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lunes, 7 de octubre de 2019

El secuestro de la mente: ¿Eres dueño de tus ideas o eres su rehén?

Cuando manifestamos una idea políticamente divergente y alguien no solo discrepa, sino que se muestra agresivo e incapaz de comprender o tolerar esa divergencia, puede que estemos ante una persona con rasgos de pensamiento sectario o fuertemente ideologizado. Aunque no es necesariamente un diagnóstico claro, ya invita a la cautela.

Tras ciertos indicios, podría sospecharse que estamos ante alguien que otorga al consenso un valor casi incuestionable, como si la mayoría no pudiera equivocarse. Sin embargo, la lógica y la historia muestran que las mayorías no solo pueden equivocarse, sino sostener ideas erróneas durante cientos de años. Deducimos, pues, algo que casi no es necesario decir: el hecho de que una opinión sea minoritaria no implica necesariamente que sea falsa o equivocada.

El mundo humano es plural y en él coexisten tantas formas de pensar y de ver el entorno como personas hay encima de la superficie de este planeta redondo; ideas que reúnen a muchas personas que comparten. Cualquiera que no acepte esto ya está incurriendo en el mismo error de quienes dieron por sentadas ideas sin cuestionarse siquiera por qué creían en ellas. Mi teoría respecto a esto es que sucede por un defecto inherente al ser humano que nos hace aferrarnos a las ideas como si fuesen objetos de nuestra identidad. La pérdida de estos objetos nos produce el mismo sufrimiento que cuando se pierde algo que es solo nuestro.

Pero ahora sabemos que la ciencia y el sentido común nos dicen que las creencias son tan volubles y efímeras como nuestra existencia misma. Asimismo, ninguna de nuestras creencias es realmente nuestra, sino que hemos llegado a ellas por otros. En realidad, la mayoría son el fruto de muchas otras ideas, pero en su mayoría son creencias y no hechos demostrables; en definitiva, puras especulaciones o elucubraciones sin fundamento firme y científico. Los prejuicios, rumores y opiniones interesadas son tan nefastos para seguir el camino de la verdad como lo son las creencias.

Para llegar a una realidad certera, tenemos que entender que la que consideramos nuestra realidad es tan solo un plato cocinado por nuestro cerebro, cuyos ingredientes son los sentidos y el conocimiento sensible. Dicho de otra manera, nuestro cerebro construye la realidad en la que creemos vivir, pero esta, al igual que creer que la Tierra es plana, es tan solo una idea. Las creencias nunca nos llevarán cerca de la verdad; por el contrario, nos alejan de ella. Para acercarnos, tenemos que tomar un camino difícil y lleno de dificultades. Tenemos que utilizar solo los ingredientes puros de la ciencia demostrativa y la experiencia de los sabios. Aquella bonita frase que dice “cuestiónatelo todo” es perfectamente aplicable en esto. Porque si no pasamos un filtro que verifique la calidad de nuestros ingredientes, podemos arruinar todo el plato y acabar falseando nuestra percepción de la realidad. Para andar este camino, debemos tener siempre una mente abierta y no esperar nunca un resultado concreto. Pues es sabido que, de una manera o de otra, podemos alterar el resultado de lo que observemos mediante la simple observación.

Desde la filosofía clásica, e incluso puede que mucho antes, el hombre se ha hecho todo tipo de preguntas trascendentales con el fin último de llegar a la verdad. El mismísimo Buda se lo planteó y llegó a escribir sobre ello. Su conclusión fue que solo había cuatro nobles verdades. Pero estas cuatro verdades se referían, por supuesto, a la espiritualidad del ser humano, sin entrar en la vida mundana ni en el análisis del propio samsara donde, según Buda, nos ha tocado vivir. A este respecto, pienso que las enseñanzas de Buda solo son aplicables para aquellos que están preparados para emprender un camino espiritual hacia la iluminación; algo que pocos pueden. Para los demás, que tienen que lidiar unas cuantas vidas en el samsara, les será necesario primero entender las reglas del mundo del samsara. La ciencia y todas nuestras capacidades de deducción lógica están para ello. Las creencias solo están para alejarnos del camino de la verdad.

