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lunes, 18 de noviembre de 2019

Un CDR explica muy bien cuales son sus intenciones.

Esta declaración fue efectuada por Núria Martí en TV3, la televisión del régimen fascista de Cataluña por un miembro destacado de la CUP, principales promotores de la desobediencia civil y los  sabotajes del tsunami democrático; que bueno, de democrático tiene lo que yo de comunista.  


“Nosotros en lo que no creemos en absoluto es en los derechos individuales. Nosotros creemos que solo son legítimos los derechos colectivos. Entonces que una persona no pueda entrar en una facultad o que no pueda llegar a la hora a su puesto de trabajo a nivel individual cuando miles y miles de personas se están jugando su libertad para conseguir derechos fundamentales pero también objetivos a larga duración me parecería como una visión muy egoísta. Además las cosas se consiguen luchando en las calles, es la única forma que tenemos de conseguir nuestros objetivos. Para nosotros nuestro límite no son nunca ni los derechos individuales ni la ley impuesta. Nuestro límite es la razón, porque la tenemos”.

La primera frase ya es de por si demoledora y podría estar sacada, perfectamente,  de la novela 1984, ya que es totalmente orwelana. Léanla  otra vez y despacito "no creemos en absoluto en los derechos individuales".  Así es,  refleja  lo más rancio de  la  ideología comunista, expresando  algo totalitario y liberticida, como es atentar contra los derechos individuales del ser humano. Pensemos que no estamos hablando de obligaciones ni deberes, sino de los derechos individuales, como la propiedad o el derecho a decidir sobre todo lo que atañe a nuestras vidas,; derechos, por otra parte, perfectamente compatibles con los derechos colectivos.

 Cualquiera con dos dedos de frente, sabe que los derechos individuales acaban en el momento en que estos vulneran los de otros, de la misma manera que lo hacen los derechos de un colectivo o el derecho internacional.  Para evitar que las personas, a sabiendas de esto, no se les ocurra vulneren los derechos de los demás, se inventaron las leyes. Estas, deberían  en teoría, servir precisamente para eso, para evitar que algunos, que creen que sus derechos están por encima de los demás, pararles los pies.

De la frase de esta dirigente de la  CUP, solo se puede deducir que ella,  no solo no respetarían los derechos de los demás, sino que decidiría cuales son los derechos colectivos que deberían prevalecer sobre los demás y que todos deberían respetar, fueran en contra de su pensamiento o no.

Por otra parte, estos aspirantes a Stalin, obvian algo tan trascendente y simple como que los derechos colectivos jamás deben prevalecer sobre los derechos individuales, a menos que estos dañen al colectivo, que al fin y al cabo, es dañar los derechos de mucha gente y no necesariamente, a un colectivo concreto. 

No pretenden convencer a nadie, sino imponer el pensamiento colectivista que degrada al ser humano a una pieza del sistema  que debe obedecer y sacrificarse a petición del líder; porque claro, el él y no otro, quien sabe  cual es el bien común.   

Unamuno reflejaba muy bien esta idea cuando a la pregunta de quién eres tú, respondía con Obermann: "¡Para el universo, nada; para mí, todo!".

viernes, 18 de octubre de 2019

El conflicto

Entelequia, ¿qué es? ¿conoces el término?Si dos ideas se confrontan entre sí, hasta hacerse incompatibles, estaríamos ante un conflicto y puede que también ante una disputa que puede acabar en violencia. Esto suele suceder, casi siempre, cuando lo que se  discute es sobre alguna entelequia. Esta palabra griega que tanto me gusta y que es atribuida al mismísimo Aristóteles, define a algo  que solo es  perfecto en la mente y que fuera de ella no suele tener una aplicación práctica ni sirve para nada útil.

Cuando se discute sobre entelequias  es imposible demostrar que la misma tiene validez o utilidad real, puesto que no es algo que solucione nada.  Así pues, las discusiones sobre este tipo de ideas,   por muy complejas, voluntariosas o geniales que estas sean;  son algo así, como un conflicto entre la nada y la otra nada. Sin embargo, desde siempre  ha habido  conflictos en los que la gente llegó a enfrentarse y hasta morir o asesinar por ellas; incluso derivando en guerras o genocidios. Suelen ser estas y no otras, las consecuencias de este tipo de ideas, vacías de contenido real y no sustentadas por argumentos lógicos, sino por la imaginación y los sentimientos, a veces, cargados de odio, resentimiento y frustración.  

Ideologías, países, fronteras y culturas, son puras entelequias en la  estricta definición de la palabra. A nivel práctico no son nada, ni sirven absolutamente para nada, son simples ideas de algo intangible, que cuando sale de la mente se convierten en simples explicaciones de sucesos. En la antigua Grecia, rara era la vez que se perdía el tiempo discutiendo sobre conceptos vacíos o entelequias,  para eso estaban los senadores. Reconociendo y eliminando estos conceptos vacíos, fue parte de una evolución que les llevó a ser  precursores de la actual civilización, del pensamiento científico, matemático y de la filosofía.

Lo peor que le puede suceder a las personas, es que se aferren a estos  conceptos vacíos y acaben cayendo en ellos como si fuesen algo real. Esto suele acabar, como he dicho,  siempre en conflictos que pueden derivar, irremediablemente, en violencia.  "La razón es simple: cuanto más se encierra uno en un sistema de pensamiento que excluye todo matiz, más se tiende a rechazar la negociación con el mundo que nos rodea".

Si  analizamos los grandes conflictos que se producen en el mundo, la mayoría se originan por conceptos abstractos sin utilidad práctica; fundamentalmente religión o nacionalismo; el resto de conflictos sociales  son derivados de son luchas por el poder o los recursos. Posiblemente, si eliminásemos lo primero, también desaparecerían estos, ya que eliminar de nuestra mente conceptos son valor real, podríamos dedicar nuestras energías a la mejor aplicación de la lógica, resolviendo  problemas que realmente son importantes; como el reparto de los recursos y la forma de gestionar una sociedad justa sin la interferencia de ideologías creencias o demás distracciones.

