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sábado, 29 de septiembre de 2012

25S debe ser el principio del cambio


No cabía esperar otra cosa de los medios de comunicación y los tertulianos, que viendo peligrar la mano que les da de comer hicieron lo que mejor saben, apoyar a lo establecido y poner de vuelta y media a los que protestaban. Exactamente lo mismo que la policía, cumplir con su cometido, con la tarea que el poder les ha asignado, repartir leña al pueblo. Para ellos la democracia no es lo que opine el pueblo, es lo que mandan los políticos que obedecen ciegamente al poder financiero.

Con todo lo ocurrido el 25S he visto la verdadera naturaleza de su democracia, un sistema donde la opinión del pueblo solo puede manifestarse en forma de voto cada cuatro años, para votar, no a sus representantes, sino a los candidatos que le ofrecen los partidos políticos. Estas empresas de marketing, que es en lo que se han convertido, solo producen inútiles incapaces de pensar por si mismos o escuchar al pueblo, auténticos autistas con el cerebro lavado por el partido. Burócratas profesionales formados para no pensar y obedecer.

Pero este sistema se ve ahora amenazado por un pueblo harto de que no lo tengan en cuenta, harto de soportar la socialización de las pérdidas de los bancos, de los recortes en educación y sanidad. El pueblo no aguanta más esta farsa y comienza a despertar. Quizás muchos se hayan dado cuenta de que esta crisis no es más que una farsa para quitarnos derechos y someternos a la esclavitud.

Dice la constitución en su artículo 2: La soberanía nacional reside en el pueblo, del que manan los poderes del estado. Donde esta la soberanía del pueblo cuando este no puede cambiar nada y cuando no puede decidir a sus representantes. Es otro de esos artículos incumplidos, como el derecho al trabajo o a una vivienda digna, papel mojado que los políticos se han encargado de hacer trizas.

Es tiempo ya de que los ciudadanos tomemos las riendas de este lugar que llamamos España, y decidamos como se deben utilizar sus recursos, como queremos organizarnos y como caminar hacia el futuro sin la tutela de los poderes financieros. Plantear un referéndum y preguntar si queremos pagar o no la deuda, salirnos del sistema financiero y vivir de nuestros recursos propios, saliéndonos, si no nos respetan, de la Comunidad Económica Europea; tal y como se hizo en Islandia. Porque por mucho que nos digan, ya no hay forma de pagar la deuda, estamos en la banca rota, y los tiburones solo esperan que nos hundamos del todo para repartirse el festín.

Ya no se puede confiar en que estos profesionales de la mentira y la manipulación. Los políticos profesionales solo defienden su estatus, y no al pueblo que los sostiene. Sino no me creen examinen sus actuaciones. Miren a Artur Mas, uno de los ejemplos más claros y recientes de lo que persiguen los políticos. Si no hubiese disuelto el parlamento catalán, en breve, hubiese tenido que presentar los presupuestos de la comunidad. Dada la situación en las que están sus arcas, esquilmada por la nefasta gestión de los anteriores gobiernos y de él mismo, hubiesen sido los presupuestos más restrictivos e injustos que un gobierno catalán hubiese hecho. Con esa premisa, su reelección y la hegemonía de su partido se hubiese visto seriamente comprometida. Solución: remover el ancestral y caduco sentimiento nacional para evadir su responsabilidad sobre el desastre, y así, con un poco de suerte y la colaboración de los exaltados, obtener nuevamente el poder, pero esta vez para él solo. Lo malo de este arriesgado movimiento es que no se ha contado con las repercusiones que esto puede tener para el pueblo catalán, y si lo sabe, que seguro que lo sabe, le da igual. Enfrentamientos, huida de capitales y empresas, inestabilidad social. Nada de eso le ha importado a la hora de perseguir sus intereses, que no es otra cosa que el poder. Pero joder, que tenga que venir un político a decirme quien soy y donde he nacido. Que desfachatez.

El 25S es solo el principio de lo que debería ser el proceso para crear una nueva constitución que asegure que el poder de decisión del pueblo esté protegido contra la oligarquía y el despotismo ejercido por un poder ilegítimo, al que no ha votado nadie y que es quien realmente gobierna en estos momentos. Ha llegado el momento de cambiar las cosas, de perder el miedo y tomar las riendas de nuestro destino. Solo así se se conseguirá una sociedad más justa, donde podamos desarrollar toda nuestra capacidad creadora. Sin violencia, sin banderas, sin organizaciones que se entrometan o quieran aprovecharse de este movimiento. Porque si es así volveremos donde estábamos antes. A las mismas mentiras y a las mismas banderas que tanta sangre han derramado. No se trata de construir una nación, si no de hacer un mundo y una sociedad justa, ser un ejemplo para todos y provocar una revolución a nivel mundial contra esta oligarquía ilegítima que decide por nosotros.