La ciencia ayuda a percibir la realidad de las cosas, así como la historia, que no deja de ser una rama de la misma. Esto es así porque se demuestran las cosas con argumentos y pruebas que no dejan margen para la duda. No obstante, siempre tendremos que tener presente que la ciencia tampoco es infalible. Los científicos, historiadores y organizaciones son personas o están dirigidos por ellas, por tanto susceptibles de caer en la corrupción, el error o el engaño. Así pues, tenemos que andarnos con cuidado también con la ciencia y la información que nos llega de ella.

Las deficiencias de la gente, así como la facilidad que tenemos para aferrarnos a las ideas sencillas sin analizarlas ni cuestionarlas, son aprovechadas por políticos y organizaciones con el fin de obtener poder, seguidores, adeptos o fanáticos. Pues sabemos que, mediante la manipulación o la ingeniería social, se puede engañar a mucha gente hasta crear una corriente ideológica que se cierra a otras realidades. Estas personas abducidas por el ideario ya no aceptarán, en su mayoría, opiniones diferentes. Son ese tipo de personas que no soportan o comprenden que haya otras que piensen diferente a ellas. Son el tipo de personas que arrastran al disidente al destierro social, intolerantes y susceptibles de crear conflictos violentos. Incapaces de contemplar otras realidades, se ciegan y son incapaces de cuestionar la ideología colectiva por la cual han quedado secuestrados de mente y alma.

En lo político, algunos creen en algo incluso cuando la ciencia, el sentido común y el tiempo han demostrado que dichas ideas están equivocadas y acarrean terribles consecuencias. En tal caso, ya no es una cuestión de ideas; estaríamos ante otro problema del ser humano que también es causa de grandes conflictos. El ser humano es gregario, necesita sentirse querido y protegido por el grupo. Las modas, los partidos políticos, las asociaciones, los clubes solo son formas de alimentar ese sentimiento. El miedo al rechazo, la burla o la discriminación hace que busquemos afinidades. Solo las personas con carácter y honestas consigo mismas a eso les importa muy poco. De ahí que el objetivo de los que pretenden el control de la sociedad busquen eliminar la disidencia, bien haciendo que se sientan culpables por ser diferentes, o mediante la presión de la misma sociedad.

Un efecto secundario del aferramiento a las ideas es que perdemos, indirectamente, nuestra individualidad. Es decir, aquello que queremos proteger, que en el fondo es nuestro ego, se ve diluido en la colectividad. Nuestra energía vital se desperdicia para fines egoístas de otros, a la vez que caemos en una esclavitud intelectual.

Banderas, nacionalismo, símbolos, ideología, religión, todo ello son las herramientas que el poder utiliza para crear esclavos y diezmar a los librepensadores.

martes, 12 de febrero de 2019

El interés compuesto, origen del mal.

