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lunes, 16 de febrero de 2015

Wert y su ley para la ignorancia.


Uno los aspectos más polémicos y poco conocidos de la nueva ley de educación española, la conocida como LONCE o ley Wert, a supuesto un el tiro de gracia a una asignatura, ya moribunda con la anterior ley. Las motivaciones que han llevado al ministro a acometer esta barbaridad contra el saber, son para la mayoría desconocidas, pero sospecho una clara intencionalidad perversa e inconfesable dada la naturaleza de la asignatura y las conveniencias del poder. Curiosamente, a esta ley se le llama “Ley para la calidad de la enseñanza”.

Este ataque no es nuevo ni el primero, sino la continuación de un acoso y derribo al conocimiento en general, que empezó cuando le cambiaron el nombre y su sentido al sustituir la filosofía por educación para la ciudadanía. Ya solo, por lo que tiene de adoctrinamiento este concepto, me dan ganas de vomitar. Aunque se nos vendió como una idea genuina del nefasto político conocido como Zapatero, que flaco favor le hizo a la profesión quien le puso ese apellido, hace ya bastante tiempo, que en los países anglosajones la filosofía no se cuida ni se imparte en la escuela pública. En estos países la filosofía es una asignatura opcional y ni siquiera se da en el equivalente a nuestro bachillerato. Lo que si se da y es puntuable en los exámenes es algo parecido a la educación ciudadana. La filosofía en estos está reservada para las universidades de prestigio, donde estudian los hijos de la élite. Es más que suficiente para afirmar que aquí solo siguen la corriente impuesta por quien decide estas cosas.

Espero no ser yo solo el que piense que estamos ante una vuelta de tuerca más en lo que llaman la globalización de la enseñanza pública, con una clara intencionalidad de convertirla en una mera escuela de esclavos obedientes e ignorantes, donde solo se reciben los conocimientos necesarios para ser útiles al sistema. Me pregunto si son los gobiernos o las multinacionales quienes diseñan la educación. Si nos vamos a los orígenes de lo que conocemos como educación pública hoy y la comparamos con el sentido que se hizo cuando se inventó, veremos que no ha cambiado.

La filosofía es por autonomasia y a mí entender, el bien más preciado que tiene el saber humano, no solo porque nos ayuda a entender el mundo y a nosotros mismos, sino porque crea personas íntegras y con sentido crítico. Una persona con formación en filosofía, ética, lógica y retórica, es tan peligrosa para los políticos y este sistema, como lo sería una tanqueta del ejercito chino en la plaza de Tananmén en 1989. Con una formación media o baja de estas ciencias, cualquier persona tendría los conocimientos necesarios para no dejarse engañar por retórica falaz y promesas vacías. Y claro, eso no es lo que quiere el poder. Si fuese así, la manipulación ejercida por la clase política tendría que ser muy convincente y argumentada, un trabajo que para esta casta política, especialmente la Española, sería imposible de acometer.

Yo pienso y creo firmemente, que la educación publica, a la que prefiero llamar enseñanza, debería ceñirse, en las primeras etapas, a dar herramientas para pensar y descubrir por el mismo la veracidad de lo que se le muestra; algo que hoy, ni siquiera se acerca a tal objetivo. Porque hoy, en vez de enseñar a pensar se educa como y en que pensar. Después de saber leer, escribir y conocer las matemáticas básicas, tendría que ser la filosofía una prioridad, junto a la lógica, la retórica y la ética. ¿
¿De que sirve un brillante científico que solo crea engendros para destruir?
¿Como se expresa una idea sin caer en la falacia o el ridículo por no saber expresarla, por muy buena que esta sea?
¿De que sirve un buen político, con muy buenas intenciones, si no sabe cuando lo están manipulando?

Sería de gran ayuda para que los alumnos adquiriesen la capacidad de cuestionarse todo lo que le digan y no dar por hecho cierto aquello que le cuentan sin argumentación ninguna, de maravillarse ante los detalles pequeños, que a pesar de tener muy cerca, no comprenden, despreocupándose de las implicaciones de su ignorancia.

La tendencia es clara, apartar estas ciencias del saber al populacho, haciéndolas aburridas y sosas, para reservarlas solo para las élites, lo que me lleva, más que a especular, a estar seguro que hay un miedo atroz, por parte de los que hacen estas leyes, a que las personas aprendan a pensar por si mismas y se vuelvan contestatarias. Esta claro, quieren personas que no se cuestionen lo que procede del poder, como si se tratase de una dogma incontestable. Pero para muestra un botón: solo hay que echar un vistazo, muy por encima y en general, a la cultura estadounidense, donde hace ya muchos años que, como he dicho antes, no se da filosofía en la escuela pública. Solo entonces nos daremos cuenta de la gran diferencia que existe entre la educación de la clase dirigente y las bajas. Han sido ya muchos años de privación y los efectos son demoledores. La política de injerencia internacional ejercida por EEUU en todo el mundo, es vista por el pueblo llano americano como algo tolerable. Basta repetir una mentira mil veces para que se convierta en verdad. La existencia de programas como gran hermano o reality shows de similar naturaleza, son un claro exponente de esa carencia.

Sé que el hecho de no tener conocimientos en filosofía, ética, moral o lógica, ni mucho menos hace ser menos persona, pero quien no los tiene, es privado de los medios con las cuales puede comprender el mundo y desarrollar su propio pensamiento crítico, su propia filosofía de vida, algo que es necesario para obtener la independencia personal.

Si yo hubiese tenido un buen maestro, que me hubiese enseñado caminos de la filosofía, y no aquellos desganados y mal pagados profesores, no hubiese cometido muchos de los errores que he cometido en mi vida. Aunque si soy sincero con migo mismo, sé que es tan solo una disculpa barata. En realidad el conocimiento, si uno lo busca lo encuentra, y en ello estoy ahora, con peor o mejor fortuna, pero lo intento. Y ese pienso yo que es el camino, alejado de imposiciones y tendencias, buscando la verdad en todo momento y desbordando admiración por las cosas más pequeñas.