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jueves, 1 de octubre de 2009

Egipto mágico con IMAGE TOURS Capítulo IV



Capítulo IV
La gran presa de Aswán


Dadas las horas tan intempestivas en las que hicimos esta visita, la una de la tarde, y que el lugar no tenía relación o interés histórico con el Egipto antiguo, esta visita se me hizo algo pesada. Resultaba de escaso interés para los que les gustaban las ruinas e insuficiente para los más técnicos. A mí, por lo menos en ese aspecto, me pareció una visita que podría haberme ahorrado, y eso que me gusta mucho la ingeniería y las grandes obras.
Si en la visita hubiese incluido poder ver las instalaciones con más detalle, el interior de la presa, los generadores o la sala de control, no podría decir lo mismo, pero no fue así.
Estar encima de la presa soportado el calor infernal que hacía a esas horas de la tarde, mientras te dan unas explicaciones muy básicas de la presa, o mientras te explican cuatro detalles cuando pasas rápidamente montado el el autobús sin tiempo para ver las cosas, no da una perspectiva de la magnitud de la construcción. Después de ver las imágenes aéreas del lugar, recomiendo a quien quiera tener un perspectiva más amplia de esta construcción, que se instale el programa Google Earth y le eche un vistazo desde arriba, vera cosas que no podrá ver nunca encima de la presa. Os dejo estos dos enlaces si no queréis tomaros la molestia de instalar nada:

Visión aérea de la presa alta.
Visión aérea de la presa baja.
Perspectiva de las dos presas.

Un detalle de interés: Si utilizáis los enlaces que he puesto, se puede ascender por el río hasta Abú Simbel, llegando al lago Naser. Comprenderemos entonces porqué los templos rescatados de las aguas se encuentran ahora en proceso de deterioro por las filtraciones, ya que se puede observar con todo detalle en esta foto por satélite como se encuentran ubicados en un islote rodeado por las aguas del lago Naser.

No obstante, y pese a que la visita en si no aporta mucho, os daré algunos datos que he podido leer y aprender más allá de lo poco que nos explico el guía, y que creo que puede ser interesante para aquellos que les guste la ingeniería y los datos.
La presa Aswán en realidad son dos: La denominada presa alta, de más reciente construcción, fue la más más grande del mundo hasta la construcción de la presa de las tres gargantas en China, en noviembre de 2002. Mide 3600m de largo y 980m de ancho en la base, por 40m de ancho en la cúspide y 111m de alto, con un volumen de material de 43 millones de m³ de material de encofrado. El desnivel de 9m de altura es suficiente para producir el 50% de la energía eléctrica consumida en Egipto, 2,1 gigavatios en total. Alberga 12 enormes generadores de 175 megawatios cada uno. La construcción se realizó con ayuda económica y tecnológica de la extinta Unión Soviética, en plena guerra fría, y fruto de la antigua amistad de este país con el gobierno egipcio, o para ser más exactos, porque el gobierno ruso tubo intereses estratégicos allí. El estilo de construcción ruso es algo que se aprecia a simple vista. Si nos fijamos atentamente en las instalaciones eléctricas que están encima de los generadores, podremos esa forma de construir tosca, sencilla, pero funcional. Por supuesto, se tiene que haber contemplado una instalación eléctrica europea para poder comparar y darse cuenta de las diferencias que existe entre los aisladores y las torretas de alta tensión respecto a las instalaciones europeas; son completamente diferentes

La presa alta se construyó como consecuencia de que la presa baja, construida por los británicos mientras Egipto era todavía colonia del Reino Unido, en varias ocasiones estuvo a punto de desbordarse por las crecidas del Nilo. Pese a que fue ampliada hasta en tres ocasiones, aumentando su altura y grosor, cuando Egipto ya era independiente, el río siempre parecía estar a punto de superarla. Es por ello, ante la imposibilidad de seguir ampliando la vieja presa, se optó por construir una nueva.

La gran cantidad de potencia obtenida en este tipo de presas, no se consigue gracias al desnivel, como ocurre, por ejemplo, en las la mayor parte de presas españolas, sino por el caudal de agua que circula. Las dos presas de Aswán utilizan el gran caudal que aporta el río Nilo para mover las palas de las turbinas. El otro método, del que hablaba antes, es la presión. Para obtenerla las presas deben tener un gran desnivel. En España. Por ejemplo, podemos encontrar muchas de estas presas, cuya altura supera en muchos metros a las presas de Aswán. Por así decirlo, estas presas gastan menos agua.

