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lunes, 20 de agosto de 2012

6 minutos para el fin del mundo

Existe un reloj que cuenta el tiempo restante para el fin del mundo. Las manecillas de este reloj simbólico, desde 1947, son actualizadas por grupo de científicos en función del riesgo de un conflicto nuclear. Actualmente este reloj señala  las doce menos seis minutos porque estos científicos han considerado la posibilidad real de un conflicto nuclear entre Israel e Irán. Puede que se equivoquen, como otras veces, por suerte para todos, pero lo cierto es que hay muchos  los indicios apuntan a que Israel, con el apoyo del premio Novel de la Paz Barck Obama, que tiene huevos la cosa, tiene la intención de atacar este año a Irán.

 No me cabe ninguna duda que este ataque, así como la intervención el Libia y la más que próxima invasión de Siria, forma parte de un plan para apoderarse de los recursos del planeta. Se puede ver que hasta el momento, este plan se ha ido desarrollando de forma eficaz, sistemática y sin muchos contratiempos. Gracias a la manipulación de la opinión pública y el atentado de falsa bandera en las torres gemelas. Iraq fue conquistado en pocos meses y hoy está totalmente controlado por sus invasores. La invasión y control de Libia tampoco tubo demasiados problemas, bastó,como se está haciendo con Siria, introducir un grupo de insurgentes armados y bien pagados para desestabilizar el gobierno y acabar con su resistencia, algo de lo que existen pruebas empíricas. Especialmente en Siria, ha sido más que evidente la manipulación que los principales medios de comunicación han echo para favorecer dicha invasión. Yo no comprendo como a pesar de los fallos que han cometido, con fotografías manipuladas y falsas informaciones claramente probadas como tales, la opinión pública sigue sin percatarse de que se trata de una campaña de manipulación que persigue un fin claro.

 Pienso que la inmensa cantidad de recursos económicos que se está empleando para esta campaña de asedio y derribo, tanto militar como mediática, es una de las causas de la terrible crisis económica a nivel mundial. No obstante este solo es un pequeño problema comparado con el fallo sistémico e irreversible que se va ha producir a nivel mundial debido a la insostenibilidad del propio sistema económico. Tan solo con una décima parte del dinero que se está empleando para realizar estas campañas bélicas, de podría pagar la deuda soberana de España, por poner un ejemplo.

 Parece mentira, pero tal y como anunciaban los Mayas, hace ya muchos años, nos encaminamos a un cambio radical del mundo que se producirá, por lo que se puede ver, aproximadamente en la fecha señalada por ellos. Aunque los augurios sean catastrofistas,  yo soy de la opinión que este cambio será bueno para la humanidad en función de como el conjunto de los seres humanos actuemos contra el poder.
Si como hasta ahora permanecemos paralizados por el miedo y la la expectativa de que sea el mismo poder el que actúen para solucionar los problemas, está claro que serán estos, que pretenden encaminarnos a una guerra y culminar así el plan  cuya pretensión final es nuestra completa dominación y sumisión, los que los que alcancen sus objetivos.  Permitir esto es como arriesgarse a la posibilidad de que se les vaya la mano, y dada la cantidad de armas atómicas existentes en el mundo, acaben con la vida en el planeta, y todo ello fruto de nuestra pasividad y la ambición desmesurada de un pequeño grupo se psicópatas enfermos de poder.

 Nos quieren hacer creer que no tenemos ninguna posibilidad de elección y que debemos de estarnos quietos, como hasta ahora, mientras ellos arreglan el mundo a su manera, pero lo cierto es que nuestro poder como personas individuales les asusta. Quizás por ello se ha incrementado tanto el gasto de material antidisturbios y se han creado leyes nuevas para prevenir el riesgo de una sublevación en masa. Pero a pesar de todo esto y al contrario de lo que creemos, son muchas las cosas que podemos hacer para arrebatarles el poder del que han hecho tan mal uso. Sin utilizar la violencia, que es lo que ha ellos les gustaría más, podemos practicar la insumisión y la resistencia activa. Esta no es un arma que mate a nadie y solo dañaría los intereses de los que tanto mal nos están haciendo.

