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domingo, 11 de septiembre de 2011

El nacionalismo como herramienta de manipulación


El nacionalismo, como dijo alguien, es un accidente geográfico.  Pero lo que no es un accidente es que  se haya cobrado tantas vidas. Muchos, sobre todo a los que se confiesan nacionalistas, no les resulte grato leer esto, pero no es una cuestión de agrado, sino de hechos históricos.  El nacionalismo a producido, a lo largo de la historia, casi tantas muertes como la religión.

 Se puede considerar el nacionalismo como una enfermedad. Los afectados por el este mal se vuelven  excluyentes y temerosos de perder su identidad. Se crea  en ellos un sentimiento de desinfección con el resto, principalmente con los que no sienten como ellos. No entienden que otros no sientan lo mismo. Es como un sentimiento religioso, pues al fin y al cabo, para ser nacionalista se necesita fe. Es como si su  necesidad natural de pertenecer a algo fuese  cubierta por el nacionalismo. Lo que no saben es que este  extraño sentimiento está creado de forma artificial y por unos intereses muy concretos. El nacionalismo  es un artificio  fruto de la ingeniería social para provocar la división con el objetivo de dividir y  controlar mejor a los rebaños humanos.

Al igual que los símbolos religiosos, los políticos utilizan las banderas, himnos e idiomas como objetos de culto. Estos simbolismos son  necesarios para crear vínculos de apego que sirvan de distintivo social. Se trata de manipular los sentimientos para conseguir alcanzar sus objetivos; principalmente el poder.

 Cuando estos políticos se ven amenazados, sobre todo en lo que se refiere a su autoridad sobre su rebaño,  soliviantan los sentimientos nacionalistas de sus seguidores. Cuando son criticados o quieren evadir su mala gestión, suelen hacerse las víctimas. Suelen decir que otros les están robando, que le quitan los derechos. Nunca son los que exacerban el sentimiento nacionalista, el enemigo siempre es de fuera. Utilizan cualquiera de sus objetos de culto, las banderas, el idioma, la historia, muchas veces inventada,  para construir su imperio de papel. El miedo a la pérdida de las señas de identidad puede  llevar a las personas a la confrontación, incluso a la guerra, y ellos lo saben bien.  El nacionalismo, así entendido, se convierte en el fruto envenenado del apego, que como dijo Buda, conduce irremediablemente al sufrimiento.

No hay que confundir nunca este nacionalismo del que estoy hablando con el amor a la tierra o a la cultura propia del lugar, que como todo sentimiento de amor,  jamás es excluye ni separa, no impone , no condiciona, no invade los derechos de otros ni menosprecia a otros sentimientos; simplemente están ahí y son parte de las circunstancias de cada cual. Desgraciadamente, algunos políticos han pervertido esta forma de amor y lo han convertido en odio y miedo hacia los demás con el único objetivo de alcanzar sus propios fines.  Desgraciadamente, muchos han caído en esta trampa y  su capacidad de visión se ha reducido solo a lo que consideran como propio, que es una porción muy pequeña de toda la cultura que hay en el planeta.

Vivimos en un minúsculo grano de polvo que flota en el espacio y que es extremadamente frágil, impermanente y finito. No conocemos, y es posible que no conozcamos nunca a este paso, si en el universo hay un planeta como este. Tampoco sabemos si hay seres que puedan disfrutar de  este privilegio; aunque lo más probable es que así sea. Aun siendo conscientes  de esta realidad, seguimos escuchando y siguiendo a personas que tiene una visión trastornada de donde están. Ellos  nos confrontan  y  son capaces de incumplir las leyes que ellos mismos han hecho, todo  para alcanzar el poder.
A estos manipuladores no les importamos lo más mínimo, ni siquiera la cultura que defienden. Si es necesario y sin importarles lo que consideran su pueblo, sembrarán odio y confrontación hasta conducir al pueblo que tanto aman a la guerra.

Si queremos realmente alcanzar la verdad, saber que somos y porqué estamos aquí, no busquemos en estas almas perdidas, ellos no tiene las respuestas, y creo que tampoco alma. Todas las respuestas ¡ están a la vista, solo tenemos que mirar dentro de nosotros y a nuestro al rededor. Dependemos tanto unos de otros que es estúpido pensar que somos diferentes en lo esencial. Nadie tiene el derecho de decir lo que somos o a que pertenecemos.