Estamos frente al televisor, siendo espectadores  de un  partido en diferido que hemos visto unas cuantas veces ya. Sabemos el resultado y casi de memoria las jugadas, pero seguimos ahí, impertérritos,  hipnotizados  y como si fuese la primera vez que lo vemos. Albergamos la estúpida esperanza de que suceda lo que sabemos no va a suceder. Esta sociedad es así, está adormilada, seducida por miles de pequeños entretenimientos y placeres, abrumada por pequeños problemas cotidianos que impiden ver la aberrante magnitud del problema que nos viene encima. Una amenaza comparable a la caída de un meteorito y con consecuencias igualmente devastadoras.
El modelo de organización económica actual, tiene como objetivo  la obtención del beneficio inmediato, sin importar las consecuencias. Este modelo, desde luego  no es sostenible y mucho menos enfocado al bien común; el que debiera ser su objetivo por encima de cualquier otro. Es un sistema que  favorece la corrupción, la desigualdad social, el crimen, el odio y la delincuencia, es decir, los peores valores del ser humano. Su modo de funcionamiento fomenta el despilfarro de recursos, sin tener en cuenta  que no son infinitos. Combustibles fósiles, minerales raros y agua potable, entre otros muchos, son utilizados en la producción de  un sinfín de productos inútiles;  consumiendo  una gran cantidad de energía y el tiempo vital de las personas. Estos productos serán desechados  al  poco tiempo de su uso, pues  se ha limitado su duración a propósito para que tengan fecha de caducidad, siempre menor de su vida útil real. Serán  sustituidos por otros, algo mejores, quizás con más prestaciones, pero también perecederos a corto plazo. Convertidos en desperdicios peligrosos y dañinos para el medio ambiente,   acabarán incrementando la altura de las montañas de basura tóxica en algún país pobre, donde políticos corruptos  envenenarán a su pueblo  a cambio de unas migajas del pastel. En el  proceso de creación y destrucción,  el sistema devora nuestro tiempo vital y el del planeta entero, poniendo en peligro nuestra existencia.  El agotamiento de estos recursos terminaría, con toda seguridad, con nuestra civilización, llevándonos de nuevo a la edad media, en el mejor de los casos. Por otro lado, no hace falta mucha intuición  para comprender que la  obtención de estos preciosos recursos será cada vez más costosa; lo que  provocará guerras fratricidas por el control de los territorios donde dónde se producen. Esto, en menor escala,  ya está sucediendo en la actualidad. No es algo que se vea a simple vista, pues los medios de comunicación controlados por el sistema, no lo pone en evidencia más que en contadas ocasiones y en reportajes marginales. Se trata de operaciones encubiertas realizadas  por los servicios secretos de los estados más  poderosos, los grandes consumidores de materias primas. Estos crean conflictos  en los territorios que los contienen, evitando así   que prospere su población  y se emancipe, que tomen  el  control de sus propios recursos. Con ello, además de empobrecerlos,  consiguen que se  vean avocados  malvender sus materias primas  para  sobrevivir siempre dentro de la pobreza, a la vez que se endeudan con la mafia financiera. Y es normal que ocurra todo esto, pues el sistema precisa de una  cantidad, cada vez  mayor de productos de consumo, pues solo así puede seguir creciendo y mantener esta gran estafa viva y que no se desplome.   
        
