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lunes, 16 de enero de 2012

Principios y moralidad

Desde hace mucho tiempo, buscar respuestas es una de las tareas que me he propuesto. Aunque en ocasiones no siempre las encuentro y cuando lo hago no me gustan, me doy cuenta que es una buena forma para enriquecerme como persona y entender el mundo en el que vivo.
 Hacerse preguntas y contestarlas con la información que se recibe no es siempre fácil. En muchas ocasiones resulta casi imposible distinguir una información cierta de una mera especulación o falsedad. Cuando esto sucede solo queda una opción, que es el método científico. Si descarto todas las repuestas que no funcionan, y al final siempre quedará lo más parecido a la verdad.

 En esta ocasión me propuse saber porque los seres humanos somos tan dúctiles en lo que respecta a nuestros principios y valores ¿Como es posible que un hombre cometa mal a sabiendas de que lo hace? ¿Como un soldado, profundamente religioso, puede sin miramientos, disparar su arma contra otro ser humano? Y la más importante ¿Como es posible que obedezcamos al poder, a sabiendas de que sus mandatos son injustos y contraproducentes?  No son unas preguntas sencillas, pero si trascendentes, ya que contesta al porqué de la situación actual de la humanidad.

 Pero antes de hacernos preguntas, pienso yo que es necesario conocer que son los valores y principios. A mi entender por lo que leí, todo ser humano tiene y forja a lo largo de su vida, una serie de constantes que influyen en las ecuaciones de sus decisiones, unas decisiones que acaban siendo la la base de nuestro comportamiento como personas para nosotros mismos y hacia los demás. Los valores se consolidan con la práctica, que es la manera de verificar su autenticidad, de otra manera serían principios volátiles, o inculcados por otros. Verificar que los principios son mejores o perores es algo que se sabe al aplicarlos. Como nos sentimos a la hora de ponerlos en práctica define su validez. Una vez consolidados se considera un hombre de principios, no aquél que los tiene o dice que los tiene, sino el que es capaz de mantenerlos a pesar de circunstancias, por muy adversas que estas fuesen. Esta sería una persona fiel a si mismo, coherente con sus principios; una persona fuerte y difícil de doblegar.
 Los principios no son inamovibles. A lo largo de nuestra vida van cambian y consolidándose como la base de nuestra personalidad. Algunos provienen de dogmas de fe, de tipo religioso, desde luego no es algo malo. Al contrario de lo que piensan los laicistas, si estos se corresponden con la lógica y se puede verificar que no ponerlos en práctica no resulta nocivo para uno mismo ni para los demás, sino todo lo contrario.

 En los últimos tiempos la corriente laicista, diría yo que cercana al materialismo puro, ha ganado terreno, es una corriente totalitaria, ya que criminaliza las religiones y a sus dogmas, a la vez que sus valores, que desde luego entran dentro de la lógica, son éticos y se pueden verificar, otra cosa es que siempre habrá personas que no predican con el ejemplo.
 Se puede hacer una distinción entre aquellos principios que contemplan a otros y los que persiguen como fin último el lucro personal, relacionados con la pura avaricia y alejados del altruismo que representan los que contemplan a los demás. Son precisamente estos principios amorales los que hoy en día predominan y han sido fomentados por el poder, ya que están descargados de la empatía, algo que es absolutamente necesario para definir un principio moral. Estos debilitan a la persona como tal, y la hacen más vulnerable.

 La conclusión más importante que he sacado de todo esto, es que al poder no le interesa en absoluto que existan personas con principios, y muchos menos que sean fieles a ellos. Partamos de la base que el poder es amoral, carente de ningún principio que no sea la avaricia, el lucro personal o el sometimiento de los demás. Por ello hará todo lo posible por destruir aquellos que le molestan para conseguir sus fines. Destruyendo valores o creencia morales que impidan imponer las suyas.

 Hoy en día, de una manera descarada y utilizando todos los medios a su alcance, el poder impone sus criterios y sus dogmas con el fin de doblegar y someter, eliminando antiguos valores morales. Desde la educación que se imparte en los colegios, pasando por la televisión y los medios de comunicación de masas, el poder procura  debilitar estos valores, que son el freno natural al despotismo. Ya sea de forma sutil o mediante normas de comportamiento, estamos siendo constantemente conducidos a la pérdida de valores. Y una sociedad sin valores es como un ejército dispuesto a morir por su general, aunque este esté tarado y los envíe a la muerte por capricho.

Para hacer soldados, lo primero es eliminar su resistencia, lavarle el cerebro para que sean obedientes y disciplinados eliminando sus creencias y valores, ya sea por medio de la legitimación de la ruptura de sus principios por el bien de la patria o mediante la creación de un ambiente propicio para la destrucción moral de la persona. Aunque no se hace igual en otros estamentos del poder, como serían las fuerzas de seguridad civil, también en estas, así como en el funcionariado, se exige esta obediencia ciega, basada en normas de comportamiento, que al final, resultan ir en contra de la ética y de los ciudadanos a los que supuestamente deben servir.

 Para concluir no hacerme más pesado, les dejo este reportaje hecho en Francia. Es la repetición de un experimento hecho en los años sesenta sobre como la televisión puede debilitar nuestros valores , hasta convertirnos esclavos asesinos.