Es un grave error pensar que  estas ideas, apoyadas en pilares tan frágiles, puedan ser duraderas. Las culturas avanzan y muchas de las cosas que creíamos eternas, caen por el desgaste del tiempo. Los idiomas, tradiciones y fronteras, son conceptos perecederos; evolucionan a otras mejores o desaparecen. Así es en el  mundo natural, como lo son el el mundo del las ideas; "nada permanece, todo cambia".  De esto solo podemos sacar una conclusión,  no hay mayor pérdida de energía y tiempo, que aferrarse a las ideas vacías de las entelequias, más aun, si son de otros. No merecen ni un solo segundo de nuestro valioso tiempo.

lunes, 7 de octubre de 2019

El secuestro de la mente: ¿Eres dueño de tus ideas o eres su rehén?

Cuando manifestamos una idea políticamente divergente y alguien no solo discrepa, sino que se muestra agresivo e incapaz de comprender o tolerar esa divergencia, puede que estemos ante una persona con rasgos de pensamiento sectario o fuertemente ideologizado. Aunque no es necesariamente un diagnóstico claro, ya invita a la cautela.

Tras ciertos indicios, podría sospecharse que estamos ante alguien que otorga al consenso un valor casi incuestionable, como si la mayoría no pudiera equivocarse. Sin embargo, la lógica y la historia muestran que las mayorías no solo pueden equivocarse, sino sostener ideas erróneas durante cientos de años. Deducimos, pues, algo que casi no es necesario decir: el hecho de que una opinión sea minoritaria no implica necesariamente que sea falsa o equivocada.

El mundo humano es plural y en él coexisten tantas formas de pensar y de ver el entorno como personas hay encima de la superficie de este planeta redondo; ideas que reúnen a muchas personas que comparten. Cualquiera que no acepte esto ya está incurriendo en el mismo error de quienes dieron por sentadas ideas sin cuestionarse siquiera por qué creían en ellas. Mi teoría respecto a esto es que sucede por un defecto inherente al ser humano que nos hace aferrarnos a las ideas como si fuesen objetos de nuestra identidad. La pérdida de estos objetos nos produce el mismo sufrimiento que cuando se pierde algo que es solo nuestro.

Pero ahora sabemos que la ciencia y el sentido común nos dicen que las creencias son tan volubles y efímeras como nuestra existencia misma. Asimismo, ninguna de nuestras creencias es realmente nuestra, sino que hemos llegado a ellas por otros. En realidad, la mayoría son el fruto de muchas otras ideas, pero en su mayoría son creencias y no hechos demostrables; en definitiva, puras especulaciones o elucubraciones sin fundamento firme y científico. Los prejuicios, rumores y opiniones interesadas son tan nefastos para seguir el camino de la verdad como lo son las creencias.

Para llegar a una realidad certera, tenemos que entender que la que consideramos nuestra realidad es tan solo un plato cocinado por nuestro cerebro, cuyos ingredientes son los sentidos y el conocimiento sensible. Dicho de otra manera, nuestro cerebro construye la realidad en la que creemos vivir, pero esta, al igual que creer que la Tierra es plana, es tan solo una idea. Las creencias nunca nos llevarán cerca de la verdad; por el contrario, nos alejan de ella. Para acercarnos, tenemos que tomar un camino difícil y lleno de dificultades. Tenemos que utilizar solo los ingredientes puros de la ciencia demostrativa y la experiencia de los sabios. Aquella bonita frase que dice “cuestiónatelo todo” es perfectamente aplicable en esto. Porque si no pasamos un filtro que verifique la calidad de nuestros ingredientes, podemos arruinar todo el plato y acabar falseando nuestra percepción de la realidad. Para andar este camino, debemos tener siempre una mente abierta y no esperar nunca un resultado concreto. Pues es sabido que, de una manera o de otra, podemos alterar el resultado de lo que observemos mediante la simple observación.

Desde la filosofía clásica, e incluso puede que mucho antes, el hombre se ha hecho todo tipo de preguntas trascendentales con el fin último de llegar a la verdad. El mismísimo Buda se lo planteó y llegó a escribir sobre ello. Su conclusión fue que solo había cuatro nobles verdades. Pero estas cuatro verdades se referían, por supuesto, a la espiritualidad del ser humano, sin entrar en la vida mundana ni en el análisis del propio samsara donde, según Buda, nos ha tocado vivir. A este respecto, pienso que las enseñanzas de Buda solo son aplicables para aquellos que están preparados para emprender un camino espiritual hacia la iluminación; algo que pocos pueden. Para los demás, que tienen que lidiar unas cuantas vidas en el samsara, les será necesario primero entender las reglas del mundo del samsara. La ciencia y todas nuestras capacidades de deducción lógica están para ello. Las creencias solo están para alejarnos del camino de la verdad.

La ciencia ayuda a percibir la realidad de las cosas, así como la historia, que no deja de ser una rama de la misma. Esto es así porque se demuestran las cosas con argumentos y pruebas que no dejan margen para la duda. No obstante, siempre tendremos que tener presente que la ciencia tampoco es infalible. Los científicos, historiadores y organizaciones son personas o están dirigidos por ellas, por tanto susceptibles de caer en la corrupción, el error o el engaño. Así pues, tenemos que andarnos con cuidado también con la ciencia y la información que nos llega de ella.

Las deficiencias de la gente, así como la facilidad que tenemos para aferrarnos a las ideas sencillas sin analizarlas ni cuestionarlas, son aprovechadas por políticos y organizaciones con el fin de obtener poder, seguidores, adeptos o fanáticos. Pues sabemos que, mediante la manipulación o la ingeniería social, se puede engañar a mucha gente hasta crear una corriente ideológica que se cierra a otras realidades. Estas personas abducidas por el ideario ya no aceptarán, en su mayoría, opiniones diferentes. Son ese tipo de personas que no soportan o comprenden que haya otras que piensen diferente a ellas. Son el tipo de personas que arrastran al disidente al destierro social, intolerantes y susceptibles de crear conflictos violentos. Incapaces de contemplar otras realidades, se ciegan y son incapaces de cuestionar la ideología colectiva por la cual han quedado secuestrados de mente y alma.

