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lunes, 17 de septiembre de 2012

Un planeta envenenado


No son pocas las ocasiones en que al hablar de ciertos temas parece que mi interlocutor prefiriese no estar allí. Pero ya atrapados por la aplastante veracidad de los argumentos y mi insistencia, o después de enseñarle algún vídeo o prueba, se confiesa y me dice -No si todo esto ya lo se, pero más vale no pensar en ello.- Entonces pienso: esta la actitud es la del avestruz, que viéndoselas venir prefiere, enterrar la cabeza debajo de la tierra, aunque sabe que el peligro sigue estando ahí. Aunque no estoy de acuerdo con su proceder, no es mi intención cambiar a nadie, por lo que no insisto, aunque reconozco no poder evitar sentir cierta pena al ver que estoy frente a una causa perdida.
Es por esto que este artículo es solo para aquellos que quieren tomar conciencia y no esconder la cabeza ante una terrible realidad, los que prefieren vivir felices, que lo sigan haciendo y se abstengan de leerlo o de ver el vídeo que he puesto debajo, pues es mejor para ellos.



Hace ya algún tiempo que médicos e investigadores independientes están dando la voz de alarma sobre  la peligrosidad de algunos tóxicos con los que la industria química esta inundando el planeta. Son venenos nocivos para nosotros, pero mucho más para las generaciones venideras. Médicos como el doctor Olea Serrano, eminente investigador y del que he dejado el vídeo de una conferencia suya abajo, hace especial mención a aquellas sustancias de origen artificial, que por sus propiedades químicas son capaces, al entrar en nuestro torrente sanguíneo, de imitar las hormonas naturales de nuestro cuerpo. Una de estas hormonas y principal objetivo de sus investigaciones son los estrógenos.

Como muchas mujeres saben bien, los estrógenos, entre otras muchas funciones, regulan los ciclos reproductivos, la formación y distribución de la grasa corporal, del colesterol bueno y el aumento de los conductos mamarios, solo por poner algunas. Pero la Una de sus funciones, quizás la más critica y menos conocida, es la función de regulación que realizan del proceso de formación de los órganos sexuales en el proceso de crecimiento del feto femenino. Según afirma el Dr. Serrano, al penetrar las hormonas artificiales procedentes de la industria química, estas son aceptadas por nuestros cuerpos como las naturales, pero al no serlo y no actuar como tales, se convierten en disruptores nocivos para el natural funcionamiento de nuestros cuerpos, afectando a todas estas funciones que realiza la hormona natural, entre ellas la protección que ejerce esta hormona en el cuerpo de la mujer contra el cáncer y otras enfermedades.

Investigaciones llevadas a cabo por este doctor, basándose en estadísticas fidedignas, dejan clara la relación directa entre el cáncer de mama en las mujeres con la presencia de estas sustancias en la sangre, así como la incidencia de distrocia y cáncer testicular en los hombres. Por otra parte, no hay más que echarle un vistazo a otras estadísticas para ver que la calidad del esperma de los barones en países desarrollados ha sufrido un fuerte deterioro en los últimos cincuenta años, y que esta disminución coincide con la producción de estos químicos. Pero lo más grave, es que los más vulnerables a la exposición de estas sustancias  son los cuerpos en formación. En esta delicada etapa, cualquier sustancia capaz de atravesar la placenta, y las sustancia de las que estoy hablando lo son, pueden alterar el desarrollo del aparato sexual del feto u otras funciones vitales, provocando malformaciones y propensión al cáncer en las mujeres, o afeminamiento y otras alteraciones en los fetos varones, destacando claramente la distrocia testicular y la disminución y calidad del semen.

No nos debería sorprender, que a pesar de los muchos estudios que demuestran claramente la incidencia perniciosa de estas sustancias en el ser humano, la industria química siga produciéndolas, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de productos que utilizamos en nuestra vida cotidiana que contienen alguna de estas sustancias. Casi todos los tipos de plásticos, cremas de belleza, champús, jabones, detergentes, pesticidas, herbicidas y muchos más que no cabrían en este artículo, las contienen o son utilizados en los procesos de producción de los mismos.

