Translate

lunes, 3 de diciembre de 2018

VOX el lado oscuro de la furza

 La energía en el universo tiende a  buscar el equilibrio. Cuando nace una fuerza, otra de signo contrario y de poder equivalente aparece para restablecerlo. De esta forma se  mantiene la armonía  de las cosas en la naturaleza; yo diría que es parte de su  belleza salvaje. En la política sucede más o menos lo mismo. Cuando una fuerza política cae en el  extremismo, otra de la misma fuerza y signo contrario aparece para oponerse. Así pues, se pude afirmar que Vox es la consecuencia del abono pestilente excretado por las fuerzas extremistas de izquierda; esos que nunca asimilaron que perdieron una guerra que ellos mismos empezaron. Se repite la historia con actores diferentes, pero es la misma escena. Parece que, de la misma manera que el orden natural se rige por ciclos repetitivos, lo haga también la escena política; diferentes actores pero misma obra macabra en la que la mayoría estamos inmersos, como actores secundarios y pusilánimes. 

Pero entrando en la realidad de las cosas y alejándolos un poco de las metáforas; hablemos de Vox y de su espectacular auge en las urnas andaluzas. Este partido político, populista y demagogo, tiene ideas que no son del gusto de muchos, pero es una opción tan respetable como las ideas de los secesionistas, los que quieren la vuelta a la república o los que quieren imponer un régimen bolchevique. En democracia, todas las ideas son respetables, pero es el pueblo el que decide cual es válida y cual no. Así es la democracia, o al menos eso pensábamos antes de que algunos la entendiesen de otra manera. Porque para algunos, la democracia solo es buena si triunfan sus ideas u opción política, en caso contrario ya no lo es tanto. Tan mala es en esos casos,  que se sienten legitimados para intentar ganar en las calles lo que no han ganado en las urnas, algo que siempre trae malas consecuencias. Se retratan así estos supuestos demócratas, que curiosamente se jactan, no solo de ser los más demócratas del mundo mundial, sino de estar en posesión de una superioridad moral indiscutible. Estos mismos, que nada más saberse el resultado de las elecciones andaluzas, como antaño, llaman a luchar en las calles contra un supuesto fascismo de derechas, que no es más que su imagen reflejada en el espejo. Son muy hipócritas al no reconocer que son ellos los auténticos fascistas, al menospreciar a parte de la población, insultándoles y tratándolos de idiotas. Ellos no han reconocido ni uno solo de sus errores, como basar sus campañas electorales en el miedo al enemigo, en vez de plantear soluciones a la gente. Tampoco la tremenda contradicción que supone defender la unidad del país cuando el presidente de tú partido está aliado con aquellos que pretenden destruirlo, solo  para poder permanecer en el poder.


Era todo un poema de tragedia griega el rostro de Susana Díaz, vapuleada por un pueblo harto de tanta corrupción y palabrería barata. La reina de la vacuidad fue destronada por su mala gestión, por su pertenencia a un partido político incoherente y presidido por un tipo mentiroso y acompañado de un séquito de inmorales, que evaden impuestos y mienten. Las cosas son así Susana, y debes marcharte y respetar la voluntad del pueblo. Así es esta democracia imperfecta, que permite el engaño del pueblo durante años. Pero todo tiene un límite y se ha rebasado con creces.

Quizás dentro de muchos años, la gente estará preparada para ser demócratas de verdad y poder intervenir en la gestión de los recursos, la planificación de las ciudades y todas aquellas cosas que le atañen, sin representantes que conviertan su sentido común en pura estupidez y ambición personal. Hasta entonces, tendremos que esperar años para que un gobierno corrupto caiga, para evitar que un presidente usurpe la voluntad popular con engaños y no tenga consecuencias. Cuando llegue ese día, recordaremos con vergüenza estos días de circo político y luchas fratricidas por el poder. Quizás entonces llegaremos a ver personas que dediquen su tiempo a la política, sin perseguir las riquezas y la gloria del cargo, solo sirviendo  al pueblo, mejorando su bienestar igual que el suyo propio, sin pedir más de lo que se pide en un buen trabajo.

martes, 20 de noviembre de 2018

Odio desde los altares de las iglesias catalanas.