En lo político, algunos creen en algo incluso cuando la ciencia, el sentido común y el tiempo han demostrado que dichas ideas están equivocadas y acarrean terribles consecuencias. En tal caso, ya no es una cuestión de ideas; estaríamos ante otro problema del ser humano que también es causa de grandes conflictos. El ser humano es gregario, necesita sentirse querido y protegido por el grupo. Las modas, los partidos políticos, las asociaciones, los clubes solo son formas de alimentar ese sentimiento. El miedo al rechazo, la burla o la discriminación hace que busquemos afinidades. Solo las personas con carácter y honestas consigo mismas a eso les importa muy poco. De ahí que el objetivo de los que pretenden el control de la sociedad busquen eliminar la disidencia, bien haciendo que se sientan culpables por ser diferentes, o mediante la presión de la misma sociedad.

Un efecto secundario del aferramiento a las ideas es que perdemos, indirectamente, nuestra individualidad. Es decir, aquello que queremos proteger, que en el fondo es nuestro ego, se ve diluido en la colectividad. Nuestra energía vital se desperdicia para fines egoístas de otros, a la vez que caemos en una esclavitud intelectual.

Banderas, nacionalismo, símbolos, ideología, religión, todo ello son las herramientas que el poder utiliza para crear esclavos y diezmar a los librepensadores.

viernes, 19 de julio de 2019

Más sobre la ideología

El nacionalismo y la religión no son otra cosa que un compendio de creencias que parten de elucubraciones mentales, leyendas e idearios de individuos con ambiciones de notoriedad social y poder. Son, por tanto, una mezcla de sentimientos e ilusiones que carecen de todo fundamento y que no soportan ni el más simple razonamiento científico. Su nexo común es la creencia de que estas ideas son mejores que otras, sin más argumento que ese. Siempre detrás, oculta bajo varias capas de mentiras, se esconden el odio y la xenofobia. El fin último de las organizaciones surgidas de estas abstracciones mentales es hacerse con el poder e imponer su credo, siendo su aporte argumentativo nulo, incoherente o basado en simples falacias. Así, se deduce que su existencia no aporta ningún beneficio a la sociedad; por el contrario, genera conflictos que acaban en enfrentamientos y división, llegando a ser la causa principal de guerras o genocidios. Además, crean en la sociedad un atontamiento que la predispone a la obediencia sin cuestionarse el origen de estas ideas ni los motivos que se esconden tras su simbología, sus buenas palabras y sus mentiras.

A lo largo de la historia reciente se ha constatado, con todo tipo de sucesos terribles, que estas asquerosas ideologías no resuelven problemas, sino que los crean enfrentando a la sociedad. La causa podríamos buscarla en el apego a las ideas que generan, algo inherente a su origen mesiánico. El fanatismo hace a las personas necias e incapaces de contemplar otras realidades o de respetar las ideas ajenas. Además, como en cualquier religión, las ideologías practican métodos de adoctrinamiento colectivo para conseguir el lavado de cerebro necesario para que estas ideas calen como una verdad insondable: la ideología como nuevo dios.

Una nueva estrategia desarrollada por los que veneran a este "dios" es apropiarse de movimientos sociales para convertirlos en su exclusiva propiedad. Movimientos como el feminismo, el ecologismo o el colectivo LGTBI han sucumbido a los encantos de la ideología y se han radicalizado, perdiendo la razón por la que fueron constituidos para convertirse en instrumentos políticos. En los casos en que ocurre esto, ya no se puede defender el planeta si no perteneces a esa ideología concreta; tampoco puedes ser feminista ni homosexual si no te arrodillas ante el "dios verdadero".

Cuando una organización política muy condicionada por la ideología, como sería la marxista, asciende al poder, su principal objetivo será enquistarse en todos los órganos de poder, incluyendo los que deberían ser independientes: el poder judicial, los medios de comunicación y, sobre todo, la educación. Tenemos muchos ejemplos de esto en España, donde socialistas, podemos y nacionalistas lo han practicado allí donde han gobernado. Lo hacen porque son los foros perfectos para difundir su propaganda; saben que la mejor manera de postergar su mandato es expandiendo su mensaje y convenciendo a la sociedad de que sus ideas son las mejores. Muchos tienen en común, también, el exhibicionismo de una supuesta superioridad moral que no es más que el reflejo de sus miedos y apegos. Su forma de actuar se asemeja a la de un virus cuyo fin es infectar y reproducirse, aportando solo sufrimiento a su víctima: la sociedad. Dichas ideologías, y especialmente el nacionalismo, no son dignas de respeto ni pueden contemplarse como soluciones, simplemente por el reguero de muertos que han dejado a su paso.

Hay fronteras muy bien definidas entre la religión y la espiritualidad, entre la partitocracia y la política, y entre el nacionalismo y el amor a la tierra y las tradiciones. Cruzar estas tres fronteras marca la diferencia entre el fanatismo y el sentido común; o lo que es lo mismo, entre querer descubrir la verdad o creerse en posesión de ella. La idea inicial de las asociaciones humanas, incluyendo los partidos políticos, debería ser la obtención del bien común. Cualquier organización que pretenda otra cosa habrá nacido, seguramente, de una ideología, lo que significa que está en el camino del fanatismo.

Una asociación vecinal, por ejemplo, no contempla ideología alguna. Es un acuerdo entre vecinos para ser fuertes ante los problemas de la comunidad, buscando el bien común. No intenta imponer ideas políticas, pues su objetivo no es la hegemonía, sino gestionar la comunidad. Estas asociaciones suelen estar regidas por un presidente elegido, en ocasiones, por turnos o por sorteo. Cualquiera de estos dos métodos resulta muy efectivo siempre que las funciones estén bien definidas y existan mecanismos de control. Las decisiones pueden ser votadas por todos, lo cual convierte este sistema en una democracia mucho mejor que aquella donde el gobierno se elige por sufragio.

