Cuando alguien se plantea qué le impide ser feliz, no suele incluir al Estado como una de las principales causas de su infelicidad; por el contrario, lo ve como una entidad que lo protege de males y lo defiende frente a las adversidades. No es de extrañar, ya que el propio Estado siempre sostiene que lo hace todo por nuestro bien: nos multa por nuestra seguridad, nos fríe a impuestos para que vivamos mejor, actúa en secreto por nuestra protección, etc. Según sus dirigentes, siempre están velando por nosotros.
No se confundan: cuando la Dirección General de Tráfico, que es parte del Estado, coloca radares en las rectas —siempre en pendiente descendente—, lo hace por su seguridad, no para recaudar ni para que se ponga nervioso al volante. Cuando el Estado gana dinero con el reciclaje de basura y no le da parte del beneficio para que pague menos impuestos de basuras, no está recaudando de más: está velando para que usted proteja el medio ambiente.
Cuando vende empresas públicas a entidades privadas para que las gestionen, el Estado está mirando por la calidad de los servicios y no, como algunos malpensados creen, malvendiendo el patrimonio que hemos pagado todos con nuestros impuestos. Desde luego, esto no lo hace para el lucro de unos pocos, sino por el bien de todos.
Cuando no controla los precios de la energía y aprueba leyes que desaniman a utilizar energías renovables o impiden el autoconsumo, no está dificultando su calidad de vida ni beneficiando a empresas privadas: está protegiendo el medio ambiente y evitando que usted consuma de más. Cuando modifica las leyes que protegen a los trabajadores, ninguneando la acción de los sindicatos o proporcionando herramientas a las empresas para facilitar el despido libre, el Estado está aumentando la productividad y fomentando un empleo de mejor calidad; por supuesto que no está —como esos «criminales» sindicalistas dicen— fomentando el trabajo precario y rebajando a los trabajadores a la categoría de esclavos. Podría seguir poniendo ejemplos, pero creo que queda bien claro por dónde voy. No subvenciona a sindicatos afines para que sean herramientas del Estado y a para colocar a amantes de las gambas y lacayos, es solo para proteger sus empleos y evitar que su empleador se arruine y le despida.
Cualquier Estado o entidad legisladora, sea cual sea —como cualquier entidad que emane del dinero—, no es otra cosa que una extensión del entramado sutil diseñado para controlarlo a usted y al resto de quienes se someten a dicho control. Es una poderosa herramienta de de represión, fundamentada en el miedo y la violencia. Porque amenazar con quitar la libertad o meterle la mano en el bolsillo si no se porta bien es violencia, sobre todo cuando resulta muy difícil hacer algo sin quebrantar una de las miles de leyes que el Estado ha creado para usted y su seguridad.
Todavía quedan muchos (seguramente la mayoría, ya que de otra forma no se entiende) que piensan que el Estado emana de la voluntad popular y no de los poderes económicos. Deberían hacerse una sencilla pregunta: ¿qué hace que los candidatos consigan el apoyo necesario para ocupar cargos en el poder?
Hay tres respuestas posibles:
Su carisma.
Los votos.
Las campañas electorales.
La respuesta es compleja, pero cualquiera de las tres implica un elemento explícito o subyacente: el dinero. Una persona puede ser muy competente y tener mucho carisma, pero si no se da a conocer, no la votarán. Si la votan, habrá otros candidatos que tal vez tengan más apoyo económico; no importará que sean peores, ya que una campaña electoral bien regada con el dinero de intereses económicos tendrá siempre ventaja.
Que este sistema tan corrupto se haya mantenido durante tanto tiempo es un enigma que nadie tiene interés en despejar. Son bien sabidas las muchas estrategias desarrolladas por el Estado para prevalecer; las estamos viendo actualmente. Podemos y Ciudadanos, o los grupos independentistas, son disidencia controlada, cada uno sirviendo a unos intereses concretos. Cuando algo huele muy mal, se pone un ambientador que enmascare el hedor, pero la mierda sigue estando ahí.