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domingo, 30 de noviembre de 2014

Revolución, un concepto sobrevalorado.




La reciente desaparición de 24 estudiantes en México o el asesinato de un niño de color cosido a balazos en estados por un policía blanco, son motivos suficientes para desatar revueltas y revoluciones violentas. La corrupción política en España, los recortes en Francia y la pésima gestión de Holande, o la venta de bienes públicos en Grecia, también podrían ser motivos para una revolución en estos países. Pero si pensamos que una revolución supone una solución, podríamos muy estar equivocados.

Si echamos la vista atrás en la historia y examinamos el papel nefasto que han tenido casi todas las revoluciones, nos lo pensaríamos dos veces e iríamos con más cautela a la hora de plantearnos participar en alguna. La revolución francesa, por ejemplo, supuso el ascenso al poder de Napoleón y el asesinato de casi todos los ideólogos y promotores de la revuelta, así como la implantación de la educación prusiana y un sin fin de muertes. La revolución bolchevique en Rusia termino en la dictadura estalinista, una de las más sangrientas de la historia, detrás de la revolución cultural china, con más muertes y un régimen dictatorial que se ha prolongado hasta nuestros días. La emancipación de la mujer, que también puede considerarse como una revolución, trajo cosas positivas, pero también la incorporación de la mujer al trabajo esclavo, apartándolas de su papel fundamental en la familia, que es el cuidado y la educación de los hijos. Si somos un poco objetivos y nos alejamos del pensamiento feminista impuesto por la fundación Rockefeler y otros organizaciones interesadas en la destrucción de la familia, principales promotores de esta revolución y pensamiento radical, la vida de la mujer empeoró. La llegada de la llamada emancipación de la mujer, ha supuesto más perjuicio que beneficio. Antes de la llegada de esa revolución se necesitaba que un solo miembro de la familia trabajase para mantenerla. A partir de entonces, rara es la familia donde no se necesiten dos. Ayer como hoy, destruir la familia, que es un entorno naturalmente resistente a la imposición ideológica, siempre ha sido un objetivo de la élite. Otro ejemplo claro fue también la revolución o movimiento hippy, que acabó en el neo-liberalismo y la cultura de las drogas, suministradas principalmente por la CIA.

Aunque no todos las revolución son negativos, cuando estas son inducidas por el poder, ya sea económico o gubernamental, siempre acaban perjudicándonos y sumiéndonos más en la esclavitud. Estas revoluciones inducidas se convierten en herramientas que el poder utiliza para afianzar más su posición. Si estas revoluciones van acompañadas de violencia mejor, porque entonces los resultados son más efectivos. Aparte de provocar muchas muertes inútiles, acaban siempre en dictadura, al menos es lo que dice la historia, que siempre hay que coger con pinzas, pues ya sabemos que la historia siempre se puede tergiversar.

A mi entender, la única revolución que puede traernos cosas positivas y mejorar nuestra vida, solo se puede desarrollar en nuestro interior, cambiando nuestra mentalidad. Tendríamos que empezar abandonando definitivamente esa idea infantil de que vendrá un salvador a resolver nuestros problemas. Ningún político o mesías va a acudir a nuestra llamada. Es algo que ya deberíamos saber por la experiencia acumulada. Los que acuden en nuestro auxilio acaban siendo nuestros amos y señores. Después de muchos años jugando con nuestras esperanzas y anhelos, engañándonos con falsas promesas, no me explico como todavía hay una inmensa mayoría de personas que cree todavía en esta farsa.