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sábado, 6 de agosto de 2011

Nueva victoria del movimiento 15M

Los indignados del 15M consiguieron ayer una gran victoria sobre el poder tomando nuevamente el kilómetro cero de Madrid. La victoria se convirtió, además, en victoria moral cuando los llamados indignados decidieron en asamblea no volver a acampar en la plaza, lo que quitó argumentos a todos los medios de comunicación que tildaban a este movimiento de violento y totalitario.

Como se ha visto a lo largo de toda la trayectoria de este movimiento no violento, la falta de objetivos y la división de ideas y objetivos le ha hecho perder mucha fuerza. Tal y como dije en otros artículos, esta es su mayor carencia. Sin unas ideas claras y objetivos concretos es imposible llegar a ningún destino. Los líderes de este movimiento, o los participantes del mismo en asamblea, deberían plantearse si realmente se puede caminar sin rumbo fijo y cual será su fuerza moral ante los ciudadanos dormidos, si estos no ven en este movimiento un objetivo ilusionante que los despierte y les haga salir del sueño en el que han permanecido hasta ahora.
Sin quitarles mi apoyo, que lo han tenido desde el principio, lamento la instrumentación que se está haciendo de este movimiento por parte de la izquierda más rancia. Las arremetidas contra la libertad religiosa o personas que piensan diferente al movimiento no les benefician en nada a la hora de captar las simpatías de la gente; asqueadas de ver como, precisamente, los que ahora instrumentalizan este movimiento, han sido los que han llevado el país a la ruina. Un grupo que se manifiesta políticamente ateo debe ser coherente y no dejarse llevar por las ideologías políticas trasnochadas o someterse a la manipulación de unos políticos que han demostrado con creces su nulidad mental y su ineficacia a la hora de solucionar los problemas de la sociedad. Es más, son personas que han demostrado que su mayor interés es el poder y no las personas.
Por otra parte, la ausencia de la defensa de la no violencia, se debe acompañar con manifestaciones expresas contra toda la violencia, incluyendo la de los etarras, algo que los indignados en San Sebastián no manifestaron teniendo la sede de Bildu a escasos doscientos metros. Son precisamente estos guiños los que levantan las suspicacias de la gente a la hora de juzgar la conveniencia o no de adherirse al 15M y darles su apoyo. Pienso que tales actos, no solamente contradicen el carácter no violento del movimiento, sino que además le confieren una propiedad indeseable que va en contra de todos mis principios, como son los de la libertad. Y francamente, demostrar simpatía hacia un partido político que representa y apoya a personas que han acabado con la vida de muchos inocentes, me parece una aberración que no estoy dispuesto a apoyar, y como yo, millones.
Si este movimiento fuese consciente de la necesidad de la gente de despertar, de que solo hace falta una buena causa para ello, no se perderían en estas ambigüedades y se pondrían a trabajar en identificar claramente los problemas y plantar soluciones alternativas en vez de politizarse.

Estamos cercanos a un punto de inflexión, donde el sistema monetario está prácticamente muerto. El sistema ya no da más de si y los políticos no tienen soluciones. Ha llegado el momento de concienciar a la gente de este hecho y plantear nuevas alternativas que se correspondan con las necesidades reales del ser humano. Y estas no son la pertenencia a una ideología concreta, país o religión, sino a la realización de la persona en toda su plenitud, ha hacer un mundo que haga posible que sea así. Terminar de una ver por todas con este sistema que destruye nuestro habitad y nuestra libertad, acabar con las fronteras que dividen y no fomentan la pertenencia a una sociedad unida.
Hay muchas personas que están esperando impacientes unirse a un movimiento así, millones de indignados en todo el mundo esperan la chispa que encienda el fuego para el cambio. Lo que no esperan es un grupo de radicales cuya alternativa sea más de lo mismo y no aporte soluciones ni alternativas creíbles, tan solo la protesta vacía. De estas revoluciones ha habido muchas a lo largo de la historia y todas han acabado de la misma forma, siendo parte del sistema.