Cuál es el origen de todo esto y cómo hemos llegado hasta esta situación, es algo que desde hace mucho tiempo me cuestiono. Siempre me ha resultado un enigma descubrir los mecanismos por los cuales este sistema perdura en el tiempo. En mí búsqueda de respuestas sobre el origen, leí a los que creía habían puesto los pilares de la economía moderna. Enseguida  me di cuenta que no podría ser el fruto de estos  grandes pensadores. Creo que ellos solo dieron cuerpo y entidad a algo siniestro que ya existía. Es cierto que fueron  influyentes, sobre todo entre los siglos XII y XIII. Sus obras ayudaron a muchos gobiernos a entender  cómo funcionaba parte la economía, dándole herramientas que sirviese de base para sus decisiones. Eso, efectivamente, tuvo repercusiones positivas en   la mejora de las condiciones de vida de la gente. Algunos de estos pensadores eran fervientes defensores del  liberalismo “libre mercado”, cómo  Adam Smit. Otros, por el contrario, abogaban por el control del estado sobre el mercado para evitar abusos y desequilibrios. Un ejemplo fue  Joseph Stiglitz, quien  criticaba  las políticas liberales y  llamó fundamentalistas del liberalismo a sus antecesores. Él  apostaba por una economía muy controlada por el estado, pues no creía en la auto-regulación de los mercados. Pensaba, no en vano,  que estos acababan en monopolios y generaban tremendas desigualdades de reparto de la riqueza. Por su parte Karl Marx, padre del socialismo y creador del concepto de clases sociales. Fue quien con más énfasis puso en poner de manifiesto esas desigualdades que las políticas liberales producían en la sociedad de su tiempo. Sus escritos dieron lugar a movimientos revolucionarios populares y protestas que acabaron en disturbios muy graves. Su papel fue vital para  terminar, en buena parte, con el trabajo esclavo. Peros como hemos visto después de los muchos años transcurridos, el comunismo, y los regímenes derivados de sus ideas,  sus  teorías se quedaron en  papel mojado. Hoy el trabajo, aunque en menor medida, sigue siéndolo y sus ideas, llevadas al extremo  por muchos políticos,  solo  han demostrado ser causa de pérdida de libertad, creación de miseria y  de dos únicas clases, los que pertenecían al partido y los que no.
Las desigualdades sociales, te tanto criticaba Marx,  son  necesarias para mantener un sistema, que no ha cambiado demasiado desde que se hizo el primer préstamo con interés. Sí, ahí  está  el verdadero origen de la estafa global que rige el mundo. A pesar de todos los teóricos, pensadores y matemáticos, no ha cambiado desde que se hizo ese primer préstamo. Fue eso lo que mandó al garete el libre mercado de Adam Smit, los ideales de Stiglitz o los análisis y buenas intenciones de Marx. El interés compuesto rea un concepto abstracto e irreal, que somete a la economía real a una dictadura. Hace que las cosas no tengan un valor real, basado en su cantidad y utilidad. El interés compuesto crea deuda ficticia y obliga a realizar trabajo esclavos mediante la deuda. Una deuda que no puede dejar de crecer ni der pagada, pues todo se iría al garete.  Hoy en día, hay muy pocos que presenten alternativas a esta estafa genocida. De esos  pocos, podría destacar al   economista Christian Felbe. Él, aplicando la más elemental de las premisas, establece el bien común como el único objetivo de debería tener cualquier sistema económico para ser aplicado. Si bien sus teorías están cargadas de razón y nunca mejor dicho, de sentido común, la difusión de sus ideas es pequeña. Su trascendencia en los círculos económicos y políticos, así como en los medios de comunicación,  es residual. Christian Felbe diseñó  un test, basado en una serie de características que las empresas deberían cumplir para ser calificadas de empresas que favorecen el bien común. Ninguna empresa grande, corporación  o multinacional  pasarían  esos test, cómo es normal, teniendo en cuenta, que son estas las principales fuerzas interesadas en su mantenimiento.
Se ve a simple vista que el neo-liberalismo no es  como Milton o Smit lo definieron (Libre mercado). En realidad el sistema está  férreamente controlado, o mejor dicho, corrompido por instituciones privadas. Estas  entidades operan en su interior sin ningún control por parte de los estados. Son entidades privadas, como el FMI (fondo monetario internacional), FED (Reserva Federal), BCE (Banco Central Europeo) y otras muchas, relacionas con la bolsa de valores, empresas de calificación de riesgos, especuladores  o poderosos fondos de inversión. Estas entidades, como he dicho privadas  y sin control democrático por parte de ningún estado o parlamento, hacen y deshacen en la economía. Funcionan cómo los órganos vitales de una bestia,  que ha tomado vida propia y se realimenta de sí misma. Pueden influir en decisiones políticas, arrebatando el poder del pueblo; especialmente si este pretende acabar con ellas. No hay nada más alejado del bien común que la avaricia insaciable de una entidad deshumanizada que mira solo por su propio interés.  Y esto es precisamente esto lo que  desean, nada más alejado de un espíritu humano, nada más alejado de la empatía.  
Mí conclusión final, después de reflexionar sobre todo lo dicho, es  que  el actual sistema económico es de origen perverso; con una clara intencionalidad de dominación. Detrás de todas las teorías y las matemáticas que lo intentan explicar, están sus efectos a plena luz del día. Si quisiéramos saber quiénes lo mantiene y lo protege, tendríamos que preguntarnos a quién beneficia  en mayor grado, a dónde va a parar lo recogido por el interés de la deuda creada por el interés compuesto. Quizás allí encontremos la respuesta y a los que se esconden en las sombras.  

