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sábado, 21 de septiembre de 2013

La diada de los borregos

Se me quitan las ganas de intentar explicar las cosas cuando veo, con tristeza, que en su inmensa mayoría, la gente no tiene la visión necesaria para ver la realidad tal y como es. Parecen ciegos aquellos que todavía confían en los políticos como si fuesen la salvación para sus problemas, los que se confían en organizaciones corruptas para defender sus derechos inalienables. Estos ciegos acuden como borregos a los llamamientos de estas organizaciones, en su mayor parte corruptas y deseosas de poder. Acuden a sus sentadas, cadenas humanas y estupideces de similar índole, sin pensar por un momento que lo único que persiguen es su propio beneficio.
Esta pobre gente , todavía no han entendido que nadie tiene el derecho de decirle a alguien quien és, a que pueblo pertenece o que cultura es la suya. No entienden que el nacionalismo es una idea artificial y caduca que es utilizada para movilizarlos y a la vez, distraerlos de los verdaderos problemas que hacen su vida más difícil en un mundo de abundancia.

Hoy, como si no hubiese cambiado nada desde los tiempos de Hitler, la gente todavía sigue creyendo, como si fuesen dioses, a los pastores de humanos; necesitan de ellos. Su poca altura de miras no les permite ver siquiera, que los derechos no son de los territorios, como proclaman estos energúmenos, sino de los seres humanos. No necesitan banderas ni ideas trasnochadas para defenderlos o defender su identidad, sino rebelarse ante aquellos que les dicen lo que tienen que hacer y lo que no. Si piensan que así llegará la tan ansiada e utópica democracia, que nunca existió, que el pueblo se autogobernará, están muy equivocados. Lo único que conseguirán es romper un estado opresor para que otro, de igual naturaleza o peor, ocupe su lugar; cambia de manos la propiedad del ganado, pero sigue siendo ganado.

Los medios de comunicación afines exageran las cifras, son contrarios las minimizan. Cada uno obedeciendo a los que les pagan, creando la separación que lleva, inevitablemente, a la confrontación por viejos ideales que deberían estar ya en el olvido. Es tan solo circo mediático calculado por unos cuantos hambrientos de poder, a los que no les importa nada la masa que arrastran tras de sí. Cuando las cosas se pongan feas, esos  seguidores que tanto han ondeado sus banderas y los han seguido como perros falderos, que les  que le han dado su confianza, serán sacrificados; como ya hicieron en el pasado tantas veces. Y cuando lleguen al poder... ¿Que harán con los disidentes, aquellos que no comulgan con el nuevo estado o que les gustaba el anterior? ¿Someterlos, expulsarlos o eliminarlos?


 El estado y la mal llamada democracia, que en realidad es una aristocracia, es el sometimiento de la minoría por una corriente de pensamiento mayoritaria. Es una barrera a la libertad de pensamiento. La meta de esta aristocracia es el pensamiento único, el sueño de dictador. Saldrán uno y entrarán otros, nada cambiará, solo a quien perteneces, quien tiene tus derechos de explotación, quien acude en tu nombre a pedir los créditos al FMI.