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domingo, 6 de abril de 2014

¿A quien defienden las organizaciones sociales?


Las organizaciones ecologistas y defensores de los derechos humanos, esas que los medios de comunicación dan tanta trascendencia cuando denuncian o protestan, están dirigidas por los mismos multimillonarios y multinacionales causantes de los desastres ecológicos, y atrocidades cometidas en países pobres. Las personas que pertenecen a las bases de estas organizaciones desconocen quienes son sus jefes, y en más de una ocasión se han jugando la vida con convicción, pensando que la causa que defendían lo merecía, pero la realidad es que están sirviendo a intereses económicos.
Dicho de otra manera, el control de la opinión pública necesita de válvulas de escape que sirvan de aliviaderos cuando se pretende hacer algo que va contra toda justicia, y las mayoría de estas organizaciones serven para este propósito. Buena prueba de ellos es que su actividad se centra, fundamentalmente en minucias. Sirven, de esta manera, a desviar la atención de las atrocidades e injusticias de mucho mayor calado, repercusión social o ecológica.

¿Por qué altos cargos de Amnistía Internacional son miembros o ex-trabajadores del Departamento de Estado de EE.UU., de la CIA, millonarios, como por ejemplo Henry Solomon Benenson, Irene Khan, Zbigniew Brzezinski o Heather Odom, que son los mismos que controlan supuestas organizaciones sin ánimo de lucro como Greenpeace, WWF (presidida por cazadores de tigres y elefantes) o Sierra Club , Human Rights Watch, Amigos de la Tierra y Ecologistas en Acción?”



Siempre los vemos actuar cuando se trata de memeces, pero cuando se trata de brutales atentados ecológicos que se cometen por parte de las grandes multinacionales, casi siempre apoyadas por el estado intervencionista de EEUU, ni están ni se les espera. Lo mismo ocurre con las organizaciones que defienden los derechos humanos. No es que no puedan ni tengan recursos para actuar, lo que ocurre es que les sucede lo mismo que a los perros, que a menos que sea un perro salvaje, nunca muerde la mano del amo que le da de comer.



No nos debería extrañar todo esto, pues estamos hartos de ver como la industria de los transgénicos, militar, energía o farmacéutica, controla a los gobiernos en todos los países utilizando lo que llaman las puertas giratorias, es decir: altos cargos de estas compañías son propulsados al poder mediante inyecciones de grandes cantidades de dinero en las campañas electorales. Una vez en el poder, apoyan leyes que benefician a las compañías, a las que nunca dejan de pertenecer, y luego vuelven a su puesto con grandes recompensas. Aquí es donde la democracia se convierte en una ilusión y la política deja de ser el poder del pueblo para convertirse en el poder del capital. Es una forma de corrupción que propicia un totalitarismo encubierto contra el que no se puede luchar políticamente.
Esta misma forma de corrupción es la que impregna a las organizaciones sociales o ecologistas. De hecho, nada queda exento de este cáncer propiciado por el propio sistema capitalista. En todo este entramado de corrupción, las buenas acciones, los ideales o el sentido común, quedan diluidos en un mar de fango.
Es muy difícil atinar donde acabará todo esto, lo que está claro es que es una senda de auto-destrucción propiciada por una avaricia sin mesura. Si añadimos que los medios de comunicación, y sobre todo la educación, han sido, ya hace varias generaciones que sometidas a esta dictadura del capital, no se puede esperar nada bueno del futuro, tan solo esperar que un gran número de personas se de cuenta de esta realidad y les de la espalda.