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martes, 19 de junio de 2018

Vilanova i la Geltrú y su famosa alcalsesa

Con el dinero estafado por los parquímetros y los impuestos más elevados de la comarca, Vilanova i Geltrú bien podría haber sido el mirador del Mediterráneo, adornada con estatuas de bronce y paseos marítimos forrados de mármol veneciano. Pero gracias a la brillante gestión económica de sus corruptas administraciones, Vilanova i la Geltrú no es más que una insulsa ciudad dormitorio, fea y sin vida; una ciudad donde caminar o ir en bicicleta requiere de una atención especial, si no quieres acabar cayendo en algún socavón.
Sin arquitectura ni planificación, es de esos pueblos que nada tienen que ofrecer al visitante, más que playas sucias y mal cuidadas y donde ni siquiera puedes dejar el coche sin dejarte la cartera; un insulto a la vista.   Su alcaldesa actual, la ultra-nacionalista Neus Lloveras, no duda en gastar el dinero público robado en los parquímetros en viajecitos a Bruselas y propaganda nazi, insultando y ofendiendo a todos los que no comulgan con su credo, algo que nunca debería hacer alguien con vocación de servicio a todos sus ciudadanos. La alcaldesa pitufa, conocida así por haber pintado todas las calles de azul, debería sentir vergüenza de tener su pueblo como lo tiene y mientras gastarse los dineros en estupideces. Esta pequeña ciudad bien podría haber sido el orgullo de sus ciudadanos de no ser por la pésima gestión de ella y de sus predecesores. Es un ejemplo más de esta clase política, que lejos de preocuparse por el bienestar de sus ciudadanos,se dedica a maltratarlos y a limpiar sus bolsillos para llenar los suyos y los de sus amigos, dejando una herencia de ruina y descuido; eso sí, de forma muy patriótica. Gracias a ella y otros como ella, un hermoso pueblecito de pescadores se convirtió en otra  insana aberración arquitectónica que daña la vista y los sentidos.

Pero la culpa de esto no la tienen solo los alcaldes  ni las administraciones ineficaces, la tenemos los ciudadanos por no hacer nada ante los atropellos del poder, al dejarnos engatusar por ideas y proclamas que nada tienen que ver con la gestión de la ciudad y si con las elucubraciones mentales de algunos mal nacidos sedientos de poder y gloria, dispuestos a pagar cualquier precio por ella. Es nuestra tarea derrocar sus regímenes autoritarios e inquisitoriales, que devastan nuestros bolsillos y afean nuestras ciudades con decisiones partidarias y sin sentido. Les damos poder durante cuatro años para aumentar las tasas impositivas y complicarnos la vida más de lo que ya nos la complican los gobiernos centrales, autonómicos, comarcales y demás vividores a costa de los ajeno, y yo me pregunto ¿Por qué? Pudiendo ser nosotros mismos quienes gestionemos los recursos y pongamos nuestras normas. ¿Acaso somos niños de parvulario para no poder hacerlo? ¿Acaso los necesitamos?

miércoles, 23 de mayo de 2018

La gran conspiración.

