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jueves, 5 de marzo de 2015

Ha llegado la hora del cambio


Aquellos que no han despertado todavía ya no lo van ha hacer. Es inútil seguir llamándolos porque para ellos ya está todo decidido. Sea cual sea el resultado de esta guerra por la libertad, ellos estarán contentos. Les da igual y sufrirán el destino del resultado sea cual sea, porque nunca les importó nada. Han estado tanto tiempo dormidos que no desean conocer nada nuevo; son la personalización de la pasividad llevada hasta las últimas consecuencias, el producto de cientos de años de manipulación y adoctrinamiento. Pero tranquilos, también son el elemento neutro de esta ecuación, no alteran el resultado. De la misma forma que ya no actúan contra el sistema, tampoco lo harán contra nosotros.

El tiempo de esperar y reclamar la atención de los perdidos ha llegado a su fin. Sabemos que somos muchos más que nuestros enemigos, incluso sin ellos la batalla está ganada. También sabemos que no será necesario derramar una gota de nuestra sangre. Con un simple gesto apagaremos el interruptor y la máquina de la opresión se detendrá en seco, quedando en silencio para siempre. Es nuestra energía la que la ha estado alimentando y con solo un gesto por nuestra parte, esa energía vital dejará de fluir. No tengáis miedo, el mundo no se detendrá, volverán a brotar las flores en primavera como siempre a pasado. Los astros seguirán en su lugar al día siguiente, como el Sol, que volverá a brillar sobre la tierra como cada día. Lo que si cambiará es el mundo humano, que jamás volverá a ser el mismo; nunca más.

Ha sido larga la espera y hemos pasando por todas las fases necesarias para alcanzar la nuestra evolución, para darnos cuenta de que fue nuestra pasividad y el no abandonar la falsa esperanza de que alguien vendría a cambiar las cosas, lo que ha mantenido esta situación tanto tiempo. Si, esto fue lo que permitió que este sistema no se viniese abajo antes. Pero ya estamos hartos de esperar y sabemos que nadie vendrá a rescatarnos; ha llegado el momento de enarbolar nuestra bandera de libertad y tomar lo que nos pertenece por derecho. Todos hemos vivido el descubrimiento de nuestra condición de esclavos de una forma u otra, pero todos hemos conocido la frustración de la misma manera y es hora de acabar con ella y cambiar nuestro destino.

No hay odio ni venganza en nuestras acciones, solo evolución. La desaparición de este sistema opresor es tan solo una consecuencia de su propio declive, más que de nuestros actos. Algo tan vil no puede sobrevivir tanto tiempo sobre la tierra. Les daremos la espalda, no obedeceremos sus órdenes ni iremos a sus guerras, no utilizaremos su dinero, no reconoceremos sus fronteras ni sus leyes.

Alguien dijo: en un mundo donde un deportista puede ganar más dinero que un médico o un profesor, debe haber algo que está funcionando muy mal. Pero eso solo es una pequeña muestra de los males de esta sociedad, donde hombres corruptos y enfermos de avaricia campan como dioses, mientras horrados y abnegados sufren la miseria. Todo eso debe terminar ya. Que se den baños de dinero sin valor, que se lo coman todo, pues nada tendrán si no es ganado con el sudor de su frente. Su condena será alimentarse de sus desperdicios y su pútrido dinero, quizás así se curen.