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miércoles, 25 de febrero de 2015

La intimidad pronto será un vestigio del pasado.


Resulta difícil ya imaginar un mundo sin internet, telefonía móvil, tables televisores inteligentes, portátiles, pcs y demás aparatos. En unos pocos años los avances en microelectrónica han permitido que estos dispositivos se conviertan en nuestros compañeros inseparables, hasta el punto de ser raro encontrar a alguien que no tengan alguno, al menos en los países del llamado primer mundo. Organizan nuestras vidas, nos comunicamos y trabajamos con ellos, sin embargo, la inmensa mayoría no se a parado nunca a pensar que es lo que pasa en su interior. Ni siquiera les interesa saber como funcionan internamente y que hacen con la información que les damos, hasta que se estropean, claro. Para el usuario normal son, por así decirlo, cajas negras donde entramos y sacamos información.

Tanto los programas que incluyen estos dispositivos como algunos de sus interfaces de entrada y salida, son opacos para nosotros, algunos de ellos ni sabemos que están ahí ni si están funcionando sin saberlo. Hemos aprendido a usar muchos de esos programas para comunicarnos con redes sociales, manejar el correo y demás, pero la mayoría de estos programas están escritos con código propietario y cerrado. A menos que se sea un usted un experto en informática y capaz de desensamblar los programas y desentrañar su funcionamiento, es imposible saber que lo que pasa realmente en su dispositivo. Por si fuera poco, muchos de los microchips que incorporan, sobre todo tables y teléfonos móviles y ahora también los smart Tvs, tienen almacenados en su memoria interna otros programas, mucho más inaccesibles, incluso para los expertos.

Confiamos nuestra información a nuestros dispositivos, dándole todo tipo de detalles de nuestra vida, conectándonos con nuestros bancos o incluso manteniendo conversaciones trascendentes a través de ellos. No pensamos, ni por un momento, que nuestro teléfono puede estar pasando la información a un tercero. De la misma forma utilizamos las redes sociales, diciendo a una entidad privada y con ánimo de lucro, lo que nos gusta o lo que no.

Si alguien juntase en una base de datos los lugares que visitamos en internet, con quien hablamos, a que sitios viajamos, lo que decimos en las redes sociales, que programas de televisión vemos, cuales son nuestros gustos al comprar etc... tendría a su disposición un completo perfil de nuestra persona, algo así como un avatar digital que nos conocería mejor que nosotros mismos. Esa información es un bien de comercio que tiene un valor incalculable para quienes comercian con ellos. Pero si su intención fuese solo eso, comerciar, podríamos considerarnos afortunados. Para comprender la amplitud del problema hay que ir un poco más allá: Si nuestro avatar digital se une en una base de datos al de otra mucha gente, digamos que todo un pueblo, la cosa se pone divertida. Imaginen como podría utilizar esta información el alcalde de este pueblo. Sabría exactamente lo que el pueblo necesita, pero también como como manipularlo. Con esta información podría postergar su mandato hasta el fin de sus días.

Una evolución de esto, evidentemente, sería una base de datos que albergara toda la población de un país, y porque no, los avatares de todo el mundo. Eso sería una herramienta fantástica para quien tuviera acceso a ella, una fuente de poder inimaginable. Pero lo más de lo más, sería tener una computadora capaz de manejar estos datos, hacer estadísticas, simulaciones, juegos de guerra. Podrían preguntarle ¿Y se hacemos esto que tal reaccionará la gente? ¿Que porcentaje de éxito tendremos?

Si piensan que esto es ciencia ficción y que yo soy un paranoico por pensar tales cosas, sigan confiando en sus maquinitas, dándoles cuanto más información mejor. Seguro que esto mejorará sus vidas.

Pero por si acaso este post hace que se sientan recelosos, les diré que tiene muchos motivos para hacerlo. Por poner un ejemplo, una famosa compañía que fabrica televisores inteligentes, a tenido que salir a declarar que no vendían los datos recogidos por sus aparatos, lo que pone de manifiesto que, en efecto, recogen datos, otra cosa es que les podamos creer respecto a la venta de datos. Lógicamente, si los vendiesen y no hay pruebas de ello, no van ha decir que lo hacen. Otro motivo para estar receloso fueron las declaraciones del exagente de la NSA (National Security Agency) Edward Snowden. Que ya está cansado de decir que nuestros teléfonos móviles son trasparentes para la agencia de inteligencia americana y las de otros países. Afirmó en reiteradas ocasiones que tienen la tecnología para podernos localizar y grabar en cualquier momento. Por si esto fuese poco, la colaboración en esta serie de atentados contra nuestra intimidad llega por nuestro gobernantes más cercanos. La nueva ley antiterrorista, el DNI con wi-fi, etc, etc, etc..

Que corta se quedo la novela 1984...