viernes, 14 de septiembre de 2018

La ideología, el mal de nuestro tiempo

En ocasiones, nuestra mente nos juega malas pasadas por pensar demasiado,  creando dogmas, que nacen de la especulación y creencias derivadas de otras. Cuando muchos piensan de la misma manera se realimentan entre ellos y acaban creando  una ideología o corriente de pensamiento común. Los  conceptos de derechas e izquierdas, son ejemplos de lo dicho, corrientes de pensamientos, que aun siendo estériles e inútiles, toman la categoría de dogma empírico. Todas las ideologías políticas, sin excepción, entran dentro de esta categoría, la que podríamos llamar categoría de pensamientos estériles. Se englobarían en ella todos aquellos pensamientos basados en creencias y sentimientos, como el nacionalismo, el capitalismo o el socialismo, etc...    

En realidad, es qué tener un pensamiento de derechas o de izquierdas, no deja de ser una mera creencia adquirida mediante  una serie de circunstancias ambientales, dentro de un entorno social determinado. Ambos conceptos son irrelevantes en lo que se refiere a la realidad de las cosas, pero  acaban teniendo efectos reales, casi siempre malos,  sobre nuestras vidas. Es en sí,  una forma de ver la realidad, que la es sin necesidad de añadir calificativos o ideología. 

Las corrientes de pensamiento inducidas y realimentadas, polarizan, condicionan  y clasifican a las personas de forma artificial, lo que desvía la atención de los problemas reales y dificulta la solución a los mismos. Es decir,  en vez de aplicar el sentido común, la ciencia y la razón, se aplican las soluciones que concuerdan con  la corriente ideológica, lo que es completamente absurdo para resolver los problemas más elementales, ya no digamos los complejos problemas sociales y de gestión de recursos. 

Con frecuencia,  algunos  políticos ejecutan acciones o toman decisiones solo en concordancia con su ideología, alejándose de razones o argumentos puramente científicas o de sentido común. Elijen a sus asesores, también en función de si sus ideas concuerdan , así como los funcionarios y colaboradores. Esta práctica,  es lo que les lleva a realizar una mala gestión y no ser ecuánimes, primando las necesidades de  los ciudadanos que piensan como ellos sobre los que no lo hacen. 

A muy pocos pensadores de la edad de oro de la filosofía se les puede atribuir ideología alguna, pues sus escritos, pilares de la civilización moderna y del pensamiento más elevado, solo estaban fundamentados en la razón de los hechos empíricos. En el momento en que nos alejamos de la  razón e intervine la ideología, derivamos en el relativismo y en la no ciencia, cometiendo estupideces y provocando enfrentamientos con otras ideologías, igualmente inútiles y sectarias.

Solo nos hace falta echar una mirada a la historia y a la situación actual de nuestra civilización, para ver cuento mal han hecho las ideologías en el mundo, cuántos muertos han llenado las fosas comunes por creencias estúpidas infundadas y sin razón. Las similitudes entre ta ideología y la religión  son más que evidentes, así como las consecuencia de la aplicación de sus métodos y criterios.

Una de las características que definen una ideología es su inconsistencia y volubilidad. Las ideologías son plenamente variables bajo la mirada de distintos observadores, mientras los hechos empíricos, donde nace el sentido común, son irrefutables. Aquel que no  quiera ver la verdad, seguramente habrá caído, tan profundo en la ideología, que puede deformar la realidad a su antojo, creyéndose sus propias mentiras. Este mal afecta de forma especial a los políticos que tiene la responsabilidad de velar por todos sus ciudadanos y acaban cayendo en solo querer contentar a su partido, claro exponente de una corriente ideológica..

