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domingo, 26 de junio de 2011

Egipto mágico con IMAGE TOURS Capítulo IX

Capítulo IX

Luxor Templo de Karnak

Templo de Karnak

El templo de Karnak se encuentra en las proximidades de Luxor, en un lugar conocido como Tebas, que llegó ha ser la capital religiosa del imperio. El complejo está formado por el gran templo de Amón, el recinto de Montu, el recinto de Mut, el templo de Jonsu, el templo de Opet y el templo de Ptah. Estaba constituido por dos bloques unidos por una calzada de tres kilómetros en la que, cada dos metros aproximadamente se situaba, a ambos lados de la calzada , una esfinge con cabeza de carnero, que simbolizaban el dios Amón. Hoy en día, esta calzada esta bajo una mezquita y algunas viviendas, pero según nos dijeron, tiene revisto soterrarla y demoler lo que hay encima de ella para unir nuevamente los dos templos.

En la parte mayor del complejo que se encuentra en lo que fue la antigua Tebas (ciudad amurallada), esa parte se conserva un lago que todavía desprende los reflejos del esplendor que un día el lugar tubo.
En su construcción participaron muchos reyes, y fue ampliado según las necesidades. Posiblemente, las murallas que cerraban la puerta principal del templo no fueron terminadas completamente por la muerte del último faraón. Pues todavía se conserva gran parte de la rampa que se utilizó para subir los bloques de piedra al muro. Gracias a esto ha quedado vestigio de la forma en que los egipcios construían las descomunales murallas que rodeaban el templo. Por lo visto hacían una rampa de adobe por donde subían mediante bueyes de tiro los bloques hasta lo alto, una vez terminado el muro, desmantelaban la estructura de la rampa. Posiblemente fuese así también como elevaron las pirámides y otras estructuras. Sin embargo, resulta difícil imaginar cuanto tiempo y hombres fueron necesarios para realizar aquello, pero sobre todo, cuanta devoción y empeño pusieron para hacerlo.
Nuevamente me puse ha meditar sobre la capacidad que tiene el hombre de crear cuando les une un objetivo común, y que ridículos somos cuando queremos diferenciarnos de nuestros semejantes. Si, es cierto que hemos hecho muchas cosas, que hemos avanzado en ciencia, tecnología y muchas otras cosas más desde que se construyeron los templos, pero estamos mucho mas desunidos que ellos, con lo que nunca lograremos lo que lograron, unir tantos para un fin común.

El atardecer terminamos la primera parte de la visita y nos dirigimos nuevamente a Luxor para ver la otra parte del templo. Descubrimos entonces porqué el guía había insistido tanto en que visitásemos esa parte por la noche. No era para contemplar el templo iluminado con luz artificial, tan como nos había dicho y habíamos hecho en otras ocasiones. El furgón nos paseo por barrios concurridos, lejos de las rutas turísticas. Gracias a esto, al menos pudimos acercarnos un poco a la vida cotidiana de la ciudad, que empezaba a despertar a esas horas, a la caída del Sol, cuando el abrasador calor daba un respiro a los sufridos habitantes de la ciudad. Puestos de comida, gente amasando la pasta del pan para hacer las típicas pitas, un ambiente bullicioso y animado antes de la oración de la tarde. Sin duda estaba claro que allí se empezaba a vivir con la puesta de sol.
La voz de los Imanes, amplificada por las bocinas situadas en las decenas de mezquitas de la ciudad llamaron a la oración. Pudimos ver entonces como muchos hombres extendían su alfombra en el suelo y se postraban con la cabeza mirando hacia la Meca, sin importar donde estuvieran o lo que estuviesen haciendo.
Tras recorrer algunas callejuelas y angostas barriadas, nos detuvimos frente a a una tienda que destacaba entre las demás por el lujo de su escaparate. Sin apenas explicaciones de donde nos llevaba, el guía nos invitó ha entrar. En el interior de la lujosa tienda, plagada de pequeños frascos de cristal, nos ofrecieron café y refrescos. La tienda tenía unos sofás, donde nos invitaron amablemente a sentarnos. No sabíamos de que iba todo aquello, pero los aromas con los que estaba perfumada la tienda nos dieron algunas pistas. Imaginamos que se trataba de una sorpresa del guía, descanso y refrescos, que bien. El guía desapareció y un hombre joven que hablaba perfectamente español apareció en escena. Nos explico que aquel lugar era una tienda de esencias naturales. El misterio se desvelaba poco a poco, lo que aquel hombre pretendía era vendernos su género. Mientras nos hacía una demostración del poder oloroso de su género, aludiendo incluso a las características afrodisiacas de algunos de sus productos, yo pude ver a nuestro guía cenando con los empleados de la tienda. Debido a su condición de musulmán y al estar en ramadán no había comido ni bebido en todo el día, estaba famélico y muy cansado. Pues que muy bien para él, que mató dos pájaros de un tiro con la visita, pensé yo. Por un lado sacia su hambre y por otro se lleva una comisión por las ventas. En fin, la vida en Egipto es difícil y hay que buscarse la vida.
El convincente hombre de la tienda de perfumes sacó bastantes euros de nuestra visita, estoy seguro que podía haber regateado, pero es que siempre te pillan. Compramos varias esencias que emulaban perfectamente los olores de colonias de marcas famosas, y algunas otras supuestamente medicinales. La entendida en esto era mi amada y compañera, pero ambos fuimos pardillos perfumados. No obstante, alguna de las chicas sacó un buen masaje de aceites esenciales, y gratis, lo que es de agradecer dada la cantidad de energía que se pierde en estos viajes.