Retornando a lo que nos explicó el guía sobre la presa, éste nos señaló un canal aledaño que servía de desagüe de emergencia en caso de una crecida muy grande. No nos extrañó que el guía nos dijese que, por suerte, nunca había tenido que usarse, porque el canal está casi diluido en el paisaje y en un gran estado de abandono. Creo que pude ver varias casa, o chabolas construidas muy cerca del cauce, que supongo yo, que en caso de que se utilizase el canal, acabarían engullidas por el agua.

Desde lo alto de la presa pudimos observar algunas ruinas y una bonita vista, pero nada espectacular. Los guías nos advirtieron que no usásemos teleobjetivos para hacer fotografías, ya que había un acuartelamiento o instalación militar cercana que no se podía fotografiar; ni que fuésemos espías ¡leche!

Recuerdo que el guía también hizo algún comentario respecto a los cocodrilos, aludiendo a la barrera que suponía para estos animales la presa. Por lo visto todavía quedaban muchos, pero solo a un lado de la presa, y también en los canales aledaños.
Caí en la cuenta entonces que resultaba extraño que las aguas del Nilo no estuviesen todo lo sucias que cabría esperar, teniendo en cuenta la población tan numerosa que habita en sus orillas. Observé durante todo el viaje por el río que en muchos lugares la gente pescaba y se bañaba sin temor. Suponía yo, que después de pasar por tantos pueblos como había en sus orillas, y dado el carácter poco cuidadoso de los habitantes de Egipto respecto a sus basuras, el río estaría lleno de porquería, pero no era así. Bien fuese porque todavía quedaba algo de respeto por el río , o bien porque el gobierno había tomaba las medidas necesarias para evitar que una de sus principales fuentes de ingresos se convirtiera en una pestilencia, lo cierto es que a lo largo de todo el viaje pudimos ver un río todavía vivo, con peces y humedales repletos de juncos en sus orillas, un indicador de la buena salud.

Mis observaciones, dado el poco interés de la visita a la presa, más que en la misma presa, se centraron en las gentes que estaban por allí, en su vida cotidiana y en sus prácticas espirituales. Era sorprendente la devoción y la disciplina de aquellos hombres, que sin importarles el calor y la visita de los turistas, extendían sus alfombras y se postraban de cara a la Meca. Parecía que no importase nada más. Ya fuesen guardias, jardineros, todos, llegado el momento cumplían con el mandato de Alá.

El guía que nos condujo, tanto por Abú Simbel como por la presa fue distinto al que nos acompañó en los demás templos. Era un tipo de una simpatía en ocasiones claramente forzada. Mi impresión es que él nos veía como ganado o niños necesitados de protección, y no de conocimientos. No aparentaba tener los estudios, cultura y modos del anterior guía, si no más bien todo lo contrario; una lección aprendida de memoria para ser contada y poca cosa más.
Después de pasar mucho calor y sacar algunas fotografías, subimos en el autobús y nos dirigimos a la motonave, que nos espera en puerto de Aswán, donde también nos esperaba el almuerzo que nuestros vacíos estómagos ya echaban en falta. Llegamos tarde y con poco tiempo para comer y menos para reposar la comida, todavía nos quedaban varias excursiones en los alrededores de Aswán por realizar aquella tarde.

Al llegar resultó un poco exasperante las ganas que tenía el personal del comedor por cerrar. Consecuencia de ello, apenas nos quedó tiempo para hacer una sobremesa como es debido. Además, me disgustaba mucho que tuviésemos que ir a la cafetería para tomar el café, y no poderlo tomar en la mesa del restaurante, como estábamos acostumbrados. En las ocasiones que sucedía algo así, me daba la sensación de estar en una fábrica de procesamiento de turistas que en un viaje de placer. Por suerte, el hecho de vivir una situación tan distinta a la que estoy acostumbrado, hacía que estas cosas no tuviesen tanta importancia, que importase más la situación en si misma que los detalles negativos. Quizás si este no hubiese sido nuestro primer viaje las cosas serían diferentes. Hubiésemos protestado o exigido una mejor atención y calidad en el servicio.

Recuerdo que una de las excursiones, ya casi al final dele viaje, en Alejandría, pudimos ver los resultados de esa aptitud de exigencia y protesta por parte de dos de los integrantes del grupo. No fue nada agradable. Se creo un ambiente muy incómodo para todos, y todo ello por una incorrección o omisión que el guía cometió al explicar la visita. Seguramente la protesta tuvo su razón y el guía cometió un error, pero el hecho de eliminárselo allí mismo, delante de todos, no estuvo nada bien. En tal caso, creo que lo más oportuno es llenar una hoja de reclamaciones despues de la visita, y no someter a escarnio público al guía. Hay muchas formas de hacer las cosas, y aquella pareja eligió la peor.