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jueves, 14 de abril de 2011

Libia, la invasión prosigue

Las pocas noticias que nos llegan por medios oficiales de lo que está sucediendo en Libia, nos dicen que se planea una intervención militar terrestre. Esto era previsible, pues de otra forma no se podría permitir la entrada en el país, con seguridad, de las corporaciones petroleras para hacerse cargo de la producción de crudo, es decir, de apropiarse de el.
Ahora, a pesar de la importancia de los acontecimientos que están sucediendo en Libia, los medios de comunicación controlados por la oligarquía que nos gobierna se han silenciado. Esto no indica que no exista un interés por parte de los que pagamos las armas con las que se asesina al pueblo libio “daños colaterales”, sino lo que demuestra es la conveniencia de los “aliados (los buenos)” que no se sepa lo que está sucediendo allí. No interesa que se sepa, por ejemplo, que se están utilizado munición con uranio empobrecido, de la misma forma que fue utilizada indiscriminadamente en Irak.
El uranio empobrecido, es el subproducto de la fabricación del combustible nuclear utilizado en las centrales de uso civil y militar. Es lo que queda después de extraer todos los isótopos de radiactivos. El uso de este material es interesante, tanto para los militares como para los gobiernos. Para los militares por su gran densidad, mayor que la del plomo. Gracias a esto, las balas hechas con uranio empobrecido consiguen atravesar con facilidad los blindajes de los carros de combate. Para los gobiernos, resulta una forma muy barata de descerase de este veneno. Una de las peculiaridades de este material es que al impactar sobre el metal, se inflama y produce una gran cantidad de calor, más de tres mil grados centígrados, lo que acrecienta su poder destructivo. Como resultado de la combustión del uranio se produce un polvo negro finísimo, óxido de uranio. El oxido de uranio permanece largo tiempo en la atmósfera y puede ser respirado, Con el tiempo, este polvo se deposita en el suelo y en el agua contaminándolos por muchos años. Aunque la radioactividad del uranio empobrecido es muy pequeña, se acumula, igual que el plomo en el organismo, y sus efectos son similares a una intoxicación por este metal, con el agravante de una mayor dificultad para eliminarlo.
Son muy conocidos los casos de malformaciones en los fetos de las mujeres embarazadas y las extrañas enfermedades que se produjeron en Irak y en la antigua Yugoslavia tras el uso de este veneno en munición y misiles, pero a pesar de conocer sos desastrosos efectos sobre la salud, nosotros, los que pagamos a los aliados, permitimos con nuestra pasividad que sea lanzado contra otras personas por el simple hecho de que ellos tiene petróleo y nosotros no.
La intervención “humanitaria”, está produciendo algo mas que daños colaterales. Con el uso del uranio empobrecido, se está, como se hizo en Irak, comprometiendo las posibilidades de desarrollo del país a medio plazo.
Libia tiene una enorme bolsa se petróleo en su subsuelo. Su calidad, según los expertos, es excelente. Es coste de la extracción de crudo es el más bajo de todo el entorno, aproximadamente un euro por barril. Sátrapas y tiranos, desgraciada en este mundo todavía quedan muchos, pero solo aquellos que no se avienen a las exigencias occidentales sobre sus recursos son intervenidos.
Muamar el Gadafi no es un santo, pero gran parte de su pueblo está con él. Tiene mucho que ver en esto que Libia es el país que ha repartido más equitativamente la riqueza entre su población. La tasa de desempleo antes de la intervención armada estaba en torno al 2% de la población. Antes de esta invasión, Libia tenía una sanidad publica aceptable y unos servicios públicos excelentes, una situación muy semejante a la de Irak. 
Es muy sospechoso, que la llamada insurgencia libia, tengan más pinta de mercenarios bien adiestrados que de gentes del pueblo. Como todo lo que se está cociendo en las cloacas del poder en estos días, la intervención el Libia huele muy mal.