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jueves, 10 de abril de 2014

La estafa eléctrica.


La electricidad, como todo el mundo sabe, es uno de los motivos de nuestro éxito como especie encima de la tierra. Sin ella, todas las comodidades de las que ahora disfrutamos serían inalcanzables. Pero a pesar de su importancia, cuando encendemos un interruptor no nos cuestionamos, ni por asomo, cual es su procedencia y como llega hasta nosotros. Lo único que nos preocupa es que llegué y que no falte. Y la preocupación es bien fundada, pues sin ella todo nuestro modo de vida se iría al garete. Cuando una avería o problema en la red de distribución nos priva de este elemento fundamental de nuestra vida, nos damos cuenta lo dependientes que somos de ella. Se ha convertido, por tanto, en un bien indispensable de primera necesidad. 


Al principio, cuando en nuestro país, la distribución y suministro de energía estaba en manos del estado, en teoría nos pertenecía a todos y todos disfrutábamos de ella a un precio asequible. Pero llegaron los tempos de las privatizaciones, y lo que era de los ciudadanos de este país, y que había costado tanto sacrificio e impuestos crear, fue vendido furtivamente. Se vendieron las redes de distribución, las centrales eléctricas y hasta los pantanos. Nada quedó en manos de sus propietarios legítimos. Por supuesto, y en concordancia con los tiempos que corrían, nadie preguntó a los ciudadanos si queríamos vender tan importante patrimonio. Simplemente, al igual que la red telefónica, las refinerías y tantas otras cosas, se vendieron a espaldas del ciudadano. Así fue como el ciudadano, sin apenas ser consciente de ello y sin recibir ni un solo duro, perdió el control de su futuro. Todo ese dinero se tradujo en inversiones funestas, dinero que pasaba de político en político a través de lo que luego se llamó boom inmobiliario. Todo eso acabó formando parte de lo que hoy conocemos como crisis económica. 

Actualmente, la energía, gracias a la magia del neoliberalismo y el capitalismo salvaje, ha quedado en manos de unos cuantos empresarios, o mejor dicho especuladores. La consecuencia directa, como era de esperar, es que la competencia, argumento al que aluden siempre los neoliberales, es inexistente. Si solamente fuera eso, podríamos decir: bueno, el gobierno antes de vender las compañías ya fijaba el precio; no hay gran diferencia. El problema, es que estas compañías han adquirido tanto poder, que mandan sobre el gobierno, y hasta dictan las leyes que le son favorables. 

Muchos convencidos o aducidos por el neoliberalismo, argumentan que esto nos ha traído un mejor servicio, pero como toda falacia tiene su punto débil. Nadie sabe que hubiese pasado si la energía hubiese quedado en manos públicas.
Esto lo podemos extrapolar a todo el sistema capitalista, basado en el dinero fiduciario. Ellos, los que salen tan beneficiados, en comparación con el 99,8% del planeta, afirman que el capitalismo es bueno porque nos ha traído el progreso. Y yo me pregunto ¿Que presente hubiésemos tenido con otros sistemas? Pues la verdad, que yo sepa no se ha probado ningún otro sistema.
Menos mal, que cada vez más gente se está dando cuenta de este engaño y en la falacia en la que se apoya este sistema. Organizaciones de todo tipo ya están comenzado a despuntar. Organizaciones que ven en la propiedad un condena a la miseria y que abogan por la disponibilidad, un concepto sencillo, pero de una aplastante lógica. ¿Que es lo importante de un objeto? ¿Disponer de él cuando se necesita, o que sea nuestro?

Nos dicen que la crisis ha pasado, que comienza la prosperidad, sin embargo, nunca he visto tantos pobres pidiendo algo que llevarse a la boca, jamás a tantos en paro y en situaciones críticas. Todas las posesiones importantes del país están en manos de los banqueros, infraestructuras, energía, viviendas. Los únicos que están saliendo de la crisis han sido ellos, sobre todo después de regalarles miles de millones de fondos públicos. Quizás sea porque ahora se han dado cuenta de que existe un filos de sangre que todavía no han explotado. Nuestro sistema de seguridad social, el estado de bienestar, eso todavía no esta en sus manos.