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sábado, 5 de febrero de 2011

La revolución pacífica

A todos nos gusta pensar que hay alguien ajeno a nosotros culpable de nuestros males. La razón es bien sencilla, esta idea nos quita la responsabilidad de nuestros actos. Por esto, es muy atractiva la idea de un mundo gobernado por un poder oculto que mueve los hilos de la sociedad, conspirando y maquinando la forma de esclavizarnos. Buscar en ellos la causa de los males de esta sociedad es más fácil que ver que somos nosotros, cada uno de nosotros, los culpables que las cosas sean así.

Estos poderes ocultos, en realidad no lo son tanto, son visibles a simple vista, si uno quiere verlos. Los vemos todos los días en cada uno de nosotros, en nuestra insatisfacción permanente, en el ambición de ejercer de forma inconsciente el poder sobre los demás, en el ansia de poseer cosas materiales, en nuestra separación individualista que nos lleva a, prácticamente, vivir aislados del resto de nuestros congéneres, en la búsqueda de los placeres de corta duración.

Estas actitudes, son la causa directa de la estratificación de la sociedad actual, que a su vez ha profundizado en nuestros vicios. Este modelo social que nos hemos impuesto es el eslabón que cierra una espiral que nos conduce, si no cambiamos profundamente nuestra forma de actuar y pensar, a nuestra propia aniquilación.

La existencia de personas con un inmenso poder y dinero, las terribles desigualdades sociales y el afán depredador de esta sociedad, obedece a muchos factores, pero todos ellos nos conducen a un único problema, nosotros. Por tanto, para salir de este circulo vicioso y comenzar una revolución sin precedentes, el primer paso hay que darlo desde dentro. Dejar de ser tan pasivos y asumir nuestra responsabilidad. Una vez dado este paso tan pequeño, pero tan importante, podemos actuar y comenzar a cambiar el modelo de sociedad.

La decisión de cambiar el estado actual de las cosas, es exclusivamente nuestro, de cada individuo. Sabemos con certeza, que no existiría el dinero si no lo utilizásemos, que no existirían los impuestos si no los pagásemos, que no existirían las desigualdades sociales, ni los países, ni los gobiernos si no fuésemos nosotros quien diésemos vida a estos conceptos. De la misma manera que somos los creadores, podemos destruirlos y dar paso a algo mejor.

El miedo es algo muy humano. Es el miedo al cambio lo que nos está paralizando. Parece que hemos quedado petrificados ante él. Es como si condujésemos un vehículo a gran velocidad, y viendo a nuestro frente un barranco, en vez de pisar el freno, o tomar otra dirección, hubiésemos quedado paralizados. Ante esa situación no hay salida posible, si no actuamos a tiempo, nos despeñaremos, no podemos seguir . De la misma forma, no podemos seguir con este sistema social y político, hay que cambiarlo antes de que nos mate a todos.

No hay que caer en el error que el cambio no es posible. El mundo puede ser mejor sin dinero, sin políticos y sin lucro. Que no os engañen, la ambición nunca ha sido lo que ha movido a las grandes ideas del hombre. Solo hay que echar un vistazo a la historia para darse cuenta de que las mejores ideas no han surgido de la ambición, sino del afán del hombre por superarse a si mismo, por ofrecer a los demás algo, y ser recordados por ello.
Albert Einstein, Mahatma Gandhi, Van Gogh, Nicola Tesla y tantos otros, ¿Creéis realmente que su motivación fue el dinero? ¿Acaso hemos olvidado que nuestra capacidad de crear belleza y hacer buenas acciones, jamás ha estado vinculada al dinero?

Comenzar una revolución de esta envergadura no va ha estar exenta de dificultades, sobre todo por la resistencia de aquellos que tienen más miedo y más que perder. Los poderosos, los multimillorarios, las multinacionales, los políticos, ellos son los guardianes del sistema a los que tendremos que derrotar de forma pacífica. Pero no tengáis miedo, son enemigos batidos antes de empezar la batalla, pues todo su poder reside en nosotros, quienes les damos su condición de poderosos. Con solo que hagamos un gesto al unísono, su condición de poderosos desaparecerá como caen las manzanas por la gravedad.
Disponemos de las herramientas para reconstruir la sociedad desde cero. Tenemos la tecnología, la ciencia, la energía y la razón. Podemos evaluar nuestros recursos a nivel mundial, reconstruir las ciudades y automatizar todos los procesos productivos y agrícolas. Saber cual es la población humana sostenible, y adaptarnos a esa realidad. Construir ciudades donde vivir con comodidades y una calidad de vida inimaginable, todos, sin distinción de ningún tipo. Después nos podremos dedicar a otras cosas más importantes. Entonces, y solo entonces, podremos alcanzar objetivos más lejanos y utópicos, como colonizar el universo. Incluso, quien sabe, si trascender a nuestra forma humana.