Los partidos políticos, que tradicionalmente han gobernado desde el principio de la democracia española, rinden pleitesía a intereses económicos, que a su vez, son dirigidos por un gobierno en la sombra instaurado desde el uso del dinero fiduciario. Éste, con frecuencia  suele utilizar a España como laboratorio social. Por desgracia, no ha sido este hecho el que está cambiado la opinión pública, decantando su voto a otras fuerzas políticas alternativas, sino la corrupción. Esto sería una cosa muy buena y un síntoma de una sociedad madura, si no fuese porque los casos de corrupción, como otras muchas cosas que suceden,  forman parte de un plan de ingeniería social perfectamente estudiado, donde las resoluciones judiciales se modulan en los tiempos según convenga a sus intereses.
Si analizamos las alternativas a los partidos políticos tradicionales, salpicados por la corrupción, lo que veremos es un horizonte realmente desalentador. Por un lado tenemos a los movimientos populistas liderados por energúmenos de ideologías, unas veces muy cercanas al estalinismo y otras al fascismo. Aunque las estrategias hayan cambiado respecto a sátrapas del pasado, estos son todavía peores que sus antecesores; ya que utilizan la demagogia igual que sus maestros, pero no se manifiestan abiertamente y con orgullo de sus pensamientos radicales;  al contrario, hacen ver que son corderitos maltratados. No obstante y como dice en la Biblia, que a veces hay que leer, “por sus actos los conoceréis”. Unos par de ejemplos: Tanto el podemita y estalinista Pablo Iglesias como El fascista Torra, a pesar de su aparente abismo ideológico, tienen muchos puntos en común. Los dos son unos demagogos capaces de todo para alcanzar el poder. En realidad, aunque manifiesten lo contrario, anteponen sus ideales trasnochados al bienestar del pueblo, no importándoles en absoluto enfrentar a la gente y provocar divisiones muy peligrosas. Ambos han cometido errores garrafales, uno por su incoherencia y el otro por dejar escritos por la red, en los que manifiesta su verdadera cara fascista y xenófoba; demasiados descuidos para no ser intencionados. La teoría que expongo es simple: Estas opciones políticas  no han sido creadas para gobernar, sino que están para desviar al pueblo por una tercera vía, acorde con los intereses del sistema establecido.

¿Adivinan cuál?

Ciudadanos se nos muestra como partido moderado, alejado de los extremismos de podemos o del independentismo. Limpio de la corrupción del PPPSOE. Es muy parecido a los partidos tradicionales: modernos pero sin ataduras ideológicas, transversal y limpio de corrupción; muy bonito para ser verdad. Resulta que su líder, el joven y dinámico Albert Rivera fue invitado al club más selecto y secreto del planeta como la joven promesa, mucho antes que tuviese el protagonismo actual y que fuese una alternativa para gobernar España. El club Bilderberg , que supuestamente es el brazo ejecutor del verdadero gobierno transnacional que mueve los hilos del mundo, lo recibió con los brazos abiertos, tal vez para marcarle el camino a seguir. No es descabellado pensar que fuesen estos mismos quienes diseñaron el conflicto catalán y el movimiento 15M, del que surgió podemos. Esta teoría haría cuadrar muchas de las cosas que están pasando. Por supuesto, no quiero que la crean, ni tampoco tiene porque ser verdad, es tan solo una hipótesis que da sentido a unos acontecimientos inexplicables.

jueves, 17 de mayo de 2018

Cuando la podredumbre y la inmundicia gobiernan.


Cuando la podredumbre y la inmundicia gobiernan el mundo, es prácticamente imposible verse salpicado. El recién nombrado presidente Quim Torra,  para dirigir la Generalidad catalana, es un buen ejemplo de cómo lo peor de la sociedad acaba siendo ascendido a los altares del poder para esparcir su mierda a todos. La culminación de un prceso de despropósitos consistente en imponer una falsa realidad aun una buena parte de un pueblo.  No se entiende como en pleno siglo veinte, un tipo, que bien podría ser un alumno aventajado de Hitler, haya llegado a ocupar un puesto tan alto en el escalafón político. Un tipo capaz, todavía, de separar a las personas por su genética, como lo harían los blancos en Sudáfrica o los alemanes con los judíos. Pesábamos que   este tipo de pensamientos se habían extinguido, pero ya vemos que no es así.  Quim Torra es un fascista xenófobo y racista al que pronto veremos actuar, ya que su naturaleza de loco perturbado no podrá ser contenida. Porque se pueden borrar artículos en internet, se puede decir que le hackearon la cuenta o que no son suyos, se pueden decir muchas cosas para ocultar su pasado, pero detrás de esos ojos negros como carbones, cargados de odio y resentimiento, se ve a un nuevo Hitler al que ningún pueblo, en su sano juicio, hubiese encumbrado al poder. Solo un pueblo engañado durante años e inducido a odiar puede llegar a este extremo de radicalidad.   
  
