Translate

jueves, 17 de mayo de 2018

Cuando la podredumbre y la inmundicia gobiernan.


Cuando la podredumbre y la inmundicia gobiernan el mundo, es prácticamente imposible verse salpicado. El recién nombrado presidente Quim Torra,  para dirigir la Generalidad catalana, es un buen ejemplo de cómo lo peor de la sociedad acaba siendo ascendido a los altares del poder para esparcir su mierda a todos. La culminación de un prceso de despropósitos consistente en imponer una falsa realidad aun una buena parte de un pueblo.  No se entiende como en pleno siglo veinte, un tipo, que bien podría ser un alumno aventajado de Hitler, haya llegado a ocupar un puesto tan alto en el escalafón político. Un tipo capaz, todavía, de separar a las personas por su genética, como lo harían los blancos en Sudáfrica o los alemanes con los judíos. Pesábamos que   este tipo de pensamientos se habían extinguido, pero ya vemos que no es así.  Quim Torra es un fascista xenófobo y racista al que pronto veremos actuar, ya que su naturaleza de loco perturbado no podrá ser contenida. Porque se pueden borrar artículos en internet, se puede decir que le hackearon la cuenta o que no son suyos, se pueden decir muchas cosas para ocultar su pasado, pero detrás de esos ojos negros como carbones, cargados de odio y resentimiento, se ve a un nuevo Hitler al que ningún pueblo, en su sano juicio, hubiese encumbrado al poder. Solo un pueblo engañado durante años e inducido a odiar puede llegar a este extremo de radicalidad.   
  
El cinismo esgrimido por los dirigentes nacionalistas ha trastornado y engañado a jueces y gobiernos. Su falso victimismo ha cautivado a muchos jóvenes, que han abrazado banderas y símbolos de otras épocas oscuras de la humanidad. Puede que estos símbolos hayan cambiado de aspecto, pero su trasfondo es el mismo que incitó a los republicanos a quemar iglesias en la guerra civil, a los nazis a matar judíos o a los seguidores de Mao a aniquilar  Tibet. Los mismos símbolos de odio que forjaron las más atroces bestialidades recordadas por la humanidad. Pero a mí no me engañan. Ellos no son la panacea a los problemas, son el problema en sí mismo. Representan a la parte menos evolucionada del ser humano, esa que ha quedado anclada en el pasado  territorial de los animales más feroces. Pero como estos, ellos no son tan valientes. Son como hienas esperando la debilidad de su supuesto  enemigo. Enemigos que buscan incansablemente para culparles y achacarles sus errores.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Si no estas de acuerdo o quieres aportar algo, deja tu comentario.