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lunes, 18 de noviembre de 2019

Un CDR explica muy bien cuales son sus intenciones.

Esta declaración fue efectuada por Núria Martí en TV3, la televisión del régimen fascista de Cataluña por un miembro destacado de la CUP, principales promotores de la desobediencia civil y los  sabotajes del tsunami democrático; que bueno, de democrático tiene lo que yo de comunista.  


“Nosotros en lo que no creemos en absoluto es en los derechos individuales. Nosotros creemos que solo son legítimos los derechos colectivos. Entonces que una persona no pueda entrar en una facultad o que no pueda llegar a la hora a su puesto de trabajo a nivel individual cuando miles y miles de personas se están jugando su libertad para conseguir derechos fundamentales pero también objetivos a larga duración me parecería como una visión muy egoísta. Además las cosas se consiguen luchando en las calles, es la única forma que tenemos de conseguir nuestros objetivos. Para nosotros nuestro límite no son nunca ni los derechos individuales ni la ley impuesta. Nuestro límite es la razón, porque la tenemos”.

La primera frase ya es de por si demoledora y podría estar sacada, perfectamente,  de la novela 1984, ya que es totalmente orwelana. Léanla  otra vez y despacito "no creemos en absoluto en los derechos individuales".  Así es,  refleja  lo más rancio de  la  ideología comunista, expresando  algo totalitario y liberticida, como es atentar contra los derechos individuales del ser humano. Pensemos que no estamos hablando de obligaciones ni deberes, sino de los derechos individuales, como la propiedad o el derecho a decidir sobre todo lo que atañe a nuestras vidas,; derechos, por otra parte, perfectamente compatibles con los derechos colectivos.

 Cualquiera con dos dedos de frente, sabe que los derechos individuales acaban en el momento en que estos vulneran los de otros, de la misma manera que lo hacen los derechos de un colectivo o el derecho internacional.  Para evitar que las personas, a sabiendas de esto, no se les ocurra vulneren los derechos de los demás, se inventaron las leyes. Estas, deberían  en teoría, servir precisamente para eso, para evitar que algunos, que creen que sus derechos están por encima de los demás, pararles los pies.

De la frase de esta dirigente de la  CUP, solo se puede deducir que ella,  no solo no respetarían los derechos de los demás, sino que decidiría cuales son los derechos colectivos que deberían prevalecer sobre los demás y que todos deberían respetar, fueran en contra de su pensamiento o no.

Por otra parte, estos aspirantes a Stalin, obvian algo tan trascendente y simple como que los derechos colectivos jamás deben prevalecer sobre los derechos individuales, a menos que estos dañen al colectivo, que al fin y al cabo, es dañar los derechos de mucha gente y no necesariamente, a un colectivo concreto. 

No pretenden convencer a nadie, sino imponer el pensamiento colectivista que degrada al ser humano a una pieza del sistema  que debe obedecer y sacrificarse a petición del líder; porque claro, el él y no otro, quien sabe  cual es el bien común.   

Unamuno reflejaba muy bien esta idea cuando a la pregunta de quién eres tú, respondía con Obermann: "¡Para el universo, nada; para mí, todo!".

lunes, 7 de octubre de 2019

El secuestro de la mente: ¿Eres dueño de tus ideas o eres su rehén?

Cuando manifestamos una idea políticamente divergente y alguien no solo discrepa, sino que se muestra agresivo e incapaz de comprender o tolerar esa divergencia, puede que estemos ante una persona con rasgos de pensamiento sectario o fuertemente ideologizado. Aunque no es necesariamente un diagnóstico claro, ya invita a la cautela.

Tras ciertos indicios, podría sospecharse que estamos ante alguien que otorga al consenso un valor casi incuestionable, como si la mayoría no pudiera equivocarse. Sin embargo, la lógica y la historia muestran que las mayorías no solo pueden equivocarse, sino sostener ideas erróneas durante cientos de años. Deducimos, pues, algo que casi no es necesario decir: el hecho de que una opinión sea minoritaria no implica necesariamente que sea falsa o equivocada.

El mundo humano es plural y en él coexisten tantas formas de pensar y de ver el entorno como personas hay encima de la superficie de este planeta redondo; ideas que reúnen a muchas personas que comparten. Cualquiera que no acepte esto ya está incurriendo en el mismo error de quienes dieron por sentadas ideas sin cuestionarse siquiera por qué creían en ellas. Mi teoría respecto a esto es que sucede por un defecto inherente al ser humano que nos hace aferrarnos a las ideas como si fuesen objetos de nuestra identidad. La pérdida de estos objetos nos produce el mismo sufrimiento que cuando se pierde algo que es solo nuestro.

