Translate

Mostrando entradas con la etiqueta elecciones andaluzas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta elecciones andaluzas. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de noviembre de 2019

La verdad oculata tras el MALDITO BULO y su censura en las redes sociales.


L

La novela de George Orwell "1984"  describe  un mundo distópico, es decir, un mundo imaginario e imposible, que solo cabe en una novela de ficción. Pero  a medida que uno se va adentrando en ese oscuro mundo propuesto por el autor, se da cuenta que  esa distopía se desvanece y comienzan a verse terribles semejanzas con  nuestro mundo. En mundo creado por el este  autor visionario, se describe  un ministerio ocupado del control mental de la sociedad, encargado de decidir que es verdad y que no. A ese ministerio, el autor le llamó, precisamente,   "ministerio de la verdad". Pues bien, hoy en día, no es uno, sino que varios  los que se erigen, así mismos, como funcionarios del ministerio de la verdad. Estas organizaciones, supuestos periodistas, comentaristas, tertulianos y trolls de internet, van todos en una misma dirección;  destruir la disidencia e inducir al pensamiento único.

Al igual que en la novela,  se dedican a imponer la  verdad oficial y oficialista, como única posible. Persiguen  al disidente con saña, desacreditándolo, denunciándolo o craendo corrientes de opinión contrarias. Intentan que estos individuos, libre pensadores, no se salgan del redil.  No los matan, como en la novela o los envían a escuelas de reeducación, simplemente les llevan a la exclusión social, les quitan relevancia, no los subvencionan, les acusan, los ponen en ridículo y los excluyen de las redes sociales. Estas organizaciones tiene a gobiernos detrás que les apoyan, subvenciones  o el apoyo de oscuras organizaciones. De no ser por ellas,  la disidencia solo sería  otros puntos de vista que enriquecerían un debate de ideas enfrentadas; pero no es así. Cuando detrás está el poder del estado, con subvenciones y ventajas fiscales, entonces ya son otra cosa. Deciden que individuo es fiable y cual no, que noticia es falsa y cual no , que web es fiable o cual no.

Hay ya muchas delegaciones del ministerio de la verdad:  Los medios informativos, controlados por el capital o el poder, los censores de internet, como https://maldita.es  y los organismos oficiales, dependientes de los intereses económicos, farmacéuticas, industria del petroleo, distribuidores de energía, intereses políticos cruzados, etc... en su conjunto, actúan como un solo ministerio, conduciendo al rebaño humano a ser una sola voz; la voz que  que a ellos les gusta escuchar "Si amo, lo que tú quieras,   tiene razón, no volveré a tener este pensamiento ni me haré más preguntas".
Ante esto, poco pueden hacer estos héroes , que se dedican a propagar hechos y acontecimientos ocultados por los grandes medios de comunicación, a verter opiniones contrarias a las corrientes  dominantes. 
    

miércoles, 20 de noviembre de 2019

La trágica verdad



Lo más grave de la sentencia de los ERE, no es que hayan condenado a dos expresidentes socialistas de la justa de Andalucía, no es tampoco la cuantía del dinero desaparecido, calculada en 930 millones de euros. Lo realmente grave y cuasi una tragedia, es que ha quedado demostrada la infiltración del poder ejecutivo en el poder judicial,  lo que convierte da una idea de la debilidad de nuestra joven democracia.   

jueves, 31 de enero de 2019

¿Y qué?

