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miércoles, 28 de septiembre de 2011

Las corridas de toros y la hipocresía del nacionalismo catalán


Aunque ya hace tiempo que se promulgó, entra ahora en vigencia la ley que prohíbe las corridas de toros en Catalunya. Personalmente, no estoy a favor de este espectáculo, pero tampoco a que se prohíba.
Lo paradójico de esta prohibición es que, si se aplicase en todas partes, es decir, se acabase con la cultura del toreo, se acabaría con el derecho a la vida del toro bravo, pues el toro bravo, nace y crece para y muere para el toreo; sin él no tendría razón de existir. A partir de ese momento, donde se prohibiesen todas las corridas de toros, solo podríamos verlo en algún zoológico, como muchos otros animales a los que hemos privado del derecho de vivir en libertad. De paso, y puestos a prohibir, probaríamos del derecho atrabajar, como se ha hecho en Catalunya, a las miles de personas que viven de esto, por no hablar de toda una cultura y arte derivada de este mundo del toreo. Son consecuencias directas de prohibir sin pensar en las consecuencias.
Los principales instigadores de la prohibición, según dicen y que todos sabemos que no es así, son los defensores de los derechos de los animales. Según ellos, el toro sufre públicamente, y eso es una aberración. Pero estos mismos defensores de los derechos de los animales, callan clamorosamente cuando se sientan delante de un buen filete. Quizás es que no son conscientes del maltrato animal que sufren las reses de las que procede el filete que se están comiendo. Unos animales, que desde el minuto uno de su vida hasta el final de la misma, han sufrido maltrato. Después de una vida encajonada, privados de la luz del sol y comiendo los restos de de sus compañeras de establo ya fallecidas, prácticamente son despellejadas y destripadas vivas. Claro que esto no se hace a la luz del día y con público. Quizás si se le diese la oportunidad a estas reses de matar al carnicero, también esto sería una aberración y se prohibiría tal maltrato.

Aviso Imágenes no aptas para gente sensible


 Y ahora comparen




Por contra al ganado vacuno, el toro bravo tiene una de las mejores vidas que se puede otorgar a un animal criado por el hombre. Vive en libertad absoluta hasta el momento de entrar en la plaza, rodeado de hembras y en extensiones de terreno que podría envidiar cualquier persona de ciudad. Alimentado con los mejores pastos y mimado como un rey, para acabar su vida con una muerte que muchos desearía; una lucha en que tiene la posibilidad de acabar con su agresor, incluso de ser indultado y vivir hasta su muerte como un semental. Y quien diga que esta lucha es desigual y que el toro siempre tiene las de perder, que se meta en una plaza armado con una trapo y una espada, a ver si es verdad.
Pero dejemos de darle vueltas y argumentar algo que le sobran argumentos, para definir de donde parte esta prohibición, con que motivo y sus consecuencias. Esto no es una prohibición para evitar el maltrato animal, sino una reafirmación de carácter nacionalista catalán para desvincularse de todos los símbolos que representen la identidad española. Una prohibición que acaba de un plumazo con muchos puestos de trabajo, directos e indirectos, y que costará varias decenas de millones de euros en indemnizaciones que irán a cargo de la maltrecha economía catalana. Una economía que ha visto como el anterior gobierno, precursor de esta y de otras tantas prohibiciones, ha dejado en banca rota.
Quizás los amimalistas, ahora que se tiene que rascar los bolsillos para pagar más impuestos y ven como la sanidad pública es recortada, se volverán realmente vegetarianos y se la mentarán de firmar cosas sin pensar en las consecuencias que tal firma pude representar para sus bolsillos. Porque señores, el nacionalismo, a parte de ser una profunda estupidez en un mundo cada vez más globalizado, sale muy caro. Tanto que si el gobierno catalán de Artur Más dejase de otorgar subvenciones para doblar películas al catalán, cerrar las embajadas, dar sueldos vitalicios a los ex-presidentes o gastarse millones de euros en promover el catalán por el mundo, quizás ahora no tendría que quitarle la paga extra a los funcionarios, o cobrar por la visita del médico, o retirar las subvenciones a los geriátricos, entre otras lindezas.
Yo hubiese incluido en en la petición de firmas que se hizo para abolir las corridas de toros en Catalunya, una clausula en la que el firmante se comprometía a pagar todos los gastos que eso conlleva, de esta manera estoy seguro que muchos hubiesen pedido al que pedía firmas que se la metiesen por ya saben que sitio. Como esta clausula no está, pues bueno, ahora le toca pagar a todos los demás; es una muestra más de como funciona esto que llaman democracia y lo caro que sale en nacionalismo.      
lo lógico sería que esta fiesta como la llaman, como otras  antiguas tradiciones aberrantes, vayan desapareciendo con la evolución del ser human. Con prohibiciones, que lo que fomentan son odios y lucha, el enfrentamiento de unos contra los otros para beneficio de los de siempre,  que se aprovechan de este y otros asuntos, para sacar tajada política y pastorear a un rebaño enfrentado, que de otra forma, si estuviesen unidos, verían su mezquindad.