Parece que lo que quieren los curas catalanes es volver  al pasado, a aquellos tiempos gloriosos en los que la iglesia influía en las decisiones políticas, tiempos de la inquisición, donde decidían quienes estaban poseídos en función del volumen de sus bolsas de oro y tierras. Si ya es bastante desafortunada la decisión de apoyar el nacionalismo, que es lo mismo que ir contra la democracia y las leyes, más lo es desobedecer la propia doctrina de de Jesús. Porque habría que recordarles, a estos hipócritas,  que Jesús nació en un país invadido, pero él nada dijo de los pueblos o los países, él solo habló de las personas y del amor. Tampoco dijo nada de sus asesinos, los romanos a los que perdonó,  y por supuesto, mucho menos se metió en política; quizás  solo aquella vez que expulsó a los mercaderes de su iglesia. 

Hace ya mucho que la iglesia de Cristo no es la iglesia de Jesús, sino del Banco Vaticano, sus intrigas  y sus secretas cuentas en Suiza. Me pregunto si el Santo Padre verá con buenos ojos la discriminación que hacen estos supuestos seguidores de Cristo en Cataluña, cuando les niegan la palabra a algunos por no comulgar con sus ideas políticas o hablar en español.

Retumban en los altares las malditas palabras del  poco honorable President, esas que escribió en un panfleto y que puso como título “plan 2000”,. Entre otras cosas  decía “El catalanismo debía infiltrarse en todos los aspectos de la vida de los catalanes, incluso en la religión”. Y vaya si lo ha hecho. Hasta tal punto se ha cumplido los mandatos del panfleto, que muchos curas son todavía más radicales que su maestro, a la hora de expulsar de sus iglesias a los feligreses que no comulgan con el nuevo credo nacionalista. Gente tan culta acabando presa de ideologías del siglo XX, causantes de dos guerras y millones de muertos. Que tremenda contradicción.

Eso si,  los curas  catalanes si han cumplido con su mandato divino. Han perdonado, y no solo perdonado, sino que se han aliado con los que defienden los mismos ideales que llevaron a algunos a prender fuego a sus iglesias con ellos dentro,  a los que una vez justificaron que se llenaran  las paredes de sangre de  curas en las  oscuras noches de las checas.  No solo los han perdonado, sino que los apoyan en su lucha contra la mitad de la población no nacionalista. Alientan el incumplimiento de las leyes, rezan por los políticos presos, lanzan soflamas nacionalistas desde sus púlpitos y adornan sus iglesias con churros amarillos y cubanas, cubanas en los campanarios de unas iglesias que ya no son de todos. 

¿Es la doctrina de Jesús fomentar el separatismo y el odio entre hermanos desde su iglesia?  

lunes, 5 de noviembre de 2018

Las nuevas pero viejas enfermedades mentales


Cordyceps unilateralis es el nombre en latín  que recibe un  hongo, que  tiene la macabra habilidad de convertir a las hormigas carpintero en zombis. Se trata de un hongo parásito capaz de adherirse a las fibras musculares de la hormiga, haciendo  que esta se convierta en zombi, vamos, muertos andantes. El parásito, no solo toma las funciones motoras de la desdichada víctima. La habilidad más notoria del hongo, es que en poco tiempo se hace con el control del sistema nervioso central de su víctima, de forma que, una vez infectada, la hormiga carpintero deja de hacer sus labores cotidianas y trabaja para el huésped. De alguna manera que todavía se desconoce,  un simple hongo,  hace que la  hormiga carpintero abandone el nido y busque  un lugar oscuro debajo de la hojarasca, donde las condiciones de  luz  y humedad sean propicias para el desarrollo del parásito.  La hormiga, contra su voluntad, muerde entonces una hoja con todas sus fuerzas una hoja,  y queda atrapada por sus propias mandíbulas. Finalmente,  después de una agonía, que puede durar una semana o más, en la que el hongo va creciendo e invadiendo su cuerpo lentamente, muere. Después, de su cabeza brota entonces el hongo para esparcir sus esporas,  como un estandarte de victoria. De esta forma  comienza un nuevo ciclo vital,  contaminar a otras desdichadas hormigas que pasen por allí.  Por suerte, este hongo, que se sepa, no afecta a los humanos, de momento.             
En cambio, el  venenum gentem, si es una enfermedad que afecta a los humanos, y que lleva varios años causando millones de muertes y destrucción en todo el planeta. Sus síntomas empiezan al escuchar propaganda de sujetos infectados. Una vez contaminados, sus  cerebros se vuelven mantecosos y empiezan a oler mal. En ese momento se pierde la percepción de la realidad y esta queda completamente trastornada. Para el afectado, todo lo que no esté relacionado con la enfermedad,   se convierte en una grotesca amenaza. Al mismo tiempo,  comienza a decir disparates y a difundir propaganda, la misma que a él le infectó.  La enfermedad afecta por igual a viejos y jóvenes, gente de toda condición social pude adquirir esta terrible enfermedad.   No se sabe muy bien si es un hongo o una bacteria, el caso es que  acaba destruyendo la sensatez y el buen juicio, llevando al infectado a su propia autodestrucción en forma de obsesión enfermiza.