Enero de 2019, 

Los políticos han perdido la poca dignidad que les quedaba, si es que alguna vez la tuvieron. Son muy pocos  los dignos que quedan sin corromper. La mayoría  se dedican a  despilfarrar nuestro dinero y nos piden más para poder pagar a la prostituta o el chulo de su prostíbulo favorito. En los ratos que hacen que trabajan, se dedican a crear  conflictos en vez de resolverlos, cobrando y teniendo privilegios que no merecen por este trabajo inútil. Desde sus bien acolchadas  poltronas  revientan nuestras vidas a impuestos para favorecer a sus amigos de la mafia financiera y rellenar sus cuentas en paraísos fiscales.  Su cobardía, deshonestidad y avaricia, supero ya todos los límites y la gente está harta, pero esto no se traduce en disturbios, como debiera ser. Ya hemos aprendido la lección y sabemos  bien las consecuencias de protestar o manifestarse, el pueblo siempre pierde cuando se enfrenta al poder del dinero. Ya solo somos  zombis intentando buscar una distracción que nos haga olvidar nuestra condición. Unos pocos yendo de un lado a otro dentro de nuestra cabeza, sin que saber dónde buscar para  resolver este dilema macabro. La desesperación hizo que muchos abandonaran y ya no buscan explicaciones, recurrieron también al entretenimiento para olvidar su condición de esclavos obedientes. Cogieron sus celulares y se descargaron algún juego, mientras  otros fueron al campo de futbol y se pusieron a gritar como si les fuese la vida. Malgastando una pasión, que bien utilizada les hubiese servido para derribar alguna que otra muralla o molestar a algún que otro político corrupto. Muchos se pusieron frente a la caja tonta a ver el culebrón o ese  programa de cotilleo  que les reconforta, mostrándoles  que hay gente en peor situación que ellos.

La mentira y la hipocresía se adueño del mundo y se instauró como máxima en la mente de los que gobiernan nuestro rumbo. Éstos, cegados de codicia y manchados por la corrupción viven bien y sin demasiadas preocupaciones, dejando los rastros de sus vicios en los lavabos que se tiñen de azul con los reactivos. Si, es cierto que algunos quedan con ganas de cambiar las cosas, pero su capacidad de maniobra está tan menguada, que apenas pueden hacer nada que moleste al dinero. El  verdadero poder que mueve el mundo no les teme ni se preocupa por esa disidencia controlada y muy bien domesticada. El resto que queda son marionetas que pagamos con impuestos para que nos distraigan con sus mentiras y vacuas promesas. Son estatuas de cera fabricadas para quedar bonitas en la televisión o títeres fabricados por encargo con el objeto de hacernos creer que hay esperanza. No hay recursos, no hay ayudas, pero en los estadios millones en cada bota para entretener al populacho.

Dicen que hemos llenado a la luna, que hemos creado el microchip y que estamos empezando a comprender cuál es la mecánica del universo. En cambio, nuestra sociedad es un desastre en que ha entrado en avalancha autodestructiva que no nos permitirá disfrutar de ninguno de esos avances o del futuro cercano. El número de suicidios crece  día a día, pero  los medios de desinformación no dicen nada. Las parejas se rompen y crece la desconfianza entre hombres y mujeres; una consecuencia de la malsana intención de la disgregación del ser humano por su género. Si el objeto de una sociedad es hacer felices a sus miembros, esta ha fracasado por completo y está en camino de ir a peor. Una de las razones es que nos han hecho creer que la opulencia da la felicidad, cuando no es más que un obstáculo insalvable para llegar a ella. Nuestros mayores mueren solos, abandonados en residencias o en sus casas porque las familias se han roto. Nos han dicho que el progreso justifica el despilfarro de recursos, cuando nos estamos cargando el planeta y comprometiendo la vida de las generaciones venideras. Los avances en medicina solo se aplican a los ricos, mientras el resto acaba sin dientes y con enfermedades crónicas producidas por los alimentos procesados, baratos pero mortales. Y así, con mentiras y falacias, la mayoría asiente con su cabeza y aplaude en los mítines, en esos aquelarres sectarios donde van para auto-convencerse que algo tiene solución dentro del sistema creado por nosotros mismos para esclavizarnos. Un sistema donde unos pocos lo tienen todo gracias a las penurias de la mayoría. Pero todo vale por mantener algo insostenible y claramente dañino. Hay que producir más y trabajar cada día más horas para producir cada día más cosas inútiles, porque sino el sistema se hunde. Si, este modelo de crecimiento pone en riesgo el planeta ¿Y qué? , nos da igual.             

