Translate

sábado, 25 de mayo de 2013

Las nuevas armas de destrucción masivas, pero ¿Quien las utiliza en realidad?


Ya ha pasado mucho tiempo desde que no escribo ninguna cosa, y no es por falta de ganas sino por estar harto de ver que el esfuerzo es vano. La mayor parte de las personas están más preocupadas por sobrevivir en este mundo de locos que por intentar cambiarlo. Entre la crisis fabricada, las preocupaciones cotidianas y los entretenimientos creados para desviar nuestra atención, a hecho que vivimos arrodillados soportando los abusos del poder sin hacer nada. Esto es como pasar por este mundo sin haber dejado un solo vestigio de nuestra presencia. Y eso desanima bastante.

El motivo por el cual volví a escribir lo encontré en un artículo referente al uranio empobrecido utilizado en la guerra de Iraq y Bosnia. Al leerlo comprendí que debía decir algo para intentar, que al menos, algunas personas más se dieran cuenta de nuestra responsabilidad en todo esto. El artículo en cuestión demuestra el grado de cinismo e hipocresía que se alcanza cuando la ciudadanía renuncia a tener el control de sus gobernantes.


Todo el mundo recuerda bien el motivo que se utilizó para la invasión de Iraq. Todavía resuenan el los informativos de los medios de desinformación masiva aquella gran mentira de la presencia de armas químicas y nucleares en Iraq, algo que se demostró completamente falso. Ni los políticos ni sus voceros se disculparon jamás por mentir al mundo. Lejos de tener alguna consecuencia negativa para ellos, todos los que intervinieron en la trama gozan hoy de puestos relevantes y un estatus social alto. Algunos, como Aznar, todavía aspiran nuevamente al poder a pesar de ser un mentiroso y promotor de la actual crisis en España. Quizás porque en realidad no son tan inteligentes como se creen y viendo lo bien que les funcionó en su momento, han utilizado nuevamente la misma estrategia en Siria, como lo hicieron antes en Libia. Tengo la esperanza que después de todo lo vivido, ya todo el mundo sepa que tanto los atentados de las torres gemelas como otros atentados de falsa bandera, y la presencia de armas de destrucción masiva, no son más que mentiras pertenecientes a estrategias perversas para conseguir objetivos económicos, apropiarse de los recursos, y por supuesto, perpetuar un sistema que está convirtiendo nuestra vida en un infierno a costa de que unos pocos vivan en la opulencia más absoluta.
Pero pensemos por un momento, y aunque nos resulte molesto, en de las consecuencias de nuestra actitud pasiva frente a lo que está pasando. Analicemos hasta que punto somos culpables cada uno de nosotros por no actuar, el daño que se produce, las muertes que se ocasionan ahora y en el futuro, y si no hay motivos suficientes como para no plantarles cara a estos cínicos asesinos internacionales, porque si esta gente hace lo que le da la gana es gracias a nuestra pasividad.

Para empezar quiero exponer unas cuantas cosas sobre el uranio empobrecido. Aunque seguro que hay muchos que han investigado por su cuenta y saben la verdad de este veneno, para aquellos que no lo saben, el uranio empobrecido es el resultado del enriquecimiento del combustible nuclear utilizado en las centrales atómicas y en la fabricación de bombas nucleares. Por decirlo de una manera sencilla, es lo que queda después de extraer casi todos los átomos de material fisionable del uranio. Y digo casi, porque no todo el material fisionable, altamente radioactivo, se separa de este residuo. El uranio empobrecido, por su alta densidad, mucho mayor que la del plomo, tiene muchas propiedades interesantes para la industria de la muerte. Penetra blindajes y se inflama al impactar con el objetivo a gran velocidad. Pero su principal ventaja es que es muy barato, ya que como he dicho, es un residuo y además incómodo. Aunque no es un material muy radioactivo, su vida media, antes de degenerar en otros materiales no peligrosos, es muy larga; de millones de años. Por estas razones se puede afirmar que la utilización de este material da dos ventajas: por un lado mejora el armamento y por el otro se deshacen de basura peligrosa arrojándola en territorios lejanos.