La elección por sorteo fue el método utilizado en la Grecia antigua durante su mayor esplendor. Y no es casualidad: es uno de los mejores remedios contra el peor enemigo de la democracia: la corrupción. Fueron necesarios casi mil años de civilización griega para concluir que la mejor forma de gobierno era el sorteo. Me pregunto cuántos años tendrán que pasar para que salgamos definitivamente de esta "Edad Media" y volvamos a las enseñanzas de sus sabios.

El mantenimiento del sufragio universal para los cargos políticos no obedece más que a intereses espurios; aporta ventajas a los que gobiernan, pero ninguna a los gobernados. Las elecciones están condicionadas por campañas electorales que son producto de ideologías, promesas y ataques. Dichas campañas dependen del dinero, por lo que son pagadas por gente con intereses que no representan a la ciudadanía. En definitiva, no es que este sistema sea propenso a la corrupción, es que la corrupción es el sistema mismo. Así se explica que populistas, racistas, estalinistas o fascistas asciendan al poder y nos veamos sometidos a sus leyes o a merced de los poderes fácticos.

lunes, 27 de mayo de 2019

Confrontar ideas, nunca personas

Las ideas, como las creencias,  son algo intangible y efímero; varían con los tiempos y la evolución de la persona. Aunque forman parte de uno temporalmente, no son uno ni propio de uno. Buena prueba de ello es, que mis ideas, al igual que las de todos,  han cambiado a medida que he crecido. Hay  ideas que antes me parecían buenas y que hoy me producen repulsión, de la misma manera que hay otras con las que creía que nunca iba ha estar de acuerdo y hoy forman parte de mi credo personal.

Nunca debemos atacar a las personas, sino a sus ideas, cuando  no estemos de acuerdo con ellas. Si bien es cierto que  hay ideas que  deben ser combatidas y hasta desterradas del ideario humano, ninguna persona merece tal cosa por creer en ellas. Otra cosa es lo que algunos hagan basándose en esas ideas, pues no es lo mismo la acción que el verbo. Ideas peligrosas, excluyentes, argumentadas con mentiras o falacias, no merecen ni un minuto de reflexión para argumentar su invalidez, ni siquiera deberían  ser consideradas como tales, sino como elucubraciones de mentes trastornadas o que intentan manipular a los demás para alcanzar objetivos personales.

La filosofía es la ciencia perfecta para saber distinguir cuando una idea es válida o no, independientemente de las las creencias personales. Se trata de una ciencia muy objetiva y adecuada; yo diría que imprescindible, sobre todo en estos días; en los que distinguir la verdad de la mentira se hace tan complicado.  A la hora  de defender nuestras ideas, no debemos aferrarnos a ellas como si fuesen inamovibles y propias, hay que estar dispuestos a aceptar que pueden ser erróneas o carecer de argumentos válidos que las avalen. De la misma forma, no podemos descalificar a nadie, llamándole idiota por estar este convencido de que su ideario es mejor que el nuestro o creer en ideas que consideramos estúpidas. Si queremos atacar ideas debemos argumentar para invalidarlas,  siempre desde el respeto. Se trata de creencias personales de un semejante que tiene derecho a pensar lo que quiera y creer en lo que le de la gana, tenga o no argumentos para hacerlo; faltaría más. 

Las ideas que más suelen estar revestidas de falacias y que también presentan mayor apego, son las ideas políticas, o más bien el ideario político. Este suele tener tanto arraigo en la persona, que se hace muy difícil que se replantee sus ideas, sobre todo aquellas que forman principal de ese ideario al que le pusieron nombre de izquierdas o derechas, comunismo, marismo, liberalismo, etc. Ninguna de estas ideas podría ser probada como validada, pues no tiene forma de hacerse más que en los resultados de su aplicación. Si analizamos estos, nos daremos cuenta que todas ellas han fracasado en sus planteamientos por carecer de base científica que las abale. Lo que si ha demostrado su funcionamiento a nivel gubernamental es el funcionariado, que sea cual sea la ideología gobernante, cumple con su función a nivel práctico. Así mismo lo hace la justicia, en aquellos países donde la corrupción no es algo predominante. En ambos casos se da algo que deberíamos tener en cuenta y reflexionar sobre ello. En ambos casos, los criterios de elección del personal que cumple estas funciones, es elegida por sus capacidades y méritos, no por elección en una votaciones. Es más, cuando el poder político interviene en en el normal funcionamiento de estas instituciones, intentado imponer sus criterios y a su gente, acaban deteriorándose y dejan de funcionar como se espera de forma independiente; que  es lo que se espera de ellas.

      

    

miércoles, 22 de mayo de 2019

El libre comercio es una ilusión

Cuando se habla del libre comercio, uno puede pesar  que están refiriendo a comprar y vender lo que quiera, donde quiera, como quiera y cuanto quiera. Sin embargo, esta idea se empequeñece cuando estamos en el mundo real. En primer lugar, cualquier venta o compra, esta sujeta a impuestos, de una manera u otra, por tanto limitada y controlada por el gobierno de turno. Así mismo, la competencia desleal, fruto de la existencia de multinacionales, corporaciones  o macro- empresas, distorsionan el mercado en todos los sentidos, impidiendo el libre comercio y la libre competencia. Por otro lado están los aranceles y las restricciones que se ponen en las fronteras, lo que impide que muchos productos no puedan ser exportados y adquiridos en otros países. Todo esto hace que "el libre mercado" no sea más que una idea  carente de fundamentos e irreal.

El principal problema que impide que esta idea se desarrolle, son, cómo he dicho antes,  los monopolios. De estos tenemos  ejemplos en lo que se refiere al ámbito tecnológicos y el alimentario, este mucho más perjudicial que el primero. Todas las grandes empresas multinacionales, quieren acaparar el mercado y ser las únicas suministradoras de productos concretos, aniquilando a sus competidores; es a lo que aspiran por mucho que lo nieguen. Evidentemente,  esto sera  un perjuicio para todos, pues una vez tomada esta posición de fuerza y poder, la empresa pondrá el precio que le de la gana a sus productos, ya que no tendrá competencia que le haga frente. En el campo de la alimentación, tenemos ejemplos muy claros de este tipo de empresas y como utilizan  técnicas muy sucias para hacerse con el poder. La más conocida de ellas podría ser la empresa agroalimentaria   Monsanto, poseedora de patentes semillas genéticamente modificadas y productora del veneno,  al que las plantas salidas de estas semillas son inmunes. Estas y otras jugadas sucias, son acometidas, en  ocasiones, con el beneplácito de los gobiernos, que se ven influidos por el gran poder que acumulan dichas empresas. Otra forma de juego sucio, es vender por debajo de coste hasta acabar con la competencia. Para ello, las empresas se deslocalizan y se van a producir a los países  pobres; donde la mano de obra es más barata y las leyes que protegen el medio ambiente más laxas o inexistentes.    