Después de la cara visita a la tienda de esencias el guía insistió nos llevó a visitar las runas, ya era de noche. El guía entendía que la luz artificial estratégicamente orientada daba más singularidad y grandeza al templo de Kernak. !Ya, seguro que si¡ pensé yo. Lo cierto es que era así, pero visto a la luz del día es igualmente imponente. Sus columnas de más de treinta metros no dejaban lugar a dudas de la tenacidad y técnicas de los constructores de aquellos monumentos.
Aquellas columnas una vez soportaron un techo igualmente construido con enormes bloque de piedra, bloques que fueron elevados sin tener las grúas de las que disponemos hoy en día, y encajados a la perfección encima de ellas. Aunque de ese techo apenas quedaba nada, uno se podía hacer una idea de como fue el conjunto, un templo que en nada podía envidiar a las actuales catedrales. Aunque de la pintura que decoraba las escrituras y dibujos esculpidos en todas y cada una las rocas que componían el templo ya no quedaba mucho, también se podía imaginar la cantidad de color y belleza que un día llenaron las estancias del lugar, era como un aroma que envolvía todo, restos imperecederos de una cultura ya extinta que un día vivió para prepararse para la otra vida. Un objetivo incierto que ha hecho que llegase hasta nosotros su legado en forma de ruinas, que ha pesar del tiempo transcurrido todavía conservan su majestuosidad. Karnak fue en su día el lugar más venerado y sagrado de todo Egipto, y el complejo religioso mas grande. En él se celebraba la fiesta más importante y más sagrada de la civilización faraónica. De dos de los templos partían los barcos ceremoniales que transportaban las imágenes del Dios y los sumos sacerdotes de los templos, simbolizando la unión de estos en una celebración que duraba varios días.
Las personas a menudo cuando viajan, tienden a evaluar y juzgar lo que ven en vez de estar atentos y presentes en el momento para disfrutar plenamente de la experiencia, de disfrutar lo que está entrando por sus sentidos. Para mí, la experiencia de conocer culturas, sabores, olores y gentes ya es toda una experiencia por la que merece la pena hacer un viaje a tierras extrañas. Es una forma de conocerme a si mismo. Egipto me ha enseñado una parte de mí que desconocía. 


Solo para dar una muestra de los numeroso misterios que rodean las construcciones egipcias, dejo este fantástico reportaje, donde se cuestionan muchas de las posiciones de la arqueología oficial, para dar cabida a otras mucho más intrigantes, que si bien no explican estos misterios, si cuestionan las teorías oficiales, dejando un halo de duda razonable.