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viernes, 19 de noviembre de 2010

El mayor recorte social.


Si hay algo que caracteriza a esta clase política que nos ha tocado soportar en España, es su capacidad de prostituir ideales y valores por un único fin; la permanencia en el poder.

A cualquiera, mínimamente interesado por la política, le debería sorprender ver como un socialista de pro, de los de puño en alto y pañuelo rojo, dona una ingente cantidad de dinero a los bancos, y tiempo después, promulgara el mayor recorte social de toda la historia, faltando a sus principios y su palabra. Un recorte que está afectando a las clases más desfavorecidas de la sociedad, precisamente a aquellas que prometió defender. Posiblemente pensará que estaba equivocado respecto a lo que significaba el socialismo, y que ahora ,ayudar al sistema capitalista e ir contra de la clase obrera, es socialismo.
Si esta persona, interesada en la política, fuese un ingenuo o quisiera ser benevolente, podría pensar que este cambio ha sido forzado por la presión internacional, pero si estuviese bien informada, sabría que nadie le dijo a este presidente socialista, poco obrero y menos español, como tenía que recortar, que esto fue una decisión enteramente suya.
Los que manejan los dineros en Europa, temerosos de la desestabilización de la moneda europea y de que los bancos españoles no pudieran hacer frente a las deudas contraídas, apelaron al presidente de la nación, directamente responsable de este desastre, para que redujera el creciente déficit. No le dijeron como tenía que hacerlo. Contrariamente a los que se esperaba de un socialista, tomo las medidas más sencillas para solucionar el problema y convencer a los de la pasta. Esta solución no fue otra cosa que quitárnoslo a todos, robárnoslo de la misma manera un Señor feudal en el medievo. Puede que me esté engañando, y de eso se trata el socialismo, de socializar las deudas entre todos, sobre todo los más desfavorecidos por la sociedad capitalista.
En unos pocos meses, todas las ayudas sociales, que fueron concebidas, fundamentalmente, para comprar votos, se han desvanecido. Los famosos cuatrocientos euros, el cheque bebe, plan prever, han desaparecido. Recortes de sueldo a los funcionarios, congelación de pensiones, subidas de impuestos y otras lindezas de similar calado, han sido impuestas a base de decretos, en vano intento de paliar un déficit provocado por el mismo gestor que ahora se lamenta falsamente de haber tomado decisiones difíciles, seguro que con su sueldo está muy afligido por jodernos a todos, póbrecito...
Por si eso no bastase para derribar nuestro poco ánimo y esperanza, los ayuntamientos, nidos de despilfarradores y apotronados, con su presupuesto menguado por la crisis de la construcción, se suman al desvalijamiento con la siembra de radares y parquímetros . Convierten a la policía municipal en un cuerpo de recaudadores que se dedica la mayor parte de su tiempo a poner multas, que ahora, gracias a las nuevas leyes, no podemos eludir pagar. Para que las medidas sean más efectivas, llenan de zonas de diversos colores las ciudades y contratan sicarios del lápiz para pillar a incautos que no pasaron por caja. Y pobre de aquél que no pague, porque el recargo suele ser mayor que la multa. 
Es muy probable que la aplicación ahora de todas estas medidas recaudatorias sea tan inútil como los que las diseñaron. Solo contribuirán, como lo están haciendo ya, a horadar más en el ánimo de las gentes, además de crear un clima donde las personas que tienen la capacidad de general empleo sientan desconfianza y prefieran llevarse el dinero a otro lugar. Si al menos, las medidas tomas, hubiesen sido acompañadas de otras que fomenten el empleo y la iniciativa de la sociedad, que ayudasen a crear empleo y ahorrar gastos inútiles, quizás hubiesen servido de algo; pero todas las decisiones que se han tomado han sido a la desesperada, sin un mínimo de sentido común. La precipitación y la falta de planificación es más que evidente, cuando vemos la cantidad de propuestas que aparecen y desaparecen en función de los titulares de prensa, encuestas, o lo que digan los todo poderosos sindicatos subvencionados.
Es seguro que si se hubiese actuado cuando se debía, sobre todo en los gastos corrientes del estado, muy probablemente no hubiese sido necesario castigar a la sociedad de la manera que se está haciendo. Pero ahora, mientras vemos mermar nuestros ingresos, o acabamos en el paro y arruinados, sigue la sangría de dinero, vía Boletín Oficial del Estado. Esas “Subvenciones” no van precisamente a quien puede proporcionar empleo, sino a instituciones relacionadas con la memoria histórica, organizaciones feministas radicales, sindicatos o organizaciones vinculadas a los partidos políticos. Es decir, a comprar el voto más radical para que este inútil integral se perpetúe en el poder.
Zapatero es como un cáncer metastásico para este país. Este hombre, que no reconoció la crisis cuando todo el mundo la veía venir, que luego nos ha dicho tantas veces que todo se iba a arreglar, ahora se pone grandilocuente para decirnos que no se siente cómodo con el desastre que ha creado. Cuanto cinismo y cuanta cara dura se necesita para que la gente, que tan mal representa este presidente, se levante y diga ¡basta ya!
Cientos de asesores viven de la sopa boba, las subvenciones a los medios de comunicación afines, la propaganda institucional, el despilfarro de las autonomías, la duplicación de instituciones públicas y la burocracia que limita la capacidad de crear empresas y empleo, la sanidad gratuita para los no residentes, y un largo etcétera, es lo que algunos llaman el chocolate del loro. Bien lo quisieran los millones de parados que se están quedando sin ningún tipo de ayuda o los pensionistas a los que se le ha cercenado su poder adquisitivo, ya bastante maltrecho.
Me gustaría decir que veo luz al final del túnel, que hay esperanza, pero contemplando el resto de la clase política y las actitudes de estos, mi esperanza se desvanece en oscuro pozo. Ya no tan solo por saber el bajo nivel intelectual y la bajeza moral de la que hacen gala la mayoría de ellos, sino por su acciones, declaraciones y la demagogia empleada en sus discursos. Pero de todo ello, lo que más me preocupa, y donde ya pierdo toda esperanza, es cuando veo con que afán dedican sus esfuerzos a enfrentar a la gente, a buscar problemas donde no los hay, a inventarse conflictos; al fin y al cabo a buscan el poder a costa de lo que sea, sin reparar en las consecuencias de sus actos o el desastre que puedan provocar.
Dan ganas de bajarse de este tren, de no pagar la hipoteca, las multas, los impuestos. Dan ganas de coger lo que por derecho pertenece a todo hombre nacido: un lugar para vivir, agua, comida y la energía que necesite, que al fin y al cabo viene del Sol y pertenece a todos, y pasar de las instituciones y los gobiernos. Si necesito algo más, conocimientos, herramientas, transporte o medicinas lo conseguiría proporcionando algo a cambio a otras personas. Así ya no necesitaría dinero, ni bancos, ni ventajas fiscales, ni publicidad, ni seguros. Pero no, no puedo, es imposible, sé que si lo hiciera las consecuencias para los míos serían desastrosas, arruinarían a mis padres, abaladores de mi hipoteca, iría a la cárcel, dejando desamparados a los míos. Me apartarían como una máquina defectuosa que ya no quiere contribuir a un sistema esclavista y opresor.
¿Pero que ocurriría si lo hiciésemos muchos?
¿Quien tendría el problema entonces?
¿Que sería de ellos sin nosotros y que sería de su poder y su dinero?
¿Nos meterían a todos en la cárcel?