En teoría, el libre comercio debería proporcionar diversidad de productos, avances tecnológicos y bienestar a las personas, pero la realidad es que ninguna de estas cosas se cumple. Muy al contrario, lo que produce este supuesto libre comercio, es la creación de monopolios, una distribución de la riqueza injusta y lo peor de todo, una destrucción del entorno y el agotamiento de los recursos naturales del planeta. Un agotamiento incrementado por la producción desmedida de productos inútiles, de corta duración o de muy baja calidad, que se producen con el único objetivo de ganar dinero rápidamente. Así pues, lo que llamamos "libre comercio", como otras muchas cosas dentro de este sistema, no es algo que esté pensado para el bien común,  sino que es algo que surge del lucro y satisfacer la avaricia insaciable de unos pocos.  Dicho de otra manera,  se trata de una consecuencia directa sel sistema, y no de algo que parta de la lógica y el sentido común.  Por lo que, lo que subyace detrás de este fracaso, no es otra cosa que el fracaso mismo del sistema económico, basado en la obtención de beneficio inmediato; causa directa de todos los males de esta sociedad, especialemente del del empobrecimiento moral,  del trabajo esclavo y, si no lo paramos, de la destrucción de la vida en el planeta.

Cuando alguien se atreve a hablar de de distribución de productos, riqueza o recursos,  inmediatamente le tachan a uno de comunista. Pero esto no es una cuestión de ideología política, sino de la aplicación de la ciencia, que nos dice cual es la mejor manera para procurar la  sostenibilidad del planeta y el bienestar de la sociedad en general; lo que llamamos el bien común. Pensemos por un momento en el medios de trasporte más utilizado, el automóvil. Como cambiarían las cosas si solo existiese un solo modelo  que este fuese el mejor posible, tanto en comodidad, calidad, eficiencia energética, diseño etc. Pensemos como sería bajar de casa, y coger cualquier coche disponible utilizando una tarjeta de identificación. Sería un vehículo actualizable, y al cual se le podrían aplicar mejoras, con una larga vida y de fácil reparación. No sería necesario cambiarlo cada cierto tiempo, las reparaciones serían baratas, el reciclado de las piezas sencillo y  su vida útil dependiente solo de nuevas tecnologías más eficientes. Por supuesto, no harían falta ni la mitad de vehículos  para cubrir las necesidades de transporte. Lo mismo podría ser aplicado a todos los electrodomésticos y herramientas que utilizamos y que sean imprescindibles. Aplicando esto, y la eliminación de la fabricación de todo tipo de aparatos de mala calidad o prescindibles, el gasto energético, el consumo de materias primas y tiempo para fabricarlas, disminuiría drásticamente. Sería difícil calcular cuanto, pero sería muchísimo menos gasto y muchísimo más tiempo para vivir la vida. El problema de esto, es que no habría tanto trabajo y por tanto personas con poder adquisitivo para comprar productos. La solución es sencilla, pero no estaría utilizando el actual sistema económico, ya que este precisa de un crecimiento perpetuo para seguir funcionando. Sería necesario cambiarlo completamente por un sistema basado en recursos. Dentro de un sistema así se repartirían estos en función de su disposición y existencia, entre todos los ciudadanos y por familias, dependiendo si se tratase de electrodomésticos, o elementos de uso personal. Tenemos que tener en cuenta, que  pronto y a medida que se automaticen los proceso productivos, los puestos de trabajo de baja cualificación van a desaparecer; es inevitable. Para solucionar esto, utilícese ese tiempo sobrante en educación, ciencia, cultura y arte; cosas más humanas que un trabajo esclavo para producir mierda por una miseria. Mierda que sirve para llenar los vertederos y gastar recursos valiosos.

Por desgracia, mucho tiene que cambiar en la política y en la mentalidad de las personas en general, para que estas ideas, que no son otra cosa que la puesta en marcha de lo que es lógico, se pongan en marcha. Hay elementos como la corrupción y la podredumbre moral sel ser humano, que deben ser reconducidos en pro del bien común; tan necesario para desarticular esta sociedad basada en hechos, que aunque nos parezcan inamovibles y sólidos, no son más que mentiras muy bien articuculadas para parecer eso mismo. En realidad es todo como un castillo de naipes, listo para ser derribado y construir una sociedad sólida basada en principios morales, donde el respeto al prójimo, la libertad  y los derechos, solo sean la base de un buen edificio, completado con la ciencia, la igualdad de oportunidades, de derechos y de deberes.  

 

martes, 12 de febrero de 2019

El interés compuesto, origen del mal.