Pero ahora sabemos que la ciencia y el sentido común nos dicen que las creencias son tan volubles y efímeras como nuestra existencia misma. Asimismo, ninguna de nuestras creencias es realmente nuestra, sino que hemos llegado a ellas por otros. En realidad, la mayoría son el fruto de muchas otras ideas, pero en su mayoría son creencias y no hechos demostrables; en definitiva, puras especulaciones o elucubraciones sin fundamento firme y científico. Los prejuicios, rumores y opiniones interesadas son tan nefastos para seguir el camino de la verdad como lo son las creencias.

Para llegar a una realidad certera, tenemos que entender que la que consideramos nuestra realidad es tan solo un plato cocinado por nuestro cerebro, cuyos ingredientes son los sentidos y el conocimiento sensible. Dicho de otra manera, nuestro cerebro construye la realidad en la que creemos vivir, pero esta, al igual que creer que la Tierra es plana, es tan solo una idea. Las creencias nunca nos llevarán cerca de la verdad; por el contrario, nos alejan de ella. Para acercarnos, tenemos que tomar un camino difícil y lleno de dificultades. Tenemos que utilizar solo los ingredientes puros de la ciencia demostrativa y la experiencia de los sabios. Aquella bonita frase que dice “cuestiónatelo todo” es perfectamente aplicable en esto. Porque si no pasamos un filtro que verifique la calidad de nuestros ingredientes, podemos arruinar todo el plato y acabar falseando nuestra percepción de la realidad. Para andar este camino, debemos tener siempre una mente abierta y no esperar nunca un resultado concreto. Pues es sabido que, de una manera o de otra, podemos alterar el resultado de lo que observemos mediante la simple observación.

Desde la filosofía clásica, e incluso puede que mucho antes, el hombre se ha hecho todo tipo de preguntas trascendentales con el fin último de llegar a la verdad. El mismísimo Buda se lo planteó y llegó a escribir sobre ello. Su conclusión fue que solo había cuatro nobles verdades. Pero estas cuatro verdades se referían, por supuesto, a la espiritualidad del ser humano, sin entrar en la vida mundana ni en el análisis del propio samsara donde, según Buda, nos ha tocado vivir. A este respecto, pienso que las enseñanzas de Buda solo son aplicables para aquellos que están preparados para emprender un camino espiritual hacia la iluminación; algo que pocos pueden. Para los demás, que tienen que lidiar unas cuantas vidas en el samsara, les será necesario primero entender las reglas del mundo del samsara. La ciencia y todas nuestras capacidades de deducción lógica están para ello. Las creencias solo están para alejarnos del camino de la verdad.

La ciencia ayuda a percibir la realidad de las cosas, así como la historia, que no deja de ser una rama de la misma. Esto es así porque se demuestran las cosas con argumentos y pruebas que no dejan margen para la duda. No obstante, siempre tendremos que tener presente que la ciencia tampoco es infalible. Los científicos, historiadores y organizaciones son personas o están dirigidos por ellas, por tanto susceptibles de caer en la corrupción, el error o el engaño. Así pues, tenemos que andarnos con cuidado también con la ciencia y la información que nos llega de ella.

Las deficiencias de la gente, así como la facilidad que tenemos para aferrarnos a las ideas sencillas sin analizarlas ni cuestionarlas, son aprovechadas por políticos y organizaciones con el fin de obtener poder, seguidores, adeptos o fanáticos. Pues sabemos que, mediante la manipulación o la ingeniería social, se puede engañar a mucha gente hasta crear una corriente ideológica que se cierra a otras realidades. Estas personas abducidas por el ideario ya no aceptarán, en su mayoría, opiniones diferentes. Son ese tipo de personas que no soportan o comprenden que haya otras que piensen diferente a ellas. Son el tipo de personas que arrastran al disidente al destierro social, intolerantes y susceptibles de crear conflictos violentos. Incapaces de contemplar otras realidades, se ciegan y son incapaces de cuestionar la ideología colectiva por la cual han quedado secuestrados de mente y alma.

