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viernes, 9 de mayo de 2014

¿Que fue primero, el pensamiento, la acción o la palabra?



Podemos pensar , como piensa la mayoría, que las palabras solo son el sonido que identifica una idea  o la forma de referirnos a una  acción u objeto, pero estaríamos haciendo una interpretación de la reacción que existe entre estos conceptos  parcial y equivocada.  Pensamiento, acción y palabra es una misma cosa y las tres proceden de un mismo lugar y a veces al mismo tiempo. Son creaciones  de la herramienta más poderosa con la que contamos; nuestra mente. La relación de estos tres conceptos en nuestra mente es tan estrecha que no podrían existir por separado. Nuestra mente nos permite conjugar los tres elementos a voluntad, y que sepamos, es algo que ningún otro ser sobre la tierra puede hacer. Sin embargo, parece ser, que no somos muy conscientes del poder que esto nos da. 

Pero de la misma forma que nos da poder, también nos convierte en seres volubles. Muchas personas llevan estudiado nuestras reacciones hace mucho tiempo, nos conocen mejor que nosotros mismos y saben del  poder de las palabras. La neo-lengua es fruto de esta investigación. Son palabras medidas y estudiadas para crear reacciones y conseguir objetivos. En ocasiones para minimizar acontecimientos, como cuando utilizan la expresión “daños colaterales” para referirse a un asesinato de estado y violación fragante de los derechos humanos. “Violencia  de género” para criminalizar y fomentar el odio entre  mujeres y hombres sería un ejemplo en el sentido contrario.

Por medio de las palabras se puede crear conductas y realizar, lo que llaman, ingeniería social. Una forma de manipular el lenguaje y las palabras, es sustituir la acción que dio lugar a ella. Asumimos, por ejemplo, que la palabra autoridad refleja obediencia, pero la realidad es que la autoridad, como nos la muestran,  no es tal. Muchos se atribuyen autoridad sin tenerla, se la atribuye la policía, los políticos, los bancos y muchos más, pero ninguno de ellos se ha ganado o merecido el respeto suficiente para considerarse una autoridad, al contrario, son perjudiciales.  Sin embargo, gracias los milagros de una democracia corrupta, asumimos su autoridad, siendo obedientes y disciplinados con esta. La autoridad como la conocemos hoy, es un producto del miedo a la fuerza. No obedecemos porque sabemos que quien promulga leyes es muy bueno y sabe que es lo que nos conviene, obedecemos por miedo a lo que sus leyes nos harían si no lo hiciésemos. Así es como fuerzas ilegítimas pueden manipular la conducta de muchos, mediante la fuerza y el miedo, como siempre ha sido. 

Conociendo la fuerza que tienen las palabras, deberíamos desterrar de inmediato algunas de ellas o olvidar el significado que representan para aquellos que nos quieren manipular. Yo empezaría, precisamente por la palabra autoridad. No me desharía de la palabra, pues su significado original es bueno. Sería como negar la autoridad de una persona que me demuestra sus conocimientos y me hace crecer con su sabiduría; este es su verdadero significado. Si me desharía de la tiranía y de los tiranos, de los que pretenden tratarnos como niños toda la vida. Los políticos suelen confundir mucho estas dos palabras, tiranía y autoridad. De lo primero suelen estar sobrados, y de lo segundo... Bueno, mejor no hacer comparaciones.

Nuestra mente es poderosa porque es capaz de tomar decisiones, si consiguiéramos librarnos del miedo a la fuerza, o quizás no tuviésemos   nada que perder, entonces dejaríamos de ser niños y comenzaríamos a tomar nuestras propias decisiones, nos volveríamos desobedientes que es lo que más temen aquellos que nos dominan. Dejaríamos de reconocer esta autoridad falsa basada en el miedo y la fuerza. Una buena ocasión para comenzar serían las próximas elecciones al Parlamento Europeo. Hemos visto donde acaba nuestro voto en todas las ocasiones que se nos han hecho falsas promesas. En lugar de cumplirlas,  nuestro voto  será reciclado y convertido en papel higiénico, con el que sus ilustres señorías se limpiaran su  perfumado trasero.  ¿Acaso sirvió antes nuestro voto  para algo más que no fuese eso?