Estamos frente al televisor, siendo espectadores  de un  partido en diferido que hemos visto unas cuantas veces ya. Sabemos el resultado y casi de memoria las jugadas, pero seguimos ahí, impertérritos,  hipnotizados  y como si fuese la primera vez que lo vemos. Albergamos la estúpida esperanza de que suceda lo que sabemos no va a suceder. Esta sociedad es así, está adormilada, seducida por miles de pequeños entretenimientos y placeres, abrumada por pequeños problemas cotidianos que impiden ver la aberrante magnitud del problema que nos viene encima. Una amenaza comparable a la caída de un meteorito y con consecuencias igualmente devastadoras.
El modelo de organización económica actual, tiene como objetivo  la obtención del beneficio inmediato, sin importar las consecuencias. Este modelo, desde luego  no es sostenible y mucho menos enfocado al bien común; el que debiera ser su objetivo por encima de cualquier otro. Es un sistema que  favorece la corrupción, la desigualdad social, el crimen, el odio y la delincuencia, es decir, los peores valores del ser humano. Su modo de funcionamiento fomenta el despilfarro de recursos, sin tener en cuenta  que no son infinitos. Combustibles fósiles, minerales raros y agua potable, entre otros muchos, son utilizados en la producción de  un sinfín de productos inútiles;  consumiendo  una gran cantidad de energía y el tiempo vital de las personas. Estos productos serán desechados  al  poco tiempo de su uso, pues  se ha limitado su duración a propósito para que tengan fecha de caducidad, siempre menor de su vida útil real. Serán  sustituidos por otros, algo mejores, quizás con más prestaciones, pero también perecederos a corto plazo. Convertidos en desperdicios peligrosos y dañinos para el medio ambiente,   acabarán incrementando la altura de las montañas de basura tóxica en algún país pobre, donde políticos corruptos  envenenarán a su pueblo  a cambio de unas migajas del pastel. En el  proceso de creación y destrucción,  el sistema devora nuestro tiempo vital y el del planeta entero, poniendo en peligro nuestra existencia.  El agotamiento de estos recursos terminaría, con toda seguridad, con nuestra civilización, llevándonos de nuevo a la edad media, en el mejor de los casos. Por otro lado, no hace falta mucha intuición  para comprender que la  obtención de estos preciosos recursos será cada vez más costosa; lo que  provocará guerras fratricidas por el control de los territorios donde dónde se producen. Esto, en menor escala,  ya está sucediendo en la actualidad. No es algo que se vea a simple vista, pues los medios de comunicación controlados por el sistema, no lo pone en evidencia más que en contadas ocasiones y en reportajes marginales. Se trata de operaciones encubiertas realizadas  por los servicios secretos de los estados más  poderosos, los grandes consumidores de materias primas. Estos crean conflictos  en los territorios que los contienen, evitando así   que prospere su población  y se emancipe, que tomen  el  control de sus propios recursos. Con ello, además de empobrecerlos,  consiguen que se  vean avocados  malvender sus materias primas  para  sobrevivir siempre dentro de la pobreza, a la vez que se endeudan con la mafia financiera. Y es normal que ocurra todo esto, pues el sistema precisa de una  cantidad, cada vez  mayor de productos de consumo, pues solo así puede seguir creciendo y mantener esta gran estafa viva y que no se desplome.   
        
Cuál es el origen de todo esto y cómo hemos llegado hasta esta situación, es algo que desde hace mucho tiempo me cuestiono. Siempre me ha resultado un enigma descubrir los mecanismos por los cuales este sistema perdura en el tiempo. En mí búsqueda de respuestas sobre el origen, leí a los que creía habían puesto los pilares de la economía moderna. Enseguida  me di cuenta que no podría ser el fruto de estos  grandes pensadores. Creo que ellos solo dieron cuerpo y entidad a algo siniestro que ya existía. Es cierto que fueron  influyentes, sobre todo entre los siglos XII y XIII. Sus obras ayudaron a muchos gobiernos a entender  cómo funcionaba parte la economía, dándole herramientas que sirviese de base para sus decisiones. Eso, efectivamente, tuvo repercusiones positivas en   la mejora de las condiciones de vida de la gente. Algunos de estos pensadores eran fervientes defensores del  liberalismo “libre mercado”, cómo  Adam Smit. Otros, por el contrario, abogaban por el control del estado sobre el mercado para evitar abusos y desequilibrios. Un ejemplo fue  Joseph Stiglitz, quien  criticaba  las políticas liberales y  llamó fundamentalistas del liberalismo a sus antecesores. Él  apostaba por una economía muy controlada por el estado, pues no creía en la auto-regulación de los mercados. Pensaba, no en vano,  que estos acababan en monopolios y generaban tremendas desigualdades de reparto de la riqueza. Por su parte Karl Marx, padre del socialismo y creador del concepto de clases sociales. Fue quien con más énfasis puso en poner de manifiesto esas desigualdades que las políticas liberales producían en la sociedad de su tiempo. Sus escritos dieron lugar a movimientos revolucionarios populares y protestas que acabaron en disturbios muy graves. Su papel fue vital para  terminar, en buena parte, con el trabajo esclavo. Peros como hemos visto después de los muchos años transcurridos, el comunismo, y los regímenes derivados de sus ideas,  sus  teorías se quedaron en  papel mojado. Hoy el trabajo, aunque en menor medida, sigue siéndolo y sus ideas, llevadas al extremo  por muchos políticos,  solo  han demostrado ser causa de pérdida de libertad, creación de miseria y  de dos únicas clases, los que pertenecían al partido y los que no.
Las desigualdades sociales, te tanto criticaba Marx,  son  necesarias para mantener un sistema, que no ha cambiado demasiado desde que se hizo el primer préstamo con interés. Sí, ahí  está  el verdadero origen de la estafa global que rige el mundo. A pesar de todos los teóricos, pensadores y matemáticos, no ha cambiado desde que se hizo ese primer préstamo. Fue eso lo que mandó al garete el libre mercado de Adam Smit, los ideales de Stiglitz o los análisis y buenas intenciones de Marx. El interés compuesto rea un concepto abstracto e irreal, que somete a la economía real a una dictadura. Hace que las cosas no tengan un valor real, basado en su cantidad y utilidad. El interés compuesto crea deuda ficticia y obliga a realizar trabajo esclavos mediante la deuda. Una deuda que no puede dejar de crecer ni der pagada, pues todo se iría al garete.  Hoy en día, hay muy pocos que presenten alternativas a esta estafa genocida. De esos  pocos, podría destacar al   economista Christian Felbe. Él, aplicando la más elemental de las premisas, establece el bien común como el único objetivo de debería tener cualquier sistema económico para ser aplicado. Si bien sus teorías están cargadas de razón y nunca mejor dicho, de sentido común, la difusión de sus ideas es pequeña. Su trascendencia en los círculos económicos y políticos, así como en los medios de comunicación,  es residual. Christian Felbe diseñó  un test, basado en una serie de características que las empresas deberían cumplir para ser calificadas de empresas que favorecen el bien común. Ninguna empresa grande, corporación  o multinacional  pasarían  esos test, cómo es normal, teniendo en cuenta, que son estas las principales fuerzas interesadas en su mantenimiento.
Se ve a simple vista que el neo-liberalismo no es  como Milton o Smit lo definieron (Libre mercado). En realidad el sistema está  férreamente controlado, o mejor dicho, corrompido por instituciones privadas. Estas  entidades operan en su interior sin ningún control por parte de los estados. Son entidades privadas, como el FMI (fondo monetario internacional), FED (Reserva Federal), BCE (Banco Central Europeo) y otras muchas, relacionas con la bolsa de valores, empresas de calificación de riesgos, especuladores  o poderosos fondos de inversión. Estas entidades, como he dicho privadas  y sin control democrático por parte de ningún estado o parlamento, hacen y deshacen en la economía. Funcionan cómo los órganos vitales de una bestia,  que ha tomado vida propia y se realimenta de sí misma. Pueden influir en decisiones políticas, arrebatando el poder del pueblo; especialmente si este pretende acabar con ellas. No hay nada más alejado del bien común que la avaricia insaciable de una entidad deshumanizada que mira solo por su propio interés.  Y esto es precisamente esto lo que  desean, nada más alejado de un espíritu humano, nada más alejado de la empatía.  
Mí conclusión final, después de reflexionar sobre todo lo dicho, es  que  el actual sistema económico es de origen perverso; con una clara intencionalidad de dominación. Detrás de todas las teorías y las matemáticas que lo intentan explicar, están sus efectos a plena luz del día. Si quisiéramos saber quiénes lo mantiene y lo protege, tendríamos que preguntarnos a quién beneficia  en mayor grado, a dónde va a parar lo recogido por el interés de la deuda creada por el interés compuesto. Quizás allí encontremos la respuesta y a los que se esconden en las sombras.  