Se puede apreciar que los intereses económicos nuevamente prevalecen sobre nuestra salud. Mientras, los organismos oficiales, encargados de velar por la salubridad y uso de sustancias químicas peligrosas, hacen la vista gorda argumentando una bajo riesgo en determinadas cantidades. Ellos no tiene en cuenta que ninguna cantidad es pequeña cuando puede alterar el normal funcionamiento de nuestros cuerpos. Por otra parte, tal y como se afirma en el vídeo de abajo, no consideran la suma de las sustancias en un producto, sino las cantidades por separado de los mismos. Teniendo en cuenta la interrelación de estas sustancia y el efecto acumulativo, y que todas producen el mismo efecto, deberían considerarse en su conjunto y no por separado, pues de lo contrario no se puede determinar el nivel de peligrosidad real, que es muy alto, aunque sean cantidades ínfimas de cada sustancia. Además, tampoco se tiene en cuenta que dichas sustancias están en infinidad de productos de usos diario.

Pero no quiero acabar este artículo con una nota positiva, haciendo mención a algunas medidas que podemos tomar para hacer que la actitud de la industria cambie su forma de proceder.
La primera y más importante es rechazar o minimizar el uso del plástico en bebidas. Las bebidas envasadas en envases de plástico son las más susceptibles de sufrir degradación al estar expuestas al sol y al calor. Hay que saber que esta es la mejor forma para que se liberen estas sustancias nocivas en el líquido que contienen. Antiguamente, algunos lo recordarán, usábamos cristal para las bebidas. Aunque más frágil, el cristal es químicamente inerte y reciclable. Su uso, como otras muchas cosas que no resultaban suficientemente rentables para la industria, han sido sustituidas por otras de menor coste o facilidad de proceso, pero de dudosa salubridad para nuestros cuerpos. Nosotros podemos forzar su vuelta al elegir lo que compramos. No es cierto que sea más barata la producción de plástico que de vidrio si este se recicla o se reutiliza; ni siquiera la cantidad de energía es mayor. Y aunque lo fuese debemos de pensar en nuestra salud, que no tiene precio.

 La mayor parte de los productos de belleza son innecesarios. Una mujer sana no necesita porquerías para resplandecer. Mirarse bien las etiquetas de los jabones y productos le limpieza, es más importante que oler a un determinado perfume; por el bien de nuestra salud y nuestra piel. Rechazar todos aquellos productos de limpieza que en su formulación contengan los siguientes productos: Aceites minerales, Ftalatos, Fenol o Fenil, Glicol propileno. A parte de estas sustancia potencialmente peligrosas, puede haber muchas otras, pues cada año son registradas nuevas sustancias químicas producidas por la industria química, que nunca mirará por su salud, sino por su beneficio. Hay abundante información de estas sustancias en Internet. El jabón, cuanto más natural mejor.
Aunque  no en una sustancia que tenga relación con las que he mencionado asta el momento,   es muy importante que rechace cualquier producto que contenga flúor. El flúor es un veneno presente en la mayor parte de los raticidas. Infórmese en su ayuntamiento si se fruorizan las aguas. Aunque le digan que es para prevenir la caries, jamás se ha demostrado que sea así. Lo que si está claro es que el flúor es un poderoso antidepresivo y que se usa en venenos. Exija a su ayuntamiento o compañía de aguas, poniéndose en contacto con asociaciones vecinales si es necesario, que eliminen esta práctica insalubre de fruorizar el agua. Tanga en cuenta que este flúor que se hecha en el agua es el residuo que se obtiene de la extracción del aluminio, entre otras cosas.

 Pero lo mas importante de todo, es que sea consciente de todo esto y no esconda la cabeza. Es su responsabilidad procurar un futuro saludable para sus hijos. Ellos no necesitan juguetes de plástico que puedan morder, necesitan su cariño y su protección.