Translate

lunes, 27 de abril de 2015

La sabiduría de uno mismo


Los gobiernos no quieren que seas sabio, ninguna institución política o religiosa desea personas sabias en su seno. Todas temen a estas personas porque no obedecen ciegamente, porque no se dejan manipular o doblegar, no actúan como robots, se cuestionan toda la información que reciben. Para una persona sabia no hay fuente de información fiable, todas son cuestionables, tampoco líder político de fiar. Las personas sabias prefieren morir antes que vivir siendo esclavos. Estas personas son temidas por las religiones y las multinacionales, rechazadas por los ejércitos odiadas por los gobiernos; que harán todo lo posible para neutralizarlas.

No hay que confundir la inteligencia con la sabiduría. Aunque es cierto que para ser sabio se necesita inteligencia, no es cierto que alguien inteligente tenga que ser sabio. Hay personas muy inteligentes, que pese a su gran intelecto son unos ineptos, es más, puedes ser psicópatas dispuestos a joderte la vida. Las personas sabias no van por ahí haciendo el mal a los demás, aprovechándose de ellos o compitiendo contra otros, colaboran y se ayudan entre ellos, porque como sabios saben que de ello recibirán mucho más que lo que ofrecen. No rehuyen de las experiencias nuevas ni hacen juicios a priori. Saben perfectamente que las cosas pueden no ser lo que parecen.

Todo nace con un comentario o con una intuición; algo no cuadra y te indica que las cosas no son como parecen u otros dicen que son. Si ante esa duda no buscas tu propia respuesta, a buen seguro no serás una persona sabia, porque las personas que pretenden tal atributo quieren conocer su entorno para estar prevenidos de eventualidades. Las versiones oficiales, lo que diga la ciencia, la apariencia, nada de esto basta para configurar una verdad. Es la propia experiencia y los resultados de la misma lo que configuran el entorno. Solo cada uno puede dibujar su propio mundo. 

He aquí un buen ejemplo de lo que digo.