lunes, 4 de febrero de 2019

El juego político español


El  partido popular reniega de sus disidentes cómo Podemos lo hace de los suyos, sabiendo que esto es un error de principiantes en política, ya que lo normal en política es que dialogar para integrar opiniones diversas. Esto es aprovechado  cómo  balón de oxígeno por el PSOE. Es justo lo que necesitaba  para no extinguirse, una derecha fraccionada y una extrema izquierda radicalizada y dividida. Y mira por donde, casualidades de la vida, ocurre el milagro, evitando que sus afiliados se repartan en otros partidos de nueva creación, huyendo de esa máquina de corrupción que ahora vira a su izquierda para evitar más fugas.

La obsesión enfermiza del PP en ser políticamente correctos, le ha hecho caer en la tibieza, la ambigüedad y, sobre todo en la incoherencia. Son causas de penalización en las urnas, tanto o más que la corrupción que asola el partido en los últimos tiempos. VOX es el fruto de esos graves errores políticos y, aunque ahora Casado intenta corregirlos, es demasiado tarde para parar el cisma entre los que quieren una derecha sin complejos y de firmes condiciones y los que la prefieren el tibio  y moderado legado de Rajoy. Un tipo trabajador, pero muy mal estratega,  que no supo parar a tiempo la sangría de la corrupción y actuó tarde cuando los secesionistas quisieron saltarse a las bravas el estado de derecho y la constitución.

Por su parte, Podemos se ve víctima de las incoherencias de su cabeza visible, Pablo Iglesias. Ese sujeto, mitad pijo y mitad progre, que quiso poner el nivel de limpieza política tan alto que fue el primero tirar el listón. Además, la amalgama de corrientes, confluencias e ideologías de su partido, hacen que el ciudadano no tenga ni idea de que es Podemos, si se trata de un partido político, una asociación, un grupete de amigos; mal avenidos, por cierto... Lo que si se ve y mucho en ese partido, es su simpatía por el estalinismo y el despotismo de en la gestión de su secretario general. Además, el apoyo explícito a las dictaduras de izquierda, aleja al votante moderado e incluso a los que apoyaron el movimiento 15M; del que dicen son originarios. Seguramente por este motivo  Errejón y otros dirigentes, fundadores, se marchan y buscan caminos alternativos a este lio llamado Podemos. Por si esto fuera poco, no es que su gobierno, en los sitios donde lo han ejercido, sea para tirar cohetes. Solo hay que ver los niveles de satisfacción de las ciudades que gobiernan para cercenarse de su valía como gestores.  

Ciudadanos, por su parte, intenta contentar a todo el mundo, y eso sabemos que es imposible. Son originarios de un movimiento antinacionalista radical catalán, pero su pasividad a la hora de luchar por alcanzar el poder en Cataluña después de ganar unas  elecciones, les ha puesto en la picota. Además, sus devaneos y vaivenes en cuestiones importantes, han hecho que sean conocidos como los veletas, y eso en política es imperdonable. Estos cambios de rumbo, son a veces tan bruscos,  que acaban perdiendo militantes o simpatizantes en cada uno de ellos. La causa de esto, es muy posible que sea el fruto de la entrada en el partido de trepas, muchas veces  procedentes del PSC o del PSOE. Que viendo como su barco se hundía, buscaron nuevos lugares donde se les diese cobijo y comida gratis para seguir viviendo de la sopa boba.   