Otra enfermedad similar que afecta a los humanos, que está en pleno auge y que es bastante antigua, es el Communismi socialismi et populism. No difiere mucho de la anterior en cuanto su origen y forma de propagación, aunque en esta ocasión, la enfermedad se aprovecha de la debilidad de las  defensas  intelectuales,  especialmente de la necesidad que crea la pobreza, generalmente causada por los mismo infectados cuando acceden al poder político.   La propaganda, fuente primaria de la enfermedad, en esta ocasión es más virulenta, ya que cuando acceden al poder, también suelen infectar profusamente a los medios de comunicación, hasta el punto de convertirlos en zombis que difundirán su propaganda.  En los infectados  por esta terrible enfermedad, se crea una terrible obsesión que se traduce en querer controlar todos los aspectos de la vida, tanto de los sanos, como los infectados. Persiguen la uniformidad de ideas y que todos seamos iguales, no que todos tengamos los mismos derechos, eso es de gente sana.

Cuando en un sujeto se ve afectado por venenum gentem  y  Communismi socialismi et populism,  éste termina por adquirir el síndrome del   nationalis socialismi, la cepa más virulenta de este grupo de enfermedades que afectan al cerebro.  En este caso, los afectados quieren que todos acaben enfermos, y los que son inmunes a la enfermedad muertos. Hay que estar muy atento a los síntomas, ya que no se detecta fácilmente la enfermedad cuando está en sus fases iniciales.  Algún comentario en cuentas de redes sociales, símbolos o banderas, pueden alertarnos de un grupo de este tipo enfermos. También hay que tener mucho cuidado de subestimarlos,  ya que la enfermedad no les arrebata sus facultades mentales. Por el contrario, su obsesiva necesidad de hacer que todos nos sometamos a su voluntad, hace que se suelan juntar en organizaciones muy bien estructuradas, donde aúnan esfuerzos y recursos para transmitir la enfermedad al mayor número posible de personas.

Por suerte, todas estas enfermedades tienen varias vacunas, el sentido común, la ciencia, la razón, la ética, la moral y la filosofía. Además de todas estas, está la más importante, leer la historia real y la que está contaminada por la enfermiza mente de los afectados. Ninguna de estas enfermedades ha causado beneficio alguno a la humanidad, y si lo ha hecho ha sido efímero y seguido de guerras y sus muertes. Saber que estas son enfermedades y no ideologías salva patrias, es la mejor forma de inmunizarse. Tómense  una cucharadita de sabiduría cada día, y estén seguros de que no le afectará ni tendrán que sufrir los síntomas totalitarios de estas enfermedades.

miércoles, 31 de octubre de 2018

Disentir será delito.