lunes, 3 de diciembre de 2018

VOX el lado oscuro de la fuerza

 La energía en el universo tiende a  buscar el equilibrio. Cuando nace una fuerza, otra de signo contrario y de poder equivalente aparece para restablecerlo. De esta forma se  mantiene la armonía  de las cosas en la naturaleza; yo diría que es parte de su  belleza salvaje. En la política sucede más o menos lo mismo. Cuando una fuerza política cae en el  extremismo, otra de la misma fuerza y signo contrario aparece para oponerse. Así pues, se pude afirmar que Vox es la consecuencia del abono pestilente excretado por las fuerzas extremistas de izquierda; esos que nunca asimilaron que perdieron una guerra que ellos mismos empezaron. Se repite la historia con actores diferentes, pero es la misma escena. Parece que, de la misma manera que el orden natural se rige por ciclos repetitivos, lo haga también la escena política; diferentes actores pero misma obra macabra en la que la mayoría estamos inmersos, como actores secundarios y pusilánimes. 

Pero entrando en la realidad de las cosas y alejándolos un poco de las metáforas; hablemos de Vox y de su espectacular auge en las urnas andaluzas. Este partido político, populista y demagogo, tiene ideas que no son del gusto de muchos, pero es una opción tan respetable como las ideas de los secesionistas, los que quieren la vuelta a la república o los que quieren imponer un régimen bolchevique. En democracia, todas las ideas son respetables, pero es el pueblo el que decide cual es válida y cual no. Así es la democracia, o al menos eso pensábamos antes de que algunos la entendiesen de otra manera. Porque para algunos, la democracia solo es buena si triunfan sus ideas u opción política, en caso contrario ya no lo es tanto. Tan mala es en esos casos,  que se sienten legitimados para intentar ganar en las calles lo que no han ganado en las urnas, algo que siempre trae malas consecuencias. Se retratan así estos supuestos demócratas, que curiosamente se jactan, no solo de ser los más demócratas del mundo mundial, sino de estar en posesión de una superioridad moral indiscutible. Estos mismos, que nada más saberse el resultado de las elecciones andaluzas, como antaño, llaman a luchar en las calles contra un supuesto fascismo de derechas, que no es más que su imagen reflejada en el espejo. Son muy hipócritas al no reconocer que son ellos los auténticos fascistas, al menospreciar a parte de la población, insultándoles y tratándolos de idiotas. Ellos no han reconocido ni uno solo de sus errores, como basar sus campañas electorales en el miedo al enemigo, en vez de plantear soluciones a la gente. Tampoco la tremenda contradicción que supone defender la unidad del país cuando el presidente de tú partido está aliado con aquellos que pretenden destruirlo, solo  para poder permanecer en el poder.


Era todo un poema de tragedia griega el rostro de Susana Díaz, vapuleada por un pueblo harto de tanta corrupción y palabrería barata. La reina de la vacuidad fue destronada por su mala gestión, por su pertenencia a un partido político incoherente y presidido por un tipo mentiroso y acompañado de un séquito de inmorales, que evaden impuestos y mienten. Las cosas son así Susana, y debes marcharte y respetar la voluntad del pueblo. Así es esta democracia imperfecta, que permite el engaño del pueblo durante años. Pero todo tiene un límite y se ha rebasado con creces.

Quizás dentro de muchos años, la gente estará preparada para ser demócratas de verdad y poder intervenir en la gestión de los recursos, la planificación de las ciudades y todas aquellas cosas que le atañen, sin representantes que conviertan su sentido común en pura estupidez y ambición personal. Hasta entonces, tendremos que esperar años para que un gobierno corrupto caiga, para evitar que un presidente usurpe la voluntad popular con engaños y no tenga consecuencias. Cuando llegue ese día, recordaremos con vergüenza estos días de circo político y luchas fratricidas por el poder. Quizás entonces llegaremos a ver personas que dediquen su tiempo a la política, sin perseguir las riquezas y la gloria del cargo, solo sirviendo  al pueblo, mejorando su bienestar igual que el suyo propio, sin pedir más de lo que se pide en un buen trabajo.