarte indiferente, ante lo que te enseñen o veas.
2. Si quieres comprar algo que te guste, ten muy claro lo que quieres pagar y no te importe exigir ese precio, insiste en ello hasta que te acerques lo máximo posible.

3.No te sientas culpable a pesar de lo que te diga el mercader y las escusas que te ponga, lo que nunca hará es perder dinero contigo.

Además de estas tres reglas, ten claro que no te faltarán oportunidades de comprar lo que deseas en otro sitio, sobre todo si visitas El Cairo, podrás hacerlo sin agobios y a mejor precio, incluso sin tener que regatear. Y si a pesar de todo piensas que te han levantado la camisa en una compra, puedes hacer lo que yo, piensa lo que has hecho no es dejarte engañar, sino una obra de caridad.

Después de un corto descanso en el que tuvimos tiempo para intercambiar impresiones del viaje con nuestros nuevos compañeros de fatigas, emprendimos regreso a Aswán. Antes de volver al barco debíamos hacer una visita panorámica a la gran presa que controlaba las salvajes crecidas del Nilo. Nuevamente en el camino nos volvimos a encontrar con el desierto, esta vez con el sol ya muy alto, lo que nos permitió ver en directo los espejismos que formaba el calor en el horizonte.