Hay  indicios que  dan pie a pensar que quizás, solo quizás,  un plan estratégico se está  llevando a cabo, un plan urdido por una élite, la que ostenta el poder mundial  en las sombras y que domina las finanzas de todo el mundo.  Se trata, como no, de  una conspiración a gran escala. Una conspiración,  que en esta ocasión, va dirigida a conseguir la homogenización de las ideas, el pensamiento único; en definitiva, acabar con la disidencia a  la oficialidad. Sería una  parte ineludible de un plan maestro, destinado al dominio total del ser humano consistente en el llamado nuevo orden mundial. Es algo siniestro,  anular el sentido crítico y el  libre albedrío, la  única forma de resistencia contra la opresión y la esclavitud planeada  por los conspiradores.
¿Les parece una idea extravagante, insólita e imposible?  Pues no sé de qué se extrañan. Los libros de historia están plagados de enfermos mentales, sedientos de poder, sátrapas, cuidillos, emperadores y reyes que han pretendido el poder absoluto  utilizando las  conspiraciones como medio para obtenerlo. Esos mismos libros están plagados también de personajes que ansiaban  la dominación total sobre su mundo conocido; y no eran personajes de ficción. ¿Qué les hace pensar  que no existen en nuestros días o que han abandonado estas malas artes o sus deseos de dominación? Hoy cómo en el pasado, el poder se sigue forjando a base de conspiraciones. Y ya saben, para qué una conspiración sea efectiva, no debe ser desvelada, debe permanecer oculta, sino no sería tal cosa. Y creo que es obvio, que la  mejor forma de ocultar algo así, es a la vista de todos. Parce una contradicción, pero es así. Cuándo se quiere hacer algo de forma que no levante sospechas, es mejor que tenga la forma de lo absurdo, de algo que parezca imposible, así pasa inadvertido y sorprendes a tú adversario con la guardia baja,  no se dará cuenta de lo que se le viene encima hasta que es demasiado tarde. Nadie podría creer que aquello era verdad. Los que hacen esto conocen  bien la técnica de la rana cocida a fuego lento para que no salte de la olla, imitan también a las  personas afectadas por el síndrome de Münchhausen, esas que administran venenos a sus seres queridos para que estos dependan de ellos y puedan curarlos. Es decir, crean problemas para crear la necesidad de gente a que alguien los resuelva, así nos presentan sus soluciones que aceptamos de buen grado, o mejor dicho, se  las pediremos a gritos. 

Si nos fijamos en lo que está ocurriendo en la sociedad, respecto a temas como la violencia de género, la libertad sexual o el cambio de paradigma, respecto a las tradiciones o la cultura popular, el cambio climático, etc.  Nos daremos cuenta de un hecho curioso, todos  medios de comunicación influyen y lo hacen de forma coordinada, en  que parece una estrategia  para crear corrientes de opinión convergentes. Dicho de otra manera,  los medios de comunicación de masas, salvo los independientes, que quedan bien pocos, actúan en  una estrategia planificada,  en lo que parece ser la consecución de la homogenizar la opinión pública en una dirección única. Lo hacen  también, que intentar ir contra estas corrientes, es exponerse a insultos o calificativos tales como  facha, machista, racista, xenófobo o homófobo o otros improperios, solo por ir a contracorriente. Y no son los medios de comunicación, las autoridades o la justicia, de momento, las que te acusarán, sino, tus compañeros de trabajo, algunos amigos y puede que hasta miembros de tú propia familia; hasta este punto hemos llegado. La tendencia, es que la divergencia sea penada con leyes que pediremos nosotros mismos, y que aceptaremos  cómo hemos aceptado muchas otras antes. Leyes injustas o absurdas, cómo la ley de la memoria histórica y otras similares, que atentan directamente la libertad de pensamiento u opinión. Llegará un punto, que cuestionar la historia, previamente revisada y adaptada, será un delito. Llegará un día que disentir podría ser causa para que a uno le sometan a un proceso de reeducación o lavado de cerebro.    Oponerse al movimiento LGTBI, que  pretenden que veamos normal lo que no es, contra el feminismo radical, que pretende infundir terror y crear una guerra sexos o contra los destructores de la cultura popular, será delito, y sino al tiempo. 

jueves, 25 de octubre de 2018

Demagogia


La demagogia, como muchos saben, es una práctica utilizada por malos políticos, sobre todo por aquellos dispuestos a pagar cualquier precio por o alcanzar el poder y mantenerse en el, sin importarles las consecuencias que pueda tener para el pueblo o para ellos mismos.
Mentir compulsivamente, tratar al pueblo como si fueran niños, hacen ver que todo va bien cuando se avecinan desastres, realizar acciones que a corto plazo pueden funcionar, pero que a la larga provocan grandes perjuicios, estas son algunas de las prácticas de los políticos que han fulminado países enteros y llevado a sus habitantes a la ruina. Y no es de extrañar, ya que la demagogia es un síntoma más de una una enfermedad mental, que además se manifiesta con otros síntomas, como los delirios de grandeza, la megalomanía, la mitomanía, el narcisismo y el egocentrismo. Si juntamos todo esto y añadimos un poco de inteligencia para la manipulación, tenemos un psicópata que esconde un único objetivo, él mismo.
Resultado de imagen de demagogia
La demagogia es una forma perversa de gobernar, que aporta solo resultados nefastos, tanto para los políticos que la practican, como para el pueblo que las sufre. A pesar de ello, todavía hay una masa ingente que mantiene a estos políticos en el poder con su voto inconsciente. Con la demagogia, al final todos acaban perjudicados, aunque siempre, en mayor medida el pueblo en general, que puede verse arrastrado por la ideología del demagogo y cayendo en sus mismas contradicciones y miserias morales.
A pesar de conocer sus resultados, hoy en día, los parlamentos de todo el mundo están plagados de demagogos irresponsables, que asumen puestos de relevancia política con el objetivo de hacer realidad sus ambiciones personales, en vez de servir al pueblo y gestionar sus recursos. Se trata pues de un mal endémico de una sociedad a la que le queda mucho por aprender, sobre todo en lo que se refiere al bien común y a la democracia, incapaz de excluir a estos enfermos, tan perjudiciales, de las instituciones y puestos de relevancia política, empresarial o financiero.
Entre principios del siglo XX y hasta hace poco, era más común la práctica de la demagogia por parte de algunos políticos, de la llamada derecha. Ahora, esta práctica se ha extendido y se hace más evidente entre los políticos, de la llamada izquierda. Es lo que se ha dado en llamar populismo, un cóctel realmente tóxico y reaccionario, no tanto por la ideología en sí, que al fin y al cabo, no es más que una etiqueta voluble, sino por el corte totalitario, que apenas se preocupan de ocultar detrás de sus discursos, plagados, como no, de demagogia.

