Translate

martes, 8 de septiembre de 2009

Egipto mágico con IMAGE TOURS Capítulo I


En realizar este viaje nos decidimos por elegir un paquete turístico porque nos pareció la forma más segura de viajar, teniendo en cuenta que era la primera vez que íbamos a un país tan lejano. Lo contratamos por internet, también por primera vez. Aunque haremos al principio reacios ha hacerlo de este modo, los precios eran mejores, y tenemos que decir que la elección en nuestro caso fue acertada. La atención al cliente y los trámites no nos defraudaron en ningún momento, no obstante, después de la experiencia, no era tampoco una mala idea hacerlo por libre. Después de lo vivido y aprendido llegamos a la conclusión de que las dos posibilidades son igual de buenas. Egipto pueden ser una experiencia que sature sus sentidos ya sea por libre o por agencia.


A continuación os narro en capítulos nuestra pequeña odisea, por si alguien desea repetirla. Como cada persona es un mundo, seguro que la vuestra no será igual, pero lo que es seguro es que Egipto no os dejará indiferentes. Seguro también, que algunos consejos que os dejo os ayudarán en el viaje, si algún día tenéis la oportunidad de hacerlo.

Capítulo I

La llegada a Aswán

Después de un vuelo tranquilo de cinco horas y un aterrizaje suave en aeropuerto de Aswán, salimos al exterior con ansias de poder estirar las piernas y dar comienzo nuestra pequeña aventura, pero nada más llegar Egipto nos ofreció su calurosa bienvenida. Al salir por la escotilla del avión una ola de calor nos golpeó todo el cuerpo como una pesada maza. Al principio pensábamos que era el calor desprendido por los reactores del avión, pero pronto nos dimos cuenta que no era así, que era el rigor del desierto que saludaba nuestra llegada. Un calor seco al que ningún viajero que viniese de la costa del Mediterráneo español, como la mayoría de nosotros, le resultaba familiar. Posiblemente, a alguno procedente del sur de Andalucía, más acostumbrado a los calores se sintiese cómodo, pero para nosotros fue como una invitación para volver al avión y encontrar en su interior el refugio del aire acondicionado.
Soplaba una brisa suave que no refrescaba pero secaba el sudor, o más bien no dejaba que ni siquiera que aflorase. Era igualmente seca y cálida. Como íbamos a soportar aquello durante una semana, pensé yo. Pero no se asusten, como pudimos comprobar después, aquella nos es más que una sensación inicial, no es algo a lo que uno no pueda acostumbrarse en poco tiempo; incluso, dado el carácter seco del calor, resultaba más soportable que el bochorno de la costa española.

El aeropuerto de Aswán no es muy grande, y sus instalaciones denotan el paso del tiempo. Los autobuses que nos trasladaron desde el avión a la terminal eran antiguos y sin aire acondicionado De la misma forma sorprende la precariedad de la terminar, más perecida a una vieja estación de trenes que a un aeropuerto. Antes de cruzar la puerta de control de seguridad nos hicieron esperar fuera de la terminal, en el aparcamiento donde aparcan los autobuses, soportando los humos de los tubos de escape que se mezclaban con el aire caliente del exterior, formando una atmósfera poco soportable. Por suerte, los controles no fueron muy estrictos y aquel suplicio no duró mucho. Solo los primeros pasajeros fueron examinados a conciencia, al menos en nuestro caso. A parte de las medidas habituales de seguridad, pude observar una cámara infrarroja para medir la temperatura de los pasajeros, una tecnología que contrastaba con la precariedad del resto de instalaciones. Observamos también que algunos funcionarios del aeropuerto portaban mascarillas tapándoles la nariz y la boca. Era evidente que estas medidas estaban destinadas a prevenir la entrada en el país de viajeros con la gripe A de las narices.
A través de la cristalera de la terminal pudimos leer el nombre de nuestra agencia de viajes en un letrero que portaba un hombre, aquel era hombre de facciones claramente árabes y delgado sería nuestro guía en la primera etapa del viaje. Verlo fue algo que hizo disipar algunas de las incertidumbres y temores que nos rondaban. Era la primera vez que salíamos de Europa y no estábamos libres de ellos.

Ya de noche y después de obtener el visado y recoger el equipaje, por fin, salimos exterior del aeropuerto para volver a percibir aquel calor proveniente del desierto. Allí nos estaba esperando el autobús que nos llevaría a nuestro primer destino y también nos encontraríamos con el primer choque cultural.
Aunque se suponía que las propinas habían sido cobradas por adelantado e incluidas en paquete turístico como un extra, los maleteros ponían la mano para que se la diésemos, procurando, eso si, no ser vistos por el guía que nos acompañaba. Pedirán euros y ha ser posible billetes, y parecía que nunca estaban satisfechos con la cantidad. También pedían cambiar monedas de euros en billetes. Supimos después que aquello era porque no pueden cambiar monedas en libras, sino que el banco solo les cambia divisa si llevan billetes. Para ellos dos euros es una auténtica fortuna, pero parecía que le dábamos poca cosa. Algo que no sabíamos entonces tampoco y que nos hubiese sido muy útil para cuantificar cual es la propina adecuada, es que el salario medio de un egipcio esta entre 100 y 150€, 1300 libras egipcias. No obstante y a pesar de esto, les sorprenderá la insistencia y el descaro que tienen los egipcios a la hora de pedir propinas. Nosotros, como buenos novatos picamos.