Otra de las características de la ideología, es que, por su característica plasticidad, puede servir de pretexto para fines perversos. Es decir, un político puede escudarse en ella para ocultar sus ambiciones personales. Así sucede, que sí despojas a un político de su bandera ideológica, se puede encontrar  con todas sus miserias ocultas, ambiciones, y miedos. En definitiva, cualquier político que anteponga sus creencias, que es, al fin y al cabo, lo que es una ideología, al sentido común y a la razón, es un mal político. Podría darse el caso de estar ante un dictador o un fascista disfrazado de demócrata.

miércoles, 23 de mayo de 2018

La gran conspiración.

Los partidos políticos, que tradicionalmente han gobernado desde el principio de la democracia española, rinden pleitesía a intereses económicos, que a su vez, son dirigidos por un gobierno en la sombra instaurado desde el uso del dinero fiduciario. Éste, con frecuencia  suele utilizar a España como laboratorio social. Por desgracia, no ha sido este hecho el que está cambiado la opinión pública, decantando su voto a otras fuerzas políticas alternativas, sino la corrupción. Esto sería una cosa muy buena y un síntoma de una sociedad madura, si no fuese porque los casos de corrupción, como otras muchas cosas que suceden,  forman parte de un plan de ingeniería social perfectamente estudiado, donde las resoluciones judiciales se modulan en los tiempos según convenga a sus intereses.
Si analizamos las alternativas a los partidos políticos tradicionales, salpicados por la corrupción, lo que veremos es un horizonte realmente desalentador. Por un lado tenemos a los movimientos populistas liderados por energúmenos de ideologías, unas veces muy cercanas al estalinismo y otras al fascismo. Aunque las estrategias hayan cambiado respecto a sátrapas del pasado, estos son todavía peores que sus antecesores; ya que utilizan la demagogia igual que sus maestros, pero no se manifiestan abiertamente y con orgullo de sus pensamientos radicales;  al contrario, hacen ver que son corderitos maltratados. No obstante y como dice en la Biblia, que a veces hay que leer, “por sus actos los conoceréis”. Unos par de ejemplos: Tanto el podemita y estalinista Pablo Iglesias como El fascista Torra, a pesar de su aparente abismo ideológico, tienen muchos puntos en común. Los dos son unos demagogos capaces de todo para alcanzar el poder. En realidad, aunque manifiesten lo contrario, anteponen sus ideales trasnochados al bienestar del pueblo, no importándoles en absoluto enfrentar a la gente y provocar divisiones muy peligrosas. Ambos han cometido errores garrafales, uno por su incoherencia y el otro por dejar escritos por la red, en los que manifiesta su verdadera cara fascista y xenófoba; demasiados descuidos para no ser intencionados. La teoría que expongo es simple: Estas opciones políticas  no han sido creadas para gobernar, sino que están para desviar al pueblo por una tercera vía, acorde con los intereses del sistema establecido.

¿Adivinan cuál?

Ciudadanos se nos muestra como partido moderado, alejado de los extremismos de podemos o del independentismo. Limpio de la corrupción del PPPSOE. Es muy parecido a los partidos tradicionales: modernos pero sin ataduras ideológicas, transversal y limpio de corrupción; muy bonito para ser verdad. Resulta que su líder, el joven y dinámico Albert Rivera fue invitado al club más selecto y secreto del planeta como la joven promesa, mucho antes que tuviese el protagonismo actual y que fuese una alternativa para gobernar España. El club Bilderberg , que supuestamente es el brazo ejecutor del verdadero gobierno transnacional que mueve los hilos del mundo, lo recibió con los brazos abiertos, tal vez para marcarle el camino a seguir. No es descabellado pensar que fuesen estos mismos quienes diseñaron el conflicto catalán y el movimiento 15M, del que surgió podemos. Esta teoría haría cuadrar muchas de las cosas que están pasando. Por supuesto, no quiero que la crean, ni tampoco tiene porque ser verdad, es tan solo una hipótesis que da sentido a unos acontecimientos inexplicables.

