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martes, 22 de noviembre de 2011

La realidad impuesta


 Así como funciona esto: Nos ponen delante una realidad, que a priori parece imposible para que creamos que es ficción. De esta forma aceptamos y no mostramos agresividad ni rechazo, de forma  que nos convertimos en dóciles corderos yendo al matadero. Los hechos deben hablan por si solos, y no ser ocultados, porque si así fuese, seguramente, nos rebelaríamos, es mejor que se vea todo con claridad, porque una cosa es ver la realidad y otra bien distinta tomar conciencia de la misma y sus implicaciones.

De nada sirve que hayamos visto que las elecciones son un camelo, que siempre ganan los mismos, porque así está programado. De nada sirve que veamos con nuestros ojos que la economía no pertenece a los gobiernos, sino a los usureros, a esos que llaman los mercados, y que serán, al final, quienes acabarán por tomar el control de nuestras vidas. Nos parece tan lejano e imposible que no lo asumimos, y si no lo asumimos ¿Para  que combatir algo que no parece real?

Hemos visto muchas películas basadas en argumentos, que aunque posibles, eran de muy difícil realización práctica. En aquel momento nos parecieron imposibles, y por eso se llamaron películas de ciencia ficción. Posteriormente, muchas de estas películas, han acabado convirtiéndose en realidad, incluso yendo mucho más lejos de lo que en la película se describía. No sin razón, algunos piensan que esto no es casual, que la industria del cine es un eslabón más de la cadena cuya principal tarea es preparar al público elaborando realidades que serán aplicadas más tarde; entra dentro de lo posible, aunque no necesariamente, puede ser simple casualidad, o no.

La psicología, sociología y psiquiatría han avanzado mucho. Son ciencias que se utilizan constantemente en los medios de comunicación, en la publicidad y en los lugares de trabajo. De forma discreta controlan nuestras vidas, nuestro consumo diario y hasta nuestras actitudes frente a los problemas cotidianos. Gobiernos de todo el mundo las aplican para controlar las reacciones de la población, el comportamiento social o los hábitos de consumo. Son herramientas, que hábilmente utilizadas por el poder, pueden conducir a todo un país a una guerra, solo es cuestión manipular los sentimientos adecuados, el sentimiento de pertenencia al grupo, etnia o religión; no es difícil. Se utiliza por la policía para combatir a los insurrectos, para infundir el miedo. Pero la aplicación de estos conocimientos no bastan para controlar a una sociedad, hace falta mucho más para subyugarla.

Desde que somos muy pequeños perdemos nuestra percepción de lo que realmente somos para convertirnos en lo que los demás quieren que seamos. Nuestra consciencia es contaminada por conceptos, ideas y percepciones de otros. Nos enseñan el como, pero no a preguntarnos el porqué. Nuestra curiosidad innata se va desvaneciendo abrumada por conocimientos prefabricados, conocimientos implantados en nuestra mente y que nos impide ver nuestra auténtica naturaleza. Estos conocimientos no son inciertos, son elaborados para no ser cuestionados. Ya desde el colegio, y luego desde los medios de comunicación, nos conducen a ser socialmente compatibles, a no rebelarnos ante una realidad, que en otras circunstancias nos parecería aberrante.

En estas condiciones es muy difícil rebelarse, estamos condicionados a seguir al líder, las ideas dominantes y la opinión general. Por otra parte se nos ha inculcado un miedo irracional que condiciona nuestras acciones, es el miedo a ser diferentes y tener la valentía de ser nosotros mismos al margen de pensamiento dominante o de la opinión de otros. Gracias a ello el poder seguirá siendo lo que és y la inmensa mayoría de las personas seguiremos siendo sumisos corderos a su disposición. Solo grandes seres humanos han sido capaces de enfrentarse a todo esto y vencer. Superar las ideas de los demás, ser genuinos, valientes y libres. Muchos de ellos pagaron con su vida o fueron marginados, pero todos ellos murieron libres y felices, pues no hay mejor dicha que la aceptación de la propia naturaleza de uno mismo.