El cinismo esgrimido por los dirigentes nacionalistas ha trastornado y engañado a jueces y gobiernos. Su falso victimismo ha cautivado a muchos jóvenes, que han abrazado banderas y símbolos de otras épocas oscuras de la humanidad. Puede que estos símbolos hayan cambiado de aspecto, pero su trasfondo es el mismo que incitó a los republicanos a quemar iglesias en la guerra civil, a los nazis a matar judíos o a los seguidores de Mao a aniquilar  Tibet. Los mismos símbolos de odio que forjaron las más atroces bestialidades recordadas por la humanidad. Pero a mí no me engañan. Ellos no son la panacea a los problemas, son el problema en sí mismo. Representan a la parte menos evolucionada del ser humano, esa que ha quedado anclada en el pasado  territorial de los animales más feroces. Pero como estos, ellos no son tan valientes. Son como hienas esperando la debilidad de su supuesto  enemigo. Enemigos que buscan incansablemente para culparles y achacarles sus errores.  

viernes, 4 de mayo de 2018

Doctrina


Oh, cuidado. No se puede protestar ni hacer apología a una ideología en un colegio, ojo. ¡Es una censura! ¡Colegios de primaria, injustamente denunciados por decir que los polis son malos! ¡Los profes ya no pueden decir que los niños deben elegir una sola opción! Digan sí y nada más que sí. ¡Venga, asientan conmigo! ¡Sí! ¡SÍ! ¡OH, SÍ! ¡Sí a que nos reprimen! ¡Sí, los otros son más malos que nos! ¡Sí, digan sí al conflicto perpetuado! ¡Sí, debemos cortar toda conexión con el resto del país porque nos maltratan! ¡Malo el gobierno! ¡Malo el poder! ¡El otro poder es bueno, es un angelito maltratado con porras y demás! Solo hay un medio que dice la verdad absoluta, ¡abajo el resto! ¡Condenado sean los medios que no hablen la misma lengua nuestra, pues atentan contra nuestras ideas no concordando con ellas!

No queremos guerra, pero es que son tan cazurros que no merece la pena consultar porque ellos hacen lo que les viene en gana. ¡Ah, la ley y sus tonterías; esa cosa que solo existe para limitar nuestras posibilidades! Esa cosa que tiene cero valor moral y ético. Aunque, ¿para qué sirve? ¡Si ellos también son delincuentes cleptómanos extorsionadores viles que tienen la policía comiendo de su mano! Y los policías son iguales. Son malvados que disfrutan abriendo cabezas con sus duros palos que lo hacen por placer y piensan solo en subyugar al pueblo. Que vivan los argumentos tu quoque y perseguir a los mismos perros. Que viva la ira ciega perpetuada. ¡Incineremos los coches de los dictadores! ¡Derroquemos esa dictadura! ¡LIBERTAD! ¡LIBERTAD PARA DESPILFARRAR DINERO AJENO! ¡LIBERTAD PARA INVENTAR REFERÉNDUMS AMAÑADOS! ¡LIBERTAD PARA DIFAMAR EN LOS TEMPLOS DEL CONOCIMIENTO! ¡LIBERTAD PARA UTILIZAR LA PALABRA

FACHA CON DESCARO! SIEG HEIL!





