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domingo, 18 de noviembre de 2012

Formas de evitar los desahucios


Si ya es bastante injusto pagar una vivienda con el coste añadido de los intereses usureros, que muchas veces superan en valor a la propia vivienda, mucho más lo es, que después de haber trabajado como un burro durante años, y habiendo pagado una parte impotente de la hipoteca, que por el impago de algunos plazos, te dejen en la calle . Pero pese a lo injusto y el drama que esto supone, es lo que le está sucediendo a miles de familias; lo que está llevando a muchas familias a la desesperación y a la indigencia, e incluso al suicidio, todo ello amparado por las leyes. Me pregunto como es posible que estas leyes protejan al poderoso frente al débil. Que circunstancias se han dado para que las leyes salidas del parlamento, que supuestamente es la voluntad popular, hayan acabado siendo herramientas del sistema financiero.
En un sistema realmente democrático esto no debería suceder, pero esta no es una decisión popular, ni un sistema democrático. De un sistema, que se denomina a si mismo democrático, no deberían salir leyes que vayan en contra de los derechos fundamentales de la persona. Si sucede así es porque no estamos en un buen sistema, llámese como quieran llamarlo.

Lo que ahora hay, y que llaman democracia, es un sistema de partitocracia, donde dos partidos se turnan en el poder haciendo las mismas políticas y sirviendo a los mismos intereses. Todos los países, del mal llamado primer mundo, se rigen por este sistema bipartidista. En los últimos años, en España, hemos tenido la oportunidad de ver y sufrir esta realidad, de ver como los partidos y sus gobernantes han hecho aquello que les mandan los poderes financieros, aplicando ambos politicas similares siendo de ideologías supuestamente antagonistas. Sin embargo, muchos siguen pensando que los que suben al poder es por voluntad popular y van a defender al ciudadano frente al poder y la injusticia.

Si tuviésemos que buscar una respuesta de como hemos llegado a esto, de como es posible que la democracia se haya convertido en un sistema totalitario, yo diría que s algo que tenía que pasar, pues la democracia es incompatible con el capitalismo, al final el poder del dinero acaba convirtiendo la democracia en un sistema completamente tiránico y déspota; lo mismo que una dictadura, algo que ya predijo Platón en boca de Aristóteles cuando afirmó : la democracia es un sistema muy bueno, que TIENDE a CONVERTIRSE en DICTADURA.

En una sociedad donde todo tiene un precio y todo se vende, no hay decisión sopesada o crítica, todo está manipulado por el marketing y las campañas de publicidad. Aquél que tiene los mejores asesores de imagen, comunicadores y líderes carismáticos es el que se lleva el gato al agua; y claro está, estos solo pueden hacerlo aquellos que tiene el poder y el dinero para ello. No es una cuestión de bienestar de la gente, es una cuestión de beneficio, rentabilidad y poder. El dinero y el sistema impuesto, alejada a los ciudadanos de la participación en las decisiones importantes, pero lo peor de todo es que lo aleja de su propia naturaleza espiritual. Ya no busca la razón de su existencia o se cuestiona las grandes preguntas. El egoísmo, el materialismo y todos los ismos surgen de este sistema. Perdidos estos valores humanos, se cae en el conformismo y el placer inmediato, asumiendo que la responsabilidad de cambiar las cosas es de otros, dejando así desarmado al individuo ante el despotismo que impone la mayoría democrática, que es una expresión del poder.

Los desahucios es la culminación del triunfo del poder sobre los ciudadanos y sus derechos, de su tiranía ejecutada por los poderes fácticos que manejan a su antojo a los políticos, que financian sus campañas y controlan los medios de comunicación.

Ante estas y otras injusticias, como la crisis económica artificial que azota a todo  el mundo, el individuo se ve impotente y conducido al pensamiento único que establece el sistema. Nada pude hacer más que resignarle a la visión de la mayoría, a menos que quiera ser visto como un enemigo de la democracia. Entonces el miedo, la educación, la desinformación y la represión social, son utilizadas para evitar que existan muchas ovejas negras en el rebaño que puedan alterar el orden establecido por el poder. Ante este muro, el que quiera salirse del redil está condenado al fracaso, o al menos eso pude pensar; pero estará absolutamente equivocado. Si bien es cierto que cualquier organización colectiva si fracasará en su intento de cambiar las cosas, el individuo, como tal no. A lo largo de la historia miles de hombres inconformistas cambiaron el mundo. Estos no eran diferentes a cualquiera de nosotros, la única cosa que les diferenció fue su voluntad y firmeza en sus convicciones.

Pero para llegar hasta ese nivel de entereza, e individualmente derrotar al sistema, hace falta antes concienciarse del poder de nuestra voluntad y estar dispuestos a perderlo todo para ganar la batalla. Esto último es lo más difícil, pues desde muy pequeños nos han enseñado que las cosas tiene una cierta seguridad, que esa seguridad es algo a conseguir. Lo cierto es que este concepto de seguridad que nos han enseñado, no es más que una exacerbación del apego, a una forma de vida alejada de nuestro yo interno y del orden natural de las cosas. El apego es lo que nos hace ser superficiales y no buscar en nuestro interior la fuerza que vence al más poderoso de los tiranos. El enemigo no es el banquero avaricioso, ni el político corrupto, sino el ego que crea el miedo y nos hace vulnerables ante ellos. Una vez vencido nuestro mayor enemigo podremos acceder a nuestra voluntad, necesaria para emprender un camino de desobediencia civil y resistencia, únicas formas posibles de vencer y superar a este sistema tiránico sin utilizar la violencia.