jueves, 4 de octubre de 2018

El germen de la viloencia colectiva


La violencia en grupo o colectiva, es un fenómeno que sigue creciendo en pleno siglo 21con las consecuencias que todos conocemos. Al contrario de lo que muchos creen, la participación de las personas en este tipo de violencia, no depende del estatus social o la educación, tampoco de la edad ni de del sexo, si siquiera de ninguna causa concreta. La violencia colectiva es un medio de terror que se utiliza para fines de control social, y por tanto interesa que sea indiscriminado. No es algo que pertenece a la naturaleza humana de forma natral, es inducida.

El individuo que participa en esta violencia,  se ve inmerso en ella sin conocer las causas reales por la que está allí. Se vuelve violento, influenciado por una serie de factores que escapan a su comprensión, entre los que destaca la presión  del grupo, que a su vez ha podido ser creado por intereses oscuros, sin que, ni siquiera los líderes de esos grupos lo sepan. Lo podemos ver en manifestaciones políticas, huelgas, protestas estudiantiles y en eventos deportivos, donde un colectivo parece volverse loco y arremete contra el mobiliario urbano o se enfrenta a la autoridad de forma extremadamente violenta. Son acciones que el individuo no haría  jamás en solitario, sin estar  arropado por el grupo.
Hay muchas películas que puede hacer comprender el fenómeno, pero especialmente una.   “El señor de las moscas” es una película de 1990, dirigida por Harry Hook e  inspirada en la novela de Willian Goldig con el mismo título. En ella,  chicos muy bien educados en colegios ingleses, acaban convirtiéndose en salvajes sedientos de sangre y poder,  llegando a la última consecuencia, el asesinato colectivo.  Algo que llama mucho la atención, tanto en la película como en la realidad, es qué, pese a que el individuo, en todo momento, tiene la decisión de apartarse del grupo o de intentar parar la violencia, no lo hace; muy al contrario, actúa como un animal enloquecido sin sentimientos, mostrando una naturaleza gregaria e irracional, más propia de miembro de una manada de caza que de una persona cabal.
Este tipo de violencia grupal es muy peligrosa, ya que las personas que se dejan arrastrar por ella pueden llegar, como hemos visto muchas veces,  a causar la muerte de otros grupos de personas. El odio irracional que se desata en estas situaciones, se asemeja a las hienas salvajes inmersas en un festín de carne, un aquelarre de bestias que no parecen humanas. Se puede observar  que algunos, se muerden la lengua y que sus ojos están inyectados en sangre, lo que manifiesta una actitud asesina y un sentimiento de odio extremo. Lo curioso es que ese odio no obedece a nada racional ni, necesariamente, a una agresión previa o provocación. En el tema político o deportivo, basta con tener ideas discrepantes o ser de otro equipo, para que los  exaltados inicien una trifulca. Normalmente, la agresión empieza siendo verbal, pasando de las palabras a los hechos y desatando el animal que todos llevamos dentro, con las consecuencias que ya sabemos.
 