lunes, 23 de abril de 2018

Prediciendo el futuro


Los historiadores hablan de tiempos pasados, donde el ser humano forjó imperios con sociedades complejas y prósperas; pero también de como desaparecieron después de haber sido referentes en la historia y cuna de conocimiento y cultura. Por alguna razón, estos imperios que podrían haber existido por siempre sucumbieron al tiempo, dejando tras de sí construcciones que han llegado a nuestros días y que son pruebas inequívocas de un alto grado de organización social. Muchos han especulado haciendo teorías al respecto sobre su decadencia y posterior desintegración. Yo considero (y es tan solo una deducción basada en lo que me ha tocado vivir en mi tiempo), que estas sociedades, en algún momento de su evolución, abandonaron el camino de la razón y la ética, lo que provocó a su vez el abandono del objetivo primordial que toda sociedad debiera buscar para ser imperecedera: el bien común. Pienso que cuando se abandona este camino, las normas morales se degradan y ya no hay objetivos ilusionantes que hagan vislumbrar un futuro para los individuos que viven en la sociedad. Es decir, no hay esperanza ni ilusión, y sin esto no hay motivación ni deseos de avanzar en común. La ética es como el pegamento que une a la sociedad y sin el cual cada uno tira por su lado.
Sé que muchos dirán que hubo guerras y desastres naturales; razones más que poderosas para acabar con civilizaciones enteras, también malos gobernantes. ¿Pero no es acaso las guerras, la violencia y un mal gobierno la consecuencia de la falta de valores éticos y unas normas morales degradadas? En cuanto a los desastres naturales, lo que ha demostrado el ser humano al respecto es su capacidad de sacrificio y tesón para superar situaciones difíciles y sobrevivir, siempre y cuando haya algo que les una. Pero sin valores éticos ni la búsqueda de la razón (que por cierto, nos distinguen como seres humanos), las posibilidades de recuperarse de un gran desastre son escasas. Y así es como, lo que parecía imperecedero y grandioso, acaba en ruinas.
Al igual que sucede con las especies, parece que la naturaleza ha ido probando diferentes formas de sociedad, como si se tratase de dar con la fórmula para que el ser humano trascienda. Siendo así, muchos podrían pensar que esta sociedad moderna, con tanta tecnología, ciencia y conocimiento, pudiese ser el fin de la búsqueda. Pero por desgracia, al igual que en otras sociedades ya desaparecidas, son más que visibles los indicios de un profundo declive moral y ético, a la vez que una pérdida de rumbo que crece en el corazón mismo de este nuevo imperio moderno. Estos valores, que son vitales para la cohesión social, son sustituidos por conceptos ambiguos y relativistas que se adaptan según soplen los vientos, una moral de geometría variable que lleva a la sociedad a un estado de perplejidad, incertidumbre y confusión. En definitiva, falacias, demagogia, corrupción, materialismo y mentiras se extienden por la sociedad, conduciendo al individuo a perseguir objetivos puramente egoístas o acabando sometido y trabajando para los psicópatas genocidas que gobiernan y que solo buscan enriquecerse materialmente sin la más mínima empatía, sin importarles las consecuencias ni el daño que dejan tras de sí, es decir, sin valores morales. Pero la ascensión al poder de estos personajes no sería posible sin beneplácito de la sociedad ya en declive, siendo éstos un reflejo del estado moral de la misma. Es decir, que el hecho no obedece a caprichos del destino, sino a esa falta de valores; consecuencia, a su vez, de la ausencia intencionada en la educación de esos mismos valores morales, necesarios para hacer personas integras y consecuentes, capaces de hacer elecciones correctas y oponerse al dominio de la injusticia.


Estamos pues ante una espiral ya recorrida por otras civilizaciones y que conduce, necesariamente al colapso. Así pues, ni mucho menos estamos en el buen camino; más bien al contrario. La decadencia moral de la sociedad nos acerca peligrosamente a la extinción, pudiendo ser esta la última oportunidad que la naturaleza da a la especie humana. Porque, a diferencia de otras tentativas, los avances científicos de nuestra sociedad hicieron posible que tengamos a nuestro alcance la forma de acabar definitivamente con la vida sobre la tierra; algo que ninguna otra civilización humana conocida ha tenido jamás (al menos que se sepa). Y lo peor no es el hecho de tener esa posibilidad, sino de tener líderes mundiales con la mente tan trastornada como para hacer efectiva la amenaza.
Si esta sociedad deja definitivamente de buscar superar las fronteras del conocimiento, conquistar el espacio, trascender y conseguir el bienestar de todos los seres que habitan este hermoso planeta, si esta sociedad se olvida de respetar las normas de la naturaleza que otros seres respetan y siguen por instinto, el futuro de nuestra especie está tan sellado como lo estuvo el de los dinosaurios en su día. Nuestra arrogancia nos ciega tanto que llegamos a pensar que sobreviviremos por ser inteligentes y estar mejor preparados que otras especies. Pero al igual los dinosaurios fueron incapaces de predecir el desastre natural que acabó con ellos, nosotros somos incapaces de predecir las consecuencias de nuestros actos criminales sobre nuestro entorno y sobre nosotros mismos. Es cierto que las especies ya extintas no tenían un cerebro muy grande y parece que tampoco eran muy inteligentes, pero no lo necesitaban. Su tamaño y fuerza les hacía poderosos y no se sentían amenazados, al igual que nuestra especie, que pensamos que nuestro dominio es imperecedero por ser inteligentes. No nos damos cuenta que la inteligencia es un arma de doble filo, capaz de ser peor que un gran asteroide cuando se usa mal y con fines equivocados. Tenemos tecnología, ciencia y capacidad de adaptación. Sin embargo, nos sobra ambición, arrogancia y estulticia a la vez que adolecemos de sabiduría y humildad para reconocer la oportunidad que la naturaleza nos ha dado. Lejos de aprovecharla, ponemos en riesgo cada día la supervivencia de nuestro planeta con nuevas amenazas, como las guerras dirigidas por genocidas a los que hemos dado un poder que no merecen.
Nuestra inteligencia nos permite sobrevivir a muchas situaciones, adaptarnos a los cambios y predecir peligros que otras especies son incapaces de ver. Esa misma inteligencia nos permite ser seres llenos de bondad, amables y capaces de hacer sentir felices a los demás, así como respetar todo aquello que es hermoso. Pero eso solo es posible si nos regimos por la razón y normas morales éticas, basada en el amor. Cuantos más seamos actuando de esta forma, mejores serán los frutos recibidos y más esperanzas de futuro tendremos, de lo contrario podemos ir escribiendo nuestro epitafio en piedra.
Por que si, puede que ya sea demasiado tarde. Una nueva generación, surgida de una sociedad cuyos líderes son proclives al cinismo, la demagogia y la falacia multiplica las posibilidades de cometer errores cada vez de mayores consecuencias. Maleducados por unos padres demasiado ocupados para ocuparse de inculcar valores y un sistema educativo donde, intencionadamente, se eliminan las humanidades, especialmente la filosofía, crea personas cada vez más vulnerables y proclives a seguir malos ejemplos, necios de necesidad condenados y sin futuro. Esta generación es más proclive a dejarse llevar por líderes que se aprovechan de su debilidad, arrastrándolos a la desgracia o al enfrentamiento en conflictos estúpidos, que no son otra cosa que la búsqueda del ansia enfermiza por obtener el poder a cualquier precio de enfermos psicópatas.

viernes, 9 de febrero de 2018

La nueva casta política



La nueva casta política se llena la boca con libertad, democracia y derechos; destroza la lengua añadiendo género donde no lo había, empobreciendo el lenguaje y complicándolo. Al igual que en la novela 1984 de George Orwell, crea una nueva lengua para manipular nuevas realidades y conflictos.   Sus supuestas nuevas ideas, son en realidad muy  viejas y ya probadas; probadas muchas veces  con nefastas consecuencias. Cuando los escucho me doy cuenta que su discurso mentiroso y manipulador no ha cambiado gran cosa.  Me inquietan, porque estos nuevos ideólogos me recuerdan a tiempos pasados, cuando en que en las plazas y ante miles de personas desesperadas por las crisis y las incertidumbres,  Stalin y Hitler proclamaban la supremacía de su ideario. Ellos también señalaban enemigos y al igual que estos dictadores genocidas,  cuando  hablaban de democracia quieren decir imposición, cuando hablan de libertad, hablan solo de la suya para imponer sus ideales, cuando hablan de derechos lo mismo, se refieren solo a los derechos de los que piensan como ellos. Su discurso pasea por generalidades sin centrarse en cosas tan básicas como el bien común, la libertad individual y los problemas reales de la gente y del entorno. El adversario político es el enemigo a destruir, hay que odiarlo y hacer que sea odiado. Independentistas y podemitas, son correas de transmisión del odio en todas sus formar. El enfrentamiento y la imposición de sus ideas es su divisa. No obstante, se aprovechan del sistema, cobran sus sueldos y dietas, disfrutan de las ventajas de su posición. No tardan en acostumbrarse a las buenas comidas en restaurantes caros y a los coches oficiales. Son marionetas del mismo sistema capitalista que pretenden abolir, ignorantes de quien maneja sus hilos. Al escuchándolos hablar y la pobreza de su verborrea, sus argumentos falaces y el odio con el que se dirigen a sus adversarios,  me da a mí que muchas luces no tienen. Solo auténticos ingenieros sociales, maestros de la manipulación de masas, han podido ser los artífices. También puede que me equivoque, y  en realidad no sea esta una ideología creada, sino el producto de un sistema educativo despojado de humanidades, filosofía y tantas otras cosas que ayudaban a forjar personas  sabias y con valores morales. Puede que haber vivido sobreprotegidos por sus papas, mirando la caja tonta y creyéndose las mentiras de viejos nostálgicos revanchistas, dispuestos a hacer vivir a los jóvenes conflictos que perdieron, puede que por ello se hayan convertido en lo que son.  

jueves, 1 de febrero de 2018

La motivación lo es todo




Cuando alguien se plantea hacer cualquier cosa en la vida o decisiones, sean  de la naturaleza que sean,  incluso acciones o decisiones que no parecen trascendentes,  debería meditar  sobre los motivos  que le condicionan. Aquellos  que saben del  karma y tienen una ligera idea de cómo funcionan sus engranajes,  siempre se preguntan sobre su esto, cuestionándose a sí mismos si lo que hacen lo hacen por causa justa o no. Tienen  mucho  cuidado en no caer en el auto engaño o en estar influidos negativamente por  otros   a la hora de tomar decisiones o a acometer actos que puedan traerle consecuencias negativas a él, a otras personas o seres vivos. Siempre se paran un momento a meditar sobre ello porque  saben que el autoengaño o una mala influencia les puede conducir a hacer cosas que minarán su karma de desgracias. Por supuesto, saben también, que creer que la motivación es buena y justa no es tener la certeza de que lo sea, porque tener la absoluta seguridad de no estar influido por otros, ser producto de un auto engaño o de la ignorancia, es muy difícil sin la adecuada preparación mental, y aun así siempre se corren riesgos. 

A nuestro alrededor, muchas personas, bien por ignorancia o comodidad, aportan toda su energía a proyectos políticos, muchas veces totalitarios, sectarios e incluso  xenófobos. Otros   trabajan en empresas que dañan el medio ambiente, producen comida basura, armas o medicamentos tóxicos. También están las personas que siguen ciegamente las decisiones de sus jefes o superiores, o que son competitivas y ambiciosas y que no reparan en el daño colateral que producen a su alrededor. Estamos rodeados  de  personas que  practican religiones que fomentan el odio y creen en conceptos medievales;  ya superados por la razón o la ciencia. De otros   que pertenecen a  organizaciones mafiosas, terroristas, etc.  El motivo por el cual desperdician su vida de esta forma se debe fundamentalmente a su ignorancia, aunque también pueden hacerlo por estar buscando un mal menor dentro de las alternativas que les da la vida. De todas formas, es muy difícil que lo hagan por no tener alternativas ni poder de elección. 

Siempre nos resultará más fácil  descubrir la  motivación en otros que en la nuestra propia, sencillamente porque el autoengaño es algo sencillo, cómodo y menos complicado que asumir la existencia de nuestro ego y su influencia. Descubrir a falsos profetas y líderes con mala motivación es más sencillo por  las consecuencias que dejan a su paso. Cuando alguien despierta sentimientos negativos, crea división y enfrentamiento y dice que lo hace todo por nuestro bien, no les  quepa la menor duda, está  ante una persona cuya motivación es perversa para los demás y para sí mismo. Asumir que somos nosotros mismos quienes lo hacemos, ya no resulta tan fácil. El orgullo, la avaricia y la arrogancia, nos impiden asumir con humildad nuestra naturaleza.
En ocasiones  nos vemos obligados a seguir a líderes o maestros para adquirir conocimientos o por sentirnos identificados con sus ideales. En tal caso nos tenemos que cuidar mucho de que estas enseñanzas sean falsas o que la ideología de los líderes esconda odio. Porque cuando tomamos decisiones en función de creencias falsas, sean ajenas o no, sin analizar lo más mínimo que es lo que las motiva, corremos el riesgo de caer en errores que condicionarán nuestro futuro de por vida o el de otras personas.  Según la ley de la causa efecto, que no es ni más ni menos que el karma, tarde o temprano eso traería sucesos proporcionales al daño causado. Decir esto es común y  obvio para la cultura oriental, pero en occidente, donde  muchos no tienen asumido la tremenda implicación que pueden tener nuestras decisiones y actos llevados por una mala motivación, resulta menos frecuente su plantemiento. 

No es difícil verse engañados por líderes que alardean de estar es posesión de una causa justa. Para evitarlo hay que tener en cuenta que adornan sus discursos con frases grandilocuentes, soflamas, demagogia  y dramatismo. Seguir a estos líderes, conociendo sus trucos,  no es ignorancia ni tiene justificación alguna.  Normalmente  la falacia es su bandera y el cinismo su recurso. Los seguidores de estos líderes  toman un camino fácil, quizás  para eludir sus propias responsabilidades, lo que les supone ser infieles a su cometido en la vida e ir en contra de su karma. Muchas veces, también, cubren su  necesidad de ser aceptados y valorados, o mejor dicho, la necesidad de su ego de reafirmar su existencia.  No se puede  poner como escusa  la   ignorancia para el  sometimiento a personas que  arrastran un karma profundamente negativo, porque se les ve a la legua.  Sabidas sus estrategias y trucos,  tendríamos que tener compasión y cuidarnos de no acercarnos demasiado a ellos y no acabar siguiendo sus locuras de megalomanía.  La responsabilidad de seguir a estas personas tóxicas, siempre será nuestra. 

Se necesita ser muy honesto con uno mismo y cierto grado de autoconocimiento obtenido con la práctica de la  meditación profunda para estar en la certeza, y aun así  sigue siendo complicado saber cuándo estamos bajo influencia de alguien o de no tener una percepción falsa de la realidad. Porque nuestra realidad puede estar basada en conocimientos falsos, creados para confundirnos. A lo largo de nuestra vida obtenemos la experiencia de nuestros sentidos y el conocimiento de otros, también de la observación y de nuestra capacidad de análisis, algo que nos da las  poderosas herramientas que nos permiten defendernos de malas influencias y de falsas creencias. Pero es muy fácil condicionar nuestra realidad cuando parte de este conocimiento adquirido, en realidad, son  verdades a medias o mentiras con apariencia de verdad. Muchos  dirigentes con buenas habilidades de manipulación y el poder necesario para intervienen en la educación lo hacen, especialmente  para dirigir al pueblo a un cometido concreto afín a sus deseos. El simple hecho de esta intervención, demuestra tener una mala motivación por su parte. Son estos los líderes que pueden llevar a su pueblo a la guerra, en un caso extremo o hacerlo sufrir sin motivo. A estos  dirigentes  les  interesa tener a un pueblo ignorante, fácilmente manipulable y dócil, que no tenga acceso a la información ni al conocimiento. Privar al pueblo del conocimiento y confundirlo, y por tanto, de las herramientas necesarias para comprender que está siendo mal conducido, será una de sus prioridades.  A lo largo de la historia ha ocurrido muchas veces, y muchos se han visto arrastrados a acometer atrocidades y asesinatos inducidos por estas personas. Así pues,  es fácilmente deducible, que  las mejores armas  que tenemos para defendernos son el conocimiento y la meditación. Esto nos dará el poder para analizar nuestras decisiones y descubrir a los arrogantes que pretenden nuestra complicidad para ensalzar su ego a costa de nuestro sufrimiento.