La O.N.S y otros organismos oficiales dependientes de la élite se esfuerzan por convencernos de que el uso de este material es inocuo para el medio ambiente y la vida, pero lo cierto es que hay pruebas que demuestran estos informes están hechos siguiendo las directrices de sus amos.
Para empezar, el uranio empobrecido es un material radiactivo, con todas sus consecuencias. La radiación emitida no es muy potente y se aleja muy lejos del material. Pero esta misma radiación cuando actúa dentro de el cuerpo humano, en el interior de las células, puede tener los mismos efectos catastróficos que se tendrían con la exposición a materiales altamente radioctivos como el bario o el radio.
El uranio empobrecido que se utiliza en proyectiles, impacta contra el objetivo, inflamándose y convirtiéndose en óxido de uranio. Las partículas más pesadas de este material se depositan en el suelo y en el agua ra
rápidamente, pero las más finas y ligeras pueden permanecer en el aire un tiempo breve, siendo susceptibles de ser respiradas por animales y persona adhiriéndose a las paredes de sus pulmones y pasar el torrente sanguíneo.
Las partículas depositadas en terreno, las plantas y las aguas, pasan igualmente al organismo a través de la cadena alimentaria. En ambos casos, al no ser un material soluble en agua, permanece largo tiempo en los cuerpos. Una vez dentro del cuerpo, el uranio libera radioactividad, produciendo lesiones celulares graves que pueden derivar en cáncer, y en caso que la persona afectada sea una mujer embarazada, malformaciones genéticas atroces, como atestiguan estudios realizados por médicos independientes. Estas investigaciones han demostrado el incremento de la incidencia del cáncer en personas que residen en zonas bombardeadas por proyectiles con uranio empobrecido como Fallujad, y un espectacular aumento de casos de malformaciones. Así mismo, las muestras recogidas en los cabellos demuestran que las personas afectadas presentan una alta concentración de uranio. Teniendo en cuenta que el cabello humano crece a una velocidad constante de un centímetro por mes se ha determinado que en la fecha posterior a los bombardeos la acumulación de este material asesino era entre seis y diez veces mayor de lo normal.
Las dificultades que estos investigadores han tenido a la hora de hacer el estudio, el hecho de que el gobierno americano se niegue a dar las cifras de la cantidad de material empleado y los lugares donde se ha utilizado, nos da pistas sobre cual es el secreto que pretenden proteger. Pero por mucho que lo nieguen u oculten los hechos, lo cierto es que las pruebas de que el material utilizado en los bombardeos es la causa del aumento del cáncer y las malformaciones genéticas es incuestionable.
Y es que de casta le viene al galgo. Ya en la guerra de Vietnam, el famoso agente naranja, un herbicida producido por la que hoy es como la empresa multinacional más odiada del planeta, Monsanto, fue rociado por el ejercito estadounidense sin ningún tipo de control. El objetivo fue eliminar la frondosa selva que impedía a los soldados americanos encontrar a sus enemigos comunistas. El llamado agente naranja, no solo resultó nocivo para las plantas; el pueblo y los mismos soldados americanos, fueron afectados por extrañas enfermedades que derivaron en posteriores defectos genéticos en los hijos engendrados por las personas expuestas a este veneno,enfermedades que hoy sufren los vietnamitas.

No podemos permanecer más tiempo pensado en que vamos a hacer, hay que actuar y cambiar de actitud frente al poder. El secreto mejor guardado y que jamás debería ser desvelado por el peligro que entraña para la élite dominante está a simple vista, delante de nuestras narices; no son nada sin nosotros, sin nuestros impuestos, sin nuestra colaboración, sin nuestra obediencia a sus leyes opresoras. Insumisión, desobediencia civil y la no utilización de sus sistema bancarios acabarían con su poder en menos de un par de días, si solo un tercio de la población mundial se rebelase. Se acabó el tiempo de la inacción y la pasividad, es tiempo de revolución personal, desde cada uno. No hay ideas políticas, grupos sociales o organizaciones que no esté corrompidas por el poder, No os fiéis de ellas, solo de vosotros mismos y de vuestra percepción. Solo vuestra verdad es la buena, y si llegáis al punto donde yo estoy llegaréis a las mismas conclusiones.