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martes, 21 de junio de 2011

Carta abierta a José María Luxán Meléndez Subsecretario de Trabajo e Inmigración respecto a los sindicatos

Hace quizás mas de un año remití una carta al Ministerio de Trabajo quejándome de las generosas subvenciones que estaban recibiendo los sindicatos. Mi protesta iba dirigida en especial a los dos sindicatos mayoritarios. Me preguntaba entonces porqué estas organizaciones trasnochadas tenían que recibir parte mis impuestos cuando yo no había necesitado nunca de sus servicios, y la única vez que fue me atendieron de muy malas maneras. Pues bien, después de muchos meses y cuando ya no recordaba que la había escrito, he recibido esta contestación por parte de un representante del Ministerio de Trabajo:

Con fecha 30 del pasado mes de mayo, ha tenido entrada en la Subsecretaría su escrito, del día 29, en el que pone de manifiesto su malestar por la actitud de los diferentes sindicatos ante la situación laboral que existe en estos momentos. Así mismo, solicita que se les cancele cualquier tipo de ayuda que se les pueda reconocer con el fin de financiar sus actuaciones sindicales.


Se justifica su petición en la objetividad que debe presidir cualquier actividad sindical y, en especial, la encaminada a la defensa de los derechos de los trabajadores.


Si bien, se toma en especial consideración todo lo que Vd. manifiesta en su escrito, creemos necesario señalar lo siguiente:


Las organizaciones sindicales reciben financiación para facilitar que desarrollen las responsabilidades que tienen atribuidas y, en especial, la de la negociación colectiva que supone la negociación y firma de miles de convenios colectivos que regulan las condiciones de trabajo y que se aplican a todos los trabajadores estén o no afiliados. Nos merece un absoluto respeto y, como se ha puesto de manifiesto anteriormente, especial consideración la opinión de los particulares sobre el modo de actuar de los sindicatos ante situaciones como las que ahora concurren en nuestro mercado laboral.


Pero, no obstante, estamos obligados a reconocer que las actividades que éstas organizaciones llevan a cabo, van encaminadas al interés general y es por este motivo por lo que las Leyes de los Presupuestos Generales del Estado contemplan dotaciones presupuestarias específicas para subvencionar estas actuaciones.


Señalar también, que las organizaciones sindicales están sometidas al control del Tribunal de Cuentas, Órgano Constitucional contemplado en el artículo 136 de la Constitución Española, como máximo órgano fiscalizador de la gestión económica del Estado.


Por tanto, los únicos ingresos públicos que reciben los sindicatos, son cantidades que perciben por realizar la función social que tienen encomendada.


José María Luxán Meléndez
Subsecretario de Trabajo e Inmigración


Ante tanta amabilidad, aunque tardía por parte del susodicho ministerio, tengo a bien contestarle de la misma forma, pero haciéndolo en forma de carta abierta con el fin de llevaros un poco a la reflexión de lo que hoy representan estos sindicatos, especialmente loes dos más grandes.

Estimado Sr. José María Luxán Meléndez:

Agradezco su amable contestación pues así me permite, de forma publica, argumentar mejor mis protestas. Contestaré uno a uno sus argumentos haciéndolo de la forma más breve posible para que no le resulte tediosa la lectura, ya que sé bien que su ministerio tienen mucho trabajo atendiendo a los cinco millones de parados; de cuya existencia tiene gran parte de responsabilidad el gobierno al cual pertenece

En primer lugar dice usted que tiene en cuenta las cosas que dije sobre la función de los sindicatos, pero lamento que en su contestación no haga alusión a ninguna de las cosas que dije. Se limita usted a justificar la existencia de la función sindical sin aludir a cuales son esas funciones. Resulta que me he estado informando un poco de estas funciones, y resulta que en otros países los sindicatos las realizan sin recibir un euro del gobierno, son financiadas por las aportaciones de los afiliados, que por cierto también reciben nuestros sindicatos a parte de las subvenciones. Estos sindicatos europeos no tiene miles de liberados sindicales como aquí tocándose las narices en reuniones que en su inmensa mayoría no llevan a ningún sitio. Los liberados no son indefinidos y faltan al trabajo en tiempo junto para realizar su función, y por supuesto, ese tiempo esta fiscalizado.

