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martes, 21 de febrero de 2012

Sindicatos en vías de extinción


Los dos sindicatos mayoritarios en España, UGT y CCOO, tal y como los conocemos, puede que estén condenados  a desaparecer. Una de las causas principales es que sus estructuras están anticuadas y ya no sirven para resolver problemas laborales. Por otra parte,  su ideología, basada en la separación de clases, no tiene ningún sentido en nuestros días, donde no existe esta biporalidad que pretenden mantener. Hoy,  empresarios y trabajadores luchan de la misma forma y en el mismo bando por sobrevivir ante un sistema opresor, todavía más vil que aquellos con los que los sindicatos lucharon antaño. Ahora los enemigos a abatir son otros y no los sufridos emprendedores.

Por otro lado su manifiesta ineficacia en los últimos tiempos, les ha llevado a que, ni con el gobierno socialista, ni con el actual, hallan  sido capaces de llegar ningún acuerdo que beneficiase a los trabajadores y evite los recortes; por el contrario, han hecho y harán todo lo que quieran con los derechos de los trabajadores sin que ellos lo eviten.

En cuanto a su prestigio, no somos pocos los que vemos ya a los sindicatos como una parte más de la casta parasitaria que ronda entorno al poder. No olvidamos que el partido socialista les ha pagado con buenas subvenciones para mantenerse callados,
mientras congelaban las jubilaciones y alargaban la vida laboral, y eso les ha marcado.
Pero como las desgracias nunca vienen nunca solas. El gobierno entrante , con su reforma, podría ser la puntilla que de fin a la hegemonía  que estos sindicatos que han vivido de sus glorias pasadas. Si se aprueba dicha reforma laboral, se sumara el  haber perdido ya una buena parte de esas subvenciones que hasta ahora habían recibido, con la pérdida de influencia en muchas pequeñas y medianas empresas; al poder éstas configurar sus propios convenios. Entonces los sindicatos  ya no serán necesarios ni tenidos en cuenta a la hora de negociar. Tampoco es que en las grandes empresas su pre valencia  este garantizada. El echo es que, casi todo su prestigio se perdió  al ser cómplices de los EREs, y llevarse de ellos buenas tajadas. Son demasiados deslices, y esto  los sitúa en una situación muy complicada ante la opinión pública y a la hora de captar nuevos sindicalistas. Por otra parte, su entramado de empresas y el hecho de despedir trabajadores cuando las cosas les van mal, da buena cuenta de cuales son sus verdaderos intereses. 

Se puede decir que hace ya tiempo que todas  las acciones que ha llevado a cabo, no son más que para defender su propia existencia. El descrédito sufrido al convertirse en clientes del gobierno de turno, especialmente del anterior, con el que estaban vinculados ideológicamente, han destapado su falta de principios y coherencia; pero no son las únicas cosas que hacen desconfiar a los trabajadores de su gestión. Los enormes sueldos de sus dirigentes y sus excesos; buenos restaurantes, viajes y demás, han abierto los ojos a muchos, que no ven en ellos unos iguales, sino una casta de privilegiados que abusa de su posición.

Es una lástima que organizaciones, que en otros tiempos, fueron columna vertebral de la sociedad civil, caigan en este desprestigio, porque con ello, posiblemente, estén poniendo punto final a su hegemonía en defensa de los derechos laborales. Su falta de ecuanimidad a la hora de tratar los temas laborales, les ha puesto en una situación bastante complicada, incluso para movilizar a sus incondicionales. Llenar de pintadas las calles y convocar grandes masas, con banderas anticonstitucionales y pancartas que cuestan una pasta, no son formas de resolver nada.

Estos sindicatos, acunados por los gobiernos de turno, no representan a nadie más que así mismos. Por decencia deberían renunciar a cualquier subvención de los gobiernos, y dejarse de tanto negocio, para dedicarse a lo que realmente importa, que es que las personas trabajen el menor tiempo posible en cosas que no son agradables y, si lo tienen que hacer, que lo hagan en las mejores condiciones posibles.

El mundo ha cambiado. Las máquinas hacen ahora los trabajos pesados. Y cada vez habrá menos trabajo; es inevitable. Bajo estas bases, en donde  ya no es necesaria tanta mano de obra no cualificada, es donde deberían asentar estos sindicatos sus bases, y comenzar desde cero, de otra manera solo será cuestión de tiempo que desaparezcan.