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lunes, 13 de agosto de 2012

Atentado en Londres


La prudencia es un don que todo luchador contra el sistema debe tener, porque el enemigo al que se enfrenta es poderoso y conoce muy bien el arte del engaño y de la guerra.

Seguramente por adolecer de este don fue por lo que muchos blogueros, amigos de la conspiración, se lanzaron a vaticinar un gran atentado de falsa bandera en Londres, algo similar o quizás más sangriento, si cabe, que el de las torres gemelas. En muchos de estos blogs se llegó ha hablar incluso de la posibilidad de detonar un artefacto nuclear en el estadio durante un día clave; no fueron pocos los que lo dijeron.
Lo cierto es que de haberse producido el magnicidio, y dado que muchos ya sabían a quien acusar, sería muy difícil, por parte de los artífices atribuir a otros su autoría, más teniendo en cuenta la polémica todavía latente de otros atentados que todos conocemos, y cuya autoría todavía hoy no está clara.

Sí supuestamente existe un grupo de personas con infinito poder, cuya influencia se extiende como una telaraña por todos los ámbitos de la saciedad, es de preveer que no son tontos del culo. Seguramente serán unos psicópatas sin sentimientos, capaces de todo por preservar su inmerecido estatus, pero esto no entraña que sean estúpidos e incautos. Una acción semejante, dado el nivel de alerta que ya hay, los hubiese puesto en evidencia. No por ello descarto que estuviese dentro de sus planes una acción semejante, pues doy por supuesto, como he dicho, que de existir esta organización, estaría compuesta por psicópatas.

Si miramos el panorama internacional, y siempre suponiendo que exista dicha organización, realmente tampoco les hacía falta otro atentado. Libia ya ha sido conquistada y la opinión pública está a punto de ceder ante la más que evidente campaña mediática que se está llevando a cabo para invadir Siria ¿Para que arriesgarse?

Resulta sorprendente, no obstante y después de todo lo dicho, que la reina de Inglaterra, ese vejestorio podrido de dinero y miembro asiduo de Bilderberg, decidiese en el último momento no acudir a la ceremonia de clausura de los juegos. Se me antojan tres razones: o bien había recibido una recomendación de sus asesores que se habían enterado de un posible atentado anunciado en Internet, o bien estaba muy cansada, o bien, y esta es muy atravesada, no fue para dejar más en ridículo a los conspiranoicos. Si esta última posibilidad fuese cierta, seguro que las carcajadas de la vieja todavía estarán resonando más que las campanadas del Big ben por todo el palacio de Backingham.

Espero que de esta lección salgan bien escarmentados aquellos que confían ciegamente en la información, sin atender a la más elemental lógica. No estamos ante gente que no sabe lo que hace. Es de suponer que el poder y el dinero, les permiten tener todo tipo de medios y asesores capaces que predecir las reacciones de la población. Posiblemente tengan supercomputadoras que trabajan día y noche simulando situaciones, metiendo variables para predecir cual será la reacción. Si es así, esta vez las cuentas no habrán salido. Puede que otra vez, y en otras circunstancias sea posible.

Nos apoyamos siempre en pruebas circunstanciales, evidencias nebulosas y oscuras suposiciones. Nada esta claro, porque de eso trata este macabro juego. Internet no es fiable. La información que podamos leer es tan solo una gota de agua en un mar plagado de mentiras y verdades a medias. La única verdad segura y cierta, es la que sentimos como tal, cuando todo el ruido cesa y solo se escucha el latir del corazón y la respiración. Centrémonos en esa verdad y obremos según sus dictados, pues de ahí nada malo puede salir. Preguntaros si realmente se puede hacer algo por salvar al mundo convenciendo a otros de que lo hagan. ¿Porqué en vez de eso, que es tarea imposible, no hacemos las pequeñas acciones que ayudan a los que tenemos cerca y a nosotros mismos? Quizás de esa manera el mundo cambie.