La pregunta es ¿Cuál es el germen  causante de que una persona, educada, cariñosa, que en su vida normal es amable, y comedida, acabe   ejerciendo la violencia en grupo?
Para llegar a este extremo, deben haber pasado un proceso de lavado de cerebro previo que les inhiba  la razón y la lógica. Es necesario sustituir estos valores  por la creencia firme de ser poseedores de una verdad absoluta creada para el grupo . En ese momento, es cuando se desinhibe cualquier barrera mental y se abandona el sentido común, dando paso al animal y generando el odio necesario para cometer atrocidades a sus semejantes.
El proceso de convencimiento o adoctrinamiento para la desinhibición del raciocinio, es complejo y tiene gran similitud con métodos bien conocidos, como sería el utilizado para  convertir personas en soldados obedientes y disciplinados, capaces de empuñar armas y asesinar a sus semejantes. Esto se realiza en varias fases y es el resultado de un proceso de ingeniería social muy estudiado, elaborado y complejo.
  
  1.  Lo primero que se necesita es una serie de valores y creencias, que pueden ser falsos o no; eso no importa. La cuestión es que el sujeto se identifique con ellos  y  los asimile como algo propio.
  2. El apego a esas ideas debe ser fuerte, lo suficiente para que su pérdida, en parte, suponga la pérdida de su propia identidad como persona.
  3. Estas ideas serán inculcadas o difundidas por líderes o representantes con carisma, siempre fanáticos y convencidos de estar en posesión de la verdad absoluta.   
  4. Las ideas irán siempre acompañadas de un  simbolismo atractivo que las identifique a estas y al grupo en sí. 
  5. Los seguidores de esta simbología tendrán un nexo de unión, pudiendo ser  una serie de características comunes a las personas que pertenezcan al grupo; país, idioma, forma de andar, color del pelo. Cualquier cosa vale como factor diferenciador del resto. El objetivo será crear una dualidad entre ellos y nosotros y una identidad única.
  6. Estos símbolos  serán exhibidos con orgullo por los miembros del grupo, ya que los representan a ellos, a su grupo y a sus ideas comunes.  
  7. Una ofensa a estos símbolos, supondrá una ofensa al grupo, por ende también a las personas que lo integran y a sus líderes.
  8.  La defensa de los símbolos, los valores o ideales inculcados, se convierte en un bien preciado que debe ser defendido, si es necesario con violencia.
  9. Nada de todo lo anterior sería posible si no existiesen enemigos. Así que, una vez creada la dualidad y la identidad única inconfundible, hay que buscar enemigos que pretendan la destrucción del grupo o de sus fetiches. Si no los hubiese se invitarán, ya que de otra manera el grupo no tiene razón de ser, pues  ya que no existiría esa dualidad de la que he hablado antes. 
  10. Estos enemigos deben ser lo peor y presentados como culpables de todas las desgracias que le ocurran a los miembros del grupo. En cualquier caso, debe ser contra puesto a todo lo que el grupo representa. La creación del enemigo tiene, también, la finalidad de crear miedo, algo tremendamente importante para la cohesión del grupo.
  11. Cuando el individuo ya depende del grupo para dar sentido a su vida, comienza a desatender los valores morales universales, la razón y la ética más elemental. A partir ese momento, el individuo ya no confronta ideas o escucha a personas que no pertenecen al grupo. Ya  no piensa por sí mismo y su fe es ciega e inquebrantable. No importarán los argumentos o razones que demuestran su equivocación, él y el grupo al que pertenece  está en la posesión de la verdad. Esto, en el fondo lo convierte en in ser gregario y dócil, pero ya no es consciente de ello.
  12. Llegado este punto, el individuo está en disposición de convertirse en un soldado obediente, sin embargo, todavía puede dudar de actual con violencia. Para acometer actos violentos,  debe estar sometido al miedo o a la amenaza, sea ficticia o no. Si los líderes han hecho su trabajo, ese miedo habrá sido inducido a través de la falsa idea del enemigo amenazador. El enemigo será odiado profundamente y crecerá el deseo de exterminarlo para evitar que  destruya al grupo. En ese momento, el sujeto estará casi  preparado 
  13. Por último, convine que el individuo pierda toda auto estima, cediendo su libertad a las decisiones del grupo. Esto se consigue a través de mensajes que minan su resistencia. Si estás fuera del grupo no eres nadie. Si no estás con nosotros estás contra nosotros. 
Al final de este proceso, el individuo pierde la libertad y la razón, siendo capaces de acometer actos violentos. No lo hará por ser un valiente, sino todo lo contrario, por ser incapaz de enfrentarse a si mismo.