En lo político, algunos creen en algo incluso cuando la ciencia, el sentido común y el tiempo han demostrado que dichas ideas están equivocadas y acarrean terribles consecuencias. En tal caso, ya no es una cuestión de ideas; estaríamos ante otro problema del ser humano que también es causa de grandes conflictos. El ser humano es gregario, necesita sentirse querido y protegido por el grupo. Las modas, los partidos políticos, las asociaciones, los clubes solo son formas de alimentar ese sentimiento. El miedo al rechazo, la burla o la discriminación hace que busquemos afinidades. Solo las personas con carácter y honestas consigo mismas a eso les importa muy poco. De ahí que el objetivo de los que pretenden el control de la sociedad busquen eliminar la disidencia, bien haciendo que se sientan culpables por ser diferentes, o mediante la presión de la misma sociedad.

Un efecto secundario del aferramiento a las ideas es que perdemos, indirectamente, nuestra individualidad. Es decir, aquello que queremos proteger, que en el fondo es nuestro ego, se ve diluido en la colectividad. Nuestra energía vital se desperdicia para fines egoístas de otros, a la vez que caemos en una esclavitud intelectual.

Banderas, nacionalismo, símbolos, ideología, religión, todo ello son las herramientas que el poder utiliza para crear esclavos y diezmar a los librepensadores.

lunes, 27 de mayo de 2019

Confrontar ideas, nunca personas

Las ideas, como las creencias,  son algo intangible y efímero; varían con los tiempos y la evolución de la persona. Aunque forman parte de uno temporalmente, no son uno ni propio de uno. Buena prueba de ello es, que mis ideas, al igual que las de todos,  han cambiado a medida que he crecido. Hay  ideas que antes me parecían buenas y que hoy me producen repulsión, de la misma manera que hay otras con las que creía que nunca iba ha estar de acuerdo y hoy forman parte de mi credo personal.

Nunca debemos atacar a las personas, sino a sus ideas, cuando  no estemos de acuerdo con ellas. Si bien es cierto que  hay ideas que  deben ser combatidas y hasta desterradas del ideario humano, ninguna persona merece tal cosa por creer en ellas. Otra cosa es lo que algunos hagan basándose en esas ideas, pues no es lo mismo la acción que el verbo. Ideas peligrosas, excluyentes, argumentadas con mentiras o falacias, no merecen ni un minuto de reflexión para argumentar su invalidez, ni siquiera deberían  ser consideradas como tales, sino como elucubraciones de mentes trastornadas o que intentan manipular a los demás para alcanzar objetivos personales.

La filosofía es la ciencia perfecta para saber distinguir cuando una idea es válida o no, independientemente de las las creencias personales. Se trata de una ciencia muy objetiva y adecuada; yo diría que imprescindible, sobre todo en estos días; en los que distinguir la verdad de la mentira se hace tan complicado.  A la hora  de defender nuestras ideas, no debemos aferrarnos a ellas como si fuesen inamovibles y propias, hay que estar dispuestos a aceptar que pueden ser erróneas o carecer de argumentos válidos que las avalen. De la misma forma, no podemos descalificar a nadie, llamándole idiota por estar este convencido de que su ideario es mejor que el nuestro o creer en ideas que consideramos estúpidas. Si queremos atacar ideas debemos argumentar para invalidarlas,  siempre desde el respeto. Se trata de creencias personales de un semejante que tiene derecho a pensar lo que quiera y creer en lo que le de la gana, tenga o no argumentos para hacerlo; faltaría más. 

Las ideas que más suelen estar revestidas de falacias y que también presentan mayor apego, son las ideas políticas, o más bien el ideario político. Este suele tener tanto arraigo en la persona, que se hace muy difícil que se replantee sus ideas, sobre todo aquellas que forman principal de ese ideario al que le pusieron nombre de izquierdas o derechas, comunismo, marismo, liberalismo, etc. Ninguna de estas ideas podría ser probada como validada, pues no tiene forma de hacerse más que en los resultados de su aplicación. Si analizamos estos, nos daremos cuenta que todas ellas han fracasado en sus planteamientos por carecer de base científica que las abale. Lo que si ha demostrado su funcionamiento a nivel gubernamental es el funcionariado, que sea cual sea la ideología gobernante, cumple con su función a nivel práctico. Así mismo lo hace la justicia, en aquellos países donde la corrupción no es algo predominante. En ambos casos se da algo que deberíamos tener en cuenta y reflexionar sobre ello. En ambos casos, los criterios de elección del personal que cumple estas funciones, es elegida por sus capacidades y méritos, no por elección en una votaciones. Es más, cuando el poder político interviene en en el normal funcionamiento de estas instituciones, intentado imponer sus criterios y a su gente, acaban deteriorándose y dejan de funcionar como se espera de forma independiente; que  es lo que se espera de ellas.

