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viernes, 20 de julio de 2012

Protestas en España por las medidas económicas ¿Para qué?


Protestas y cabreo general de la gente es lo que hoy veo en las calles. Tal es el miedo del gobierno, que incluso el congreso de los diputados ha quedado amurallado. La situación es grabe, pero aunque el gobierno está rozando el aguante del pueblo con sus medidas, todavía no se ha alcanzado, salvo en contados casos, la línea roja que separa el descontento de la reacción violenta. Quizás gracias a la ayuda que recibe el gobierno de los medios de comunicación o quizás porque la gente está domesticada. En todo caso, se nota mucho que el pueblo, es decir, cada uno de nosotros, hemos sido adiestrados para dejar que tomen decisiones por nosotros. Lo han hecho tan bien que preferimos enterrar la cabeza en la arena antes de apartarnos de un camino plagado de camiones, que a buen seguro, nos arroyarán. Preferimos dejar que otros resuelvan nuestros problemas, y así nos va.

Lo lógico, dada la situación en la que estamos viviendo, sería que la gente se echase a la calle espontáneamente, sin la ayuda de ninguna organización, pero los que mueven los hilos de las protestas son los de siempre. Protestan y piden dimisiones, pero ¿Para qué? ¿Para que dimita el actual presidente y entren los suyos? ¿Para mantener sus puestos privilegiados en la sociedad, sus subvenciones? ¿Son estas las soluciones para la actual situación? Creo que no.

Ellos, como todos los que protestan hoy, no dirigen el foco de sus protestas donde hay que dirigirlas, ni siquiera tiene soluciones alternativas al terrible problema. Todos ellos cuentan como obvio que lo que se deba hacer será bajo el paraguas del mismo sistema que ha causado el problema, sin contemplar otras alternativas; son, por tanto, parte del problema.
Si hay una cosa que tengo clara, es que la protesta sin acción no sirve de nada. A los políticos que siguen las doctrinas del capitalismo consumista y opresor, las protestas le entran por una oreja y les salen por la otra. Les da igual las firmas, las peticiones que provengan del pueblo, porque ellos no lo representan ni lo defienden. El poder solo sirve al poder, y en este caso al poder financiero, base del actual sistema. A estos políticos no les hables de la economía del bien común, del proyecto Venus o de la economía de recursos. Para ellos no hay alternativa al capitalismo, pues cualquiera de las alternativas les quitaría su actual estatus privilegiado; a ellos y a sus amos.
Si lo que se quiere de verdad es cambiar las cosas, hay que quitarse este miedo irracional de encima, desprenderse de este apego absurdo al sistema actual y buscar una forma nueva de repartir los recursos y el trabajo. Las máquinas y la tecnología nos han librado, hace ya mucho tiempo del trabajo pesado, no necesitamos trabajar tanto. Crecer como seres humanos libres es nuestro trabajo ahora. Si nos quedamos anclados a este sistema decrépito acabaremos convirtiéndonos en esclavos en un nuevo orden establecido por la oligarquía del poder. Viviremos y moriremos siendo siervos de sus caprichos, si es que no lo somos ya, que parece que si. Pues solamente los siervos son capaces de soportar tantos palos de su amo sin revelarse.
Si queremos empezar a cambiar el sistema, hay que moverse y hacer acciones que realmente le hagan daño. Resistencia, no colaboración y, sobre todo, dejar de usar el dinero como centro de nuestras vidas. Se que es muy difícil desprenderse de este terror que le tenemos al poder, a no pagar, a no seguir sus reglas, pero si somos muchos quienes hacemos esto, el poder y sus pretensiones se esfumarán como el recuerdo de un mal sueño. Cierto que algunos morirán, también hubo muertos en la india cuando esta consiguió su independencia gracias a la valentía de un pequeño gran hombre. Pero al final, su valentía y su decisión, doblego a uno de los países más poderosos de la tierra, y solo fue un hombre, imagínense por un momento cual sería el resultado si millones perdieran el miedo.

Pienso que esta crisis económica, a pesar de su espectacularidad, es el menor de nuestros problemas. Lo que más me preocupa son las soluciones que plantea el poder oligárquico para salir del atolladero. Lo han hecho en varias ocasiones a lo largo de la historia, y puede que esta vez, alguien, desde algún oscuro despacho, esté maquinando la forma de llevar al mundo a otra guerra mundial, aunque esta vez de proporciones bíblicas. Y ya lo dijo Albert Einstein: “No se como será la tercera guerra mundial, ni que armas se utilizarán, lo que si sé, es que la cuarta se hará con palos y piedras.”