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sábado, 28 de julio de 2012

Conspiraciones en la sombra


Recientemente ley en una revista de divulgación científica un artículo sobre las conspiraciones. En él se intentaba dar explicación al porque surgen y la causa de la gran proliferación de las mismas en Internet. El susodicho artículo ponía como causa probable a estas conspiraciones la falta de información y la necesidad del cerebro humano de dar sentido a sucesos que no tiene una fácil explicación. Según el autor, algunos investigadores dicen que una parte del cerebro humano, el izquierdo, suministraba a la otra parte del cerebro, la derecha, más racional, la información necesaria para completar un puzle no resulto; lo que sería una conspiración. En resumidas cuentas, con esta explicación daba a entender que las conspiraciones son obra de personas con mucha imaginación, capaces de crear tramas ficticias para explicar acontecimientos que de otra manera son difíciles de admitir.
Posteriormente hacía alusión directa a muchas de las grandes tramas, ya clásicos en Internet, como el derribo de las torres gemelas o el tema de los illuminati, entre otras. En todos los casos menospreciando su veracidad sin aportar ninguna prueba que quitase argumentos a los conspiradores. Hablaba de la ausencia de un método científico que acreditase estas conspiraciones, refiriéndose a la falta de pruebas. Al autor de este artículo se le olvidó, quisiera pensar que por despiste, que una de las cosas que hace un buen conspirador es ocultar las pruebas, sobre todas aquellas que apunten directamente a su intervención.
Hablando del método científico para verificar una teoría, que yo sepa, existen dos métodos. El primero de ellos es demostrar que la teoría es cierta por medio de pruebas y experimentación, y la segunda es plantear una teoría que no pueda tener argumentos en contra o poder ser demostrada su falsedad. Ambos métodos son legítimos para llegar a la verdad. Dando por cierto que muchas de las teorías conspiratorias existentes, como el derribo de las torres gemelas no tiene argumentos en contra, y que las pruebas aportadas, como un acto terrorista, por parte de los organismos oficiales son menos sostenibles que las aportadas por los teóricos de la conspiración ¿Cual es la verdad?
En cualquier caso, tal como dice este articulista, la imaginación juega un papel muy importante, y yo añado, no solo para los conspiradores, sino también para los medios oficiales.

Las tramas conspiratorias son referentes a temas de una indudable trascendencia para la opinión pública, y es cierto que es la imaginación y no las pruebas son lo que sirve para esclarecerlas. Pero esto es así porque las explicaciones que aportan los estamentos oficiales no son fiables. Algunas de sus explicaciones son verdades a medias o simplemente mentiras . No es tanto el deseo del pueblo por dar una explicación imaginativa a los sucesos, sino la falta de explicación y veracidad de los gobernantes. Y lo hacen con temas que debieran ser esclarecidos hasta sus últimas consecuencias. Y se de pruebas se trata, las hay y muchas, de que los sucesos son ocultados a aquellos que tienen el derecho de juzgar y evaluar las repercusiones y responsabilidades, sin que la imaginación fuese el único medio para llegar a la verdad. Nadie, y mucho menos el poder o los medios de comunicación, tienen derecho a arrebatar al pueblo el conocimiento de los hechos, sean estos atentados terroristas o maniobras militares. Al fin y al cabo el pueblo es el que con su trabajo y esfuerzo mantienen a estos parásitos. Esto, que debiera ser normal en una sociedad llamada democrática, no ocurre así. El mundo de hoy tiene secretos oficiales, control y millones de leyes para el pueblo, pero todas las ventajas para mentir oficialmente al pueblo y quedar impune. El pueblo ya no decide sobre el sistema económico, no decide, ese derecho le ha sido arrebatado. Hoy son los bancos quienes deciden el destino de la economía, bancos que son entidades privadas con el único objetivo de obtener beneficio. En cuestiones internacionales, son los gobiernos quienes plantean conflictos en función de los intereses de los bancos, de la explotación de los recursos de la distribución del poder mundial. Hoy el pueblo ya no cuenta para nada, ha cedido su responsabilidad. Al final solo le queda imaginar conspiraciones.

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