      

    

lunes, 11 de marzo de 2019

Sobre el ansia de conocimiento


La razón siempre debería prevalecer sobre la ideología, el dogma  o la mera especulación. Solo así se puede alcanzar la verdad; fuente del conocimiento y origen de todo.
Razonar o plantearse dudas existenciales, con el fin de llegar al autoconocimiento, es algo innecesario y poco práctico en la naturaleza. Además de consumir una gran cantidad de tiempo y energía, no es algo que sirva directamente para nada. Buena prueba de ello, es que sepamos, solo hay una especie en la Tierra que hace tal cosa. Podríamos pensar que este afán del saber sobre el mundo y nosotros mismos,  nos ha proporcionado grandes logros. Incluso podríamos pensar que somos la especie con más éxito encima de este planeta; pero estaríamos equivocándonos. Hay muchas especies que llevan mucho más tiempo que nosotros en la tierra, que han sobrevivido a muchas calamidades y que seguirán estando después de que nosotros desaparezcamos. Hay millones de especias, mucho más modestas y menos complejas que el ser humano, que han tenido más éxito que nosotros. Especies que estaban antes que llegásemos y que seguirán estando cuando nos vallamos.  Así pues, tener la facultad de razonar y ser inteligentes, en realidad no es garantía de supervivencia o prevalencia en este planeta. Sin embargo, a pesar de todo, la búsqueda del conocimiento el algo innato en el ser humano, pudiendo  llegar a ser obsesiva; incluso pasando por encima de prioridades como comer o dormir. 
Sí bien es cierto que gracias a nuestra capacidad de razonar hemos alcanzado un gran desarrollo tecnológico, también  es innegable que nos ha traído grandes males. Por poner un ejemplo, es una causa directa  de  nuestra desafección con la naturaleza y sus reglas. Algunos pueden pensar que es un precio bajo, si lo comparamos con los beneficios, pero no es así. Violar las reglas del equilibrio natural y biológico, puede poner en peligro, como ya estamos comprobando,  nuestra supervivencia.

A mi modo de ver, como todas las cosas, incluyendo  el ansia de conocimiento, no son ni buenas ni malas. Solo adquiere una de esas propiedades cuando lo utilizamos para un fin u otro. La motivación y el uso que le demos a nuestra capacidad de razonar, hará que nuestro espíritu se enriquezca  o nos convierta en monstruos inhumanos.

Una forma realmente mala de aprovechar nuestra capacidad de razonar, es hacerlo para la obtención de la proevalenia sobre individuos de nuestra misma especie.  Pienso que no somos conscientes de que, la necesidad de conocimiento, puede ser aprovechada por otros para fines interesados. Adquirir conocimientos falsos nos conduce al error, la inacción, o a acometer actos que son perjudiciales, tanto para nosotros mismos como  para otros. Por utilizar un  símil, si el conocimiento fuese comida, deberíamos de saber que no todo es comestible; por muy apetitoso que parezca. Es más, adquirir según que información falsa, puede resultar tan letal como el peor de los venenos.  Entre nosotros, hay muchos que se dedican a fabricar ese tipo de veneno, con el fin de darse notoriedad o satisfacer su ego. A mi modo de ver, este es uno de los grandes males de nuestro tiempo. Nuestro ansia de conocimiento está siendo alimentado con basura; que por un lado no sacia para que busquemos la verdad y que por el otro, nos conduce por caminos prefijados por otros; caminos que no son buenos. En la misma medida que  tenemos una tendencia a buscar el conocimiento, somos vagos por naturaleza. Es decir, no nos gusta trabajar para obtenerlo. Como resultado, acabamos consumiendo el conocimiento elaborado por otros; que al igual que la comida basura, nos sacia, pero nos enferma.   

martes, 12 de febrero de 2019

El interés compuesto, origen del mal.

