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lunes, 27 de febrero de 2012

La violencia es la herramienta del poder


Cada vez que veo utilizar la violencia por parte de unos y de otros en las protestas, me doy cuenta que decrece mi esperanza en ver un mundo mejor antes de que se acaben mis días. Porque veo como, sin saberlo, muchos prestan sus actos al servicio de aquellos que tanto odian, los mismos que la provocan y desean su violencia para justificar los recortes de las libertades.

Los violentos, ya sea por olvido, o por no querer ver la realidad, no ven que detrás de cada disfraz de funcionario, policía o soldado, se esconde un ser humano, tan subyugado al poder como ellos mismos, y que con su violencia dan más poder a aquellos que ya lo tienen todo, convirtiéndoles en más esclavos de lo que ya son; acción, problema, solución.

Por su parte, la policía, soldados y funcionarios encargados de hacer y que se cumplas las leyes hechas por el sistema, olvidan que que los que protestas son, como ellos, seres humanos. Todos, sin saberlo, colaboran en beneficio de un sistema podrido y corrupto, diseñado, no para el bienestar, sino para esclavizar y controlar. Porque la realidad es que somos esclavos, aunque no lo suficiente como a algunos les gustaría.

Ya nos han quitado muchas libertades: Nos obligan a trabajar aunque no lo deseemos y en cosas que no nos gustan por un sueldo de subsistencia; lo justo para poder comprar lo necesario para mantener el sistema en marcha, lo justo para que seamos obedientes, como los corderos que van al matadero.
En cuanto al control, que les voy ha decir. Millones de cámaras vigilan nuestros movimientos, nos vigilan en internet, nos estudian y cada día que pasa tenemos más papeletas para ser delincuentes. Pero lo peor de todo, es que nos hemos convertido en nuestra propia policía. Ha sido tal el miedo que nos han inculcado, el resquemor, la desconfianza entre nosotros, que ya no nos fiamos, hemos perdido hasta la confianza en nosotros mismos.

Muy pronto, policías y soldados deberán decidir si aquellos contra los que levantarán sus porras y apuntarán sus fusiles, son sus enemigos o son seres humanos como ellos, cuando se quitan las ropas que los identifican como siervos del sistema. Deberán decidir a quien protegen realmente cuando estén destrozando vidas en el campo de batalla, cuando ellos mismos la pierdan, por qué la han perdido. Entonces ya será tarde para darse cuenta, que han estado sirviendo a un monstruo sediento de se sangre, opresor y esclavista.