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domingo, 21 de julio de 2013

LA corrupción es solo la consecuencia de nuestra irresponsabilidad.

Hablar de política en España es hablar de corrupción generalizada. No existe un solo partido político que se salve de esta lacra o que se pueda llamarse honrado. La política, es por definición, para los políticos españoles, el pelotazo, los privilegios del cargo, la mordida o el cohecho. El caso Bárcenas es uno de tantos, ejemplo de la sinvergüencería que reina en todos los partidos políticos, sindicatos o cualquier organización, inclusive el algunas llamadas O.N.G. El todas las organizaciones españolas, sean de la ideología que sean, el ánimo de lucro personal impera sobre el bien común. Pero lo más sangrante es la permisividad de la ciudadanía. Como una y otra vez, son votados los mismos sinvergüenzas, quizás porque es el fondo queremos ser como ellos, admiramos su picaresca.


En el caso concreto que está de actualidad, la oposición política se rasga las vestiduras en el parlamento, dice que hará una moción de censura, que rompe pactos, pero en el fondo, a lo que aspira, es llegar al poder para tapar sus otros casos de corrupción y hacer lo mismo que hicieron antes. Mientras, el pueblo, adormecido por una educación mediocre, o quizás por lo que he dicho antes, sigue sentadito frente al televisor, disfrutando de la playa o mal viviendo por causa directa de este latrocinio generalizado. Pero no dejemos que los árboles no nos dejen ver el bosque. La corrupción a estos niveles locales, aunque escandaloso, no es comparable con la existente en el Parlamento Europeo, y a su vez, esta no es comparable con la corrupción que reina en las empresas multinacionales. la ONU, el FMI, el BCE u otras instituciones supranacionales que controlan los designios de la humanidad, todas ellas instituciones cuyos miembros nadie votó. Cuando se alcanza cierto grado de corrupción, el objetivo deja de ser el dinero y es sustituido por el ansia del poder absoluto, que es mucho más dañino.

Puede que para el que esté sufriendo en sus carnes la lacra de la corrupción, pagando más impuestos y perdiendo libertades, todo esto lo vea muy lejano, pero en realidad es la causa de su problema. El sistema económico que gobierna el mundo es el germen. Basado en la avaricia y el los valores más bajos del ser humano, es este sistema, controlado por unas cuantas personas, lo que está detrás de cada uno de los casos de corrupción, despotismo o partitocracia. Mientras no cortemos la cabeza de la serpiente, esta seguirá envenenando todo lo que toca, sacando lo peor de nosotros mismos sin dejarnos avanzar en una sociedad justa donde reine el bien común y la equidad sobre el lucro personal o el ansia de poder. Pero la experiencia nos dice que la serpiente en realidad es una hidra, si le cortas la cabeza, salen dos. Hay una causa mucho más profunda y que no somos capaces de ver porque la tenemos dentro de cada uno de nosotros.

No se lleven a engaño ni se sientan víctimas del sistema, porque si existe este sistema es gracias a nuestra colaboración y nuestro apoyo. No debemos olvidar que somos piezas fundamentales de él, y que cada acción que realizamos determina nuestro grado de implicación en el mismo. Sería muy simple y cómodo por nuestra parte pensar que hay alguien que nos conduce a utilizar el dinero, a pagar impuestos, a utilizar nuestras tarjetas de crédito, los bancos, a votar siempre a los mismos o a hacer caso a los medios de desinformación, pero es nuestra decisión y la voluntad de hacerlo. Es nuestro propio afán de lucro y avaricia, en definitiva, la que nos lleva a tomar el camino fácil, el de la irresponsabilidad. Es también el fruto de nuestra ignorancia, la que provoca el miedo que nos paraliza o nos hace seguir en la misma dinámica que la masa propone. Según un gran maestro, estos son todos obstáculos para alcanzar la iluminación. Si realmente fuésemos conscientes de cada una de nuestras acciones, nos daríamos cuenta hasta que punto somos responsables de la existencia de este sistema opresor. Es por tanto un paso fundamental para el cambio, cambiarnos a nosotros mismos para tomar las decisiones correctas.


No hay ninguna organización, religión, de nada sirve protestar, enfrentarse a la policía o participar en política, si antes no somos conscientes de nuestra implicación, de como hasta ahora hemos actuado y en que forma estamos colaborando con el sistema para hacer de este mundo una porquería.