domingo, 19 de abril de 2015

Utopía, Tomas Moro


El Imperio Británico fue artífice de una de las peores ideologías concebidas por mete humana y que dio pie a la situación actual del estado del mundo, creadora de guerras fratricidas, injusticia, desigualdad y pobreza; me refiero, por supuesto, al capitalismo. Pero como en todo lo humano, este imperio no ha sido ajeno a la contradicción. Si bien es el artífice de esta gran estafa para el mundo, no se puede negar su capacidad para ser cuna de hombres ilustres,doctos, sabios y visionarios, con la habilidad de intuir las consecuencias del capitalismo y prevenirnos de sus efectos. Entre esos hombres nacidos bajo el yugo de esta paradoja, Tomás Moro fue uno de los mejores exponentes de lo  bueno que ha dado este imperio. Un hombre ilustre y docto, que como muchos otros de su época, fueron injustamente acallados por el filo del hacha.

Tomás Moro fue un visionario porque se anticipó a las consecuencias del capitalismo mucho antes de que sus consecuencias se vieran claras. Supo ver sus defectos y como empezaban ha afectar a la naturaleza humana en toda su extensión. Esta visión la convirtió en una obra literaria que llamó Utopía. Escrita en 1516, esta obra es calificada por algunos como los inicios de ciencia ficción, pero los que así la ven yerran completamente y no son objetivos a la hora de juzgarla tan a la ligera. La obra en sí, es una crítica descarnada al capitalismo. Han sido muchos lo que a lo largo de la historia han visto estas consecuencias, pero al contrario de estos, que solo se limitaban a la crítica, Tomás Moro plantó una alternativa científicamente viable, acorde con la ley natural que debiera ser la máxima que condujese el destino de una sociedad justa.

Más de quinientos años antes de que nos diésemos cuenta de habíamos embarcado en una nave condenada al naufragio, Tomas Moro avisó de que estaba plagada de vías aguas, pero como está ocurriendo hoy en día, muy pocos le creyeron. Ahora, cuando el naufragio es inminente, movimientos como Zitgeist, que como el Santo Tomás avisan del desastre y promueven alternativas similares a las de Utopía, tampoco son escuchadas. El movimiento Zitgeist actualiza Utopía con los avances científicos y la tecnología al servicio del hombre y no del capital. Poniéndose en práctica estas teorías, las seis horas que se trabajan en Utopía quedarían reducidas a cuatro, en un estado del bienestar nunca conocido por la humanidad. Pero antes de que Utopía pueda hacerse realidad, debemos desprendernos de todos los engaños y tretas que el capitalismo a puesto para ser aceptado como dogma.

Utopía es la linea media entre la libertad y el bien común. Uno de los párrafos que más me ha gustado es el que hace referencia al oro y que tengo a bien poner aquí:

“Estos se preguntan, en efecto, si puede haber hombres que queden embelesados ante el brillo engañoso de una perla diminuta o de una piedra preciosa, cuando tienen la posibilidad de contemplar una estrella, y hasta el mismo sol. Se maravillan de que haya alguien tan rematadamente loco que se considere más noble por la lana más fina que viste. ¡Después de todo, esta lana, por fino que sea su hilo, la llevó antes una oveja, y nunca dejó por ello de ser oveja! No les cabe en la cabeza que el oro, tan inútil por naturaleza, haya adquirido en todos los países del mundo un valor táctico tan considerable que sea mucho más estimado que el mismo hombre, y ello a pesar de que su valor haya sido sacado por y para el mismo hombre. No salen de su asombro ante el hecho de que un plomo, sin más talento que un tronco, y tan falto de escrúpulos como zafio, pueda tener bajo su dependencia a multitud de hombres honrados y buenos sólo por la única razón de que un buen día le llovieron del cielo un montón de monedas. Pero, cuidado, que un revés de la fortuna o una interpretación de las leyes que no menos que la fortuna pone las cosas patas arriba puede
arrebatar el dinero a nuestro héroe, para ponerlo en manos del más rufián de sus criados. Entonces, no hay por qué admirarse de ver al amo convertido en criado de su criado, como apéndice y aditamento de su dinero.”