Cuando se refiere usted a que las funciones de estos sindicatos van dirigidas al beneficio común, y que es por ello que deben tener una dotación presupuestaria por parte de los gobiernos, creo que usted no tiene en cuenta que la mayor parte de ese dinero va destinada a los sueldos y el mantenimiento de de la gran infraestructura que tienen. Ya que, como seguramente sabrá, nuestros queridísimos sindicatos pueden presumir, al contrario de lo que sucede en los países de nuestro entorno, de tener un gran patrimonio inmobiliario. Y claro está, mantener todo esto cuesta mucho dinero. Como usted comprenderá, después de hacer frente a esos gastos, los beneficiarios de esas subvenciones no pueden ser los trabajados. Por otra parte las subvenciones provocan el mismo efecto que la elección de los jueces por los políticos, al final se acaba destruyendo el valor más imprescindible que debe presidir cualquier cosa de lo público, su independencia. Como seguramente usted también sabrá es algo que define la calidad de una democracia, que sus instituciones sean independientes. En el caso de los sindicatos, por ejemplo, conduce a que se manifiesten en ciertos lugares, que por ser feudos de la oposición política, se sienten irremediablemente atraídos, de la misma forma que lo hacen los jueces a ciertos casos y a otros no. pero claro, eso es otro tema ¿verdad?
Usted dice que los presupuestos de los sindicatos están controlados por el tribunal de cuentas. Este tribunal, como cualquier otro que esté a merced del gobierno de turno, digamos que no tiene por que ser todo lo objetivo que debiera. Es más, el caso de las viviendas en la UGT así lo atestigua; por poner tan solo un ejemplo. Por otra parte, al contrario de la transparencia entre comillas que ofrecen los diputados del parlamento, poniendo a disposición pública los sueldos y el patrimonio de sus señorías, tanto el secretario general de UGT como el de CCOO nos niegan el derecho a conocer la cuantía de su sueldo y su patrimonio. No obstante, por la calidad de los sitios donde van a comer, puedo intuir que no se trata de un sueldo como el mío, es más, creo que no es ni la cuarta parte de lo que yo gano, y eso que me considero afortunado.
Para finalizar, quiero resumirle un poco mi situación y en que lugar quedan estos sindicatos dentro de mi visión global, espero no ser demasiado pesado.
He trabajado durante veinte años en la misma empresa, una PIME como la llaman ahora. Al ser una empresa pequeña todos nos conocemos y sabemos bien de que pie cojeamos, trabajadores y empresarios no nos distinguimos en ella. Empecé cobrando un sueldo muy humilde, y con el esfuerzo de todos hemos levantado la empresa hasta donde está ahora. En gran parte, mi humildad y mi reconocimiento de carencias hizo que me conformase con mi sueldo y las horas de más que hice, lo que también contribuyó a que la empresa saliese adelante. Ahora la empresa ha crecido al igual que mis capacidades y mi sueldo, pero todo esto ha sido gracias a nuestro trabajo y no a la intervención de ningún sindicato. Tampoco tenemos representante sindical ni falta que nos hace. Mi ejemplo es trasladable a una gran mayoría del tejido industrial de este país.
Aunque esto es una realidad, seguimos teniendo unos sindicatos que viven en otra época, quizás un siglo atrás en el tiempo, donde los empresarios eran seres malvados con cuernos y rabo. Quizás sea que su vivero principal nos vaya más allá de grandes empresas, allí donde los ERES les proporcionan buenos dineros, según tengo entendido.
Estos sindicatos a los que usted defiende no me merecen ningún respeto. No son más que un lastre burocrático que entorpece las relaciones trabajador empresa. De hecho, con una buena legislación, esta casta de parásitos podría ser perfectamente prescindible. Bastaría con legislar en el sentido de poner un sueldo mínimo decente y concretar los contratos laborales, dejando libertad al empresario y al trabajador para negociar un justiprecio y un horario que compatibilice la vida laboral y familiar. Tal y como se está haciendo en la mayoría de las empresas pequeñas, donde los sindicatos no tiene ninguna representación, una razón más para no justificar su existencia.
Creo que su argumento principal ha sido desmontado, los sindicatos de clase al uso han quedado varados en el pasado y resultan inútiles. Así me quedo con la pregunta inicial, ¿porque tengo yo que sustentarles con mis impuestos cuando esos recursos podrían ser utilizados en ayudar a las empresas como la mía, que son las que crean los puestos de trabajo?
Quizás si dejaran de recibir estas subvenciones se comenzarían a adaptar a los nuevos tiempos, pero mientras sigan bien alimentados, no solamente no evolucionarán, sino que además serán la transmisión de un poder que cada día se vuelve más entrometido en nuestras vidas y más alejado de la gente.
Si desea hablar conmigo puede acudir a cualquiera de las manifestaciones de indignados que recorren las calles estos días, aunque quizás no quiera acercar por miedo a escuchar a las gentes y se contagie del mal que padecen provocado por la sordera de los políticos.


Sin más, reciba un cordial y afectuoso saludo de un ciudadano más.

Nota: puede usted encontrar esta respuesta publica en http://jemego.blogspot.com/ donde puede hacer replica pública si así lo desea.