En medio de estas trifulcas políticas está el ciudadano de a pie,  que  ve esto cada vez con mayor  distancia. Porque que sus problemas siguen estando ahí; esté quien esté en el gobierno. Es una reacción lógica y esperada, que nos desvinculen cada día más de la política y lo veamos cómo un problema y no la solución. Porque salga quien salga acaba defraudando a unos más que otros, pero siempre defraudando. Los impuestos y los productos básicos no dejan de subir, mientras los sueldos se mantienen o bajan. Esto representa pérdida de poder adquisitivo, mayor pobreza y la consiguiente pérdida de libertad. Ninguno de los partidos que han estado hasta ahora en el poder ha resuelto estos problemas, más bien los han parcheado o, incluso, los han agravado. Sentimos que los líderes políticos no nos representan ni tienen en cuenta nuestros problemas básicos. Pero a la vez, nos damos cuenta que es el único medio que tenemos para resolver problemas comunes. Esa actitud derrotista y pasiva que lleva a la abstención, es precisamente la que interesa a la gente que mueve los hilos de verdad. Y es que en realidad, derecha izquierda y demás etiquetas ideológicas, son solo nombres para un único producto defectuoso, que viene a ser  cómo una mala medicina para una enfermedad crónica que nadie se molesta en diagnosticar.  Todos, sin excepción, sirven a un sistema que solo  funciona para unos cuantos, a los que nadie ha votado y que no están sometidos a ningún tipo de control institucional. Intereses financieros, fondos de inversión, multinacionales y organizaciones de multimillonarios secretas, tiene mucho más poder de influencia en las decisiones políticas que cualquier parlamento. Para muestra un botón. Solo hay que mirar a la burocracia de la EU, que  es un claro ejemplo de cómo estos poderes influyen en  las políticas que emanan del lugar se debería manifestar la voluntad popular. Al final, acaba siempre tomando decisiones para beneficiar y preservar el sistema financiero y las grandes multinacionales. 

Si la voluntad popular estuviese representada en los parlamentos y estos no fuesen meros peleles de la voluntad del poder económico, seguramente el actual sistema de dinero fiduciario, auténtica cárcel donde se practica la obligación de realizar trabajo esclavo, hubiese desaparecido hace mucho tiempo. Si en vez de dejarnos engañar por ideologías que han demostrado no ser más que creencias religiosas, alejadas de la verdad y señuelo para encumbrar títeres al poder, ahora serían las políticas del bien común las que imperarían en el mundo, y no los intereses espurios del capital que tanto daño nos hacen a nosotros y al planeta en general. Pero como he dicho antes, la política en este momento es una mala medicina para un enfermo al que no se le quiere hacer un diagnóstico serio, en definitiva, buscar los verdaderos problemas que hacen nuestra vida difícil, en un mundo donde es posible ser completamente feliz y tener todo lo necesario para ello. El camino para llegar a esto puede estar en la democracia, pero no en esta farsa de democracia representativa que no representa  nadie más que la avaricia y el nepotismo de una élite. La democracia podría ser la solución, ahora que se dan las circunstancias, con un poder dividido y peleándose por cada escaño. En la mayoría de las constituciones está la razón, pero deben cumplirse todos los derechos expuestos en ellas para todos, y no solo acabar siendo panfletos inútiles expuestos en una vitrina. En España no se necita una nueva constitución, el texto no es perfecto, pero se acerca mucho a lo que debiera ser, solo hace falta que deje de ser mancillado por los políticos.

jueves, 10 de enero de 2019

La Europa marxista se desmorona.


No son pocas las voces que alertan que  la Unión Europea se desmorona; y no es para menos. La desconexión de la burocracia con la ciudadanía, sus políticas  marcadamente marxistas y las   graves infiltraciones de grupos de presión financieros e industriales en sus decisiones, está creando una gran desafección  por parte de la ciudadanía de los países miembros. Estos  ven  cómo sus respectivos gobiernos ceden ante decisiones arbitrarias,  que poco o nada tienen que ver con bien común o con la mejora de su calidad de vida. Muy al contrario, ven como  los saquean a impuestos que solo sirven  para engordar una burocracia cada vez más pesada y dependiente de los poderes fácticos.

 Las decisiones respecto a la  emigración ilegal, la imposición de ideologías de género , así como  las leyes, cada vez  más invasivas en lo que se refiere a la privacidad y libertad; son solo algunas de las causas de su muerte política.EL brexit de Inglaterra, las protestas de los chalecos amarillos en Francia, el auge de la derecha en Alemania, España y otros países de la unión, no es más que una respuesta de una ciudadanía harta  de tanto despropósito. Ya no quieren  este tipo de unión que solo favorece a los ricos,  los burócratas y las grandes multinacionales.  

El momento político que vivimos es muy interesante, porque a parte de este declive y respuesta de la ciudadanía, se suma el hartazgo a  la dominación de la progresía y de su corrección política en algunos países, así como sus dogmas de género y políticas buenistas que no han traído más que subidas de impuestos, control social y leyes absurdas. Los devotos de estas creencias, políticos  con tendencia a creerse superiores moralmente al resto de los mortales,  han ido campado por los parlamentos de Europa, dejando un rastro de leyes destinadas a imponer sus creencias, que bien podrían ser parte de la construcción de un mundo feliz, donde nadie pueda tener la  tentación de pensar diferente. Ya hace demasiado tiempo que vemos con estupor e impotencia, como esta camada de presuntos intelectuales  arremete contra los  hombres, arrebatándonos  la presunción de inocencia y convirtiéndonos en asesinos de mujeres antes de haber cometido ningún acto que así lo demostrase. Al mismo tiempo,   pretenden normalizar lo raro, la mediocridad y la estupidez. En su camino de destrucción intelectual, han manipulado el lenguaje, tratándonos como a niños, interviniendo con leyes en   todos los aspectos de nuestra vida, diciéndonos como tenemos que ser y lo que es correcto o no, plagando nuestras vidas de impuestos destinados a pagar sus chiringuitos.   Esta asfixiante presión, está llevando a muchos a contestar, derribando los endebles muros ideológicos sobre los que se apoyan estos salva-patrias. No hay más que buscar en internet para ver la enorme resistencia que se está gestando contra toda esta chusma  ideología. Blogueros de todo el mundo alertan y desmontan sus argumentos falaces, que por otra parte no son difíciles de derribar. 

 Puede que todo forme parte de una estrategia premeditada, pero lo cierto es que sea como sea, la tendencia es que, partidos populistas o de carácter radical, están tomando un protagonista inaudito en una sociedad avanzada como la europea. Con el tiempo se verá si estos nuevos partidos son parte de la disidencia controlada, como lo fue el movimiento, supuestamente  espontaneo del 15M, o una alternativa sería a estas políticas intrusivas y marxistas que han dominado hasta ahora la política.