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jueves, 24 de abril de 2014

El fracaso de la educación, una causa premeditada.


Las datos sobre el fracaso escolar en España y en otros países, rebelan unas cifras intolerables para una sociedad donde se hace cada vez necesario tener un mínimo de cultura para entender lo que está sucediendo en el mundo. Teniendo en cuenta estos datos, se comprende que la juventud y el individuo, en general, no entienda el sometimiento al que están sujeto. Si uno desconoce la verdadera situación en la que vive, es normal que tampoco quiera cambiarla, y mucho menos enfrentarse a ella.

La ingenuidad nos puede conducir a pensar que este hecho es casual y no lo ha buscado nadie, pero analizando el origen de la educación obligatoria, se comprenderá perfectamente que este hecho es algo planificado desde el principio y que sus objetivos no han cambiado.

Lo que conocemos hoy como sistema de educación se remonta a los tiempos de Napoleón. Aunque antes ya se había implantado en Alemania de 1717 por el rey Federico Guillermo. Pero fue Napoleón, este controvertido y despótico personaje histórico, quien lo extendió por toda Europa, trasladándose, sin cambios, al nuevo mundo. Es conocido como sistema escolarización prusiana.

El objetivo de Napoleón, como la idea original aplicada en Alemania, era dar los conocimientos necesarios al pueblo para que este sirviera al estado. Soldados obedientes y disciplinados, buenos trabajadores, y todo ellos adoctrinados en un sentido patriótico para consolidar la fuerza del estado nación . Para ello diseño dos sistemas o niveles principales. Un sistema que se limitaba a la alfabetización y adquisición de los conocimientos necesarios para hacer trabajos o ser soldados rasos. Este sistema era obligatorio de la misma forma que lo es ahora. Por otro lado, un sistema educativo más avanzado y completo, se impartía para los que tenían talento, aquellos que debían estaban destinados a dirigir los trabajos o los ejércitos, pero, como ahora, se limitaba al ámbito donde donde desarrollaría su actividad el individuo. Era algo equiparable a las actuales universidades. Había un tercero, mucho más completo y libre, pero solo al alcance de los hijos de los gobernantes y personas de gran poder económico. Para estos, ningún conocimiento estaba vetado o oculto, pues como en nuestros días, se lo podían permitir con dinero. El objetivo de este sistema elitista es equiparable a las universidades de prestigio de nuestros días.

Mediante la escolarización obligatoria, todo el mundo aprendería que «el trabajo hace libre», y trabajar para el Estado, incluso dejando la propia vida a sus órdenes, era la mayor libertad de todas.”

Así es como veían el mundo los primeros ingenieros sociales, una idea que no ha cambiado desde el nacimiento de la educación obligatoria hasta nuestros días. Seguramente, y como no aporto muchos datos, a algunos puede que esta visión particular de la educación les parezca simplista y poco objetiva. Pero si analizamos fríamente los conocimientos adquiridos por nuestros hijos y la forma en que se les educa en los colegios, veremos que es así; aunque nos la quieran vender de mil formas. Para los creadores de este sistema educativo, como para los que hoy lo dirigen, dejar la educación en manos de los padres es peligroso. El control que ejerce el estado sobre el individuo, es decir, el poder de los intereses económicos, que son quienes controlan el estado, se pondría venir abajo.

Así pues, que quede muy claro. Este sistema educativo obligatorio, no ha sido diseñado para expander nuestra mente, fomentar nuestro ansia innato por aprender, promover el crecimiento personal o mejorarnos como personas; tan solo es un sofisticado método de control que se implanta de forma obligatoria desde los primeros años de nuestra vida. Encapsula el conocimiento, lo limita, y en lo que se refiere a los conocimientos históricos, si es necesario, se manipulan para justificar el propio estado.


No nos extrañe pues, que los alumnos se desmotiven, que los profesores se comporten como trabajadores, y no como maestros. Porque la educación obligatoria esta precisamente para eso; desmotivar. Hay mucha diferencia entre un maestro y un profesor. Los padres somos maestros, pues transmitimos nuestro conocimiento a través de la experiencia, los profesores solo imparten los conocimientos que les permiten impartir. No es la educación la que nos hace libres, sino el conocimiento adquirido a través de nuestras experiencias o las de otros. Esto es lo que hace a un ser humano sabio, contestario y peligroso para aquel que quiera someterlo. 

Es recomendable ver este vídeo para comprender mejor de lo que hablo.


El ignorante no nace; se hace.
Al ignorante ya se le va inculcando la ignorancia desde la cuna. Los padres de los ignorantes procuran inculcar a sus retoños sus ignorancias: ir a misa, ser obedientes ante los superiores para no tener problemas, procurar pensar como los demás para no desentonar. El ignorante va creciendo deglutiendo la telebasura, tomando Cola Cola y zampando bocadillos rebosantes de hormonas en los Burger Kings y jaleando a los millonarios jugadores del Madrid, Barça, etc, y pagando burradas en las taquillas de los estadios -tras haber pasado la noche a la intemperie para conseguir ver, en vivo, los goles de Ronaldo.y Messi. Acuden en manada borreguil al concierto de tal o cual cantante, y pueden desplazarse cientos de kilómetros para escuchar unos gritos del un cantante de fama mundial. A la hora de votar, entregan su voto sin el menor criterio y vuelven a dar su confianza a los mismos por mucho que olvidaran de cumplir sus promesas electorales y les suprimieran conquistas sociales. Entre tanto, la prensa, telediarios, periódicos, etc. ofrecen todos los muertos que se producen en el mundo, pues son esas noticias las que alimentan a la plebe. En tanto el DOMINADOR mueve los hilos del mundo, enriqueciendo a unos ( ellos mismos) y arruinando a los DOMINADOS (el resto). Los dominadores son los dueños de los medios de comunicación, o bien con sus millones imponen la desinformación necesaria para que los dominados continúen entusiasmados, alimentándose con el “menú” que les preparan sus amos en las alturas. Y se hace necesario el despertar de los dominados, pero les resulta difícil salir de la inercia que han aprendido desde la cuna. ¿Y quienes son los Dominadores? Pues pobres criaturas que sólo poseen millones y más millones. Y que son dignas de tanta compasión como los dominados.