Estamos frente al televisor, siendo espectadores  de un  partido en diferido que hemos visto unas cuantas veces ya. Sabemos el resultado y casi de memoria las jugadas, pero seguimos ahí, impertérritos,  hipnotizados  y como si fuese la primera vez que lo vemos. Albergamos la estúpida esperanza de que suceda lo que sabemos no va a suceder. Esta sociedad es así, está adormilada, seducida por miles de pequeños entretenimientos y placeres, abrumada por pequeños problemas cotidianos que impiden ver la aberrante magnitud del problema que nos viene encima. Una amenaza comparable a la caída de un meteorito y con consecuencias igualmente devastadoras.
El modelo de organización económica actual, tiene como objetivo  la obtención del beneficio inmediato, sin importar las consecuencias. Este modelo, desde luego  no es sostenible y mucho menos enfocado al bien común; el que debiera ser su objetivo por encima de cualquier otro. Es un sistema que  favorece la corrupción, la desigualdad social, el crimen, el odio y la delincuencia, es decir, los peores valores del ser humano. Su modo de funcionamiento fomenta el despilfarro de recursos, sin tener en cuenta  que no son infinitos. Combustibles fósiles, minerales raros y agua potable, entre otros muchos, son utilizados en la producción de  un sinfín de productos inútiles;  consumiendo  una gran cantidad de energía y el tiempo vital de las personas. Estos productos serán desechados  al  poco tiempo de su uso, pues  se ha limitado su duración a propósito para que tengan fecha de caducidad, siempre menor de su vida útil real. Serán  sustituidos por otros, algo mejores, quizás con más prestaciones, pero también perecederos a corto plazo. Convertidos en desperdicios peligrosos y dañinos para el medio ambiente,   acabarán incrementando la altura de las montañas de basura tóxica en algún país pobre, donde políticos corruptos  envenenarán a su pueblo  a cambio de unas migajas del pastel. En el  proceso de creación y destrucción,  el sistema devora nuestro tiempo vital y el del planeta entero, poniendo en peligro nuestra existencia.  El agotamiento de estos recursos terminaría, con toda seguridad, con nuestra civilización, llevándonos de nuevo a la edad media, en el mejor de los casos. Por otro lado, no hace falta mucha intuición  para comprender que la  obtención de estos preciosos recursos será cada vez más costosa; lo que  provocará guerras fratricidas por el control de los territorios donde dónde se producen. Esto, en menor escala,  ya está sucediendo en la actualidad. No es algo que se vea a simple vista, pues los medios de comunicación controlados por el sistema, no lo pone en evidencia más que en contadas ocasiones y en reportajes marginales. Se trata de operaciones encubiertas realizadas  por los servicios secretos de los estados más  poderosos, los grandes consumidores de materias primas. Estos crean conflictos  en los territorios que los contienen, evitando así   que prospere su población  y se emancipe, que tomen  el  control de sus propios recursos. Con ello, además de empobrecerlos,  consiguen que se  vean avocados  malvender sus materias primas  para  sobrevivir siempre dentro de la pobreza, a la vez que se endeudan con la mafia financiera. Y es normal que ocurra todo esto, pues el sistema precisa de una  cantidad, cada vez  mayor de productos de consumo, pues solo así puede seguir creciendo y mantener esta gran estafa viva y que no se desplome.   
        
