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viernes, 7 de diciembre de 2012

La justicia no es ciega


Una de las premisas fundamentales para que exista un estado de derecho o una democracia, es que exista justicia. Pero la justicia debe cumplir también con ciertas premisas, debe ser completamente independiente del poder ejecutivo, diligente y rápida en sus actuaciones, y sobre todo, debe ser justa, valga la redundancia. Una justicia lenta no es justicia, y mucho menos si está infiltrada por cualquier otro poder del estado; y eso es lo que sucede hoy en España. Un país en que la picaresca se ha institucionalizado y los pícaros ya no rondan los barrios pobres y suburbios, se han profesionalizado y se instalan en el parlamento. Mentirosos, vagos y maleantes disfrutan de cómodos sillones mientras mienten, estafan al pueblo y corrompen todo, hasta  la justicia. Han sido ellos los que han hecho de la justicia de este país un cachondeo, los que han removido los cimientos de esta institución para convertirla en una herramienta de sus intereses. Gracias a la intervención de sus señorías, ha perdido el poco prestigio que le quedaba, pro en buena también gracias a la colaboración necesaria de algunos jueces, que obedecen sin oposición, ya sea por interés personal o afinidad política, a los caprichos del poder. También por dejación de sus funciones, por colaborar en decisiones políticas, sentencias arbitrarias o cambiar de parecer según soplen los vientos del dinero.

Recientemente, fue llamado a cumplir pena de siete años, un extoxicómano rehabilitado, con familia y un trabajo estable desde hacía años. Su delito fue pasar una papelina muchos años atrás. Dadas las circunstancias, cualquier sistema justo hubiese considerado enmendadar este delito, otorgando un indulto; pero no fue así. Y mientras esto sucedía, banqueros que han llevado a la ruina a mucha gente, políticos corruptos o traidores al estado, disfrutan de los beneficios obtenidos ilícitamente de sus tropelías en libertad,  o siguen en sus privilegiados cargos públicos. Otros, que incumplen leyes, se niegan a acatarlas, pero que disfrutan de todas las ventajas de su posición y sueldo, siguen ahí también. Y otro caso sangrante es el de aquellos mossos d'escuadra, que delante de las cámaras de seguridad de la comisaría le dieron una terrible paliza a un ciudadano. Fueron condenados a varios años de cárcel en primera instancia, suficientes como para entrar en prisión. Pero e te aquí, que un sentencia de apelación, un juez,contra todo pronóstico, acorta la pena para evitar que los delincuentes confesos entren en prisión. Pero no contentos con eso, fueron pocos los días en que tardo el gobierno en darles un indulto, completamente injusto y fuera de lugar.

Muchos ingenuos pueden pensar que estos casos son pequeñas fisuras en el sistema, pero su notoriedad da buena cuenta de la justicia que quieren. Una justicia que ya no es igual para todos, y que depende del dinero que tengas para pagarte un abogado o de la posición social que ocupes. Algo huele a podrido en todo esto. Día a día se ve como evoluciona, en que sentido lo hace y a donde va. Cierto que sería una falacia e injusto afirmar que estos tres casos que expuesto son una prueba fehaciente, pero hay muchas más,y no cabe ninguna duda, que es un hecho la infiltraciónque sufre la justicia de los poderes del estado. Querer una justicia de pago se suma a los claros signos de totalitarismo y de indefensión frente al poder. Leyes que se ponen encima de leyes, normas que evitan la acción judicial, como en el caso de las multas automáticas, donde ya se prescinde del juicio y del sentido común del policía, para que sea una máquina y un entramado informático el que te juzgue sin consideraciones. Las llamadas multas preventivas, por lo que pueda pasar eres culpable.
Años atrás, la delincuencia era mayor, había más hurtos y delincuentes, seguramente debido a ciertas drogas que el poder promovió en los sesenta para derribar un movimiento político incómodo. Ahora de eso ya no hay, pero el precio que estamos pagando es la perdida de la libertad. Nos quieren hacer vivir en un mundo feliz de buenos trabajadores, mejores consumidores. No es el mundo feliz como a ti te gustaría, sino el mundo feliz de Aldous Huxley. Una sociedad previsible, adoctrinada y controlada hasta en sus más ínfimos detalles por el poder; donde el ser humano deja de serlo para convertirse en un número sin alma ni pensamiento propio. Es una fase más del nuevo orden mundial, que queramos o no, están imponiendo.



Fuentes: