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lunes, 9 de marzo de 2015

Ciencia o religión, luz o oscuridad.




Aunque a priori puedan resultar dos términos antagónicos no se puede afirmar categóricamente que lo sean. Como todo en este mundo, hay un sinfín de matices que son los que definen el significado de las cosas.
Cuando la ciencia se convierte en oficial, pero mezclando medias verdades con fenómenos no probados, no es ciencia, es religión. Cuando la religión se apoya en hechos empíricos y planteamientos científicos, deja de ser religión para convertirse en ciencia. Por eso, los hombres que pretenden pasar como ciencia sus planteamientos no probados, basados en falacias y mentiras, son comparables a los clérigos, pues pretenden que creamos en sus planteamientos mediante la fe y la manipulación. Ocurre lo contrario con aquellos chamanes o clérigos que afirman que para conocer la verdad hay que experimentarla en carne propia. Esto si es una verdad empírica digna de respeto.
En muchas más ocasiones de las que pensamos, creemos en la ciencia como si fuese religión, de hecho lo hacemos la mayoría de las veces. En realidad casi todo lo que nos han mostrado como ciencia y que no hemos experimentado por nosotros mismos, es más religión que ciencia.

Esto, en la práctica puede provocar los mismos fenómenos indeseables que la religión. Un científico que se apoya en formulaciones o creencias equivocadas puede provocar un desastre, tanto o más que los que siguen una religión de forma ciega e irreflexiva pueden acometer atrocidades. Ambos habitarían en la oscuridad, por por que son propensos a cometer errores fruto de algo que es intrínseco a la religión; la ignorancia. La ignorancia no solo es la falta de conocimientos, también es la falta de conocimientos ciertos y probados. Quien cimienta sus creencias en la fe ciega vivirá ignorante para siempre y no estará abierto al conocimiento.

La experiencia es la madre de la sabiduría y solo a través de ella podemos llegar a la verdad y el auto-conocimiento. Si quisiéramos vivir en la luz, lo primero que tendríamos que hacer es un reinicio de nuestras creencias para analizar una a una y saber cuales son reales y cuales solo son cosas que nos han inculcado como ciertas. Podemos, no obstante, apoyarnos en los conocimientos adquiridos, pero todos y cada uno de ellos deberían ser experimentados antes de ser utilizados. Es un trabajo muy duro, casi titánico, pero solo así podríamos estar algo más cerca de la sabiduría.
La religión, en todas sus formas o creencias, no son más que cuentos para niños que pretenden seguir siéndolo por siempre jamás. La trapa de la religión es darnos respuestas a cosas que no se pueden probar, o al menos así lo creemos. También nos quita la responsabilidad de nuestros actos, achacándolos a un Dios, responsable en buena medida de las cosas buenas y malas que nos pasan. En cierta manera, es una forma de evadirse de los problemas creados por nuestra mente y por su hambruna de respuestas incontestables.

Cuando distintas confesiones religiosas se enfrentan, por lo general acaban en una disputa interminable, muchas veces enfrentada hasta un desenlace violento. Sinceramente, no entiendo por qué sucede así, cuando tiene tanto en común. Todas las religiones se parecen en lo básico. Todas intentan contestar preguntas, todas tienen libros sagrados, todas se fundamentan en leyendas de dudosa credibilidad y casi todas buscan tener el mayor número de seguidores posible. Con la religión sucede lo mismo que con la política; prometen pero nunca cumple y a pesar de ello les seguimos haciendo caso.

Es un hecho, la religión nos sumerge en la oscuridad, la ciencia ilumina nuestro espíritu.

lunes, 26 de enero de 2015

La bruma que cubre tu ser.


Si deseas con desespero que pasen los días para que llegue el fin de semana o las horas para salir del trabajo se hacen eternas, es que lo que haces no te gusta. Llegado este punto y habiendo reconocido el hecho, tienes dos opciones: o asumes que no tienes el suficiente coraje para cambiarlo o tomas las riendas de tu vida y dejas de desperdiciar el precioso tiempo de tu vida en ese lugar.

Si eres valiente y tomas el camino que te pide tu alma, te darás cuenta cuan difícil puede llegar a ser desprenderte de aquello que representa la seguridad. La decisión, ya de por si difícil, lo será mucho más, porque te han inculcado que tener un trabajo remunerado es necesario para satisfacer los caprichos de tu ego. Además, es una decisión que entraña cambiar todo lo aprendido por lo que está por aprender, es cambiar una supuesta seguridad por libertad. Pero si supieses lo efímera e inestable que es la seguridad que te ofrecen, lo tendrías más claro.

Lo que llamas estabilidad y seguridad es algo que te han dado para alimentar tu apego y tu miedo, sobre todo miedo. Pero nada tiene de seguro y estable vivir, ya sea desperdiciando tu vida en cautividad o en libertad. La muerte, como a todo ser que vive, puede alcanzarte inesperadamente y entonces, todo el esfuerzo, las horas extras, los quebraderos de cabeza y las broncas de los jefes, quedarán atrás, inútiles como el tiempo desperdiciado.

Los que dirigen la sociedad conocen bien ese miedo y se aprovechan de él para hacerte creer que no tienes opciones, que debes obedecer y ser un buen trabajador; respetando las normas y no haciendo caso a tus intuiciones y instintos primarios. Instintos,  que al contrario de lo que te dicen, no son algo malo.

Desde el colegio fuiste creciendo en una sociedad de persona temerosas de tomar decisiones y tú sigues el ejemplo y los consejos de los que se equivocan. Podías haber sido un gran artista, un magnífico escultor, un poeta, pero tu miedo, la educación que has recibido y el apego a una falsa seguridad, han hecho que otros decidan por ti, encerrándote en una jaula sin barrotes.

No necesitas caprichos, dinero ni nada material, lo que necesitas no lo podrás encontrar si lo buscas fuera de ti. Lo hallarás bajo capas y capas de mentiras y conceptos abstractos, ideas que te han inculcado para ocultar tu esencia, para que no veas tu verdadero ser, él que te está pidiendo que lo escuches. Si cierras los ojos y estás en silencio podrás sentirlo, primero como un susurro lejano y fugaz, apagado por las toneladas de escombros que lo cubren. Pero a medida que practicas el silencio y la atención, más se hará sentir. Puede tardar mucho tiempo, pero con la práctica descubrirás que es lo único que existe en realidad. Cuando caigan todas las mentiras y los velos que lo cubren, tu ser interior se manifestará en plenitud. Las dudas que hasta entonces formaban parte de tu vida desaparecerán como bruma cuando el sol de la mañana brilla sobre el prado. No habrá más engaños, ni de los demás ni a ti mismo. El principal enemigo a vencer en esta batalla no deberás buscarlo fuera tampoco, sino en el reflejo que ves cuando te pones frente al espejo. Derrotado el peor de tus enemigos, no habrá voz que se alce por encima de tu voluntad inquebrantable.

En el estado del BUDA sabrás que has muerto muchas veces y sufrido el dolor porque tú lo has elegido. Necesitabas llegar hasta ese estado para darte cuenta de lo que eres y el porqué de todas las cosas. No habrá preguntas sin respuesta ni amenaza a la que debas temer. Ya no tendrás nada que ganar ni que perder, porque comprenderás que todo lo que conoces eres tu en conjunción con el universo.

No lo dejes para mañana, empieza ahora mismo a escuchar lo que a gritos te pide tu alma.