Cuál es el origen de todo esto y cómo hemos llegado hasta esta situación, es algo que desde hace mucho tiempo me cuestiono. Siempre me ha resultado un enigma descubrir los mecanismos por los cuales este sistema perdura en el tiempo. En mí búsqueda de respuestas sobre el origen, leí a los que creía habían puesto los pilares de la economía moderna. Enseguida  me di cuenta que no podría ser el fruto de estos  grandes pensadores. Creo que ellos solo dieron cuerpo y entidad a algo siniestro que ya existía. Es cierto que fueron  influyentes, sobre todo entre los siglos XII y XIII. Sus obras ayudaron a muchos gobiernos a entender  cómo funcionaba parte la economía, dándole herramientas que sirviese de base para sus decisiones. Eso, efectivamente, tuvo repercusiones positivas en   la mejora de las condiciones de vida de la gente. Algunos de estos pensadores eran fervientes defensores del  liberalismo “libre mercado”, cómo  Adam Smit. Otros, por el contrario, abogaban por el control del estado sobre el mercado para evitar abusos y desequilibrios. Un ejemplo fue  Joseph Stiglitz, quien  criticaba  las políticas liberales y  llamó fundamentalistas del liberalismo a sus antecesores. Él  apostaba por una economía muy controlada por el estado, pues no creía en la auto-regulación de los mercados. Pensaba, no en vano,  que estos acababan en monopolios y generaban tremendas desigualdades de reparto de la riqueza. Por su parte Karl Marx, padre del socialismo y creador del concepto de clases sociales. Fue quien con más énfasis puso en poner de manifiesto esas desigualdades que las políticas liberales producían en la sociedad de su tiempo. Sus escritos dieron lugar a movimientos revolucionarios populares y protestas que acabaron en disturbios muy graves. Su papel fue vital para  terminar, en buena parte, con el trabajo esclavo. Peros como hemos visto después de los muchos años transcurridos, el comunismo, y los regímenes derivados de sus ideas,  sus  teorías se quedaron en  papel mojado. Hoy el trabajo, aunque en menor medida, sigue siéndolo y sus ideas, llevadas al extremo  por muchos políticos,  solo  han demostrado ser causa de pérdida de libertad, creación de miseria y  de dos únicas clases, los que pertenecían al partido y los que no.
Las desigualdades sociales, te tanto criticaba Marx,  son  necesarias para mantener un sistema, que no ha cambiado demasiado desde que se hizo el primer préstamo con interés. Sí, ahí  está  el verdadero origen de la estafa global que rige el mundo. A pesar de todos los teóricos, pensadores y matemáticos, no ha cambiado desde que se hizo ese primer préstamo. Fue eso lo que mandó al garete el libre mercado de Adam Smit, los ideales de Stiglitz o los análisis y buenas intenciones de Marx. El interés compuesto rea un concepto abstracto e irreal, que somete a la economía real a una dictadura. Hace que las cosas no tengan un valor real, basado en su cantidad y utilidad. El interés compuesto crea deuda ficticia y obliga a realizar trabajo esclavos mediante la deuda. Una deuda que no puede dejar de crecer ni der pagada, pues todo se iría al garete.  Hoy en día, hay muy pocos que presenten alternativas a esta estafa genocida. De esos  pocos, podría destacar al   economista Christian Felbe. Él, aplicando la más elemental de las premisas, establece el bien común como el único objetivo de debería tener cualquier sistema económico para ser aplicado. Si bien sus teorías están cargadas de razón y nunca mejor dicho, de sentido común, la difusión de sus ideas es pequeña. Su trascendencia en los círculos económicos y políticos, así como en los medios de comunicación,  es residual. Christian Felbe diseñó  un test, basado en una serie de características que las empresas deberían cumplir para ser calificadas de empresas que favorecen el bien común. Ninguna empresa grande, corporación  o multinacional  pasarían  esos test, cómo es normal, teniendo en cuenta, que son estas las principales fuerzas interesadas en su mantenimiento.
Se ve a simple vista que el neo-liberalismo no es  como Milton o Smit lo definieron (Libre mercado). En realidad el sistema está  férreamente controlado, o mejor dicho, corrompido por instituciones privadas. Estas  entidades operan en su interior sin ningún control por parte de los estados. Son entidades privadas, como el FMI (fondo monetario internacional), FED (Reserva Federal), BCE (Banco Central Europeo) y otras muchas, relacionas con la bolsa de valores, empresas de calificación de riesgos, especuladores  o poderosos fondos de inversión. Estas entidades, como he dicho privadas  y sin control democrático por parte de ningún estado o parlamento, hacen y deshacen en la economía. Funcionan cómo los órganos vitales de una bestia,  que ha tomado vida propia y se realimenta de sí misma. Pueden influir en decisiones políticas, arrebatando el poder del pueblo; especialmente si este pretende acabar con ellas. No hay nada más alejado del bien común que la avaricia insaciable de una entidad deshumanizada que mira solo por su propio interés.  Y esto es precisamente esto lo que  desean, nada más alejado de un espíritu humano, nada más alejado de la empatía.  
Mí conclusión final, después de reflexionar sobre todo lo dicho, es  que  el actual sistema económico es de origen perverso; con una clara intencionalidad de dominación. Detrás de todas las teorías y las matemáticas que lo intentan explicar, están sus efectos a plena luz del día. Si quisiéramos saber quiénes lo mantiene y lo protege, tendríamos que preguntarnos a quién beneficia  en mayor grado, a dónde va a parar lo recogido por el interés de la deuda creada por el interés compuesto. Quizás allí encontremos la respuesta y a los que se esconden en las sombras.  

miércoles, 30 de enero de 2019

La opulencia


“Podéis ser felices sin opulencias, podéis ser morales sin virtud. Gracias a la sobriedad se vive felizmente, pues se puede prescindir de todo. Este es el también el camino más corto  hacia la moralidad, ya que al no tener necesidad alguna tampoco albergaréis ningún deseo y  todas vuestras acciones serán morales. Así pues, quien practique la sobriedad, no le costará ningún trabajo ser honrado, pues sus acciones carecerán de ambiciones egoístas y deseos malsanos.” 

