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domingo, 20 de mayo de 2012

Gibrartar se toma derechos que no tiene


No se trata de envolverme aquí en una bandera o manifestar un sentimiento patrio, algo que para mí es un anacronismo del pasado, sino de recordar una injusticia que se ha prolongado ya durante muchos años, mantenida por intereses que en nada tienen que ver con estas cosas.
Gibrartar es un parásito mantenido por Gran Bretaña por su situación estratégica y su condición de paraíso fiscal. Este pequeño trozo de tierra, con más empresas fantasma que habitantes, es uno más de esos lugares donde el dinero procedente los beneficios ilícitos fluye con total libertad. Como todos los paraísos fiscales, es una herramienta que utilizan los poderosos para lavar el producto de sus atentados contra la humanidad. Lo más sangrante de la existencia de esta situación es, que a parte de su condición perversa, Gibrartar es un parásito molesto y dañino, que ya no solo daña el cuerpo de su huésped, sino que encima toma como suyo cosas que no le pertenecen. Ningún tratado da a Gibrartar derechos sobre sus costas o recursos pesqueros, sin embargo ahora, toma este derecho sin permiso de nadie, provocando daños a los habitantes de los territorios limítrofes. Tal situación, de haber sido el huésped un país fuerte, no hubiese sucedido. Es más haría mucho tiempo que esta situación anacrónica e injusta se recordara en la historia. Para un gobierno fuerte  y independiente de los poderes fácticos, hubiese sido muy fácil cerrarle las fronteras y cortar los  suministros de agua y electricidad y comunicaciones a esta ínsula parasitaria en la que se ha convertido Gibrartar.

La razón por la que no se hace esto, y no se acaba de una vez con esta situación, quizás tuviéramos que buscarla en su condición de paraíso fiscal. A ningún gobierno títere del sistema monetario le interesa la desaparición de estos reinos corruptos. Por eso son mantenidos a cualquier precio Desde luego no aludo a las gentes que viven allá, pues es obvio, que dada su condición privilegiada no van a querer nunca cambiar de estatus, a pesar de saber del daño que están causando. Es por ello, que no sería mala cosa que probaran un poco de las penurias de los ciudadanos que viven en su entorno para que se dieran cuenta de el daño que están causando.

Como se puede ver, al final, de nada sirven los tratados internacionales o el derecho cuando de lo que se trata es de mantener la condición de paraíso fiscal de Gibrartar. Si es necesario, como ha sido el caso, se acude a la Royan Navi para defender una injusta causa. Pues mal rayo caiga sobre su anciana y decrepita reina, socia honoraria de la trilateral y Binderberg, principales hostigadores de esta falsa crisis y de muchas de las violaciones de la derechos humanos en el mundo.
Ya sería tiempo, de que el pueblo circundante a este pedazo de tierra, tomase lo que es suyo y acabase con este parásito molesto de una vez por todas, ya que el gobierno, títere de los mercados jamás lo hará.