 Hoy todos los gobiernos del mundo son títeres peleles del poder que pretende nuestra dominación, piezas a derribar para acabar con sus amos. Estos ahora mismo están subiendo la presión a los ciudadanos, empobreciéndonos con más impuestos para pagar las inmensas cantidades de dinero que se necesitan para llevar a cabo el plan maestro de sus amos. Es por tanto una opción por nuestra parte la insumisión fiscal, la desobediencia civil y la protesta pacífica. No pagar los impuestos, los peajes o las multas es algo que deberíamos hacer con la conciencia tranquila. Pues ese dinero ya no va ha mejorar la calidad de nuestras vidas o a pagar el estado del bienestar como ellos dicen, sino al llenado de los bolsillos de los especuladores financieros y para alimentar los planes de esta élite corrupta y miserable.

 Siempre hemos pensado que sin ellos no podemos subsistir como personas libres, y la verdad es que es todo lo contrario; solo podemos ser personas libres sin ellos. Tan solo sustituyendo el individualismo y la competencia por el altruismo y la colaboración. Podemos hacer muchas más cosas de las que pensamos, la única forma de sentir una felicidad que nos ha sido arrebatada y sustituida por las migajas y el humo que nos vende este sistema.

Tenemos los medios, el conocimiento y la tecnología necesaria para poder ser autosuficientes. Ante un recibo de luz o de agua abusivo, no pagar es una opción libre que podemos tomar entre todos, porque si somos todos el problema será exclusivo de ellos. El mundo no se parará. Tampoco por dejar de utilizar el dinero, que es la herramienta con la que nos controlan y nos deshumanizan; lo que si caerá es el sistema, y de eso, no solo tenemos la obligación de desprendernos, sino que es necesario para nuestra presencia sostenible en este planeta.

 Podemos buscar ejemplos que funcionan, como un grupo de jóvenes universitarios en Gecia, que han tomado una tierra y viven solo de sus recursos. Ellos han creado una comunidad autosuficiente. Es una iniciativa que o es única y que se está extendiendo hasta en el país que es la cuna del capitalismo extremos, EE.UU. Allí también hay comunidades de este estilo que están floreciendo. Estas comunidades disfrutan de todas las comodidades que la tecnología les puede proporcionar, incluso disfrutan de banda ancha de Internet, y por supuesto electricidad producida por medios limpios y sostenibles. Todo esto al margen de un sistema opresor y esclavista cada día más voraz.


 Es nuestra decisión dejar de ser unos energúmenos con nuestros vecinos, andar como zombies por la calle sin pensar que la gente con la que nos cruzamos pude ayudarnos un día a conseguir alimentos, hacernos la ropa o que nosotros podemos ayudarles a ellos ha hacer algo que necesiten. En eso consiste la colaboración, al margen del individualismo extremos al que nos han conducido de forma deliberada para tenernos controlados, sin posibilidad de desarrollarnos como personas libres. Una vez derrotado el sistema no importará demasiado como nos organicemos entre todos para que no nos falte todo aquello que necesitemos para alimentarnos y realizarnos como personas. Si existe colaboración y trabajo por el bien común, será como una rueda, rodará por si sola con un pequeño empujón. Pero para que esto ocurra debemos dejar atrás esta forma extrema de individualismo que nos han inculcado y empezar a trabajar de verdad para nosotros, para el bien de todos y para el bien de este planeta maravilloso donde vivimos.

Debemos de trasformar nuestras ciudades, derivarlas para reconvertirlas en espacios autosostenibles, nuestros pueblos en comunidades en las que se fomente el desarrollo de la tecnología que favorezca nuestro bienestar y no los intereses de los mercados. Si permanecemos impasibles e inmóviles estaremos admitiendo nuestra decadencia como especie y puede que nuestra extinción. Es nuestra elección como personas libres asumir nuestra responsabilidad o permanecer impasibles.