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sábado, 18 de octubre de 2014

Las banderas de la imposición


El sol y el viento acaban con las banderas. Primero las destiñen y las vuelven pálidas, es la palidez de la mentira con las que se confeccionaron, la palidez de la división. Con el color se pierden también las esperanzas e ilusiones de las gentes que las exhibieron como parte de un sueño baldío. Al final, el viento las hace jirones y solo queda el mástil que la corrosión hará caer en el olvido. Son solo trapos al viento, colgajos en los balcones de las viviendas pagadas con deuda usurera, cuyos dueños pensaron que iban a borrar sus problemas cuando las colocaron allí. Una moda pasajera que pasará y de la que los hombres del futuro estudiarán en libros que hacen referencia a costumbres y pensamientos arcaicos, cuando algunos pensaban que un poder superior les ayudaría a ser libres sacando sus estandartes a la calle. Seguramente los del futuro se reirán a carcajadas, porque ellos hará mucho tiempo que olvidaron pedir permiso a nadie para ser libres y decidir sobre su futuro. Ellos sabrán que ser libre es mucho más que colgar trapos pintados en las ventanas o votar. Ser libre es ejercer el derecho de la libertad sin obedecer o dejarse engatusar por políticos mentirosos que buscan solo su beneficio propio. Políticos creadores de división y odio entre las gentes de bien para controlarlos a su santo antojo. Los que ponen banderas en realidad no pretendían ser libres, sino esclavos de otros amos; quizás más tiranos que los primeros.

Hay muchas banderas, están aquellas que los budistas dejan deshacerse al viento, llenas de oraciones auspiciosas. Las colocan en páramos y en otros lugares y dejan que el tiempo las consuma, siendo conscientes de su temporalidad e impermanencia. Otras, representan ideas que imponen obligaciones a terceros, los someten a las leyes, pero tanto unas como otras, se las lleva el viento. La diferencia es que los primeros saben bien que desaparecerán, los otros creen que serán eternas, como las ideas que representan estas banderas. Tan volubles son sus banderas como sus ideas. Nada permanece y otros vendrán para poner las suyas. La cuestión es que mientras haya personas que crean en ellas y en su poder, habrá esclavos.

Las banderas separan a los hombres igual que quienes las enarbolan. Son personas que se creen en posesión de la vedad, pero es la verdad de la colectividad, de la colmena y les apartan de la libertad. Son distracciones que nos apartan del verdadero objetivo del ser humano, que es alcanzar la felicidad. Distracciones para que no veamos que el problema no reside en la identidad y otras memeces, sino del sistema. No hace falta enarbolar una bandera para decidir quien eres y como eres, sencillamente eso ya lo tienes decidido, si lo haces es porque eres un exhibicionista y un borrego que sigue a su pastor. Tu no necesitas pastores ni nadie que te imponga normas ¿O acaso no eres un ser humano consciente que sabe lo que está bien y lo que está mal?