La idea que tenía Tomas Moro del oro, no dista mucho de nuestro dinero actual, y se hace patente en este párrafo. Intuyó, no en toda su extensión, la naturaleza del engaño que hoy en día sufrimos debido al uso del dinero, derivado de una de las más grandes mentiras creadas artificialmente para que sigamos en el sistema, la escasez.
Esta idea de escasez solo es entendida si se considera que todas las cosas inútiles que hoy en día se producen tiene razón de ser.
¿De que sirve fabricar diferentes modelos de vehículos, incluso de que sirve fabricar vehículos existiendo buenos trasportes públicos?
¿De que manera afecta a un tejido adornos innecesarios para proteger del frío o del calor?
¿Porqué existen tal cantidad de refrescos, de diferentes sabores, metidos en botellas de plástico? ¿Acaso estos pueden ser mejores que el agua de un manantial puro?

Cosas tan banales son la causa de la escasez y el dinero es necesario. Es una gran mentira, una estafa monumental. Si todo el mundo tuviese al alcance de la mano aquello que realmente necesitase para vivir, el dinero no tendría razón de existir.

Por otro lado, y para acabar, tengo que destacar la referencia que éste escritor hace a las leyes y su origen. Estos dos párrafos pone al descubierto otra de las causas de muchos males, “La propiedad privada”:

“Por eso, no puedo menos de acordarme de las muy prudentes y sabias instituciones de los utopianos. Es un país que se rige con muy pocas leyes, pero tan eficaces, que aunque se premia la virtud, sin embargo, a nadie le falta nada. Toda la riqueza está repartida entre todos. Por el contrario, en nuestro país y en otros muchos, constantemente se promulgan multitud de leyes. Ninguna es eficaz, sin embargo. Aquí cada uno llama patrimonio suyo personal a cuanto ha adquirido. Las mil leyes que cada día se dictan entre nosotros no son suficientes para poder adquirir algo, para conservarlo o para saber lo que es de uno o de otro. ¿Qué otra cosa significan los pleitos sin fin que están surgiendo siempre y no acaban nunca?

Cuando considero en mi interior todo esto, más doy la razón a Platón. Y menos me extraña que no quisiera legislar a aquellas ciudades que previamente no querían poner en común todos sus bienes. Hombre de rara inteligencia, pronto llegó a la conclusión de que no había sino un camino para salvar la república: la aplicación del principio de la igualdad de bienes. Ahora bien, la igualdad es imposible, a mi juicio, mientras en un Estado siga en vigor la propiedad privada. En efecto, mientras se pueda con ciertos papeles asegurar la propiedad de cuanto uno quiera, de nada servirá la abundancia de bienes. Vendrán a caer en manos de unos pocos, dejando a los demás en la miseria. Y sucede que estos últimos son merecedores de mejor suerte que los primeros. Pues estos son rapaces, malvados, inútiles; aquellos, en cambio, son gente honesta y sencilla, que contribuye más al bien público que a su interés personal.”



Todo el que sienta que algo no funciona en esta sociedad, debería haber leído alguna vez estos textos, y saber así a cuan temprana edad el capitalismo y otros ismos, de su misma naturaleza, solo han sido herramientas, utilizadas por unos pocos, para acaparar riqueza y poder a costa de los demás. Cabe preguntarse, si estos ismos, son fruto de la causalidad o la casualidad. Yo más bien me inclino por la primera opción.

Pongo aquí dos  enlaces, uno  para el que quiera leer y otro para el que lo quiera escuchar.

 http://ocw.uca.es/pluginfile.php/1497/mod_resource/content/1/Utopia_Tomas_Moro.pdf