Un consejo, si accedéis a cambiar billetes por monedas de euros, aseguraros muy bien que realmente os están dando monedas de euro, porque en ocasiones, según nos previnieron, algunos pícaros mezclan entre los euros algunas monedas egipcias, que fácilmente se confunden con las europeas y de valor muy inferior. Algunos del grupo que íbamos lo hicimos, y tengo que decir en favor de las gentes de aquel país que en ningún caso nos intentaron estafar de ese modo.

Ya en el autobús, para nuestro alivio, con aire acondicionado, emprendimos la marcha hacia el barco que nos llevaría de crucero por el Nilo. Fuimos por carreteras y calles, en ocasiones, mal iluminadas y plagadas de montones de basura. Al preguntar por aquello, nos explicaron que la recogida de basura en Egipto no es un servicio público, y que solo ciudadanos tienen que pueden pagan un servicio privado, se le recoja la basura todos los días. El resto acumula la basura, incluso en las azoteas de los edificios, para que la recogida sea más barata o simplemente la deja en cualquier sitio para no pagar.
Durante el trayecto no muy largo hasta el puerto, ya pudimos observar por las ventanillas del autobús algunas de las diferencias tan notables de cultura y forma de vida de Aswán. Una vida que empieza cuando cae el sol y que se prolonga hasta altas horas de la madrugada.
Dado que estábamos en un país casi completamente musulmán, no nos extrañó, aunque nos pareció chocante, ver a todas las mujeres con velo y muchos hombres con chilaba, incluso alguna mujer con el riguroso burka que las cubría completamente el rostro, ya no digamos el resto del cuerpo. Además, nuestra llegada coincidió con el inicio del ramadán, la principal celebración espiritual musulmana, algo que también condiciona mucho la vida de los egipcios, principalmente porque no pueden comer, ni beber, ni fumar desde la salida del sol, hasta que que se pone.
Causa bastante respeto la abundante presencia de policía y controles de carretera, donde los agentes o miembros del ejercito a menudo estaban armados con fusiles de asalto kalashnikov.

Después de pasar al menos tres controles de carretera arribamos frente al puerto donde nos esperaba el barco, que no se denominan así, sino motonave. Al bajarnos del autobús, fueron los trabajadores del barco los que nos llevaron el equipaje al barco. Supongo que en este caso el tema de la propina ya estaba mejor especificado, pero con la cara que ponían los maleteros lo decían todo; pero en esta ocasión ya estábamos prevenidos por el guía, que nos dio algunas premisas sobre las propinas, lecciones básicas de árabe y algún que otro consejo durante trayecto hasta el puerto. El autobús nos dejo en la acera contraria a donde estaba el barco, y para llegar a él tuvimos que atravesar una avenida bastante ancha y transitada por vehículos que circulaban muy rápido para ser una ciudad. Allí la conducción era algo fuera de lo normal. Los vehículos no paraban para dejarnos pasar, al contrario, hacían sonar sus bocinas para que no lo hiciésemos. Fue necesaria la ayuda del guía, que localizó a un guardia, para poner detener el tráfico y cruzar la calle.

El guía era un hombre joven, simpático y amable, como pudimos constatar después, era algo común en la mayoría de las gentes de este país. No obstante, no hay que confiarse mucho. La impresión que queda es que son muy espabilados para ganarse la vida a consta del turista, algo comprensible dada las condiciones de vida del país.
Con lo leído y observado in situ sobre Egipto, podemos decir con que es un país muy corrupto. El bajo salario de los funcionarios y la mala gestión son la causa de ello. Ochenta millones de habitantes concentrados principalmente en las orillas del río Nilo, el 3,5% de la superficie total del país. El resto del país son tierras desérticas lo que crea un grabe problema se superpoblación en estas zonas. El Cairo, la capital de Egipto con 15 millones de almas que se transforman en 22 cuando la gente acude a trabajar. Es la segunda capital más poblada del planeta y la segunda ciudad también en extensión del mundo, solo superada por la Mejico D. F. Pero Egipto no es un país pobre, tiene recursos naturales, agricultura, petróleo y buenas fuentes de entrada de divisas, como el turismo y el Canal de Suez, paso obligado para todas las mercancías procedentes de Asia y África. Pero como ocurre en muchos países mal gestionados y con alto grado de corrupción, estos ingresos no llegan en forma de servicios a la población, y en general, el país denota un estado de abandono y carencias evidentes.