 Estas palabras de Diógenes las asumo como propias por estar cargadas de razón. Son palabras  coincidentes por lo dicho siempre por  grandes maestros y sabios como Siddahartha Gautama o Jesús de Nazaret. Ellos,  no solo proclamaban la sobriedad como el camino hacia la felicidad, sino que lo practicaron, siendo su vida un ejemplo de  moralidad y virtud.  
No hay que meditar mucho para llegar a la conclusión de que en ausencia de deseo es más sencillo hallar la felicidad, pues quien no desea no tiene necesidad, y sin necesidad no hay preocupaciones que compliquen nuestras vidas, más allá de nuestras necesidades vitales o aspiraciones espirituales. En tal estado, solo anhelamos el bien y logros positivos que nos hagan mejores personas.  Pero por desgracia, como dijo otro gran sabio “No está en la naturaleza de los hombres los vicios, pero es proclive a caer en ellos”. Así que hay que tener cuidado, porque es como muchos hombres de profundas condiciones morales, acabaron cayendo en la hipocresía más vergonzante.

Tenemos grandes ejemplos el los políticos que se aferraron a una ideología y que hicieron suya porque parecía la solución del mundo. Esos  acabaron presos del deseo de forzar a los demás a asumir que sus creencias eran las mejores, convirtiéndose en monstruos que antepusieron sus deseos al bienestar del pueblo y provocando terribles desgracias. Probaron el poder y el dinero y les gustó. Siendo presos de la opulencia corrompieron sus ideales y pudo más la avaricia que la razón. Después de eso la corrupción pasó  a ser su forma de vida; jodiendo a los demás y olvidándose de los que les trajo hasta allí.
Fue conocido por los sabios, en algunos desde el primer minuto de su iluminación y otros después de muchas reflexiones, que pocos hombres que vivían en la opulencia eran morales, porque la opulencia es una enfermedad, que a la larga causa dolor y sufrimiento, no solo ajeno, sino propio también. Es el deseo y el aferramiento lo que hace inmoral al hombre.  Sabían como nadie, que esto daña el alma tanto como el cuerpo y  a la vez que a todos los que se ven influenciados por ellos. Ciertamente no es necesario pensar mucho sobre todo esto para darse cuenta del mal que hace tal cosa, nos basta observar  a nuestro alrededor y ver los estragos que la opulencia está causando en el planeta y  a su equilibrio natural, es un mal endémico de nuestra sociedad. Si observamos con ojo crítico, veremos  como la ambición enfermiza convierte a los hombres en contenedores vacíos de alma y sentimientos, incapaces de percibir el dolor que causan a su alrededor.

La terrible desgracia que nos asola en nuestros días y puede que antaño también, es que estos enfermos,  de deseos insaciables y cegados por  la opulencia, son, en más ocasiones de las que nos gustaría,  los que ascienden al poder.  Mientras, la gente honrada y los nobles de corazón,  al carecer de ambiciones malsanas y no  desear nada para sí, no aspiran al poder, quedando a merced de estos enfermos.

La felicidad está en las cosas pequeñas del día a día, está en la ausencia de preocupaciones y entre las personas que te aman. La felicidad esta en un soplo de brisa, en la sensación de la hierba fresca rozando la planta de los pies o la arena de la playa. La felicidad está en ausencia del pensamiento que encierra nuestra alma entre millones de preocupaciones y miedos. Alejaros pues de la basura mental, liberaros  de la opulencia.

jueves, 10 de enero de 2019

La Europa marxista se desmorona.


No son pocas las voces que alertan que  la Unión Europea se desmorona; y no es para menos. La desconexión de la burocracia con la ciudadanía, sus políticas  marcadamente marxistas y las   graves infiltraciones de grupos de presión financieros e industriales en sus decisiones, está creando una gran desafección  por parte de la ciudadanía de los países miembros. Estos  ven  cómo sus respectivos gobiernos ceden ante decisiones arbitrarias,  que poco o nada tienen que ver con bien común o con la mejora de su calidad de vida. Muy al contrario, ven como  los saquean a impuestos que solo sirven  para engordar una burocracia cada vez más pesada y dependiente de los poderes fácticos.

