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martes, 21 de agosto de 2012

Control de aduanas


Aburrido con los calores del verano, y harto de aguantar el aire caliente de mi ordenador, me di un paseo por la televisión, a ver si con un poco de suerte encontraba una película que me entretuviese un rato. Bazofia tras bazofia  iba pasando con mi mando a distancia los canales sin encontrar nada que me agradase, cuando, por alguna extraña razón, quizás atraido por la música y harto de darle al botoncito, me quedé mirando cierto programa del Discovery Chanel llamado control de aduanas. Como lo pillé a medias y la cosa parecía interesante, aguanté el medio kilo de publicidad antes de poder ver de que iba el tema. Después del suplicio autoinducido, me di cuenta que aquello iba de las medidas de seguridad de los aeropuertos, exponiendo casos llamativos.

Tras ver un rato el programa la primera conclusión que me vino a la mente  es que nunca iba a viajar a Australia. Por lo visto, allí si vas con ánimo de aventura y sin un duro, no te dejan entrar y te tratan como un apestado. Tampoco recomendaría a nadie, que se atreviese a llevar bolsa de palomitas o de pipas, no vaya a ser que al agente de aduanas le de un patatús. A demás, si te pillan comida sin declarar, se te cae el pelo por la multa. El programa mostraba diferentes casos de gente que pretendía entrar a Australia. Sujeto tras sujeto, los eficientes y amables guardias de aduanas desechaban a aquellos pobres visitantes que buscaban oportunidades para mejorar sus vidas, cierto que algunos llevaban sustancias  ilegales por las mafias que sacan partido de la prohibición, pero eran los que menos. La mayoría de visitantes indeseados venían a trabajar. Estos peligrosísimos sujetos eran acompañados amablemente a un cuarto, donde vulneraban su intimidad atormentándoles con todo tipo de preguntas personales sobre su pasado y motivos por el cual iban a visitar tan simpático país. Al final, y después de la tortura psicológica, los amables agentes de aduanas les metían en el primer avión. Este programa, al final consiguió que los australianos me callesen  gordos. Seguramente la maravillosa tierra de Australia esta llena de cosas que merecerá la pena ver, pero visto lo visto, prefiero conocerlas por libros y documentales.

Como seguía aburrido y sin ganas de leer o de escribir cuando acabó este programa, seguí con mi paseo torturador con el mando a distancia en mano, acabando en otro supuesto canal de documentales, un tal Explora. Pillé a medias un documental de animales que al menos parecía interesante, pero ya muy avanzado. Como no tenía otra cosa que hacer, me quedé en ese canal a la espera de ver que hacían después, soportando otro inaguantable bloque de publicidad con la esperanza de que volvieran a poner otro reportaje; pero no fue así. En lugar de eso me encontré con otro programa de control de aduanas, esta vez de Gran Bretaña. Más de lo mismo, mismo trato a la gente y la misma mierda.

Después de esta ración de porquería, solo me quedaba dudar entre echar una siesta o ponerme a escribir, porque seguir frente aquella pantalla era más de lo que mi mente podía soportar. Intenté dormir un poco, pero el calor era insoportable y me levanté sudoroso con ganas de hacer algo que no fuese dar un paseo bajo el abrasante calor de las cuatro de la tarde. Y heme aquí escribiendo esta parrafada sobre las fronteras y sus nefastas consecuencias, pobremente aliviado bajo la brisa forzada de este ruidoso ventilador.

No me resulta difícil entender que estos programas sean de procedencia anglosajona, y digo tres porque luego me enteré que hay otro, de similar estilo, que se llama fronteras USA. Este ya no lo quise ver, pero mi imagino como sería tratándose de los yankees. Si echamos un vistazo a la historia del pueblo anglosajón, nos daremos cuenta que a lo largo de toda ella, ha sido un pueblo amante de tierras ajenas. No se, pero ya saben aquello de que se cree el ladrón que todos son de su condición. Quizás por ello cuidan ahora tanto lo robado.
Habría que recordarle a los australianos, por ejemplo, que no hace mucho tiempo practicaban el tiro al aborigen para arrebatarle sus tierras llevándoles casi a la extinción. Desde luego los anglosajones en América del norte, tampoco se quedaron cortos con los nativos, ambos pueblos y su cultura son ahora un reducto de un gloriosos pasado. Yo como español que soy, no me siento muy orgulloso del papel que jugaron mis antepasados en la historia, pero no me cabe la menor duda, dada la mezcla de etnias que ha perdurado en los países latinos, que la masacre no fue de, ni de lejos, la que se produjo en Estados Unidos con los Indios o en Australia con los aborígenes por parte de los anglosajones.

Las territorios del planeta han cambiado de mano muchas veces a lo largo de la historia. Les hemos puesto muchos nombres, y seguramente, si nadie lo remedia o se da cuenta de la estupidez que eso supone, seguirá intentando cambiarlos de dueño y de nombres. Es una práctica propia de una especie que no tiene conciencia de si misma y del limitado espacio que ocupa. Muchos alegan a la protección de la cultura, de la lengua, como si eso no hubiese cambiado a lo largo de los tiempos o estubiese ya protegida por las personas que la tienen y la sienten. Se aferran a un pasado ya superado por el conocimiento y la lógica. No quiero ni pretendo con lo dicho parecer un globalista ni un asesino de culturas, sino poner en evidencia, que ciertas prácticas deberían ser recuerdos del pasado por los desastres y muertes que han supuesto.

Cuando se establece una frontera que acota una cultura sin posibilidad de crecimiento por dicha frontera, esta siempre intenta expandirse, provocando un conflicto con las fronteras vecinas. Antiguamente, dicho conflicto se producía por recursos. Hoy en día, en la sociedad del dinero, la expansión se produce, no solo por los recursos, sino también por la cota de beneficios que aporta a los gobernantes. En España hay varios ejemplos de este tipo de expansión, donde la cultura no es más que un pretexto para camuflar las verdaderas intenciones de los gobernantes, tomar para si el poder y los beneficios de las fronteras que pretenden crear. Lamentablemente, como buenos manipuladores que son, algo inherente a su cargo, utilizan el sentimiento cultural para crear un buen rebaño de seguidores. Estos fieles seguidores de su doctrina no se dan cuenta del peligro que entraña un conflicto de esta índole ni de la verdadera pretensión de los que los llevan de la mano, muy posiblemente al matadero.

Se que parece que me he desviado del tema, pero no es el calor que me enturbia la mente. El nacionalismo, evidentemente, tiene mucho que ver con las fronteras. Ambos conceptos son fruto de ideas trasnochadas ajenas a la realidad que hoy conocemos sobre nuestro planeta y su situación en el universo. Pero por si este no fuese suficiente motivo para enterrarlas, las fronteras cercenan la libertad del hombre, acotan su movimiento y restringen su posibilidad de crecer como personas. Sino miren algunos de estos programas que he nombrado, y verán como si no tienes dinero, eres tratado como un indeseable. Por mi parte, y si no cambian las cosas, le pueden dar mucho por saco a estos países y a sus gobernantes, que seguro que después de leer esto, no me dejarán entrar por sus fronteras. Sería ingenuo por mi parte pensar, dados sus métodos de control y vigilancia, que no van a leer esto. Porque se ahora, que los agentes de aduanas y sus sistemas informáticos saben lo que escribo y como pienso. Pueden declararme persona no grata, por el simple hecho de escribir mal de su país o de sus sistema político. Si, existe la libertad de expresión, pero tiene sus consecuencias expresar lo que piensas, sobre todo si no comulgas con su credo.