 Las decisiones respecto a la  emigración ilegal, la imposición de ideologías de género , así como  las leyes, cada vez  más invasivas en lo que se refiere a la privacidad y libertad; son solo algunas de las causas de su muerte política.EL brexit de Inglaterra, las protestas de los chalecos amarillos en Francia, el auge de la derecha en Alemania, España y otros países de la unión, no es más que una respuesta de una ciudadanía harta  de tanto despropósito. Ya no quieren  este tipo de unión que solo favorece a los ricos,  los burócratas y las grandes multinacionales.  

El momento político que vivimos es muy interesante, porque a parte de este declive y respuesta de la ciudadanía, se suma el hartazgo a  la dominación de la progresía y de su corrección política en algunos países, así como sus dogmas de género y políticas buenistas que no han traído más que subidas de impuestos, control social y leyes absurdas. Los devotos de estas creencias, políticos  con tendencia a creerse superiores moralmente al resto de los mortales,  han ido campado por los parlamentos de Europa, dejando un rastro de leyes destinadas a imponer sus creencias, que bien podrían ser parte de la construcción de un mundo feliz, donde nadie pueda tener la  tentación de pensar diferente. Ya hace demasiado tiempo que vemos con estupor e impotencia, como esta camada de presuntos intelectuales  arremete contra los  hombres, arrebatándonos  la presunción de inocencia y convirtiéndonos en asesinos de mujeres antes de haber cometido ningún acto que así lo demostrase. Al mismo tiempo,   pretenden normalizar lo raro, la mediocridad y la estupidez. En su camino de destrucción intelectual, han manipulado el lenguaje, tratándonos como a niños, interviniendo con leyes en   todos los aspectos de nuestra vida, diciéndonos como tenemos que ser y lo que es correcto o no, plagando nuestras vidas de impuestos destinados a pagar sus chiringuitos.   Esta asfixiante presión, está llevando a muchos a contestar, derribando los endebles muros ideológicos sobre los que se apoyan estos salva-patrias. No hay más que buscar en internet para ver la enorme resistencia que se está gestando contra toda esta chusma  ideología. Blogueros de todo el mundo alertan y desmontan sus argumentos falaces, que por otra parte no son difíciles de derribar. 

 Puede que todo forme parte de una estrategia premeditada, pero lo cierto es que sea como sea, la tendencia es que, partidos populistas o de carácter radical, están tomando un protagonista inaudito en una sociedad avanzada como la europea. Con el tiempo se verá si estos nuevos partidos son parte de la disidencia controlada, como lo fue el movimiento, supuestamente  espontaneo del 15M, o una alternativa sería a estas políticas intrusivas y marxistas que han dominado hasta ahora la política.      

martes, 8 de enero de 2019

Nacionalismo



Madre del odio y padre de la demagogia, la mentira y de ideas abstractas, siempre  basadas en falacias sin argumentos ni razón.  Es el nacionalismo es un lugar tenebroso, morada del odio y el fascismo;   cuna de extremistas sordos que sustituyeron a Dios  por la bandera,  la estupidez y la locura. Esta ideología  como el diablo te engaña y te seduce, con cánticos, símbolos y tradiciones, te atrae a la oscuridad del perpetuo enfrentamiento. Sus armas, son y serán siempre  la bandera, la cultura, el idioma, en definitiva la diferencia sacada con pinzas de las mentes trastornadas de aquellos  que caen en sus garras.  Te despedaza la mente, te enfrenta contra los tuyos, hace que olvides el nombre de tus padres. ES  la secta que te aleja de la realidad y empequeñece tú mundo, hasta reducirlo a una única razón de vida, defenderte de enemigos ficticios. Cuando llegue el momento lucharas y tomarás las armas contra tus semejantes, derramarás sangre ajena  y nombraras enemigos a todos aquellos que no comulguen con tú credo. Son malos y perversos, te roban y te odian. Amarás a tu terruño tanto que lo destruirías si supieses que cae en manos enemigas, para que nadie se la lleve, tanto lo amarás que matarías a los que si lo aman de verdad, sin apego ni condiciones, sin contrato de exclusividad.  Te creerás dueño del viento que atraviesa sus valles, del agua que cae en sus cultivos, de los árboles que dan frondosidad a sus bosques. Que estúpido eres si crees que eres poseedor de algo. Solo estás de paso, tu cultura morirá, se olvidará tu idioma y tus tradiciones se perderán en la noche de los tiempos, pero tú no lo verás. De nada habrá servido llenar tú corazón de odio, de haber vivido una vida en la mentira. Desaparecerás y nada quedará de ti ni de aquello a lo que tanto te aferraste. Qué desperdicio de vida.